SAN LUIS - Miércoles 25 de Mayo de 2022

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No es humor, no es por amor

Cuatro capítulos de un manual de violencias. El tipo que ejerce violencia estética, el tipo que apela a la violencia física, el tipo que se esconde en llanto de "arrepentimiento" y el tipo que se justifica de la manera más estúpida posible: "El amor te hace hacer locuras". No. El amor no violenta.

 

El día después de los Oscar 2022, el mundo poco habló de la película ganadora (CODA) y sí mucho de un hecho bochornoso, que en un principio hasta pareció un paso de comedia. La ya conocida historia dice que Chris Rock se burló abiertamente de la alopecia areata que sufre la actriz Jada Pinkett Smith. Will Smith, su marido, se levantó y fue directo al rostro de Rock. Después, cuando fue premiado, Smith pidió disculpas a quienes estaban presentes. Entre lágrimas, como piden disculpas los agresores para justificar su brutalidad.

 

Un día después, los medios, que muchas veces cometemos bestialidades, no conformes con lo visto, se inmiscuyeron en la vida de Jada y hablaron de situaciones que nada tienen que ver con su trabajo y sí mucho con su rol de “mujer de”. Nadie dijo que es actriz (trabajó en "Matrix"), productora, directora, cantante, compositora y empresaria. No, se la nombró como “mujer de”, la pertenencia de alguien. Alguien violento, por cierto. Poco se dijo de la enfermedad que padece y lo mucho que a nivel personal le costó admitir la pérdida de su cabello. Algún caníbal hasta se animó a decir que el golpe fue porque ella habría tenido un romance con Rock, como si eso lo justificara todo. No. No justifica nada.

 

Jada quedó invisibilizada, su voz no importó, solo vimos su cara de fastidio cuando el hombre sobre el escenario se burló de ella. Rock hizo lo que cualquier periodista de chimentos hace con una impunidad que asusta: opinó sobre la apariencia de otra persona, escudado en un monólogo de humor. No. No es humor burlarse de los demás.

 

Después de la piña, y que todo siguiera como nada, Smith subió a recibir su premio. Y lloró. Y pidió perdón. Y dijo que fue una locura de amor. Demostró sobre el escenario una cara de lo más crudo del patriarcado: está permitida la violencia física entre varones si es para defender el “honor” de la mujer. No. Los golpes no son amor.

 

¿Y Rock? “Esa fue la mejor noche en la historia de la televisión", dijo. Y se quedó parado en su postura de macho capaz de soportar una afrenta. Ayer, silencio absoluto. Ni siquiera le pidió disculpas a Jada por lo que dijo. La dejó en el estado de inferioridad, tan propia de las masculinidades incapaces de deconstruirse.

 

Y otra de las partes tristes de esta historia la protagonizaron los cientos de comentarios, en posteos de todo tipo, donde desconocidos mortales justificaban la trompada porque “lo hizo por amor” y “para defender a la mujer que estaba a su lado”. Alguno focalizó en que el agresor verbal se merecía la piña por lo que dijo. Y muchas mujeres dijeron que Smith es el hombre que necesitan a su lado. Muchas, demasiadas. Una vez más, por milésima vez, quedó demostrada la necesidad de ESI, para que nuestras niñas y niños no sean tan imbéciles. Y para que quienes somos adultas y adultos dejemos de normalizar las violencias y nos miremos con otros ojos.

 

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