Los cambios obligados

Especialistas de la Organización Mundial del Comercio (OMC) advirtieron que por efectos de la COVID-19 aparecen indicios de una transformación del modelo de comercio implantado por la globalización y sostenido por las cadenas mundiales de valor, para suplantarlo por una integración de ámbito más reducido, las cadenas regionales de suministro, que ya se comienzan a experimentar en África.

En el movimiento sindical se levantan voces críticas de ese modelo averiado por la pandemia y reclamos de una revisión de la división internacional del trabajo surgida de las políticas neoliberales de las últimas décadas.

Un informe de la (OMC) reconoció el miércoles que el volumen internacional de intercambios de mercancías tiende a caer de manera precipitada en la primera mitad de este año. En la última medición, el barómetro de ese comercio se ubicó en 87,6 comparado con la base ideal de 100 puntos.

Stuart Harbinson, durante muchos años representante de Hong Kong ante la OMC, diagnosticó que “en la esfera comercial, la COVID-19 ha dejado al descubierto la fragilidad de las cadenas globales de suministro”.

La pandemia obligó al cierre de fronteras, puertos y aeropuertos y también al confinamiento de poblaciones enteras. Así, se paralizó casi todo el comercio y la mayoría de los servicios, con la excepción más notoria de los digitales.

Las presiones políticas de la OMC, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) abrieron el tráfico para dos renglones esenciales: los productos sanitarios y los alimentos. Una decisión avalada por la sociedad pero que despertó reproches.

La Unión Internacional de Trabajadores de la Alimentación, Agricultura, Hotelería, Restaurantes, Catering, Tabaco y Afines (UITA) denunció “irresponsable omisión” porque esa apertura no fue acompañada por medidas de protección de las vidas, seguridad y medios de sustento de trabajadoras y trabajadores agrícolas, que suman 500 millones de asalariados en todo el mundo, dijo.

Otros dirigentes del campo laboral, la australiana Sharan Burrow, secretaria general de la Confederación Sindical Internacional (CSI), la central única mundial, y el británico Stephen Cotton, secretario general de la Federación Internacional de los Trabajadores del Transporte (FIT), sumaron críticas a la estructura tambaleante del comercio.

“Esta pandemia pone trágicamente de manifiesto la inhumanidad de un modelo de cadenas de suministro que explota despiadadamente a los trabajadores, en particular a las mujeres y los migrantes, mediante la denegación de los derechos humanos y laborales, la imposición de salarios de miseria y la precariedad laboral”, declararon Burrow y Cotton.

Las dos confederaciones sindicales sostuvieron que “debemos salir de esta crisis con el compromiso de apoyar un nuevo modelo de prosperidad compartida y de trabajo decente para todos y para todas”.

“A medida que sorteamos la crisis, debemos aprender las lecciones que esta nos enseña, si queremos construir economías fuertes, sustentables y más equitativas. Un sistema económico fragmentado, con empleos informales y menguantes derechos laborales, no va a servir de solución en el futuro”, advirtieron.

El coronavirus también modificará estas estructuras, casi por inercia, como prevención de futuras pandemias. Y muchas cosas no serán iguales.

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Los cambios obligados

Especialistas de la Organización Mundial del Comercio (OMC) advirtieron que por efectos de la COVID-19 aparecen indicios de una transformación del modelo de comercio implantado por la globalización y sostenido por las cadenas mundiales de valor, para suplantarlo por una integración de ámbito más reducido, las cadenas regionales de suministro, que ya se comienzan a experimentar en África.

En el movimiento sindical se levantan voces críticas de ese modelo averiado por la pandemia y reclamos de una revisión de la división internacional del trabajo surgida de las políticas neoliberales de las últimas décadas.

Un informe de la (OMC) reconoció el miércoles que el volumen internacional de intercambios de mercancías tiende a caer de manera precipitada en la primera mitad de este año. En la última medición, el barómetro de ese comercio se ubicó en 87,6 comparado con la base ideal de 100 puntos.

Stuart Harbinson, durante muchos años representante de Hong Kong ante la OMC, diagnosticó que “en la esfera comercial, la COVID-19 ha dejado al descubierto la fragilidad de las cadenas globales de suministro”.

La pandemia obligó al cierre de fronteras, puertos y aeropuertos y también al confinamiento de poblaciones enteras. Así, se paralizó casi todo el comercio y la mayoría de los servicios, con la excepción más notoria de los digitales.

Las presiones políticas de la OMC, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) abrieron el tráfico para dos renglones esenciales: los productos sanitarios y los alimentos. Una decisión avalada por la sociedad pero que despertó reproches.

La Unión Internacional de Trabajadores de la Alimentación, Agricultura, Hotelería, Restaurantes, Catering, Tabaco y Afines (UITA) denunció “irresponsable omisión” porque esa apertura no fue acompañada por medidas de protección de las vidas, seguridad y medios de sustento de trabajadoras y trabajadores agrícolas, que suman 500 millones de asalariados en todo el mundo, dijo.

Otros dirigentes del campo laboral, la australiana Sharan Burrow, secretaria general de la Confederación Sindical Internacional (CSI), la central única mundial, y el británico Stephen Cotton, secretario general de la Federación Internacional de los Trabajadores del Transporte (FIT), sumaron críticas a la estructura tambaleante del comercio.

“Esta pandemia pone trágicamente de manifiesto la inhumanidad de un modelo de cadenas de suministro que explota despiadadamente a los trabajadores, en particular a las mujeres y los migrantes, mediante la denegación de los derechos humanos y laborales, la imposición de salarios de miseria y la precariedad laboral”, declararon Burrow y Cotton.

Las dos confederaciones sindicales sostuvieron que “debemos salir de esta crisis con el compromiso de apoyar un nuevo modelo de prosperidad compartida y de trabajo decente para todos y para todas”.

“A medida que sorteamos la crisis, debemos aprender las lecciones que esta nos enseña, si queremos construir economías fuertes, sustentables y más equitativas. Un sistema económico fragmentado, con empleos informales y menguantes derechos laborales, no va a servir de solución en el futuro”, advirtieron.

El coronavirus también modificará estas estructuras, casi por inercia, como prevención de futuras pandemias. Y muchas cosas no serán iguales.

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