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Erradicar la desigualdad futura

Por redacción
| 30 de septiembre de 2020

Un nuevo escenario de hiperdesigualdad amenaza la reconstrucción de la economía mundial tras la devastación causada por la 
COVID-19, y una clave para superarla es aumentar los salarios reales, planteó el Informe 2020 de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad).
“De todas las condiciones preexistentes expuestas por la crisis de COVID-19, la hiperdesigualdad —producto de cuatro décadas de represión salarial— representa la mayor amenaza”, asentó el informe divulgado por la Unctad.
Según el texto, contrariamente a lo indicado para un desempeño exitoso hacia el desarrollo, el sistema prevalente ayuda a los sectores avanzados a desprenderse de empleos y recursos, convirtiéndolos en los residuos para los sectores atrasados.
La disminución de la demanda “permitirá a las empresas de los sectores de alta productividad y altos salarios restringir las entradas en sus mercados, expulsando así trabajadores que se ven obligados a tomar empleos en los sectores de baja productividad y bajos salarios”.
Esta “forma perversa” de cambio socava el crecimiento de los salarios, activando un círculo vicioso de mayor desigualdad, menor productividad y menor demanda. El resultado son economías de dos velocidades, en las que los sectores avanzados se contraen y los sectores atrasados se expanden, según el estudio.
Por eso, el informe anticipó que puede haber un futuro aún más desigual, con una recuperación de la pandemia en forma de “K”, es decir, una “V” arriba, para los ricos, “y contrariedades para todos los demás”, los pobres, en la parte baja de la K.
Sostuvo que para abordar este problema “hay que ir más allá de la fraseología de no dejar a nadie atrás y examinar, en cambio, la forma en que las decisiones de política escogen a los ganadores y restringen una recuperación más inclusiva”.
Insistió en que es fundamental el compromiso de los Estados con el pleno empleo y la recuperación de los ingresos de los trabajadores.
La crisis financiera mundial de 2008-2009 “reveló hasta qué punto la industria financiera había llegado a dominar las decisiones políticas y comerciales y, al mismo tiempo, había impulsado un crecimiento quebradizo e insostenible”.
“Se prometió un cambio inmediato, pero las normas y prácticas que rigen la distribución del ingreso y el poder económico han seguido siendo en gran medida las mismas”, apuntó Richard Kozul-Wright, director de Globalización y Estrategias de Desarrollo en la Unctad.
Para la Unctad, “la pandemia ofrecería una segunda oportunidad para recuperarse mejor, pero si no se reducen las desigualdades y la captura de reguladores por parte de las corporaciones, la economía mundial se tornará aún más frágil y el daño causado por una crisis siguiente será aún más catastrófico”.
Un informe de la Organización Internacional del Trabajo dice que el mundo pierde trimestralmente hasta el equivalente a 500 millones de empleos, y aunque se recuperen parcialmente en la pospandemia, aun así se perderán muchos y a final de año habrá más de 100 millones de nuevos pobres.
Una recomendación es apoyar los programas de obras públicas, porque aumentan los ingresos de los trabajadores y sus hogares a la vez que mejoran la infraestructura y los servicios, y también las transferencias en efectivo, como un ingreso básico universal, a los sectores más desfavorecidos en los países en desarrollo.
Erradicar la desigualdad futura demanda acciones hoy.
 

 

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