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Las víctimas sociales de la guerra

Por redacción
| 26 de noviembre de 2021

Tres de cada cinco víctimas que dejó el conflicto en Yemen desde 2015 no han muerto por las balas o las bombas, sino por los efectos sociales de la crisis, como el hambre y las enfermedades.

 

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) observó que “a menudo medimos el costo de las guerras en términos de víctimas de los combates, pero en el caso de Yemen el número de personas que ha muerto por las consecuencias del conflicto excede a las que han muerto en el campo de batalla”.

 

Las fuerzas que combaten en la guerra civil yemení son las dirigidas por las milicias hutíes, nutridas principalmente por chiítas zaidíes, que controlan el norte y la capital, Saná, y las del gobierno del presidente Abdrabbuh Mansur al Hadi (sunita, exiliado), que controlan las regiones del sur y su principal ciudad y puerto, Adén.

 

Una coalición de países con mayoría sunita encabezados por Arabia Saudita, y algunos gobiernos occidentales, ha apoyado a las fuerzas de Al Hadi, mientras que Irán, gobernado por chiítas, ha respaldado a las milicias hutíes.

 

El conflicto en este país de 30 millones de habitantes ha dejado 377.000 víctimas, según el informe del PNUD, y 60% de ellas no han perecido bajo la metralla en los combates, sino por efectos como el hambre y las enfermedades prevenibles.

 

Si el conflicto se extendiese hasta 2030, ese tipo de víctimas puede sumar 75%, es decir, pueden fallecer por el impacto social 1,3 millón de personas, según las proyecciones del PNUD.

 

Las muertes de no combatientes han sido en su gran mayoría de niños, que son especialmente vulnerables a la desnutrición. En 2021, un yemení menor de cinco años muere cada nueve minutos. En 2030 puede morir uno cada cinco.

 

En cambio, si el conflicto se detiene, hay probabilidades de erradicar la pobreza extrema en este país, uno de los más pobres del mundo y cuyos 527.968 kilómetros cuadrados ocupan el recodo suroeste de la Península Arábiga.

 

El conflicto ya empujó a 4,9 millones de personas a la malnutrición, y este número aumentará a 9,2 millones en 2030 si la guerra persiste.

 

El estudio prevé que, a finales de 2021, 15,6 millones de yemeníes vivirán en la pobreza extrema, y la cifra aumentará a 22,2 millones en 2030, o 65% de la población. Cientos de miles de personas huyeron de sus hogares como desplazados internos o refugiados en el extranjero.

 

Estimativamente, en los últimos seis años la crisis ha hecho que Yemen pierda 126.000 millones de dólares de crecimiento económico potencial. Si la guerra continúa, en 2030 el producto bruto perdido podría ser de 422.000 millones de dólares.

 

El documento envía un mensaje esperanzador de que no todo está perdido en Yemen, de economía tradicionalmente pastoril y con recursos de hidrocarburos, además de ser plaza para la industria liviana y el comercio, pero deja claro que no hay tiempo que desperdiciar, ya que el país sigue cayendo por una espiral descendente.

 

Para identificar los posibles dividendos de la paz, el reporte analiza escenarios futuros a través de modelos estadísticos, con Yemen erradicando la pobreza extrema —que afecta a más de la mitad de su población— y trocándose en un país de renta media para el año 2050.

 

La malnutrición podría reducirse a la mitad para 2025 y el país puede lograr un crecimiento económico de 450.000 millones de dólares para 2050, en un escenario integrado de paz y recuperación.

 

Las víctimas sociales del conflicto en Yemen son los más desprotegidos: niños y mujeres que sueñan con un mundo mejor.

 

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