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Un pionero que ayuda a los que se animan a usar la nueva tecnología

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Un pionero que ayuda a los que se animan a usar la nueva tecnología

La primera máquina la compró hace seis años en China. Ahora ofrece su experiencia a los nuevos usuarios.

Fue una inquietud de la adolescencia lo que lo mantuvo interesado hasta ahora en esa tecnología. “Desde que veía la serie Star Treck, hace 20 años, donde mostraban que a través de la impresión 3D se podían crear nuevos elementos, la estoy buscando. Mantenía la incógnita desde aquel tiempo por saber cómo se podía acceder a ella. Y hace seis años me compré una en China y ahí empecé mi experiencia”, contó Adolfo Barbeito. Aunque el año pasado decidió ampliar sus conocimientos y consiguió una nueva, más grande, que debió armarla él mismo.

Como la mayoría de los usuarios la encontró en una página de internet y a pesar del tiempo transcurrido dijo que “mucha de las cosas que prometía que podía realizar todavía no se han podido concretar, como por ejemplo crear en pocos minutos grandes estructuras. Eso todavía no es posible. Pero aunque es una impresión lenta, es muy efectiva”, opinó.

Barbeito es técnico en desarrollador de software y se dedica a brindar soporte técnico de sistemas contables pero aclaró que no accedió a la impresora para una actividad laboral, sino por puro placer. “Hago muchos prototipos y me imprimo cosas que me gustan como muñecos de películas o cómics, también hice accesorios para mis computadoras y equipos de fotografía, manijas que le faltaban a mi auto para subir y bajar las ventanillas, alguna rueda para lograr que algún mueble tenga movilidad y algún repuesto para bicicleta también. Digamos que ha sido de uso exclusivo personal”.

 Nunca le interesó hacer una actividad comercial con su impresora, “a lo sumo he realizado alguna vez algo para un amigo que me pidió una pieza para el casco que usa para andar en su moto”, señaló y siempre ha colaborado con la gente que se compra una y no sabe cómo empezar a usarla. “Me gusta colaborar con ellos porque me doy maña, y por eso he ayudado a otra gente para que pueda solucionar algún problema que tenía cuando intentaba imprimir o directamente les daba una mano para poder armarla”.

Barbeito señaló que “poner en marcha esta máquina por primera vez es complejo porque uno no sabe bien con qué se va a encontrar. Y recibir una ayuda en ese momento la verdad es que es muy bueno. A mí también me pasó y otra gente me ayudó como David Rivero, que con su apoyo he logrado armar mi primera máquina y por eso le he devuelto el favor a otra persona”.

Según su experiencia dijo que “la parte difícil es mantener el proceso de armado lo más tranquilo posible. Es el mayor desafío pero yo recomiendo que se haga porque cuando se rompe algún elemento, se sale de su lugar o se desconecta es necesario que uno mismo sepa dónde va y cómo funciona para poder repararlo. El calibrado no es difícil, sino que hay que hacerlo muy seguido”. También detalló que “como la impresora de tinta, tiene dos partes: el hardware que sería la máquina en sí y todas sus partes físicas y móviles; y el software que tiene su complicación porque tiende a desconfigurarse y hay que reiniciarlo cada vez que eso sucede. Y por eso es importante saber qué hace cada comando de ese programa”.

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Un pionero que ayuda a los que se animan a usar la nueva tecnología

La primera máquina la compró hace seis años en China. Ahora ofrece su experiencia a los nuevos usuarios.

Fue una inquietud de la adolescencia lo que lo mantuvo interesado hasta ahora en esa tecnología. “Desde que veía la serie Star Treck, hace 20 años, donde mostraban que a través de la impresión 3D se podían crear nuevos elementos, la estoy buscando. Mantenía la incógnita desde aquel tiempo por saber cómo se podía acceder a ella. Y hace seis años me compré una en China y ahí empecé mi experiencia”, contó Adolfo Barbeito. Aunque el año pasado decidió ampliar sus conocimientos y consiguió una nueva, más grande, que debió armarla él mismo.

Como la mayoría de los usuarios la encontró en una página de internet y a pesar del tiempo transcurrido dijo que “mucha de las cosas que prometía que podía realizar todavía no se han podido concretar, como por ejemplo crear en pocos minutos grandes estructuras. Eso todavía no es posible. Pero aunque es una impresión lenta, es muy efectiva”, opinó.

Barbeito es técnico en desarrollador de software y se dedica a brindar soporte técnico de sistemas contables pero aclaró que no accedió a la impresora para una actividad laboral, sino por puro placer. “Hago muchos prototipos y me imprimo cosas que me gustan como muñecos de películas o cómics, también hice accesorios para mis computadoras y equipos de fotografía, manijas que le faltaban a mi auto para subir y bajar las ventanillas, alguna rueda para lograr que algún mueble tenga movilidad y algún repuesto para bicicleta también. Digamos que ha sido de uso exclusivo personal”.

 Nunca le interesó hacer una actividad comercial con su impresora, “a lo sumo he realizado alguna vez algo para un amigo que me pidió una pieza para el casco que usa para andar en su moto”, señaló y siempre ha colaborado con la gente que se compra una y no sabe cómo empezar a usarla. “Me gusta colaborar con ellos porque me doy maña, y por eso he ayudado a otra gente para que pueda solucionar algún problema que tenía cuando intentaba imprimir o directamente les daba una mano para poder armarla”.

Barbeito señaló que “poner en marcha esta máquina por primera vez es complejo porque uno no sabe bien con qué se va a encontrar. Y recibir una ayuda en ese momento la verdad es que es muy bueno. A mí también me pasó y otra gente me ayudó como David Rivero, que con su apoyo he logrado armar mi primera máquina y por eso le he devuelto el favor a otra persona”.

Según su experiencia dijo que “la parte difícil es mantener el proceso de armado lo más tranquilo posible. Es el mayor desafío pero yo recomiendo que se haga porque cuando se rompe algún elemento, se sale de su lugar o se desconecta es necesario que uno mismo sepa dónde va y cómo funciona para poder repararlo. El calibrado no es difícil, sino que hay que hacerlo muy seguido”. También detalló que “como la impresora de tinta, tiene dos partes: el hardware que sería la máquina en sí y todas sus partes físicas y móviles; y el software que tiene su complicación porque tiende a desconfigurarse y hay que reiniciarlo cada vez que eso sucede. Y por eso es importante saber qué hace cada comando de ese programa”.

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