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Villa Mercedes: buscaban una moto robada, encontraron otra y droga

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Villa Mercedes: buscaban una moto robada, encontraron otra y droga


El dato que llegó hasta los oídos de los efectivos de la Comisaría 9ª resultó no ser preciso. Pero el que no haya sido exacto, no significó que fuera inútil. Por el contrario. Cuando los policías observaron la Maverick que Facundo Reynoso Fresco tenía, en el departamentito que alquila en el barrio Los Acacios, notaron que no era la moto del robo que investigaban. No era el botín de ese hecho, pero tal vez sí de otro, puesto que su supuesto dueño no tenía siquiera los papeles para acreditar que era suya. Mientras el personal completaba el allanamiento descubrieron que, además de tener algo robado, el sospechoso también poseía cocaína y cultivaba marihuana. Demasiada como para pensar que era sólo para mero consumo personal.


Reynoso tiene 21 años y trabaja como chico “delivery”. Desde que los policías de la división Lucha Contra el Narcotráfico confirmaron que lo que tenía en su patio eran plantas de la variedad cannabis sativa y que el polvillo blanquecino, que celosamente guardaba en envoltorios de nylon, era cocaína de máxima pureza, está detenido e incomunicado. A disposición del Juzgado Federal de San Luis.


El robo que el personal de la 9ª investigaba sucedió hace dos semanas. Un empleado del restaurante "Costumbres Argentinas" había dejado su motocicleta 110 en la vereda del comedor parrilla, ubicado en Zavala Ortiz 28. A las 2:30, cuando salió a la calle, el rodado ya no estaba. Un ladrón se lo había llevado. El hecho fue caratulado como “hurto calificado”, precisó el oficial principal Ricardo Fernández.


Por estos días, la brigada de calle de esa comisaría barajaba un dato. A través de sus informantes, se enteraron de que en el departamento 68 del barrio Los Acacios, en el pasaje 3, había un vecino que tenía un vehículo como el que sustrajeron aquella madrugada, en el barrio Estación.


Luego de vigilar el domicilio y constatar desde afuera que la motocicleta que buscaban podría estar ahí dentro, los policías le solicitaron a la juez de Instrucción Penal Nº 3, Mirta Ucelay, una orden de allanamiento para la casa.


Anteayer, a las 15, cinco efectivos llegaron a lo de Reynoso. La vivienda sólo cuenta con una puerta en su frente y, por lo general, quien la atiende suele ser un hombre, de apellido Juárez, a quien el sospechoso le alquila el monoambiente.


La casa está dividida en dos. En el costado derecho reside su verdadero dueño y, en el otro, su inquilino.


Reynoso dormía cuando los policías lo anoticiaron de que iban a requisarle el departamento. Estaba con su esposa, embarazada de siete meses, y su nene de tres años.


"Tenía tres motocicletas. Dos de 110 y una de 70", señaló el oficial principal. Pero ninguna era la que habían ido a buscar. 


De igual modo, la Maverick azul, la única del trío que no tenía documentación, fue secuestrada. El joven, para salir del apuro, aseguró que se la había comprado a un chico, pero que no recordaba bien cómo se llamaba. No pudo probar lo que decía.


Cuando el muchacho pensó que había pasado lo peor, los investigadores salieron al patio. Las cinco macetas con plantas de marihuana estaban a la vista. Sus tupidos 68 centímetros de altura se destacaban entre las otras, de otra especie, y las sillas y los estantes oxidados del apretado jardín.


En medio de tanto desorden, había un viejo aparador de madera, de dos puertas. Su interior estaba forrado con papel aluminio. De un estante superior colgaban, de un lado y otro del mueble, dos enormes focos. Arriba de ellos, sobre la repisa, descansaban dos temporizadores de luz. Y, en el piso del armario, reposaban dos macetas con cannabis sativa. Tímidamente empezaban a florecer.


"El mueble funcionaba como una suerte de invernadero que, con los temporizadores, regulaba la temperatura de las lámparas, para que las plantas germinaran", comentó una fuente.


Debajo del colchón, del único dormitorio que tiene el departamento, hallaron una bolsita de nylon. A simple vista, parecía tener cocaína. Un segundo envoltorio le encontraron a Reynoso, entre sus ropas. Las pruebas que Lucha Contra el Narcotráfico hizo luego con reactivos químicos despejaron todas las dudas: era, sin más, clorhidrato de cocaína.


Esparcidos, bajo la cama, en la mesa de la cocina-comedor y otros rincones de monoambiente, descubrieron diez mil pesos, en billetes de baja denominación. "Hallamos, también, dieciséis ramilletes de marihuana, sesenta semillas de cannabis sativa lineo, un 'pikachu' (instrumento usado para moler las semillas), varios fertilizantes y aceleradores florales, una balanza digital, demás elementos para corte y fraccionamiento de la sustancia y seis celulares", detalló Fernández. Excepto el dinero y los teléfonos, todo fue secuestrado.


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Villa Mercedes: buscaban una moto robada, encontraron otra y droga

Invernadero. Dos Plantines estaban en un ropero, equipado para acelerar su germinación.

El dato que llegó hasta los oídos de los efectivos de la Comisaría 9ª resultó no ser preciso. Pero el que no haya sido exacto, no significó que fuera inútil. Por el contrario. Cuando los policías observaron la Maverick que Facundo Reynoso Fresco tenía, en el departamentito que alquila en el barrio Los Acacios, notaron que no era la moto del robo que investigaban. No era el botín de ese hecho, pero tal vez sí de otro, puesto que su supuesto dueño no tenía siquiera los papeles para acreditar que era suya. Mientras el personal completaba el allanamiento descubrieron que, además de tener algo robado, el sospechoso también poseía cocaína y cultivaba marihuana. Demasiada como para pensar que era sólo para mero consumo personal.


Reynoso tiene 21 años y trabaja como chico “delivery”. Desde que los policías de la división Lucha Contra el Narcotráfico confirmaron que lo que tenía en su patio eran plantas de la variedad cannabis sativa y que el polvillo blanquecino, que celosamente guardaba en envoltorios de nylon, era cocaína de máxima pureza, está detenido e incomunicado. A disposición del Juzgado Federal de San Luis.


El robo que el personal de la 9ª investigaba sucedió hace dos semanas. Un empleado del restaurante "Costumbres Argentinas" había dejado su motocicleta 110 en la vereda del comedor parrilla, ubicado en Zavala Ortiz 28. A las 2:30, cuando salió a la calle, el rodado ya no estaba. Un ladrón se lo había llevado. El hecho fue caratulado como “hurto calificado”, precisó el oficial principal Ricardo Fernández.


Por estos días, la brigada de calle de esa comisaría barajaba un dato. A través de sus informantes, se enteraron de que en el departamento 68 del barrio Los Acacios, en el pasaje 3, había un vecino que tenía un vehículo como el que sustrajeron aquella madrugada, en el barrio Estación.


Luego de vigilar el domicilio y constatar desde afuera que la motocicleta que buscaban podría estar ahí dentro, los policías le solicitaron a la juez de Instrucción Penal Nº 3, Mirta Ucelay, una orden de allanamiento para la casa.


Anteayer, a las 15, cinco efectivos llegaron a lo de Reynoso. La vivienda sólo cuenta con una puerta en su frente y, por lo general, quien la atiende suele ser un hombre, de apellido Juárez, a quien el sospechoso le alquila el monoambiente.


La casa está dividida en dos. En el costado derecho reside su verdadero dueño y, en el otro, su inquilino.


Reynoso dormía cuando los policías lo anoticiaron de que iban a requisarle el departamento. Estaba con su esposa, embarazada de siete meses, y su nene de tres años.


"Tenía tres motocicletas. Dos de 110 y una de 70", señaló el oficial principal. Pero ninguna era la que habían ido a buscar. 


De igual modo, la Maverick azul, la única del trío que no tenía documentación, fue secuestrada. El joven, para salir del apuro, aseguró que se la había comprado a un chico, pero que no recordaba bien cómo se llamaba. No pudo probar lo que decía.


Cuando el muchacho pensó que había pasado lo peor, los investigadores salieron al patio. Las cinco macetas con plantas de marihuana estaban a la vista. Sus tupidos 68 centímetros de altura se destacaban entre las otras, de otra especie, y las sillas y los estantes oxidados del apretado jardín.


En medio de tanto desorden, había un viejo aparador de madera, de dos puertas. Su interior estaba forrado con papel aluminio. De un estante superior colgaban, de un lado y otro del mueble, dos enormes focos. Arriba de ellos, sobre la repisa, descansaban dos temporizadores de luz. Y, en el piso del armario, reposaban dos macetas con cannabis sativa. Tímidamente empezaban a florecer.


"El mueble funcionaba como una suerte de invernadero que, con los temporizadores, regulaba la temperatura de las lámparas, para que las plantas germinaran", comentó una fuente.


Debajo del colchón, del único dormitorio que tiene el departamento, hallaron una bolsita de nylon. A simple vista, parecía tener cocaína. Un segundo envoltorio le encontraron a Reynoso, entre sus ropas. Las pruebas que Lucha Contra el Narcotráfico hizo luego con reactivos químicos despejaron todas las dudas: era, sin más, clorhidrato de cocaína.


Esparcidos, bajo la cama, en la mesa de la cocina-comedor y otros rincones de monoambiente, descubrieron diez mil pesos, en billetes de baja denominación. "Hallamos, también, dieciséis ramilletes de marihuana, sesenta semillas de cannabis sativa lineo, un 'pikachu' (instrumento usado para moler las semillas), varios fertilizantes y aceleradores florales, una balanza digital, demás elementos para corte y fraccionamiento de la sustancia y seis celulares", detalló Fernández. Excepto el dinero y los teléfonos, todo fue secuestrado.


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