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"El Gobernador me pidió sobre todo que sea ministro de Medio Ambiente"

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"El Gobernador me pidió sobre todo que sea ministro de Medio Ambiente"

Por Marcelo Dettoni


Cuando el gobernador Alberto Rodríguez Saá definió su gabinete, muchos ojos se posaron sobre Cristian Moleker, el joven ministro de una cartera que englobó a lo que antes eran tres: Medio Ambiente, Campo e Industria. No porque el ex funcionario de la ULP, donde llevó adelante la exitosa tarea de armar el Parque Informático La Punta (PILP), no fuera capaz de asumir semejante desafío, sino porque realmente la tarea asomaba enorme: nada menos que coordinar tres áreas que sólo el gran poder innovador del primer mandatario podía imaginar juntas para gestionar.


Pero Moleker recogió el guante, hizo suyo el desafío y se abocó desde hace un mes a la tarea de llevar adelante el nuevo ministerio. Para hacerlo se puso primero bajo el brazo un texto fundamental, el Tratado de Paz entre Progreso y Medio Ambiente, que será el que marque la pauta de su gestión. La síntesis es clara: producción sustentable, crecimiento con un ojo puesto en la ecología y respeto por los recursos naturales por sobre todas las cosas, aún a costa de una inversión más o menos.


"Hay una decisión muy importante de parte del Gobernador. Lo que en algún momento fue el Tratado de Paz entre Progreso y Medio Ambiente se resume en la creación de este ministerio. Progreso por un lado en la producción y medio ambiente en el mismo lugar. Esto te permite hacer acciones con todas las partes involucradas. Acciones de producción que se vinculen con el cuidado del medio ambiente. No sucedía antes, porque al tener separado lo que es desarrollo industrial y cuidado del medio ambiente, las carteras no se hablaban, entonces dabas algunos beneficios a nivel provincial, pero no controlabas que te trajeran problemas ambientales. O sí los controlabas, pero no se articulaban los dos temas", explica Moleker, cómodamente sentado en un sillón de su despacho en el viejo Ministerio del Campo, que al parecer prevaleció sobre los otros.


—Lo que usted plantea se adapta por ejemplo a la minería o el tratamiento de efluentes...


—Exacto. Vos das beneficios fiscales, tenés la parte de inspección ambiental de otro ministerio en ese momento, el personal va, labra un acta, pero no se unían los dos. A ver… te estoy dando beneficios...


—Cumplime por otro lado.


—Claro. Hoy es uno de los desafíos que tenemos en este ministerio. Articular y cambiar la normativa que haya que cambiar para que vayan de la mano en este Tratado de Paz entre progreso y medio ambiente, que es muy claro.


—Se encontró con distorsiones?


—Hay fallos de coordinación, que es un tema que me encanta resolver. Fallos de coordinación entre los organismos, que no dialogan, que no se ponen de acuerdo. Al estar separados los ministerios, hay temas que terminan primando sobre la cuestión racional fundamental, que es la unión de estos dos conceptos. Descubrimos eso, que no hablaban, no articulaban, y entonces se generan diferentes criterios para tomar decisiones. Es un costo de transacción enorme para el sector privado, porque no es un buen escenario para atraer inversiones. Algunos hacen su trabajo y al no obtener resultados, se desmotivan. ¿Para qué voy a hacer una inspección ambiental si no pasa nada al final del ciclo, no hay cambios?, ¿si voy a los dos meses, a los dos años y no pasó nada?

—¿Lo vivió con el Plan Pasturas?


—Apenas asumí tuvimos un caso de ese tipo. ¿Qué hice? Se tomó la decisión política de unir los ministerios, pero al principio funcionaba cada uno en su quintita. Ustedes sacaron una nota en la revista El Campo que encendió una alarma. Entonces los senté a todos juntos y les dije que se dejen de joder: Biodiversidad, Producción Agropecuaria, resuelvan esto. La normativa es clara. Está en juego el impacto ambiental, la producción… Hablen entre ustedes y resuélvanlo. Por suerte el equipo que me acompaña está súper abierto a esta modalidad de trabajo y se fueron acomodando rápido. Tanto los que continuaron como los más nuevos, por eso estamos teniendo avances importantes.


—¿La idea es tener una cabeza para medio ambiente, otra para campo y otra para industria?


—No, hay una cabeza que soy yo. Y por debajo hay programas. Porque esas cabezas no iban a lograr integración. Hay programas como Industria, Biodiversidad, Producción Agropecuaria o Gestión Ambiental. Todos tienen que hablar con todos. Antes había forestación en más de un ministerio. Esos grises son los que estamos tratando de eliminar. Y que definitivamente hablen entre los programas. Yo tengo Sol Puntano a mi cargo. Es una empresa estatal que no está sola, tiene que ver con la producción agropecuaria, la agroindustria, la forestación y el medio ambiente. Allí hay un laboratorio, el objetivo es que sea de ambiente y producción, ése es el desafío. Que los análisis no sean sólo para los productores agropecuarios, sino también para avanzar en cuestiones ambientales. Si logramos eliminar estos fallos de coordinación con un criterio claro vamos a hacer un salto importante.


—Estuvo en Sol Puntano. ¿Qué panorama encontró?


—Un predio abandonado, un lugar que perdió la brújula. En un momento se había pensado que sería un centro de excelencia, de generación de buenas prácticas y producciones no tradicionales para transferir al sector privado. Pero hoy no existe nada de eso. La gente que trabaja allí se largó a llorar cuando me vio. Se decidieron inversiones, como el SUM, que considero que estuvieron erradas porque las mallas antigranizo estaban destruidas. Cayó una manga de piedras 15 días atrás y todo lo que es frutales, la vid y el olivo está perdido.


—Con mucha menos plata que lo salió el SUM arreglaban las mallas y se evitaba el desastre...


—Es una deducción lógica. La gente lloraba porque decía que estuvo trabajando todo el año para nada, que ahora tiene todo destruido. Son las cuestiones que tenemos que resolver para devolverle la esencia a ese lugar, para que vuelva a ser un centro de excelencia, de transferencia de tecnología, de generación de prácticas. Y usar ese SUM, que no está mal pensado, como se debe. Hoy no podés llevar a productores al salón a enseñarles buenas prácticas porque si recorren el predio te da vergüenza.


—¿Cómo encontró los módulos caprino y porcino que dependen de Sol Puntano?


—Están bien, pero creo que hay que integrarlos más al funcionamiento de Sol Puntano, un tema en el que la autopista no colabora para nada. Haberlo levantado del otro lado no ayuda a la integración. Había terrenos de la misma mano que el predio, ignoro si hay cuestiones sanitarias que definieron que se hiciera en donde está hoy. Ahí hay una cuestión, siempre le pregunto a la gente por qué hacés lo que hacés. Por qué están estos módulos. Hay una política de sanidad animal muy positiva, con varios caminos para lograrlo y San Luis tiene una visión muy buena, bien ejecutada.


—¿Van a seguir el Plan Toro y el Plan Caprino de reposición de animales enfermos?


—Totalmente, nos dan un estándar importante y una diferenciación a nivel nacional que nos pone muy contentos. Es una política que está funcionando bien.


—¿Y el Plan Pasturas?


—También, porque afecta directamente el desarrollo ganadero. La visión siempre debe estar puesta en el pequeño productor y acompañarlo con buenas prácticas. Al grande también hay que incentivarlo, pero tiene otras herramientas para acceder.


—¿Qué le dijo el Gobernador cuando lo llamó para ofrecerle el ministerio?


—Me dijo que quería que sea el ministro de esta cartera y que tenía un desafío grande por delante que era aplicar el Tratado de Paz. Y que sea sobre todo el Ministro de Medio Ambiente. Por eso ni bien asumí me focalicé sobre todo en cuestiones ambientales.


—¿Tuvo alguna reunión con Daiana Hissa para interiorizarse sobre lo que era el Ministerio de Medio Ambiente?


—Lamentablemente no, recibí llamados de los ministros de las otras dos carteras, pero de ella no. No creo que haya algo personal, estaba de viaje. Me reuní con la gente de su equipo de trabajo. Hay mucho personal que viene de su gestión que sigue trabajando conmigo, como Jorge Heider, gente muy valiosa, muy profesional, con mucho conocimiento. Les planteé mi nueva visión sobre el ministerio y están muy comprometidos trabajando.


—Pasó lo mismo en el Ministerio del Campo con gente como Martín Rodríguez o Juan Manuel Celi Preti.


—Sí, me informé, estudié, vi sus antecedentes, cómo trabajaron, pregunté y decidí seguir con ellos al frente del área de campo.


—En industria no fue así.


—Allí tomé la decisión de cambiar prácticamente todo, no porque hayan hecho una mala gestión, sino que es el lugar que, por mi formación, me siento más cómodo, más sólido. Lo conozco al tema y preferí arrancar de nuevo con un equipo de trabajo.


—¿Qué desafío tiene a mediano plazo en el área ambiental?


—Las energías alternativas. La energía solar es la tecnológicamente más desarrollada, hay más conocimientos a nivel técnico sobre cómo manejarla. San Luis tiene un mapa energético, hay diferentes zonas donde tenemos mayor potencialidad. Segundo punto: infraestructura eléctrica, ¿hay buena o no? (muestra un mapa de San Luis). Si tenemos tres manchas de energía solar, no te vas a ir donde no hay. Después te fijás la infraestructura eléctrica. Tercero: ¿de quién son las tierras?, si son fiscales es más fácil. Tenemos bastante avance a nivel físico y vamos por un parque solar que genere energías renovables.


—¿El aprovechamiento de la energía eólica también está en los planes?


—Paralelamente a las otras variantes energéticas vamos a potenciar la eólica. También tenemos un mapa con zonas potenciales. No son datos muy precisos, hay que ver cuáles son las mejores. En este caso vamos a avanzar en el estudio de la potencialidad eólica. No se sabe cuál es el sistema más eficiente, por eso vamos a profundizar los estudios. Se requiere una inversión de parte del Estado, poner dispositivos tecnológicos que hagan estudios más precisos y ver qué molinos van con esta zona. Un error en esta decisión sale muy caro.


—¿Es posible tener en el futuro energía hidroeléctrica?


—Sí, no a gran escala porque no son muy grandes las presas de San Luis, pero se puede generar energía. Vamos a elegir alguna presa para hacer pruebas. Todo colabora: la eólica, la hidroeléctrica y la solar, que es la más grande y con más potencial.


—-¿Qué zona es la de mayor potencialidad de energía solar?


—Cerca de Sierra de las Quijadas, hablamos de la zona, no dentro del parque nacional, sino en el límite con San Juan. Hay un gran avance en estudios en ese lugar. Este año el gran desafío es arrancar con un parque solar parecido al de Terrazas del Portezuelo, de un mega.


—¿Y en materia eólica?


—El potencial eólico está en un sitio cerca de La Calera y en la zona de La Punilla, Vamos a seleccionar y comprar estos aparatos para tener más precisiones.


—¿Los azudes están funcionando bien en el río Desaguadero?


—Están funcionando. Vamos a cambiar la política de manejo de bosque nativo, ya lo hablamos con Heider. También vamos a reactivar las reservas naturales como la de Las Higueritas.


—Otro tema clave son los centros de disposición de residuos sólidos urbanos (RSU), que tuvieron un gran desarrollo en la gestión anterior…


—Ya tenemos La Toma, El Jote, Quines, Donovan y está proyectada una planta más en la zona de Villa Mercedes. Es importantísimo como política ambiental maximizar el recupero de RSU y minimizar los entierros, lo que se descarta. Están funcionando bastante bien, particularmente la de Merlo es la que hay que ajustar porque está teniendo mucho entierro y poco recupero.


—¿Cuál es el porcentaje ideal?


—Se puede llegar al 75 u 80%. No tenemos mediciones actuales, pero estamos en eso.


—¿La gente se acostumbra a separar residuos?


—En Merlo tenemos un problema sistémico. Se puede mejorar el funcionamiento de la planta, pero tenemos un problema con las cadenas gastronómica y hoteleras. Te encontrás con residuos orgánicos junto a copas rotas. Es un riesgo para la salud y la seguridad de la gente que trabaja en la planta. Eso impacta en un mayor enterramiento. Hablé con el Programa de Cambio Cultural y el de Gestión Ambiental para que los hoteleros nos acompañen. De nuevo: te doy y me das, te doy el programa TuBi Turismo para que tengas más pasajeros y vos me das una mejor separación de los residuos.


—¿No hay una legislación que le permita al Estado presionar en ese sentido?


—No, porque es un tema de la órbita municipal. Como las plantas de residuos cloacales. Ahí tenemos que articular con los municipios. Hacemos inspecciones, podemos publicar un ranking para mandar al frente a los peores, pero no es la idea, queremos acompañar para que se termine haciendo lo que hay que hacer: un buen tratamiento de residuos cloacales y un gran recupero de la basura que se genera.


—La idea es que los centros de tratamiento sean autosustentables, ¿no?

—Claro. Pero necesitamos una buena gestión  de los residuos para luego vender el PET y el cartón. Hay que integrar las industrias que están en San Luis, vamos a hacer una presentación ante el sector industrial del plástico, mostrarle lo que recuperamos y que ellos lo puedan usar como insumo. Hay que articular estas cosas para cerrar un círculo más entre progreso y medio ambiente.


—Da la sensación que se requiere mucha inversión para todo esto y quizá hoy la plata no esté disponible debido al déficit que este gobierno denunció que recibió del anterior…


—Es cierto que se necesita mucho dinero, pero para mí es más importante la articulación. Éstos son fallos de coordinación. No podés pensar en un sistema de seguimiento, acompañamiento y control para cada planta, hay que hacer un cluster para que compartan los recursos necesarios para hacer lo que se debe. Ésas es la tarea del ministerio.


—¿Estaba empapado en lo que dice el Tratado de Paz o se metió ahora que es ministro con su letra y su espíritu?


—Lo estudié en su momento y lo volví a leer ahora como ministro, claro que con otra visión. Mi primer fin de semana tras el nombramiento agarré el librito verde y me puse de nuevo a fondo con la lectura.


—¿Descubrió cosas que no tenía presente?


—Le di otro sentido al contenido respecto de la lectura original. Con la posibilidad de hacer cosas. Por ejemplo, sobre lo que hablábamos de las plantas de RSU. Qué hacemos con los basurales, hay todo un plan de recupero una vez que avanzaste con las plantas. No se puede hacer de manera simultánea, hay que consolidar un sistema y luego avanzar con los espacios verdes.


—Da la sensación que depende mucho de los intendentes en estas gestiones…


—Muchísimo. Se creó una Comisión Provincial de cuidado del medio ambiente donde participan los intendentes. Es una herramienta institucional para hablar con ellos todos estos temas que son de interés común.


—Yo los escucho quejarse de que no tienen plata para llevar los residuos a las plantas de RSU, que les quedan lejos las plantas…


—Son excusas. Cuando sumás el costo total de la recolección propia y el de la recuperación de residuos, más los peligros para la salud de sus poblaciones, les termina saliendo más caro.


—En la Fisal trabajó en el Plan Maestro de Logística. ¿Es una ventaja ahora que Industria está en su órbita?


—Sí, me da una base sólida desde donde partir para tomar algunas decisiones importantes. Por ejemplo, dentro de los 38 proyectos del Plan Maestro está el de hacer un centro de transferencia de cargas en una localidad del Valle del Conlara con el recupero de las vías, sobre todo para la producción regional que es agropecuaria y minera en esa zona. Eso sin dudas generaría un impacto importante en el costo del transporte, que es altísimo en una provincia lejos de los puertos. Hoy Urquía, en General Deheza, está funcionando como nosotros queremos que lo haga la Agrozal. Concentra granos, lo sube a sus trenes y los lleva a Rosario. Además de hacer aceite tiene una empresa de logística. Es plata que sale de San Luis y se pierde, porque lo termina haciendo allá porque acá, donde también tiene inversiones, no cuenta con el tren. Toda esta plata que la provincia se ahorraría en materia de transporte podría ir al programa Tecnificación Agropecuaria para profundizar los planes vigentes y pensar en otros nuevos que beneficien a los pequeños productores de la provincia.


—¿Cómo se puede mantener e incluso aumentar la competitividad de la provincia?


—Hay que hacer un esfuerzo para dejar constantes los beneficios fiscales provinciales si no logramos extender la promoción industrial, algo que depende de la Nación.


—Otro tema que sé que trabajó durante su paso por la Fisal es el Corredor Productivo Ruta 11. ¿Es factible de concretar?


—Es un proyecto para analizar con más profundidad. Hay muchas cosas que se pueden hacer. Hay un proyecto de genética asociado a los cultivos que San Luis que debería empezar a trabajar más, atado con el laboratorio de campo y producción. Por eso hablaba de ampliar el Laboratorio del Campo. Hay un privado interesado en invertir para desarrollar esto.


—¿Qué planes tiene el ministerio respecto de los parques industriales?


—Debemos darles otro estatus. Hay un registro nacional y fondos disponibles para infraestructura de uso común y hoy San Luis no está participando. Tenemos, si bien pertenecen al ejido municipal, parques que requieren inversión para la circulación de los camiones, mantenimiento, cosas que generan costos extras para las empresas y les quitan competitividad.


—¿Es posible reactivar pequeños polos industriales en el interior, más allá de San Luis y Villa Mercedes?


—No lo analicé todavía, pero sí, recuerdo que Justo Daract tenía una producción textil importante por ejemplo. Lo que pasó con estos emprendimientos es que siempre estuvieron muy atados al contexto nacional y a la promoción industrial. Las reglas de juego que impone la Nación terminan condicionando a las provincias. Mi rol como ministro es gestionar a favor de la producción local.


—¿El empresario local está muy acostumbrado a cobijarse en el Estado, que en San Luis es bastante omnipresente?


—El Estado de San Luis tiene una larga historia de acompañar con políticas públicas e infraestructura al sector privado y me parece bien porque potencia la iniciativa privada. Eso genera a su vez una contra, que es que los acostumbrás mal en ciertos aspectos. Va a estar en mi habilidad y la de mi equipo articular esas cosas: si te doy esto, ayudame con esto otro. Sobre todo con la pata del medio ambiente. Va a ser importante este cambio de las reglas de juego.


—¿Cuál es su formación?


—Soy economista. En el viejo Ministerio de Progreso primero y luego en la ULP asumí el desafío de armar el Parque Informático La Punta (PILP). Mi misión fue generar incentivos para ese lugar que hoy funciona con varias empresas radicadas de pleno. En ese desarrollo generamos mucha mente entrenada para que el sector de la industria del conocimiento pudiera crecer.


—¿Prefiere al funcionario en la calle o en el campo gestionando antes que detrás del escritorio?


—Creo que debe hacer las dos cosas. Mucho terreno, pero también lo quiero en el escritorio gestionando, sino, no alcanza. El Estado tiene cuestiones en las que si no llevás un expediente se arma lío. Necesitás gestionar fondos, obras. Si el funcionario recolecta necesidades y no las transfiere a un expediente, se pierden.


—¿Encontró una buena recepción de los funcionarios nacionales en su visita a Buenos Aires?


—Sí, hay otra visión, pero también creo que hay que concretar esas palabras en hechos. Depende de ellos que ese buen diálogo se plasme en proyectos con el paquete completo: fondos e ideas.


—¿Qué balance hace del primer mes de gestión?


—Muy positivo. Estoy ante un desafío enorme. Después de un mes estoy bastante asentado en lo que me pidió el Gobernador, entiendo bien en términos prácticos lo que debo hacer y tengo muchas cosas desafiantes que debo concretar para cristalizar esta visión. Armé un buen equipo de trabajo que está respondiendo a las expectativas y eso es algo fundamental, porque el que termina gestionando el día a día es el funcionario.


—¿Es de delegar?


—Sí, mucho. En este ministerio no podría trabajar de otra manera. Sí soy un funcionario al que le gusta estar, involucrarse, aprender, preguntar. Heider por ejemplo está feliz, siente que por primera vez alguien se interesa a fondo en lo que hace con la biodiversidad y el medio ambiente. Con Martín Rodríguez en el campo me pasa lo mismo.


—Lo pregunto porque nadie puede saber todo de medio ambiente, campo e industria…


—No, claro. Voy a intentar aprender lo que más pueda. Me gusta escuchar, entender los procesos… la racionalidad en la toma de decisiones. Me gusta saber por qué elijo este camino y no aquél, que el funcionario me explique sus decisiones. Y a ellos les gusta en general que su ministro indague y los ayude a tener otra visión. Yo estuve del otro lado del mostrador, así que estoy preparado para relacionarme con ellos.


—¿Y el Gobernador cómo es con sus ministros?


—Es un Gobernador que deja hacer. Por lo menos en este corto período se mostró muy criterioso, racional, con visión estratégica, le gusta escuchar. Y una vez que dio el okey a un proyecto, adelante, a ejecutar.


—¿Qué le dejó su paso por la ULP?


—Yo siempre dije que más allá de la formación profesional, allí descubrí que las situaciones no suceden solas. Hay que gestionar para que las cosas pasen. Definido el proyecto, hay que gestionar. Entendí cómo funciona el Estado. Hasta el mínimo detalle. Si vos decís que un expediente lo tiene tal persona… ¿lo llamaste? ¿Te aseguraste? Eso es gestionar. No porque lo tires para otro lado va a aparecer, asegurate, llamá, ganá un tiempo.


—¿Cómo afecta al funcionamiento del ministerio el déficit heredado de la gestión anterior?


—Es un condicionamiento. No sólo se ve en el presupuesto, algunas áreas literalmente han tenido atrasos, no se avanzó como se debía. Es un impacto que va más allá del dinero, es menos servicios para la gente, un baño saludable menos en una casita rural, un año de espera para recibir algo que necesitás con urgencia. Lo malo es que termina pegando en la gente. Es la frustración de la gente que trabaja en Sol Puntano por una negligencia, por ejemplo. No es fácil de medir ese golpe, pero es tan importante como el dinero.


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"El Gobernador me pidió sobre todo que sea ministro de Medio Ambiente"


Cuando el gobernador Alberto Rodríguez Saá definió su gabinete, muchos ojos se posaron sobre Cristian Moleker, el joven ministro de una cartera que englobó a lo que antes eran tres: Medio Ambiente, Campo e Industria. No porque el ex funcionario de la ULP, donde llevó adelante la exitosa tarea de armar el Parque Informático La Punta (PILP), no fuera capaz de asumir semejante desafío, sino porque realmente la tarea asomaba enorme: nada menos que coordinar tres áreas que sólo el gran poder innovador del primer mandatario podía imaginar juntas para gestionar.


Pero Moleker recogió el guante, hizo suyo el desafío y se abocó desde hace un mes a la tarea de llevar adelante el nuevo ministerio. Para hacerlo se puso primero bajo el brazo un texto fundamental, el Tratado de Paz entre Progreso y Medio Ambiente, que será el que marque la pauta de su gestión. La síntesis es clara: producción sustentable, crecimiento con un ojo puesto en la ecología y respeto por los recursos naturales por sobre todas las cosas, aún a costa de una inversión más o menos.


"Hay una decisión muy importante de parte del Gobernador. Lo que en algún momento fue el Tratado de Paz entre Progreso y Medio Ambiente se resume en la creación de este ministerio. Progreso por un lado en la producción y medio ambiente en el mismo lugar. Esto te permite hacer acciones con todas las partes involucradas. Acciones de producción que se vinculen con el cuidado del medio ambiente. No sucedía antes, porque al tener separado lo que es desarrollo industrial y cuidado del medio ambiente, las carteras no se hablaban, entonces dabas algunos beneficios a nivel provincial, pero no controlabas que te trajeran problemas ambientales. O sí los controlabas, pero no se articulaban los dos temas", explica Moleker, cómodamente sentado en un sillón de su despacho en el viejo Ministerio del Campo, que al parecer prevaleció sobre los otros.


—Lo que usted plantea se adapta por ejemplo a la minería o el tratamiento de efluentes...


—Exacto. Vos das beneficios fiscales, tenés la parte de inspección ambiental de otro ministerio en ese momento, el personal va, labra un acta, pero no se unían los dos. A ver… te estoy dando beneficios...


—Cumplime por otro lado.


—Claro. Hoy es uno de los desafíos que tenemos en este ministerio. Articular y cambiar la normativa que haya que cambiar para que vayan de la mano en este Tratado de Paz entre progreso y medio ambiente, que es muy claro.


—Se encontró con distorsiones?


—Hay fallos de coordinación, que es un tema que me encanta resolver. Fallos de coordinación entre los organismos, que no dialogan, que no se ponen de acuerdo. Al estar separados los ministerios, hay temas que terminan primando sobre la cuestión racional fundamental, que es la unión de estos dos conceptos. Descubrimos eso, que no hablaban, no articulaban, y entonces se generan diferentes criterios para tomar decisiones. Es un costo de transacción enorme para el sector privado, porque no es un buen escenario para atraer inversiones. Algunos hacen su trabajo y al no obtener resultados, se desmotivan. ¿Para qué voy a hacer una inspección ambiental si no pasa nada al final del ciclo, no hay cambios?, ¿si voy a los dos meses, a los dos años y no pasó nada?

—¿Lo vivió con el Plan Pasturas?


—Apenas asumí tuvimos un caso de ese tipo. ¿Qué hice? Se tomó la decisión política de unir los ministerios, pero al principio funcionaba cada uno en su quintita. Ustedes sacaron una nota en la revista El Campo que encendió una alarma. Entonces los senté a todos juntos y les dije que se dejen de joder: Biodiversidad, Producción Agropecuaria, resuelvan esto. La normativa es clara. Está en juego el impacto ambiental, la producción… Hablen entre ustedes y resuélvanlo. Por suerte el equipo que me acompaña está súper abierto a esta modalidad de trabajo y se fueron acomodando rápido. Tanto los que continuaron como los más nuevos, por eso estamos teniendo avances importantes.


—¿La idea es tener una cabeza para medio ambiente, otra para campo y otra para industria?


—No, hay una cabeza que soy yo. Y por debajo hay programas. Porque esas cabezas no iban a lograr integración. Hay programas como Industria, Biodiversidad, Producción Agropecuaria o Gestión Ambiental. Todos tienen que hablar con todos. Antes había forestación en más de un ministerio. Esos grises son los que estamos tratando de eliminar. Y que definitivamente hablen entre los programas. Yo tengo Sol Puntano a mi cargo. Es una empresa estatal que no está sola, tiene que ver con la producción agropecuaria, la agroindustria, la forestación y el medio ambiente. Allí hay un laboratorio, el objetivo es que sea de ambiente y producción, ése es el desafío. Que los análisis no sean sólo para los productores agropecuarios, sino también para avanzar en cuestiones ambientales. Si logramos eliminar estos fallos de coordinación con un criterio claro vamos a hacer un salto importante.


—Estuvo en Sol Puntano. ¿Qué panorama encontró?


—Un predio abandonado, un lugar que perdió la brújula. En un momento se había pensado que sería un centro de excelencia, de generación de buenas prácticas y producciones no tradicionales para transferir al sector privado. Pero hoy no existe nada de eso. La gente que trabaja allí se largó a llorar cuando me vio. Se decidieron inversiones, como el SUM, que considero que estuvieron erradas porque las mallas antigranizo estaban destruidas. Cayó una manga de piedras 15 días atrás y todo lo que es frutales, la vid y el olivo está perdido.


—Con mucha menos plata que lo salió el SUM arreglaban las mallas y se evitaba el desastre...


—Es una deducción lógica. La gente lloraba porque decía que estuvo trabajando todo el año para nada, que ahora tiene todo destruido. Son las cuestiones que tenemos que resolver para devolverle la esencia a ese lugar, para que vuelva a ser un centro de excelencia, de transferencia de tecnología, de generación de prácticas. Y usar ese SUM, que no está mal pensado, como se debe. Hoy no podés llevar a productores al salón a enseñarles buenas prácticas porque si recorren el predio te da vergüenza.


—¿Cómo encontró los módulos caprino y porcino que dependen de Sol Puntano?


—Están bien, pero creo que hay que integrarlos más al funcionamiento de Sol Puntano, un tema en el que la autopista no colabora para nada. Haberlo levantado del otro lado no ayuda a la integración. Había terrenos de la misma mano que el predio, ignoro si hay cuestiones sanitarias que definieron que se hiciera en donde está hoy. Ahí hay una cuestión, siempre le pregunto a la gente por qué hacés lo que hacés. Por qué están estos módulos. Hay una política de sanidad animal muy positiva, con varios caminos para lograrlo y San Luis tiene una visión muy buena, bien ejecutada.


—¿Van a seguir el Plan Toro y el Plan Caprino de reposición de animales enfermos?


—Totalmente, nos dan un estándar importante y una diferenciación a nivel nacional que nos pone muy contentos. Es una política que está funcionando bien.


—¿Y el Plan Pasturas?


—También, porque afecta directamente el desarrollo ganadero. La visión siempre debe estar puesta en el pequeño productor y acompañarlo con buenas prácticas. Al grande también hay que incentivarlo, pero tiene otras herramientas para acceder.


—¿Qué le dijo el Gobernador cuando lo llamó para ofrecerle el ministerio?


—Me dijo que quería que sea el ministro de esta cartera y que tenía un desafío grande por delante que era aplicar el Tratado de Paz. Y que sea sobre todo el Ministro de Medio Ambiente. Por eso ni bien asumí me focalicé sobre todo en cuestiones ambientales.


—¿Tuvo alguna reunión con Daiana Hissa para interiorizarse sobre lo que era el Ministerio de Medio Ambiente?


—Lamentablemente no, recibí llamados de los ministros de las otras dos carteras, pero de ella no. No creo que haya algo personal, estaba de viaje. Me reuní con la gente de su equipo de trabajo. Hay mucho personal que viene de su gestión que sigue trabajando conmigo, como Jorge Heider, gente muy valiosa, muy profesional, con mucho conocimiento. Les planteé mi nueva visión sobre el ministerio y están muy comprometidos trabajando.


—Pasó lo mismo en el Ministerio del Campo con gente como Martín Rodríguez o Juan Manuel Celi Preti.


—Sí, me informé, estudié, vi sus antecedentes, cómo trabajaron, pregunté y decidí seguir con ellos al frente del área de campo.


—En industria no fue así.


—Allí tomé la decisión de cambiar prácticamente todo, no porque hayan hecho una mala gestión, sino que es el lugar que, por mi formación, me siento más cómodo, más sólido. Lo conozco al tema y preferí arrancar de nuevo con un equipo de trabajo.


—¿Qué desafío tiene a mediano plazo en el área ambiental?


—Las energías alternativas. La energía solar es la tecnológicamente más desarrollada, hay más conocimientos a nivel técnico sobre cómo manejarla. San Luis tiene un mapa energético, hay diferentes zonas donde tenemos mayor potencialidad. Segundo punto: infraestructura eléctrica, ¿hay buena o no? (muestra un mapa de San Luis). Si tenemos tres manchas de energía solar, no te vas a ir donde no hay. Después te fijás la infraestructura eléctrica. Tercero: ¿de quién son las tierras?, si son fiscales es más fácil. Tenemos bastante avance a nivel físico y vamos por un parque solar que genere energías renovables.


—¿El aprovechamiento de la energía eólica también está en los planes?


—Paralelamente a las otras variantes energéticas vamos a potenciar la eólica. También tenemos un mapa con zonas potenciales. No son datos muy precisos, hay que ver cuáles son las mejores. En este caso vamos a avanzar en el estudio de la potencialidad eólica. No se sabe cuál es el sistema más eficiente, por eso vamos a profundizar los estudios. Se requiere una inversión de parte del Estado, poner dispositivos tecnológicos que hagan estudios más precisos y ver qué molinos van con esta zona. Un error en esta decisión sale muy caro.


—¿Es posible tener en el futuro energía hidroeléctrica?


—Sí, no a gran escala porque no son muy grandes las presas de San Luis, pero se puede generar energía. Vamos a elegir alguna presa para hacer pruebas. Todo colabora: la eólica, la hidroeléctrica y la solar, que es la más grande y con más potencial.


—-¿Qué zona es la de mayor potencialidad de energía solar?


—Cerca de Sierra de las Quijadas, hablamos de la zona, no dentro del parque nacional, sino en el límite con San Juan. Hay un gran avance en estudios en ese lugar. Este año el gran desafío es arrancar con un parque solar parecido al de Terrazas del Portezuelo, de un mega.


—¿Y en materia eólica?


—El potencial eólico está en un sitio cerca de La Calera y en la zona de La Punilla, Vamos a seleccionar y comprar estos aparatos para tener más precisiones.


—¿Los azudes están funcionando bien en el río Desaguadero?


—Están funcionando. Vamos a cambiar la política de manejo de bosque nativo, ya lo hablamos con Heider. También vamos a reactivar las reservas naturales como la de Las Higueritas.


—Otro tema clave son los centros de disposición de residuos sólidos urbanos (RSU), que tuvieron un gran desarrollo en la gestión anterior…


—Ya tenemos La Toma, El Jote, Quines, Donovan y está proyectada una planta más en la zona de Villa Mercedes. Es importantísimo como política ambiental maximizar el recupero de RSU y minimizar los entierros, lo que se descarta. Están funcionando bastante bien, particularmente la de Merlo es la que hay que ajustar porque está teniendo mucho entierro y poco recupero.


—¿Cuál es el porcentaje ideal?


—Se puede llegar al 75 u 80%. No tenemos mediciones actuales, pero estamos en eso.


—¿La gente se acostumbra a separar residuos?


—En Merlo tenemos un problema sistémico. Se puede mejorar el funcionamiento de la planta, pero tenemos un problema con las cadenas gastronómica y hoteleras. Te encontrás con residuos orgánicos junto a copas rotas. Es un riesgo para la salud y la seguridad de la gente que trabaja en la planta. Eso impacta en un mayor enterramiento. Hablé con el Programa de Cambio Cultural y el de Gestión Ambiental para que los hoteleros nos acompañen. De nuevo: te doy y me das, te doy el programa TuBi Turismo para que tengas más pasajeros y vos me das una mejor separación de los residuos.


—¿No hay una legislación que le permita al Estado presionar en ese sentido?


—No, porque es un tema de la órbita municipal. Como las plantas de residuos cloacales. Ahí tenemos que articular con los municipios. Hacemos inspecciones, podemos publicar un ranking para mandar al frente a los peores, pero no es la idea, queremos acompañar para que se termine haciendo lo que hay que hacer: un buen tratamiento de residuos cloacales y un gran recupero de la basura que se genera.


—La idea es que los centros de tratamiento sean autosustentables, ¿no?

—Claro. Pero necesitamos una buena gestión  de los residuos para luego vender el PET y el cartón. Hay que integrar las industrias que están en San Luis, vamos a hacer una presentación ante el sector industrial del plástico, mostrarle lo que recuperamos y que ellos lo puedan usar como insumo. Hay que articular estas cosas para cerrar un círculo más entre progreso y medio ambiente.


—Da la sensación que se requiere mucha inversión para todo esto y quizá hoy la plata no esté disponible debido al déficit que este gobierno denunció que recibió del anterior…


—Es cierto que se necesita mucho dinero, pero para mí es más importante la articulación. Éstos son fallos de coordinación. No podés pensar en un sistema de seguimiento, acompañamiento y control para cada planta, hay que hacer un cluster para que compartan los recursos necesarios para hacer lo que se debe. Ésas es la tarea del ministerio.


—¿Estaba empapado en lo que dice el Tratado de Paz o se metió ahora que es ministro con su letra y su espíritu?


—Lo estudié en su momento y lo volví a leer ahora como ministro, claro que con otra visión. Mi primer fin de semana tras el nombramiento agarré el librito verde y me puse de nuevo a fondo con la lectura.


—¿Descubrió cosas que no tenía presente?


—Le di otro sentido al contenido respecto de la lectura original. Con la posibilidad de hacer cosas. Por ejemplo, sobre lo que hablábamos de las plantas de RSU. Qué hacemos con los basurales, hay todo un plan de recupero una vez que avanzaste con las plantas. No se puede hacer de manera simultánea, hay que consolidar un sistema y luego avanzar con los espacios verdes.


—Da la sensación que depende mucho de los intendentes en estas gestiones…


—Muchísimo. Se creó una Comisión Provincial de cuidado del medio ambiente donde participan los intendentes. Es una herramienta institucional para hablar con ellos todos estos temas que son de interés común.


—Yo los escucho quejarse de que no tienen plata para llevar los residuos a las plantas de RSU, que les quedan lejos las plantas…


—Son excusas. Cuando sumás el costo total de la recolección propia y el de la recuperación de residuos, más los peligros para la salud de sus poblaciones, les termina saliendo más caro.


—En la Fisal trabajó en el Plan Maestro de Logística. ¿Es una ventaja ahora que Industria está en su órbita?


—Sí, me da una base sólida desde donde partir para tomar algunas decisiones importantes. Por ejemplo, dentro de los 38 proyectos del Plan Maestro está el de hacer un centro de transferencia de cargas en una localidad del Valle del Conlara con el recupero de las vías, sobre todo para la producción regional que es agropecuaria y minera en esa zona. Eso sin dudas generaría un impacto importante en el costo del transporte, que es altísimo en una provincia lejos de los puertos. Hoy Urquía, en General Deheza, está funcionando como nosotros queremos que lo haga la Agrozal. Concentra granos, lo sube a sus trenes y los lleva a Rosario. Además de hacer aceite tiene una empresa de logística. Es plata que sale de San Luis y se pierde, porque lo termina haciendo allá porque acá, donde también tiene inversiones, no cuenta con el tren. Toda esta plata que la provincia se ahorraría en materia de transporte podría ir al programa Tecnificación Agropecuaria para profundizar los planes vigentes y pensar en otros nuevos que beneficien a los pequeños productores de la provincia.


—¿Cómo se puede mantener e incluso aumentar la competitividad de la provincia?


—Hay que hacer un esfuerzo para dejar constantes los beneficios fiscales provinciales si no logramos extender la promoción industrial, algo que depende de la Nación.


—Otro tema que sé que trabajó durante su paso por la Fisal es el Corredor Productivo Ruta 11. ¿Es factible de concretar?


—Es un proyecto para analizar con más profundidad. Hay muchas cosas que se pueden hacer. Hay un proyecto de genética asociado a los cultivos que San Luis que debería empezar a trabajar más, atado con el laboratorio de campo y producción. Por eso hablaba de ampliar el Laboratorio del Campo. Hay un privado interesado en invertir para desarrollar esto.


—¿Qué planes tiene el ministerio respecto de los parques industriales?


—Debemos darles otro estatus. Hay un registro nacional y fondos disponibles para infraestructura de uso común y hoy San Luis no está participando. Tenemos, si bien pertenecen al ejido municipal, parques que requieren inversión para la circulación de los camiones, mantenimiento, cosas que generan costos extras para las empresas y les quitan competitividad.


—¿Es posible reactivar pequeños polos industriales en el interior, más allá de San Luis y Villa Mercedes?


—No lo analicé todavía, pero sí, recuerdo que Justo Daract tenía una producción textil importante por ejemplo. Lo que pasó con estos emprendimientos es que siempre estuvieron muy atados al contexto nacional y a la promoción industrial. Las reglas de juego que impone la Nación terminan condicionando a las provincias. Mi rol como ministro es gestionar a favor de la producción local.


—¿El empresario local está muy acostumbrado a cobijarse en el Estado, que en San Luis es bastante omnipresente?


—El Estado de San Luis tiene una larga historia de acompañar con políticas públicas e infraestructura al sector privado y me parece bien porque potencia la iniciativa privada. Eso genera a su vez una contra, que es que los acostumbrás mal en ciertos aspectos. Va a estar en mi habilidad y la de mi equipo articular esas cosas: si te doy esto, ayudame con esto otro. Sobre todo con la pata del medio ambiente. Va a ser importante este cambio de las reglas de juego.


—¿Cuál es su formación?


—Soy economista. En el viejo Ministerio de Progreso primero y luego en la ULP asumí el desafío de armar el Parque Informático La Punta (PILP). Mi misión fue generar incentivos para ese lugar que hoy funciona con varias empresas radicadas de pleno. En ese desarrollo generamos mucha mente entrenada para que el sector de la industria del conocimiento pudiera crecer.


—¿Prefiere al funcionario en la calle o en el campo gestionando antes que detrás del escritorio?


—Creo que debe hacer las dos cosas. Mucho terreno, pero también lo quiero en el escritorio gestionando, sino, no alcanza. El Estado tiene cuestiones en las que si no llevás un expediente se arma lío. Necesitás gestionar fondos, obras. Si el funcionario recolecta necesidades y no las transfiere a un expediente, se pierden.


—¿Encontró una buena recepción de los funcionarios nacionales en su visita a Buenos Aires?


—Sí, hay otra visión, pero también creo que hay que concretar esas palabras en hechos. Depende de ellos que ese buen diálogo se plasme en proyectos con el paquete completo: fondos e ideas.


—¿Qué balance hace del primer mes de gestión?


—Muy positivo. Estoy ante un desafío enorme. Después de un mes estoy bastante asentado en lo que me pidió el Gobernador, entiendo bien en términos prácticos lo que debo hacer y tengo muchas cosas desafiantes que debo concretar para cristalizar esta visión. Armé un buen equipo de trabajo que está respondiendo a las expectativas y eso es algo fundamental, porque el que termina gestionando el día a día es el funcionario.


—¿Es de delegar?


—Sí, mucho. En este ministerio no podría trabajar de otra manera. Sí soy un funcionario al que le gusta estar, involucrarse, aprender, preguntar. Heider por ejemplo está feliz, siente que por primera vez alguien se interesa a fondo en lo que hace con la biodiversidad y el medio ambiente. Con Martín Rodríguez en el campo me pasa lo mismo.


—Lo pregunto porque nadie puede saber todo de medio ambiente, campo e industria…


—No, claro. Voy a intentar aprender lo que más pueda. Me gusta escuchar, entender los procesos… la racionalidad en la toma de decisiones. Me gusta saber por qué elijo este camino y no aquél, que el funcionario me explique sus decisiones. Y a ellos les gusta en general que su ministro indague y los ayude a tener otra visión. Yo estuve del otro lado del mostrador, así que estoy preparado para relacionarme con ellos.


—¿Y el Gobernador cómo es con sus ministros?


—Es un Gobernador que deja hacer. Por lo menos en este corto período se mostró muy criterioso, racional, con visión estratégica, le gusta escuchar. Y una vez que dio el okey a un proyecto, adelante, a ejecutar.


—¿Qué le dejó su paso por la ULP?


—Yo siempre dije que más allá de la formación profesional, allí descubrí que las situaciones no suceden solas. Hay que gestionar para que las cosas pasen. Definido el proyecto, hay que gestionar. Entendí cómo funciona el Estado. Hasta el mínimo detalle. Si vos decís que un expediente lo tiene tal persona… ¿lo llamaste? ¿Te aseguraste? Eso es gestionar. No porque lo tires para otro lado va a aparecer, asegurate, llamá, ganá un tiempo.


—¿Cómo afecta al funcionamiento del ministerio el déficit heredado de la gestión anterior?


—Es un condicionamiento. No sólo se ve en el presupuesto, algunas áreas literalmente han tenido atrasos, no se avanzó como se debía. Es un impacto que va más allá del dinero, es menos servicios para la gente, un baño saludable menos en una casita rural, un año de espera para recibir algo que necesitás con urgencia. Lo malo es que termina pegando en la gente. Es la frustración de la gente que trabaja en Sol Puntano por una negligencia, por ejemplo. No es fácil de medir ese golpe, pero es tan importante como el dinero.


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