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Hechos que pueden cambiar el futuro

Una falencia repetida en las economías emergentes la constituye el hecho de abordar la resolución de problemas y la búsqueda de oportunidades, específicamente acotadas a las propias fronteras, y de manera menos habitual, a un segundo nivel regional sin demasiada profundidad.

Este pensamiento, propio del establecimiento de las naciones en el Siglo XIX, se volvió obsoleto con la llegada de las Tecnologías de la Información (TICs) en las últimas décadas del Siglo XX, y que formarían la arquitectura básica de lo que se conoce como Globalización, en un sentido muy amplio.

En la segunda década del Siglo XXI, resulta esencial para cualquier nación comprender las reglas globales de la economía, de la política, de las ciencias, de la cultura. En rigor, toda nación que proyecte su futuro debe considerar el contexto global, con la misma atención y complejidad con la que analiza lo que ocurre dentro de sus límites y en su región.

Para insertarse en el mundo, para discutir grandes ideas, para comprar y vender, para ofrecer inteligencia y trabajo; para todo eso, es necesario saber qué ocurre con la economía, la cultura, la demografía, los derechos humanos y los avances científicos de los grandes actores de ese universo global.

China es el país más poblado del mundo y (por ahora) la segunda economía del planeta, pero enfrenta un problema cuya resolución puede afectar al resto de los países del globo, por la simple razón de ser la nación con más habitantes.

Desde hace algunos años, la cifra de natalidad en China baja rápidamente. En 2019 nacieron 14,6 millones de bebés, medio millón menos que el año anterior y casi 1,5 millones menos que en 2017. A largo plazo las consecuencias podrían ser irremediables.

China tiene un problema inmenso: a diferencia de muchos países desarrollados, está envejeciendo sin haberse enriquecido primero. En pocos años, el Partido Comunista Chino (PCC) pasó de tener rígidas medidas para controlar los índices de natalidad a motivar a sus ciudadanos con campañas mediáticas para que tengan más hijos. La crisis es tal que el pico de nacimientos actual es el más bajo desde 1949, cuando se fundó la República Popular de China, situándose en 10,48 por mil habitantes.

Evidentemente, no es una crisis económica, de hecho, el país sí se ha enriquecido. El problema es que no ha sido suficiente, pues el Producto Interno Bruto per cápita chino es de una tercera parte del tamaño de países como Corea del Sur o Japón.

El gobierno lo sabe, por lo que implementó una agresiva campaña para solucionar el problema. De hecho, desde 2016 se abolió la medida de un hijo por familia. “La abolición de esta política no aumentó la natalidad puesto que la sociedad está acostumbrada a familias pequeñas y el costo de vida aumentó”, dijo Yi Fuxian, un experto chino de la Universidad de Wisconsin-Madison en Estados Unidos.

Según expertos, la ley de un solo hijo se quedó obsoleta y fue pensada sin tener en consideración lo que podía ocurrir a largo plazo. Mei Fong, autor de “Un hijo: La historia del experimento más radical de la historia”, afirmó a The Guardian: “La política fue redactada por científicos de misiles. Se basó en sistemas mecánicos, donde se establece un objetivo y luego se ajusta en consecuencia. Los cuerpos de las mujeres fueron tratados como motores, se configuran operaciones y se espera obtener un cierto rendimiento".

Luego, agregó: “El arquitecto de todo el proyecto (de un solo hijo) reconoció hace muchos años que una población que envejece podría ocasionar problemas, pero simplemente dijo que ‘eso se podía ajustar’. Como si los cuerpos de las mujeres pudieran ser tratados como palancas, movidos hacia arriba y hacia abajo”.

La política del hijo único fue introducida por el expresidente Deng Xiaoping para frenar el crecimiento demográfico y promover el desarrollo económico. La restricción se aplicó con multas y esterilizaciones, y abortos forzados. El resultado fue drástico: la tasa de fertilidad bajó de 5,9 nacimientos por mujer en 1970 a cerca de 1,6 a finales de la década de 1990.

Este es el octavo año consecutivo en el que la población en edad laboral (entre 16 y 59 años) disminuye y se prevé que la fuerza laboral se reducirá en un 23% en 2050, lo que podría causar problemas económicos.

La economía china creció el año pasado un 6,1%, el peor resultado desde 1990, lastrado por la guerra comercial con Estados Unidos y la caída de la demanda interna. El país más poblado del mundo volverá a cambiar su política demográfica y eso afectará en un par de décadas a la economía global. Hechos que cambian el futuro.

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Hechos que pueden cambiar el futuro

Una falencia repetida en las economías emergentes la constituye el hecho de abordar la resolución de problemas y la búsqueda de oportunidades, específicamente acotadas a las propias fronteras, y de manera menos habitual, a un segundo nivel regional sin demasiada profundidad.

Este pensamiento, propio del establecimiento de las naciones en el Siglo XIX, se volvió obsoleto con la llegada de las Tecnologías de la Información (TICs) en las últimas décadas del Siglo XX, y que formarían la arquitectura básica de lo que se conoce como Globalización, en un sentido muy amplio.

En la segunda década del Siglo XXI, resulta esencial para cualquier nación comprender las reglas globales de la economía, de la política, de las ciencias, de la cultura. En rigor, toda nación que proyecte su futuro debe considerar el contexto global, con la misma atención y complejidad con la que analiza lo que ocurre dentro de sus límites y en su región.

Para insertarse en el mundo, para discutir grandes ideas, para comprar y vender, para ofrecer inteligencia y trabajo; para todo eso, es necesario saber qué ocurre con la economía, la cultura, la demografía, los derechos humanos y los avances científicos de los grandes actores de ese universo global.

China es el país más poblado del mundo y (por ahora) la segunda economía del planeta, pero enfrenta un problema cuya resolución puede afectar al resto de los países del globo, por la simple razón de ser la nación con más habitantes.

Desde hace algunos años, la cifra de natalidad en China baja rápidamente. En 2019 nacieron 14,6 millones de bebés, medio millón menos que el año anterior y casi 1,5 millones menos que en 2017. A largo plazo las consecuencias podrían ser irremediables.

China tiene un problema inmenso: a diferencia de muchos países desarrollados, está envejeciendo sin haberse enriquecido primero. En pocos años, el Partido Comunista Chino (PCC) pasó de tener rígidas medidas para controlar los índices de natalidad a motivar a sus ciudadanos con campañas mediáticas para que tengan más hijos. La crisis es tal que el pico de nacimientos actual es el más bajo desde 1949, cuando se fundó la República Popular de China, situándose en 10,48 por mil habitantes.

Evidentemente, no es una crisis económica, de hecho, el país sí se ha enriquecido. El problema es que no ha sido suficiente, pues el Producto Interno Bruto per cápita chino es de una tercera parte del tamaño de países como Corea del Sur o Japón.

El gobierno lo sabe, por lo que implementó una agresiva campaña para solucionar el problema. De hecho, desde 2016 se abolió la medida de un hijo por familia. “La abolición de esta política no aumentó la natalidad puesto que la sociedad está acostumbrada a familias pequeñas y el costo de vida aumentó”, dijo Yi Fuxian, un experto chino de la Universidad de Wisconsin-Madison en Estados Unidos.

Según expertos, la ley de un solo hijo se quedó obsoleta y fue pensada sin tener en consideración lo que podía ocurrir a largo plazo. Mei Fong, autor de “Un hijo: La historia del experimento más radical de la historia”, afirmó a The Guardian: “La política fue redactada por científicos de misiles. Se basó en sistemas mecánicos, donde se establece un objetivo y luego se ajusta en consecuencia. Los cuerpos de las mujeres fueron tratados como motores, se configuran operaciones y se espera obtener un cierto rendimiento".

Luego, agregó: “El arquitecto de todo el proyecto (de un solo hijo) reconoció hace muchos años que una población que envejece podría ocasionar problemas, pero simplemente dijo que ‘eso se podía ajustar’. Como si los cuerpos de las mujeres pudieran ser tratados como palancas, movidos hacia arriba y hacia abajo”.

La política del hijo único fue introducida por el expresidente Deng Xiaoping para frenar el crecimiento demográfico y promover el desarrollo económico. La restricción se aplicó con multas y esterilizaciones, y abortos forzados. El resultado fue drástico: la tasa de fertilidad bajó de 5,9 nacimientos por mujer en 1970 a cerca de 1,6 a finales de la década de 1990.

Este es el octavo año consecutivo en el que la población en edad laboral (entre 16 y 59 años) disminuye y se prevé que la fuerza laboral se reducirá en un 23% en 2050, lo que podría causar problemas económicos.

La economía china creció el año pasado un 6,1%, el peor resultado desde 1990, lastrado por la guerra comercial con Estados Unidos y la caída de la demanda interna. El país más poblado del mundo volverá a cambiar su política demográfica y eso afectará en un par de décadas a la economía global. Hechos que cambian el futuro.

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