16°SAN LUIS - Miércoles 28 de Octubre de 2020

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Los árboles serán la herramienta clave

Por redacción
| 21 de agosto de 2016
El viejo y querido caldén. Es una especie característica del sur de San Luis que ayudaría mucho a combatir la suba de las napas.

Para combatir la emergencia ambiental declarada en la Cuenca del Morro, la Provincia lleva adelante un combo de acciones que incluyen desde una mayor protección a los bosques nativos hasta la formulación de planes de manejo en los campos productivos de la zona. En esa lucha, la forestación es una de las armas con las que el Gobierno pretende controlar los excesos de agua en la tierra y detener los procesos de erosión que afectan a toda la región y hacen sufrir sobre todo a los productores que tienen campos en esas hectáreas castigadas por los fenómenos edáficos y naturales de los últimos tiempos. 

 


Es que el cambio del uso del suelo a través de la extracción de especies arbóreas y pastizales naturales para la explotación agrícola extensiva, es uno de los puntos que aparece en la lista de las causas que desencadenaron el fenómeno que involucra a más de 370.000 hectáreas.

 


Por ello, la Ley de Emergencia Ambiental que el Gobierno promulgó para contrarrestar los efectos de los ríos, contempla entre sus artículos que los productores cubran un cinco por ciento de la extensión total de sus estancias,  con distintas especies de árboles que colaboren con los intensos planes forestales que lleva a cabo la Provincia y algunos municipios del Departamento Pedernera, entre ellos, Villa Mercedes.

 


Desde hace dos meses el Ministerio de Medio Ambiente, Campo y Producción, el Colegio de Ingenieros Agrónomos y Profesionales Afines de San Luis (Ciapa) y el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (Inta) dictan una serie de capacitaciones para formar a los ingenieros agrónomos en los temas puntuales que tendrán que atender para manejar los suelos y las futuras plantaciones en la cuenca. En esta ocasión, la atención estuvo puesta en delinear los aspectos fundamentales para la formulación de los proyectos forestales que deberán desarrollar los profesionales del agro.

 


“El objetivo de todas estas conferencias es lograr que el asesor técnico que va a tener el productor, sepa todo lo que nosotros pretendemos en cuanto a forestación de los campos; y además que tengan en claro para qué la necesitamos. La ley exige que cada campo foreste el cinco por ciento de su superficie,  y en la resolución que la reglamenta les dice qué especies van a poder utilizar, en qué zonas del campo es más necesario, como por ejemplo alrededor del casco, de los corrales, en los caminos internos, en el perímetro de la estancia”, explicó Carlos Guinle, jefe del Área Sanidad y Desarrollo Frutihortícola de la cartera provincial.

 


Fue la cuarta jornada que el Gobierno organizó con el fin de formar a los agrónomos en los distintos desafíos que plantea la Cuenca del Morro. Ángel Cignetti, quien recientemente fue nombrado presidente del Ciapa, agregó que “el agrónomo está capacitado desde su título para supervisar estas tareas, pero estas capacitaciones ayudan a reforzar cuestiones específicas”.

 


“Lo que hice fue compartir nuestras experiencias con pino elliotis, acacia blanca, roble europeo y álamo. Hemos medido el crecimiento y consideramos que salvo el pino elliotis, que no es aconsejable, los demás tienen crecimientos aceptables y podríamos decir que son especies que están en condiciones de ser utilizadas en la cuenca”, contó la profesora. Además adelantó que realizaron muestreos con especies nativas como el caldén y el algarrobo blanco, y sostuvo que ambas responden muy bien a las zonas que tienen napas freáticas altas por su alto consumo hídrico en situaciones extremas.

 



Una apuesta por el plátano

 


Además, Gómez reveló que obtuvieron muy buenos rendimientos en las pruebas con plátanos, un árbol que es característico de las plazas y las veredas de algunas zonas de la ciudad de Villa Mercedes. “Quiere decir que como es una especie que tiene un alto requerimiento hídrico y un buen desarrollo radicular, podríamos usarlo en algunos lugares de la Cuenca del Morro como un aliado de mucha utilidad”, sostuvo.

 


La cantidad de agua que necesita la planta para desarrollarse y el tamaño de las raíces, son dos aspectos fundamentales a la hora de elegir un tipo de árbol indicado para plantar en las tierras afectadas o en riesgo. Por la gran cantidad de exceso de humedad que hay en el perfil de suelo de la cuenca, lo ideal es sembrar especies que absorban mucha agua y que tengan raíces lo suficientemente grandes para adherirse bien y soportar la fragilidad del terreno. Incluso, la especialista manifestó que hay que mirar “con buenos ojos” los ejemplares que se adaptan a condiciones adversas y toleran niveles altos de salinidad, como puede ser el olmo, un árbol no muy querido en las casas por la suciedad que esparce.

 


En su turno, Gustavo Milani, quien es ingeniero agrónomo, compartió su experiencia de más de treinta años con una empresa especializada en forestación para el sector privado. “El mundo de los árboles es complejo y por eso nosotros tratamos de acercarlo a los agrónomos, que por ahí suelen estar más abocados a los cultivos y a la ganadería. Porque no es sólo cuestión de plantarlos, hay que saber cómo cuidarlos y lograr que crezcan. Pretendemos que ellos puedan aconsejar a los productores que asesoran sobre cómo debe ser ese proceso”, señaló.

 


Como parte de los planes de manejo que deberán presentar los agricultores, con el aval de un profesional, deberán detallar una programación de las plantaciones. Los distintos especialistas coincidieron en que la forestación por sí sola no solucionará los desbalances que hay en la región. Ángel Cignetti, recientemente nombrado presidente del Colegio de Agrónomos, aclaró: “Sabemos que es una herramienta más a la que hay que sumar el manejo de los campos de una manera sustentable, adecuada y controlada. Es necesario hacer un trabajo integrado entre lo que es pasturas, agricultura y ganadería, no es solamente forestar. Es una herramienta muy importante, pero también están los cultivos perennes, como praderas, los cultivos en terrazas o las curvas de nivel”.

 


Milani definió a la plantación como “un eslabón de una cadena de actividades. El árbol solo no va a solucionar el exceso de agua, pero puede contribuir en los costados de los ríos como una barrera de contención física. Y también funciona como protección del suelo para que no haya tanta erosión”.

 


Los organizadores convocaron también a Ciro Mastrandrea, el coordinador del área forestal del INTA-Concordia, para que dé un pantallazo de las experiencias de forestación que hay en otras partes del país y para repasar los beneficios de colocar los árboles en los campos. “Desde el punto de vista ambiental, los árboles producen oxígeno y toman el dióxido de carbono de la atmósfera, por ende parte del aire que respiramos es producido por los árboles y las plantas. Pero también tienen su función de correctores de cuencas, evitando erosión hídrica, eólica, frenando la velocidad de las aguas”, explicó.

 


Pero además, los productores podrían aprovechar la forestación para obtener algún rédito económico a través de una explotación racional de la madera. “Industrialmente tiene un montón de usos maderables y no maderables. Y además es una materia prima que se genera sólo con energía solar”, dijo. 

 



Una ley para aprovechar

 


Entre tantos conceptos biológicos, en la jornada de capacitación hubo un capítulo aparte para hablar de aspectos legales. Es que existe una ley nacional, la 25.080, que otorga subsidios a los productores que decidan cultivar bosques en sus tierras. De esta manera, los ruralistas que tienen que forestar el cinco por ciento de sus campos de manera obligatoria, podrían acogerse a esta normativa para solventar los gastos de la plantación y aliviar en gran medida sus bolsillos.

 


Por ello, en la capacitación interiorizaron a los agrónomos sobre los detalles de la reglamentación que le devuelve al productor hasta un ochenta por ciento de los costos de la forestación, que no sólo supone la compra de los ejemplares, sino también la mano de obra, el traslado, la fertilización del suelo y el posterior cuidado.

 


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