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El cómplice de los violentos

El miedo es, sin dubitaciones, el mayor aliado que los violentos construyen. Infundiéndolo a fuerza de manipulaciones, amenazas y golpes, ganan el silencio de las víctimas y así se garantizan la impunidad, ese trofeo que adquieren en el ejercicio del poder patriarcal. Y en estos días recientes, aquí hemos sentido bien de cerca cuán paralizante puede ser y cuánto perjuicio y pérdida deja en el camino.

 

"Me has hecho daño física y mentalmente. No voy más a tu casa, te gusta golpear a las mujeres", le dijo Verónica Bordón a su expareja, Roque Arrieta, después de que amenazara con matarla, el miércoles, en El Trapiche. Apenas ella puso en claro lo que pensaba, llegó la reacción, brutal. Arrieta la empujó desde una pasarela al río. Cayó desde casi 1,90 metro de altura.

 

Con huesos quebrados, entumecida por el frío del agua y del aire invernal y con la angustia de no resistir mientras anochecía. Así quedó Verónica tras el ataque de Arrieta, quien la abandonó y se fue en su bicicleta, a trabajar.

 

Después de esa noche, ella contó que esa no era la primera vez que le pegaba: unos días antes, él la había golpeado en el oído. Y dijo que por temor a lo que el hombre podía hacerle a sus hijos o a ella, no había hecho la denuncia antes.

 

El sábado a la mañana, tan solo unas horas después de que Arrieta fuera detenido por ese caso de violencia de género, supimos del disparo que Gastón Heredia le dio en el rostro a su pareja, Johana Morán. Hay personas de su entorno que aseguran que nunca advirtieron que ella sufriera maltrato. Otros, en cambio, algo supieron o notaron. Veían que Heredia era posesivo, que la controlaba cuando compartían una salida e inclusive se enteraron de una separación temporal, motivada en el trato que él tenía hacia ella.

 

Una amiga de Johana contó que le había confiado, hace un tiempo, que no se sentía bien con su pareja, que quería terminar la relación. Pero eso no sucedió, siguió con él. Cuando la visitaba y le veía alguna marca en los brazos, Johana le decía que se había golpeado con algo, sin darse cuenta, y cambiaba de tema, declaró su amiga. Para ella, la razón por la que no dejó a quien ahora está acusado de femicidio es el temor que le tenía.

 

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