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Los singulares mecanismos de la democracia

Por redacción
| 31 de mayo de 2020

La democracia es el sistema elegido por muchas sociedades en el mundo para convivir. Hay una larga historia de antecedentes y fundamentos históricos, filosóficos y políticos que la sostienen. Siempre fue discutida. Siempre es perfectible. Pero ha logrado sostenerse, con muchas dificultades, con grandes errores y aciertos. Muchos países saben del inmenso costo que genera su desaparición. Los cultores del autoritarismo la detestan. Realizan una continua búsqueda de acumulación de poder para anularla. Para apoderarse abruptamente de la autoridad y desconocer toda posibilidad de participación ciudadana, de vigencia de sus instituciones y de respeto por la vida y las ideas. La Argentina lleva muchos años de democracia, con matices, con todo lo que se quiera señalar, pero vigente como sistema de convivencia desde 1983.

 

Hace unos cuantos años se viven en el país momentos en los que predomina una fuerte discrepancia de ideas y de opiniones. Algunos antagonismos suenan incompatibles; sin demasiada imaginación, últimamente, algunos designan como “la grieta” a esta circunstancia. La democracia tiene previstas estas discrepancias, inclusive en algunos casos suele nutrirse de ellas, algunos las consideran imprescindibles. Cuando las posiciones se cierran y se extreman, las propuestas democráticas deben redoblarse para facilitar la mejor convivencia. Además, se debe crecer y progresar en medio de esas pujas tan irreconciliables. Los mecanismos están previstos, las salidas están demarcadas, solo se deben respetar la Constitución y las leyes. Para ejemplificar con claridad los puntos en conflicto, basta con señalar como clara demostración las distintas concepciones acerca del rol del Estado. Discusión que ha marcado la historia y las teorías económicas del mundo entero, pero que hoy adquiere una muy particular relevancia. La democracia es una clara exaltación de la libertad. Muchos ciudadanos critican con fiereza la presencia del Estado en muchas cuestiones, y viven de él. Es absolutamente factible, es el pleno ejercicio de la libertad, incluso en la contradicción. Cabe quejarse de la presencia del Estado en muchas cuestiones, y trabajar en el Estado, y reclamar que ese Estado invierta en el rubro que a cada cual le conviene. Así es la democracia. Claro que debe existir un mecanismo que dirima estas cuestiones. Y existe. Cuando son dispares las pretensiones acerca de cómo debe actuar un gobierno, justamente democrático, la reconciliación llega con las elecciones. Están escritas todas las normas, todos los mecanismos, se señala con claridad los sufragios necesarios, los votos de diferencia, absolutamente todo. Y se elige un ciudadano para ser presidente de la República. Luego aplicará las políticas enunciadas hasta el cansancio a través de todas las herramientas de información existentes.  En Argentina asumió un ciudadano la máxima investidura del país el 10 de diciembre de 2019. Expresó ante la ciudadanía todas sus ideas y proyectos, también lo hicieron quienes participaron del acto electoral, con muchos seguidores, incluso fuerzas muy minoritarias con un escaso caudal de votos. Y el rol del Estado estuvo muy presente en el debate. Hace menos de seis meses que un frente electoral gobierna la Argentina. Fueron los elegidos para gobernar. Tienen la obligación de hacerlo de acuerdo a sus propuestas.

 

Por supuesto las elecciones no son el único mecanismo de participación. La representación parlamentaria otorga muchas posibilidades para realizar propuestas y efectuar los controles necesarios. Y se admiten todas las formas de expresión de ideas y opiniones. Incluso solicitadas por muchos de quienes no alcanzaron los espacios para los que se postularon. Incluso pueden proponer lo que ya propusieron y no lograron imponer en las urnas. Claro que se debe respetar la voluntad de la mayoría. Esa mayoría postuló un rol del Estado distinto al del último gobierno. Otras ideas. Esa mayoría, felizmente, pretende otro rol por ejemplo para el Conicet y para el Instituto "Malbrán". Y al "Malbrán" fueron las muestras de absolutamente todos: conservadores, "libertarios", comunistas, progresistas, peronistas, todos. Y es lo que corresponde. Lo debe garantizar el Estado. El mismo que algunos irrespetuosamente defenestran y al que muchos le reclaman sus ingresos.       

 

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