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La paz bienvenida

Por redacción
| 26 de mayo de 2020

En medio del drama cotidiano que demanda la lucha mundial en contra de la COVID-19, aparecen situaciones saludables, capaces de mostrar una mejor versión de la especie humana: grupos armados en Camerún, Sudán y Sudán del Sur respondieron al llamado de alto al fuego en el marco de la pandemia, informó la Organización de las Naciones Unidas (ONU), al conmemorarse el 25 de mayo, el Día de África.

 

Contendientes en los cruentos conflictos civiles e interétnicos de esos países “han declarado un alto el fuego unilateral. Imploro a otros movimientos armados y gobiernos en África que hagan lo mismo”, expresó el secretario general António Guterres, que había llamado a que se detengan todos los conflictos armados en el globo para ayudar a combatir la enfermedad.

 

Guterres dijo también: “Acojo con beneplácito el apoyo de los países africanos a mi llamado a la paz en el hogar y al fin de todas las formas de violencia, como por ejemplo contra las mujeres y las niñas”.

 

Cyril Ramaphosa, presidente de Sudáfrica y de la Unión Africana, fundada hace 57 años como Organización de la Unidad Africana, declaró que “deben terminar los trágicos conflictos que están generando inestabilidad en varios países del continente y cobrando un alto precio en vidas humanas”.

 

En Sudán del Sur, un brote de violencia interétnica en su región oriental de Jonglei arrasó varios poblados el 16 y 17 de mayo, con decenas de muertos, centenares de heridos y miles de personas que debieron huir de sus hogares, según la alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet.

 

La violencia intercomunitaria persiste en Sudán del Sur pese a que la lucha armada entre fuerzas del gobierno y de la oposición disminuyó con acuerdos políticos este año, tras asolar el país casi desde su independencia de Sudán en 2011.

 

En Camerún, la violencia intercomunitaria escaló desde 2016 como confrontación entre separatistas de las provincias occidentales, que fueron colonia británica, y el gobierno central, sostenido por la mayor parte del país, que fue colonia francesa.

 

En el extremo norte de Camerún, como en toda la región del lago Chad, fuerzas gubernamentales deben hacer frente a las guerrillas de Boko Haram y otros grupos que se reivindican como islamistas radicales.

 

En los conflictos de esa zona combaten fuerzas regulares y grupos rebeldes de Camerún, Chad, Níger y Nigeria, provocando el desplazamiento de centenares de miles de personas, muchos cruzando las fronteras como refugiados, víctimas primero de la violencia y luego de situaciones de hambre y enfermedad.

 

En Sudán, luego de décadas de conflicto con los independentistas del sur, persisten conflictos con fuerzas rebeldes de la occidental región de Darfur y en las sureñas zonas de Kordofán y Nilo Azul.

 

La violencia armada también ha persistido en Malí y la República Centroafricana, así como en el oriente de la República Democrática del Congo y la vecina Burundi.

 

La ONU pidió a los políticos africanos “participar en un diálogo inclusivo y sostenido para aliviar tensiones en torno a las elecciones y mantener las prácticas democráticas”.

 

Unos 20 Estados africanos deberían celebrar elecciones este año, pero varios procesos seguramente se suspenderán debido a la pandemia de COVID-19, que ya llegó a los 54 países del continente.

 

Aunque la pandemia haya golpeado con dureza sobre el estilo de vida humano, la esperanza de la paz siempre será bien recibida, en una época sin margen para discusiones menores.

 

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