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Le dieron perpetua por entrar por la ventana y matar a su ex

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Le dieron perpetua por entrar por la ventana y matar a su ex


Juan Isaías Ríos, el hombre que en 2013 asesinó a puñaladas a su ex esposa, Maris Elda Chávez, en Justo Daract, seguramente sabía que la Cámara Penal Nº 1 de Villa Mercedes no iba a hallar ningún atenuante para la pena que le impondría. No había dudas de que el acusado era el autor del crimen porque lo había cometido delante de dos hijas de la víctima. Una de ellas era, a su vez, hija suya. Además, el homicidio estaba agravado por el vínculo y porque el matador había cometido violencia de género contra su mujer durante siete años. Era imposible que no le dieran prisión perpetua. Ésa fue la pena que el tribunal le impuso ayer, en fallo unánime.


El caso de Ríos comparte llamativas similitudes con el de Hugo Víctor Pardo, condenado a perpetua la semana pasada en San Luis, en la primera sentencia en la que aplicaron en la provincia la figura del femicidio.


El defensor oficial de los tribunales de Villa Mercedes, Víctor Endeiza, que asistió a Ríos en el juicio oral, hizo todo lo que pudo. Le pidió al tribunal que ordenara una pericia psiquiátrica y psicológica para el homicida. Y los jueces, en el espíritu de garantizar con amplitud el derecho de la defensa, le hicieron lugar, explicó ayer el secretario de la Cámara, Guillermo Luoni.


A partir de los informes de los peritos, Endeiza argumentó, en su alegato, que Ríos había vivido experiencias que debían ser tomadas como las “circunstancias extraordinarias de atenuación” que establece el último párrafo del artículo 80 del Código Penal, el que reprime los homicidios agravados. En ese caso, cabía que el crimen que había cometido fuera equiparado a un homicidio simple, que está penado con penas de 8 a 25 años de prisión, sostuvo.


En cambio, el fiscal de Cámara, Néstor Lucero, se plantó en que no había ninguna prueba que desvirtuara la calificación del hecho como un homicidio doblemente agravado. Y pidió perpetua.


Los jueces Susana Bravo –presidente de la Cámara–, Clotilde Montoya de Zucco y Emiliano Agundez, el primero en votar, resolvieron que a Ríos le correspondía la máxima pena que establece el Código Penal Argentino.


La mañana del miércoles 9 de octubre de 2013, Ríos, de 49 años, le dio a Maris Chávez, de 40, una certera puñalada en el corazón. Pero no fue la única que le propinó, luego de entrar por la ventana y sorprenderla en la cocina.


Ella vivía en el barrio Libertario Ferrari, conocido como “331 Viviendas”, un tranquilo vecindario de Daract. Se había instalado allí escapando de la violencia de Ríos, de quien se había separado por sus maltratos, contó Estela, una cuñada de la víctima. Se habían conocido en Huinca Renancó, Córdoba, y habían vivido en Villa Mercedes y La Pampa.


Él era camionero y distribuía productos alimenticios. Cada tanto solía ir a la casa de su ex para dejarle el dinero de la manutención de los chicos. Maris tenía una hija de 13 años, fruto de una relación anterior, y dos hijos de Ríos: una nena de 6 y un varón de 4.


El ex había visitado la casa la semana anterior. Sin embargo, el miércoles volvió, de madrugada y a escondidas. Quería sorprender a su ex en una supuesta nueva relación.


Poco después de las cinco entró por la ventana y la halló sola. Empezó una discusión porque quería volver con ella. Y como Maris se negó, se puso violento otra vez. Ella fue hasta la cocina, para que las chicas no escucharan la discusión, pero la pelea las despertó.


Las dos nenas intentaron defender a su mamá a pesar de que su padre las superaba en fuerza. Una tomó un cucharón, la otra, una espumadera. Pero él tenía un cuchillo. Apuñaló a su ex varias veces y salió a la calle. Ya eran casi las siete. Con sus gritos despertó a los vecinos: “La maté, la maté”, les dijo, con el cuchillo ensangrentado en las manos.


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Le dieron perpetua por entrar por la ventana y matar a su ex

Sin esperanzas. Ríos, el femicida, ayer, cuando escuchaba el veredicto. Está preso desde 2013.

Juan Isaías Ríos, el hombre que en 2013 asesinó a puñaladas a su ex esposa, Maris Elda Chávez, en Justo Daract, seguramente sabía que la Cámara Penal Nº 1 de Villa Mercedes no iba a hallar ningún atenuante para la pena que le impondría. No había dudas de que el acusado era el autor del crimen porque lo había cometido delante de dos hijas de la víctima. Una de ellas era, a su vez, hija suya. Además, el homicidio estaba agravado por el vínculo y porque el matador había cometido violencia de género contra su mujer durante siete años. Era imposible que no le dieran prisión perpetua. Ésa fue la pena que el tribunal le impuso ayer, en fallo unánime.


El caso de Ríos comparte llamativas similitudes con el de Hugo Víctor Pardo, condenado a perpetua la semana pasada en San Luis, en la primera sentencia en la que aplicaron en la provincia la figura del femicidio.


El defensor oficial de los tribunales de Villa Mercedes, Víctor Endeiza, que asistió a Ríos en el juicio oral, hizo todo lo que pudo. Le pidió al tribunal que ordenara una pericia psiquiátrica y psicológica para el homicida. Y los jueces, en el espíritu de garantizar con amplitud el derecho de la defensa, le hicieron lugar, explicó ayer el secretario de la Cámara, Guillermo Luoni.


A partir de los informes de los peritos, Endeiza argumentó, en su alegato, que Ríos había vivido experiencias que debían ser tomadas como las “circunstancias extraordinarias de atenuación” que establece el último párrafo del artículo 80 del Código Penal, el que reprime los homicidios agravados. En ese caso, cabía que el crimen que había cometido fuera equiparado a un homicidio simple, que está penado con penas de 8 a 25 años de prisión, sostuvo.


En cambio, el fiscal de Cámara, Néstor Lucero, se plantó en que no había ninguna prueba que desvirtuara la calificación del hecho como un homicidio doblemente agravado. Y pidió perpetua.


Los jueces Susana Bravo –presidente de la Cámara–, Clotilde Montoya de Zucco y Emiliano Agundez, el primero en votar, resolvieron que a Ríos le correspondía la máxima pena que establece el Código Penal Argentino.


La mañana del miércoles 9 de octubre de 2013, Ríos, de 49 años, le dio a Maris Chávez, de 40, una certera puñalada en el corazón. Pero no fue la única que le propinó, luego de entrar por la ventana y sorprenderla en la cocina.


Ella vivía en el barrio Libertario Ferrari, conocido como “331 Viviendas”, un tranquilo vecindario de Daract. Se había instalado allí escapando de la violencia de Ríos, de quien se había separado por sus maltratos, contó Estela, una cuñada de la víctima. Se habían conocido en Huinca Renancó, Córdoba, y habían vivido en Villa Mercedes y La Pampa.


Él era camionero y distribuía productos alimenticios. Cada tanto solía ir a la casa de su ex para dejarle el dinero de la manutención de los chicos. Maris tenía una hija de 13 años, fruto de una relación anterior, y dos hijos de Ríos: una nena de 6 y un varón de 4.


El ex había visitado la casa la semana anterior. Sin embargo, el miércoles volvió, de madrugada y a escondidas. Quería sorprender a su ex en una supuesta nueva relación.


Poco después de las cinco entró por la ventana y la halló sola. Empezó una discusión porque quería volver con ella. Y como Maris se negó, se puso violento otra vez. Ella fue hasta la cocina, para que las chicas no escucharan la discusión, pero la pelea las despertó.


Las dos nenas intentaron defender a su mamá a pesar de que su padre las superaba en fuerza. Una tomó un cucharón, la otra, una espumadera. Pero él tenía un cuchillo. Apuñaló a su ex varias veces y salió a la calle. Ya eran casi las siete. Con sus gritos despertó a los vecinos: “La maté, la maté”, les dijo, con el cuchillo ensangrentado en las manos.


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