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Mienten

La película que por estos días arrasa en la audiencia de todo el planeta dicen que está basada en hechos reales... pero no es creíble.

 

El protagonista de chiquito sueña con jugar al fútbol en Primera División de un país muy futbolero, y ser campeón del mundo con su Selección... uno ahí, como espectador, puede creer que lo haya conseguido, pero que haya sido ejemplo de los más chicos como "perseguidor y alcanzador de sueños", eso no. Además es un argumento trillado. Sale de la pobreza y a los 15 años ya escala hasta la cúspide del universo. Le da alegrías a la gente, tantas alegrías que desde entonces en los rostros de la humanidad hay una mueca que se extiende por la comisura de los labios.

 

Suena épico. Nadie lo cree.

 

Así empieza la acción. Y después el filme mezcla los tiempos y viaja por otras situaciones.

 

Te muestran que en un Mundial en Italia, en el partido ante la Selección local, el tipo generó que medio estadio lo aclame, y que por él también respeten y aplaudan al seleccionado ajeno que acababa de eliminar a los dueños de casa... tampoco lo creés.

 

Y te explican que para jugar en la elite, tras pasar por un club poderoso y poder optar por otro aún más encumbrado, eligió un equipo chico del castigado sur de un país europeo, y que lo sacó de la pobreza deportiva y a su gente les llenó el estómago de emociones y les dio nuevas motivaciones a sus vidas...

 

No hay manera de creerlo. Y menos que desde entonces sea más importante que San Genaro, el exsanto patrono. Desde cuándo un futbolista tiene más bondades que un Santo.

 

Y el tipo, siendo el mejor del planeta cayó en drogas sociales y pese al autoaniquilamiento siguió siendo el número 1.

 

No solo no lo creo... es imposible: la medicina marca destrucción por cocaína, no reconstrucción.

 

Lo muestran matándose varias veces (tantas que se pierden en la cuenta) y otras tantas resucitando. Jaja, paren de mentir.

 

Y hay cientos de personas declarando ante la prensa que un partido y en un Mundial jugado en 1986 le devolvió al país la unión tras la guerra y la dictadura. Desde cuando un futbolista puede generar semejantes conexiones. Naaaaaaa...

 

Que fue director técnico cuando su adicción lo alejó de los botines, pero que después regresó a competir, para luego volver a dirigir.

 

Quién puede dejar de jugar, hacerse DT y al rato dejar el saco de entrenador para una vez más calzarse pantalones cortos. Todo en el profesionalismo, no en el barrio. Ni en cuentos pasa.

 

Que se pelee con los poderosos del planeta, eso vaya y pase... Ahora que todos los líderes del mundo, TODOS, quieran conocerlo... paren un poco. ¿Quién es? ¿Dios?

 

La película termina con el tipo muriendo, solo, a los 60 años.

 

No hay caso... primero porque si fuesen ciertas todas esas cuestiones sería una persona de 120 años... y segundo porque alguien tan, pero tan, pero tan amado no puede morir en soledad...

 

Todas mentiras. Puras mentiras.

 

La despedida es en la Casa Presidencial de su país y en tiempos en los que hay una pandemia, pese a eso una multitud de gente se reúne y llora y canta y rompe protocolos de distanciamiento y esperan para darle el adiós.

 

El contagio es la emoción.

 

Y hay hinchas de todos los clubes; incluso los que más se odian que en esta andan juntos y a la par compartiendo las mismas lágrimas.

 

Todo es imposible... porque si a la película te la presentan como una historia más, seguro la disfrutás; pero que te digan que fue real, eso es inadmisible.

 

La película se titula A Dios.

 

La imagen final es un cajón, cerrado, y lo que sigue es una gambeta... la del tipo engañando a la muerte...

 

Y dice Continuará...

 

 

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