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Una pareja con un bebé fingió un viaje para asaltar a un remisero

El hombre y la mujer se subieron al auto, fingieron ser un par de pasajeros que quería ir hacia el sur de la ciudad. Los choferes de Villa Mercedes dicen que los robos no paran.

Por redacción
| 12 de febrero de 2024
Sábado. Cuando la víctima fue auxiliada por otros choferes tras el robo. Foto: gentileza.

Carlos Toro lleva años detrás de un volante como remisero. Los choferes de su rubro últimamente han dejado de trabajar después de las 3 de la madrugada en Villa Mercedes porque ya saben lo que ocurre a esa altura de la noche: les roban. Pero el sábado vio a una pareja, con una criatura de no más de un año en los brazos, y frenó su móvil. Lo hizo más que nada por el bebé. El hombre y la mujer se subieron al auto, fingieron ser un par de pasajeros que quería ir hacia el sur y, cuando estuvieron en ese punto de la ciudad, donde las calles de tierra terminan y la vegetación alta de los baldíos tapa hasta la luz de la luna, poco antes de llegar al río, lo golpearon con una piedra y un hierro para robarle.

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Carlos Toro lleva años detrás de un volante como remisero. Los choferes de su rubro últimamente han dejado de trabajar después de las 3 de la madrugada en Villa Mercedes porque ya saben lo que ocurre a esa altura de la noche: les roban. Pero el sábado vio a una pareja, con una criatura de no más de un año en los brazos, y frenó su móvil. Lo hizo más que nada por el bebé. El hombre y la mujer se subieron al auto, fingieron ser un par de pasajeros que quería ir hacia el sur y, cuando estuvieron en ese punto de la ciudad, donde las calles de tierra terminan y la vegetación alta de los baldíos tapa hasta la luz de la luna, poco antes de llegar al río, lo golpearon con una piedra y un hierro para robarle.

 

El hombre contó que los delincuentes le hicieron señas en calle Pringles, casi esquina General Paz, y que le dijeron que se dirigiera hasta Europa y Gazari, en el barrio Güemes.

 

Cuando Toro llegó al final del recorrido uno de los supuestos pasajeros, el hombre, se bajó del coche. "Dio la vuelta, para ir hasta la ventanilla, haciéndose como el que iba a pagar y, en eso, se agachó, hizo como que se le cayó la billetera y agarró una piedra bola", relató un amigo de la víctima que luego lo auxilió.

 

Una vez en frente de la ventanilla del conductor, le pegó en la cara con la piedra. Pero Toro logró mantenerse entero, porque aunque lo atacó con la roca, el ladrón alcanzó a tocarlo más con el puño que con la piedra.

 

El remisero forcejeó y en eso que se resistía, el asaltante lo hirió con un elemento de hierro que le clavó en un brazo. En tanto, la mujer, desde atrás, con la criatura a un lado, alcanzó a sustraerle una billetera con dinero, su carnet de conducir, sus tarjetas, otros documentos, su celular y las llaves del auto. Luego la pareja escapó corriendo con el chiquito y desapareció en la oscuridad de esos terrenos baldíos.

 

Toro no tuvo otra alternativa que pedirle ayuda a sus compañeros a través de la radio. Cuando los otros choferes llegaron vieron que "tenía el costado izquierdo de la boca inflamado y en el brazo izquierdo tenía una lastimadura que le había levantado la piel, casi en carne viva, como si se hubiera enganchado en un alambre de púa", describió un amigo.

 

Quien lo auxilió contó que ellos ya no frenan ni siquiera cuando ven a una mujer sola a mitad de la madrugada. "Uno antes paraba, porque pensaba que no pasaba nada, pero ahora suben y te dicen 'doblá acá, que vamos a pasar a buscar a tal', entonces te das cuenta que no estaban solas y después te roban", narró sobre una modalidad de asalto que se repite. Señaló que es muy común que les sustraigan las llaves, para asegurarse de no ser perseguidos después. "De esos robos, en los que te llevan las llaves, ya he visto como tres", dijo.

 

Carlos Toro lleva años detrás de un volante como remisero. Los choferes de su rubro últimamente han dejado de trabajar después de las 3 de la madrugada en Villa Mercedes porque ya saben lo que ocurre a esa altura de la noche: les roban. Pero el sábado vio a una pareja, con una criatura de no más de un año en los brazos, y frenó su móvil. Lo hizo más que nada por el bebé. El hombre y la mujer se subieron al auto, fingieron ser un par de pasajeros que quería ir hacia el sur y, cuando estuvieron en ese punto de la ciudad, donde las calles de tierra terminan y la vegetación alta de los baldíos tapa hasta la luz de la luna, poco antes de llegar al río, lo golpearon con una piedra y un hierro para robarle.

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