Todo lo dicho y hecho

Es interesante comprobar que las ventajas tecnológicas de la comunicación actual permiten registrar prácticamente todo lo que una persona, un grupo de personas o una empresa o institución manifiesta públicamente. Este enorme y engorroso caudal de información posee la gran ventaja de poder chequear en la realidad lo que se supone, se dice o se rumorea.
Cuando el electorado de Estados Unidos (si la pandemia lo permite) acuda a las urnas en noviembre para elegir al sucesor de Donald Trump, o a darle a él mismo una segunda oportunidad, con un poco de esfuerzo podrá realizar el seguimiento de la gestión, las palabras y los hechos concretos que ha llevado adelante el presidente de la principal potencia global.
Trump volvió a criticar al gobierno chino y lo tildó de “incompetente” por el mal manejo de la crisis de coronavirus que provocó una “matanza mundial”.
Trump se quejó en un tuit sobre un informe chino en el que supuestamente se culpa a otros actores por el avance de la COVID-19 y exigió que se le explique al “tonto” que lo elaboró que fue la “incompetencia de China y no otra cosa lo que provocó esta masiva matanza mundial”. El mandatario no detalló a qué documento se refería.
Por su parte, Beijing insiste en que el manejo de la pandemia fue transparente y que se notificó a tiempo a la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre la enfermedad.
El mandatario estadounidense mostró su indignación por los efectos del coronavirus en la economía de su país y carga a diario contra China, donde el virus fue detectado por primera vez a finales del año pasado.
Al inicio de la crisis, Trump desestimó los riesgos y dijo en varias ocasiones que China estaba haciéndose cargo de la epidemia, incluso enviando un mensaje de agradecimiento a Xi Jinping. En todo el proceso, hasta que los contagios “estallaron” en Nueva York y el resto de las ciudades estadounidenses, el  mandatario calificó a la COVID-19 como “virus chino” y desestimó repetidas veces su peligro.
Pero a medida que el coronavirus avanzaba cambió su discurso y comenzó a criticar a Beijing.
Hasta el miércoles 20, la enfermedad ya había causado más de 95 mil muertes en territorio estadounidense y un escalofriante número de más de un millón y medio de contagios.
En un año electoral en el que el alza del desempleo amenaza sus posibilidades en los comicios de noviembre, Trump repite desde hace semanas que el duro balance del virus, que dejó más 320.000 muertos en el mundo, podría haberse evitado si China hubiera actuado de forma responsable desde que fue detectado en la ciudad de Wuhan.
Trump continúa anteponiendo lo electoral a la salud de las personas. Es probable que el juicio de los votantes termine por recordarle todo lo dicho y hecho en el proceso.
 

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Todo lo dicho y hecho

Es interesante comprobar que las ventajas tecnológicas de la comunicación actual permiten registrar prácticamente todo lo que una persona, un grupo de personas o una empresa o institución manifiesta públicamente. Este enorme y engorroso caudal de información posee la gran ventaja de poder chequear en la realidad lo que se supone, se dice o se rumorea.
Cuando el electorado de Estados Unidos (si la pandemia lo permite) acuda a las urnas en noviembre para elegir al sucesor de Donald Trump, o a darle a él mismo una segunda oportunidad, con un poco de esfuerzo podrá realizar el seguimiento de la gestión, las palabras y los hechos concretos que ha llevado adelante el presidente de la principal potencia global.
Trump volvió a criticar al gobierno chino y lo tildó de “incompetente” por el mal manejo de la crisis de coronavirus que provocó una “matanza mundial”.
Trump se quejó en un tuit sobre un informe chino en el que supuestamente se culpa a otros actores por el avance de la COVID-19 y exigió que se le explique al “tonto” que lo elaboró que fue la “incompetencia de China y no otra cosa lo que provocó esta masiva matanza mundial”. El mandatario no detalló a qué documento se refería.
Por su parte, Beijing insiste en que el manejo de la pandemia fue transparente y que se notificó a tiempo a la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre la enfermedad.
El mandatario estadounidense mostró su indignación por los efectos del coronavirus en la economía de su país y carga a diario contra China, donde el virus fue detectado por primera vez a finales del año pasado.
Al inicio de la crisis, Trump desestimó los riesgos y dijo en varias ocasiones que China estaba haciéndose cargo de la epidemia, incluso enviando un mensaje de agradecimiento a Xi Jinping. En todo el proceso, hasta que los contagios “estallaron” en Nueva York y el resto de las ciudades estadounidenses, el  mandatario calificó a la COVID-19 como “virus chino” y desestimó repetidas veces su peligro.
Pero a medida que el coronavirus avanzaba cambió su discurso y comenzó a criticar a Beijing.
Hasta el miércoles 20, la enfermedad ya había causado más de 95 mil muertes en territorio estadounidense y un escalofriante número de más de un millón y medio de contagios.
En un año electoral en el que el alza del desempleo amenaza sus posibilidades en los comicios de noviembre, Trump repite desde hace semanas que el duro balance del virus, que dejó más 320.000 muertos en el mundo, podría haberse evitado si China hubiera actuado de forma responsable desde que fue detectado en la ciudad de Wuhan.
Trump continúa anteponiendo lo electoral a la salud de las personas. Es probable que el juicio de los votantes termine por recordarle todo lo dicho y hecho en el proceso.
 

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