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Enviaron a prisión a un joven que apuñaló a un hombre en La Toma

Un juez lo había imputado por intento de homicidio. Luego bajó la acusación a lesiones graves. La víctima fue derivada al Hospital San Luis y luego dada de alta, no corrió riesgo su vida.

Detenido por apuñalar a un vecino de La Toma con el que está enemistado de hace tiempo, cuando Marcos Maximiliano Urquiza fue llamado a declarar en indagatoria, el juez de instrucción Penal 1 de San Luis, Marcos Flores Leyes, le notificó que lo imputaba por homicidio en grado de tentativa. Más tarde, cuando tuvo que resolver si lo procesaba, el magistrado determinó hacerlo por un delito menor, el de lesiones graves. Pero, aunque le rebajó la acusación, le dictó prisión preventiva.

 

El juez dispuso la prisión preventiva de Urquiza porque tiene causas penales anteriores, lo que demuestra "una conducta delictual" que representaría un riesgo para la investigación si lo dejaran en libertad.

 

Urquiza, un empleado de la Municipalidad de La Toma de 22 años, fue trasladado al Complejo Penitenciario Uno, de la ciudad de San Luis.

Está acusado por la agresión ocurrida en los primeros minutos de la madrugada del domingo 2 de febrero en una calle de La Toma, donde Urquiza atacó con un palo y un cuchillo a Pablo Daniel Lemos, de 45 años, un beneficiario del Plan Solidario apodado “El Porteño” o “El Cuchillero”, con quien mantiene una rivalidad de hace tres años a la fecha.

Cuando lo llamaron a declarar, Diego Urquiza, hermano del ahora detenido, dijo que no sabía nada del último hecho, porque ese día no estaba en La Toma, andaba paseando por el dique San Felipe. Le preguntaron si sabía de algún problema entre su familiar, Lautaro Babich (involucrado en la última agresión) y Lemos. Contestó que “siempre tienen problemas entre todos porque siempre andan tomando y fumando droga, son todos conocidos”.

Lemos, que es originario de la provincia de Buenos Aires y hace catorce años se radicó en La Toma, mencionó un motivo concreto de su enemistad con Marcos Urquiza. Él actualmente vive en el barrio 118 Viviendas, pero antes alquilaba una habitación en la casa de la abuela de Urquiza, en la calle Vicente Dupuy. El joven también vivía allí y tenían relación cordial de vecinos, dijo Lemos en su denuncia ante la Policía.

Pero hace unos tres años, un día cuando Lemos regresó del trabajo su pareja le contó que Urquiza se había propasado con ella. Cuando ella estaba acostada, el joven vecino entró a la pieza, se le subió encima y la manoseó, le contó la mujer a su pareja. La mujer forcejeó para sacárselo de encima. 

Lemos dijo que después de eso cada vez que se veían se peleaban a mano limpia. “Pero esta vez me apuñaló”, le dijo a la Policía.

Fue cuando Lemos iba con dos amigos, Leo Torres y Lautaro Babich, a la casa de Axel, otro amigo, a comer un asado. Caminaban por la calle que pasa detrás de la Escuela Primaria Nº 357. 

Se encontraron de frente con Urquiza, que venía caminando y saludó a los otros dos. Cuando le extendió la mano a Lemos, este le negó el saludo. El otro le preguntó por qué y él le recordó que “estaba todo mal”. Urquiza lo insultó, le tiró un par de trompadas y se tomaron a golpes. Después se alejó, le arrojó un par de pedradas a Lemos y se fue.

Pero no tardó en volver. Esta vez venía en auto, con su padre y su madrastra. Los dos hombres se bajaron, atacaron a Lemos y, en determinado momento, mientras cruzaban golpes, Urquiza hijo lo apuñaló en la caja torácica. Después padre e hijo huyeron.

La médica forense Marcela Gómez examinó a la víctima y constató que además de un hematoma en el cuero cabelludo, tenía una herida de arma blanca en la zona costal derecha. Una costilla precisamente impidió que la cuchillada le perforara el pulmón, señaló la perito en su informe.

Si bien al principio el juez Flores Leyes consideró que Urquiza había tenido la intención de matar a Lemos, más tarde, cuando analizó los testimonios, los informes médicos y otras pruebas, no pudo sostener esa presunción.
No dudó de que Urquiza pretendió lesionar a Lemos, “pero no puede afirmarse que hubiera actuado con la directa finalidad de matarlo o comprendiendo y aceptando tal posibilidad”.

 

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Enviaron a prisión a un joven que apuñaló a un hombre en La Toma

Un juez lo había imputado por intento de homicidio. Luego bajó la acusación a lesiones graves. La víctima fue derivada al Hospital San Luis y luego dada de alta, no corrió riesgo su vida.

Urquiza, a la cárcel. Hace tres años que está enemistado con Lemos. Foto: Unidad Regional IV de Policía.

Detenido por apuñalar a un vecino de La Toma con el que está enemistado de hace tiempo, cuando Marcos Maximiliano Urquiza fue llamado a declarar en indagatoria, el juez de instrucción Penal 1 de San Luis, Marcos Flores Leyes, le notificó que lo imputaba por homicidio en grado de tentativa. Más tarde, cuando tuvo que resolver si lo procesaba, el magistrado determinó hacerlo por un delito menor, el de lesiones graves. Pero, aunque le rebajó la acusación, le dictó prisión preventiva.

 

El juez dispuso la prisión preventiva de Urquiza porque tiene causas penales anteriores, lo que demuestra "una conducta delictual" que representaría un riesgo para la investigación si lo dejaran en libertad.

 

Urquiza, un empleado de la Municipalidad de La Toma de 22 años, fue trasladado al Complejo Penitenciario Uno, de la ciudad de San Luis.

Está acusado por la agresión ocurrida en los primeros minutos de la madrugada del domingo 2 de febrero en una calle de La Toma, donde Urquiza atacó con un palo y un cuchillo a Pablo Daniel Lemos, de 45 años, un beneficiario del Plan Solidario apodado “El Porteño” o “El Cuchillero”, con quien mantiene una rivalidad de hace tres años a la fecha.

Cuando lo llamaron a declarar, Diego Urquiza, hermano del ahora detenido, dijo que no sabía nada del último hecho, porque ese día no estaba en La Toma, andaba paseando por el dique San Felipe. Le preguntaron si sabía de algún problema entre su familiar, Lautaro Babich (involucrado en la última agresión) y Lemos. Contestó que “siempre tienen problemas entre todos porque siempre andan tomando y fumando droga, son todos conocidos”.

Lemos, que es originario de la provincia de Buenos Aires y hace catorce años se radicó en La Toma, mencionó un motivo concreto de su enemistad con Marcos Urquiza. Él actualmente vive en el barrio 118 Viviendas, pero antes alquilaba una habitación en la casa de la abuela de Urquiza, en la calle Vicente Dupuy. El joven también vivía allí y tenían relación cordial de vecinos, dijo Lemos en su denuncia ante la Policía.

Pero hace unos tres años, un día cuando Lemos regresó del trabajo su pareja le contó que Urquiza se había propasado con ella. Cuando ella estaba acostada, el joven vecino entró a la pieza, se le subió encima y la manoseó, le contó la mujer a su pareja. La mujer forcejeó para sacárselo de encima. 

Lemos dijo que después de eso cada vez que se veían se peleaban a mano limpia. “Pero esta vez me apuñaló”, le dijo a la Policía.

Fue cuando Lemos iba con dos amigos, Leo Torres y Lautaro Babich, a la casa de Axel, otro amigo, a comer un asado. Caminaban por la calle que pasa detrás de la Escuela Primaria Nº 357. 

Se encontraron de frente con Urquiza, que venía caminando y saludó a los otros dos. Cuando le extendió la mano a Lemos, este le negó el saludo. El otro le preguntó por qué y él le recordó que “estaba todo mal”. Urquiza lo insultó, le tiró un par de trompadas y se tomaron a golpes. Después se alejó, le arrojó un par de pedradas a Lemos y se fue.

Pero no tardó en volver. Esta vez venía en auto, con su padre y su madrastra. Los dos hombres se bajaron, atacaron a Lemos y, en determinado momento, mientras cruzaban golpes, Urquiza hijo lo apuñaló en la caja torácica. Después padre e hijo huyeron.

La médica forense Marcela Gómez examinó a la víctima y constató que además de un hematoma en el cuero cabelludo, tenía una herida de arma blanca en la zona costal derecha. Una costilla precisamente impidió que la cuchillada le perforara el pulmón, señaló la perito en su informe.

Si bien al principio el juez Flores Leyes consideró que Urquiza había tenido la intención de matar a Lemos, más tarde, cuando analizó los testimonios, los informes médicos y otras pruebas, no pudo sostener esa presunción.
No dudó de que Urquiza pretendió lesionar a Lemos, “pero no puede afirmarse que hubiera actuado con la directa finalidad de matarlo o comprendiendo y aceptando tal posibilidad”.

 

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