Escuchá acá la 96.3
X

Es hora de parar el cambio climático

Actualmente, el 40 por ciento de los cultivos alimentarios mundiales se pierde cada año a causa de plagas y enfermedades vegetales, en un escenario en el que millones de personas sufren hambre. Esto, además, perjudica gravemente la agricultura, el principal medio de vida de las comunidades rurales.

De hecho, las plantas son la base fundamental para la vida en la tierra y el pilar más importante de la nutrición humana. Proporcionan el 80% de los alimentos que se consumen y producen el 98% del oxígeno que se respira.

Las plagas y las enfermedades siempre han repercutido en la producción de alimentos, ya sea directamente —causando pérdidas en las cosechas y en la ganadería— o indirectamente, por la disminución de los ingresos debido a la insuficiencia de las cosechas de los cultivos comerciales.

Sin embargo, el cambio climático entró a jugar un gran papel en esta problemática: la diferencia de temperaturas, la humedad y los gases de la atmósfera modifican el crecimiento y la capacidad con que se generan las plantas, los hongos y los insectos, alterando la interacción entre las plagas, sus enemigos naturales y sus huéspedes.

Hoy en día, el cambio climático y su inestabilidad cada vez mayor exacerban las pérdidas de los cultivos y representan una amenaza para la seguridad alimentaria y los medios de subsistencia rurales en todo el planeta.

Prácticamente, se trata de todos los alimentos consumidos, ya sean frescos (como las frutas) o procesados (trigo, maíz o arroz), así como la base primaria de alimentación de la proteína animal: huevos, carne y pollo. Todos provienen de las plantas. Esa es una razón suficiente para que sean un patrimonio de la humanidad.

Las plantas brindan servicios ambientales muy importantes ya que participan en el ciclo del agua; evitan que el agua de lluvia se pierda y se incorpore a flujos de formación de acuíferos para crear pozos. Son las que estabilizan la temperatura para crear un clima más estable. También defienden a los humanos de la contaminación a través del secuestro de dióxido de carbono, lo que a su vez es una barrera contra el efecto invernadero.

Se estima que el 40% de las medicinas de patente proviene de una planta, pero también otorgan material de construcción, combustibles y fibras para la vestimenta: son la base del bienestar humano.

Proteger las plantas puede ayudar a erradicar el hambre, reducir la pobreza, proteger el medio ambiente e impulsar el desarrollo económico.

Las plagas y enfermedades transfronterizas de las plantas afectan a los cultivos alimentarios, lo que causa pérdidas significativas a los agricultores y amenaza lo que técnicamente se conoce como la seguridad alimentaria, es decir, el acceso a los alimentos de una forma estable.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la propagación de estas pestes ha aumentado drásticamente en los últimos años. La globalización, el comercio y el cambio climático, así como la menor capacidad de recuperación de los sistemas de producción debido a la intensificación de la agricultura durante años, contribuyen a ello.

Estas enfermedades vegetales pueden propagarse fácilmente a varios países y alcanzar dimensiones de epidemia. Los brotes y los recrudecimientos pueden provocar pérdidas enormes de cultivos y pastos, poniendo en peligro los medios de vida de los agricultores vulnerables y la seguridad alimentaria y nutricional de millones de personas.

Las langostas, las orugas, las moscas de la fruta, la roya del trigo y las enfermedades del banano y de la mandioca son algunas de las plagas y enfermedades transfronterizas más destructivas.

Las plagas y enfermedades de las plantas se propagan principalmente de tres maneras: por el comercio o los movimientos migratorios de las personas, por los factores ambientales y meteorológicos como el viento  y por los insectos u otros patógenos transmitidos por vectores.

El cambio climático y las actividades humanas están alterando los ecosistemas, mermando la biodiversidad y creando condiciones en las que las plagas pueden prosperar. Detenerlas es una cuestión de subsistencia de la especie humana. Tan claro e importante como eso.

Compartir en facebook
Compartir en twitter
Compartir en whatsapp
TAGS
COMENTARIOS

Es hora de parar el cambio climático

Actualmente, el 40 por ciento de los cultivos alimentarios mundiales se pierde cada año a causa de plagas y enfermedades vegetales, en un escenario en el que millones de personas sufren hambre. Esto, además, perjudica gravemente la agricultura, el principal medio de vida de las comunidades rurales.

De hecho, las plantas son la base fundamental para la vida en la tierra y el pilar más importante de la nutrición humana. Proporcionan el 80% de los alimentos que se consumen y producen el 98% del oxígeno que se respira.

Las plagas y las enfermedades siempre han repercutido en la producción de alimentos, ya sea directamente —causando pérdidas en las cosechas y en la ganadería— o indirectamente, por la disminución de los ingresos debido a la insuficiencia de las cosechas de los cultivos comerciales.

Sin embargo, el cambio climático entró a jugar un gran papel en esta problemática: la diferencia de temperaturas, la humedad y los gases de la atmósfera modifican el crecimiento y la capacidad con que se generan las plantas, los hongos y los insectos, alterando la interacción entre las plagas, sus enemigos naturales y sus huéspedes.

Hoy en día, el cambio climático y su inestabilidad cada vez mayor exacerban las pérdidas de los cultivos y representan una amenaza para la seguridad alimentaria y los medios de subsistencia rurales en todo el planeta.

Prácticamente, se trata de todos los alimentos consumidos, ya sean frescos (como las frutas) o procesados (trigo, maíz o arroz), así como la base primaria de alimentación de la proteína animal: huevos, carne y pollo. Todos provienen de las plantas. Esa es una razón suficiente para que sean un patrimonio de la humanidad.

Las plantas brindan servicios ambientales muy importantes ya que participan en el ciclo del agua; evitan que el agua de lluvia se pierda y se incorpore a flujos de formación de acuíferos para crear pozos. Son las que estabilizan la temperatura para crear un clima más estable. También defienden a los humanos de la contaminación a través del secuestro de dióxido de carbono, lo que a su vez es una barrera contra el efecto invernadero.

Se estima que el 40% de las medicinas de patente proviene de una planta, pero también otorgan material de construcción, combustibles y fibras para la vestimenta: son la base del bienestar humano.

Proteger las plantas puede ayudar a erradicar el hambre, reducir la pobreza, proteger el medio ambiente e impulsar el desarrollo económico.

Las plagas y enfermedades transfronterizas de las plantas afectan a los cultivos alimentarios, lo que causa pérdidas significativas a los agricultores y amenaza lo que técnicamente se conoce como la seguridad alimentaria, es decir, el acceso a los alimentos de una forma estable.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la propagación de estas pestes ha aumentado drásticamente en los últimos años. La globalización, el comercio y el cambio climático, así como la menor capacidad de recuperación de los sistemas de producción debido a la intensificación de la agricultura durante años, contribuyen a ello.

Estas enfermedades vegetales pueden propagarse fácilmente a varios países y alcanzar dimensiones de epidemia. Los brotes y los recrudecimientos pueden provocar pérdidas enormes de cultivos y pastos, poniendo en peligro los medios de vida de los agricultores vulnerables y la seguridad alimentaria y nutricional de millones de personas.

Las langostas, las orugas, las moscas de la fruta, la roya del trigo y las enfermedades del banano y de la mandioca son algunas de las plagas y enfermedades transfronterizas más destructivas.

Las plagas y enfermedades de las plantas se propagan principalmente de tres maneras: por el comercio o los movimientos migratorios de las personas, por los factores ambientales y meteorológicos como el viento  y por los insectos u otros patógenos transmitidos por vectores.

El cambio climático y las actividades humanas están alterando los ecosistemas, mermando la biodiversidad y creando condiciones en las que las plagas pueden prosperar. Detenerlas es una cuestión de subsistencia de la especie humana. Tan claro e importante como eso.

Logín