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La Reserva de La Florida volverá a abrir sus puertas en diciembre

Por redacción
| 18 de septiembre de 2016
Casi un gatito. Un cachorro de puma rescatado de una casa en Naschel. Ya no volverá a ser libre. Foto: Marina Balbo.

La reserva floro-faunística de La Florida está ubicada en un rincón privilegiado del dique más grande de la provincia, con una vista paradisíaca al espejo de agua de varios puntos de sus 360 hectáreas serpenteantes, que están en el punto más alto del camino del perilago.

 


La reserva, que también tiene un Centro de Conservación de Vida Silvestre, se prepara para reabrir sus puertas al público, luego de cinco años en los que las autoridades habían decidido encarar una ambiciosa serie de obras para darle más confort a los animales que llegan para recuperarse y mejorar la tecnología de asistencia sanitaria. El Diario visitó el predio y las nuevas instalaciones, a las que todavía les falta un repaso final ya que la construcción sufrió demoras atribuibles a la falta de control del gobierno anterior, lo que llevó al actual, a rescindir el contrato con la empresa que había ganado la licitación y hacer lo que falta a través de expedientes que van saliendo de a poco del Ministerio de Obras Públicas.

 


“Acá recibimos los animales que capturan las policías, tanto Rural como Caminera, el Programa B iodiversidad, que tiene sus propios inspectores para controlar veterinarias y forrajerías, y el Cosafi, aunque ellos están más enfocados en la parte forestal y alimenticia”, cuenta Agustín González, quien es el responsable principal de la reserva de La Florida.

 


El terreno abarca parte de los dos lados del dique y unas 100 son las hectáreas que ocupa el Centro de Conservación. La entrada está delimitada por un portón metálico corredizo y allí nomás está uno de los nuevos edificios, una construcción similar a la de la Reserva Las Higueritas de Luján, que servirá para recibir a los interesados, anotarlos y comenzar con las recorridas. Ese primer edificio contendrá el centro de visitantes con folletería sobre flora y fauna, una sala de proyección de películas que servirá para dar charlas y el hospital veterinario con sala de rayos, quirófano, laboratorio y cuatro salas de internación.

 


Lo que está planeado es que haya dos senderos de interpretación que se podrán hacer caminando o en bicicleta y una visita a las instalaciones del Centro de Conservación, que tiene sectores más delicados como quirófanos y consultorios con equipamiento de primer nivel. “Los caminos pasarán por las distintas jaulas y sectores con animales, son caminatas de no más de 45 minutos con las que buscaremos que la gente tome conciencia de que no hay que dispararle a los animales silvestres ni tenerlos en las casas como mascotas”, apuntó González.

 


Uno de los senderos será de vegetación con ambientes naturales de San Luis como un bosque de chañar y finalizará en un mirador de aves acuáticas. El otro recorrerá un bosque de molles, luego pasará por las pumeras y terminará en un sector que sufrió un incendio forestal hace poco, para que allí también los visitantes reciban un mensaje de concientización sobre los cuidados que hay que tener con el medio ambiente.  Este camino será guiado por una cuestión de seguridad, más allá de que los pumas están a buen resguardo.

 


En cuanto a la visita al Centro de Conservación, será posible de concretar siempre y cuando no haya águilas coronadas en recuperación, porque es una especie en peligro de extinción que requiere cuidados extremos. “Se estresan muchos y no queremos que tomen contacto con la gente, debemos hacer que sean más desconfiadas para volver a volar libremente y evitar peligros”, agrega el veterinario.

 


Hoy no hay ningún águila coronada en la reserva, pero cuando llegan, se les hace una atención primaria para curarles las heridas (casi siempre son de bala) y luego van a rehabilitación a Mendoza o a Buenos Aires, ya que San Luis tiene un convenio con la fundación Bioandina, aunque cuando ese espacio esté terminado, podrán hacer buena parte de la recuperación en la provincia. Algo similar pasa con el cóndor andino, ya que San Luis está dentro del Plan de Conservación de Aves Rapaces.

 


La Florida cuenta con una jaula llamada “Voladora de Rapaces” que es única en el país. Tiene 30 metros de alto por 20 de ancho y 25 de largo que hoy habitan dos águilas moras, pero le permite a la provincia ser centro de tránsito del águila coronada, ya que allí hacen el proceso de musculación. “Después hay que liberarlas en el lugar donde las encontramos, para que enseguida se hallen en su hábitat”, dice González.

 


En la reserva hay animales que llegan por decomisos o por donación. El 90% son aves pequeñas (canoras), sobre todo pepiteros, reinas moras y cardenales amarillos, que son las especies más buscadas por los traficantes. Lo primero que hacen los profesionales es análisis clínicos para completar una ficha y luego los ponen en cuarentena para asegurarse que no tengan ninguna otra patología que haya salido en el primer control. Tras ese período van a los recintos de rehabilitación. Por ejemplo, a las aves las envían a jaulas de musculación, porque la mayoría llega con cierta atrofia producto de estar encerradas o en casas de familia. Son de baja altura y muy largas para que puedan volar libremente de un extremo a otro y así ir recuperando tonicidad.

 


En cambio los animales silvestres cuentan con recintos de una a tres hectáreas, especialmente diseñados para reproducir su hábitat natural, que puede ser monte, pastizales o sierras. La ventaja de La Florida es que no necesita armar un set de cine, esos contornos geográficos son propios de la región, por lo que el panorama es fantástico y muy útil para la recuperación de la fauna en cortos períodos de tiempo.

 


“Los incentivamos a que busquen su propio alimento, les cambiamos la dieta porque casi siempre está equivocada cuando no están en su ámbito natural, aprenden a buscar refugio y a desconectarse del hombre, un proceso que llevamos adelante con animales mascotizados que llamamos ‘imprinting’, que es lo más difícil de conseguir, sobre todo con aquellos animales que nacieron en cautiverio”, asegura el veterinario.

 


Y este cronista pudo comprobar el daño irreversible que recibieron algunos ejemplares. En la parte más alta de la reserva hay enormes jaulas con pastizales en los que descansan cuatro pumas, uno en cada una para evitar conflictos. Uno de ellos, el más cachorro, fue rescatado de una vivienda en Naschel e impacta por su mansedumbre. Pone la cabeza entre los rombos del alambrado para que lo acaricien y ronronea como un gatito. Lejos está de la imagen que uno tiene de los feroces pumas del monte puntano. “Es irrecuperable, si lo soltamos se va a acercar mansamente a una casa y lo van a matar de un tiro. Ya no sabe cómo vivir en libertad, quedará acá como testigo de lo que no hay que hacer con estos felinos”, lamenta González. No es barato mantenerlos ya que comen cerca de 10 kilos de carne por día y no hay otra cosa que los conforme. No los llaman por el nombre que traen desde el cautiverio (el pumita de Naschel es Leoncio, por ejemplo) y tratan de hacérsela difícil para que al menos tengan que moverse para buscar la comida, pero la imagen es muy triste porque les robaron la libertad para siempre con un  manejo irresponsable.

 


En estos momentos hay 16 pumas en la reserva, “demasiados” según la óptica de los responsables, porque además al ser territoriales pelean entre ellos si se los junta, entonces se necesita mucho terreno e infraestructura. Con algunos, los que están muy mascotizados como el que describimos líneas arriba, están haciendo un proceso de acercamiento para que terminen conviviendo en el mismo espacio, pero llevará tiempo. “No hay recetas mágicas con ellos, hay que poner alambradas, imponer encierro parcial y hacer pariciones estacionales para ir revirtiendo el panorama”, asegura el jefe de Flora y Fauna.

 


Reservas para proteger al bosque nativo

 


El bosque nativo de San Luis se fue achicando, igual que en todo el país, aunque el desmonte apareció mucho más tarde acá que en otras provincias. Hoy representa el 42 por ciento de la superficie total y con la legislación actual se pudo frenar esa actividad, lo que posiciona hoy a la provincia en el quinto lugar según la relación entre la superficie total y su bosque nativo.

 


Pero además cuenta con cinco áreas protegidas operativizadas: la reserva de La Florida, donde además está el Centro de Conservación de Vida Silvestre, la reserva Las Higueritas de Luján, Mogote Bayo en Merlo, Quebracho de la Legua en Santa Rosa del Cantantal y Bajo de Véliz, ubicada a 25 kilómetros de Santa Rosa del Conlara.  En poco tiempo será inaugurado el sitio RAMSAR en la laguna de Guanacache, cerca de Desaguadero, y se proyecta para los próximos años la incorporación de la reserva de Papagayos.

 


“Son aproximadamente 25 mil hectáreas sin contar el sitio RAMSAR, que son otras 400 mil. Este es un número que para el manejo, los recursos y la estructura que tenemos es óptimo. Porque cuanto más espacio protegido se tiene, es más complejo manejarlo, por eso no hay que aspirar a tener más si no se cuenta con los recursos necesarios para su cuidado y mantenimiento”, señaló Darío Szklarek, jefe de Áreas Protegidas.

 


Como saben que este número todavía no es suficiente, este año concretaron convenios con privados a los que les interesa la conservación para ingresar al sistema de espacios protegidos. “Actualmente tenemos cinco que están realizando el procedimiento de introducción, con lo cual se sumarían 20 mil hectáreas más a la conservación”, anunció el biólogo.

 


Szklarek dijo que las reservas más visitadas son las de Mogote Bayo, que recibe unas 15 mil personas al año, y la de Bajo de Véliz que recorren otros 10 mil. En todas ellas se hacen trabajos con alumnos de las escuelas y turistas. Les brindan una charla de capacitación donde se les cuenta cuál es el rol de las áreas protegidas y se usan como núcleos educativos de concientización.

 


En la de Quebracho de la Legua, por la disposición geográfica que tiene, van pocos turistas por lo que realizan un trabajo especial con los pobladores de esa zona. “Lo que se intenta hacer es acoplarlos a la reserva para sumarlos a la conservación y que puedan obtener un beneficio social y económico haciendo un uso sustentable de los recursos naturales”, contó.

 


El biólogo destacó que “Luján está declarada como la capital provincial de las aves por la gran diversidad y cantidad de especies. Y la reserva de Las Higueritas es un núcleo importantísimo para el avistaje de las aves, ya que viene gente de todo el país porque tenemos identificadas 230 especies. Ahí también se hacen talleres con las escuelas y los Centros de Actividades Juveniles, se les explica cómo hacer la observación de los pájaros y se les muestra a los vecinos de Luján que el avistamiento puede ser una salida laboral para ellos porque pueden usar la reserva para hacer salidas al campo o llevar turistas y obtener un ingreso económico mediante la divulgación educativa”.

 


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