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La fragilidad de una época

Por redacción
| 25 de mayo de 2020

Las condiciones en que la humanidad transita desde hace varias décadas por la geografía del planeta, desde sus hábitos de consumo elementales hasta la forma en que viajan, trabajan y descansan, han sido las idóneas para la enorme propagación de la COVID-19.

 

La fragilidad de un estilo de vida fue puesta de manifiesto por la pandemia más global de la historia y se trasladó de inmediato a los millones de trabajadores del mundo de la economía informal.

 

Más de 11 millones de trabajadores pueden quedar

 

desempleados este año en América Latina y el Caribe, como consecuencia de la COVID-19 y las medidas para contener la pandemia, proyectó un estudio conjunto de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT) divulgado el 21 de mayo.

 

El impacto de la crisis sobre la salud y la economía se traducirá en mayor pobreza y vulnerabilidad, por lo que se requieren urgentes medidas de apoyo a la población, según advirtieron los responsables de ambos organismos.

 

El retroceso de la economía en la región será el mayor desde la crisis de 1930, pues se espera una contracción del producto interno bruto de -5,3 por ciento, lo que tendrá efectos negativos en el mercado de trabajo, dijo Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Cepal.

 

La desocupación aumentará en al menos 3,4 puntos porcentuales, hasta alcanzar 11,5 por ciento de la fuerza de trabajo, lo que equivale a más de 11,5 millones de nuevos desempleados. Y si la contracción económica se profundiza, como advierten algunas firmas privadas de consultoría, la desocupación será mayor.

 

Junto al aumento de la desocupación se espera un marcado deterioro de la calidad del empleo, es decir que muchos empleados serán empujados a la informalidad, que ya es la fuente de labor e ingresos para el 54 por ciento de los trabajadores en la región.

 

La OIT calculó, por otra parte, que la crisis sanitaria provocada por la COVID-19 y el confinamiento con el que se la combate provocan en el segundo trimestre de 2020 una pérdida de 10,3 por ciento de las horas de labor, equivalentes a 31 millones de empleos a tiempo completo, suponiendo una jornada de 40 horas semanales.

 

Menor producción, pérdida de ingresos, desempleo y trabajo más precario se traducirán en más pobreza. La Cepal calculó que la pobreza aumentaría hasta 4,4 puntos porcentuales y la pobreza extrema 2,6 por ciento con respecto a 2019.

 

En la pobreza estarían entonces 214,7 millones de latinoamericanos y caribeños (34,7 por ciento de la población), y en la pobreza extrema, la de quienes no pueden siquiera completar una dieta básica, quedarían 83,4 millones, 13 por ciento de la población.

 

La Cepal propuso “que se establezca un ingreso básico de emergencia, durante seis meses, por el equivalente a 143 dólares mensuales, donde se ubica la línea de pobreza, para las personas encuadradas en los sectores más vulnerables”.

 

En tanto, la OIT abogó porque la salida de la pandemia “se haga gradualmente, considerando las realidades de cada sector, de cada grupo laboral, de cada región o ciudad, y eso requiere una negociación entre trabajadores, empresarios y gobierno”.

 

Los responsables de OIT y Cepal coincidieron en que viene una etapa en la que los Estados deberán invertir mucho más en la gente y en la protección social. “Solo así se resuelve la contradicción entre economía y salud”, resumieron. Solo así podrá evitarse una mayor fragilidad.

 

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