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Policías ayudaron a dar a luz en una fábrica abandonada

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Policías ayudaron a dar a luz en una fábrica abandonada


Dentro de una fábrica abandonada de la zona oeste de San Luis, la oscuridad era tan cerrada que, con el tenue brillo que emanaba de la pantalla de su celular, un policía intentaba al menos poner un poco de claridad entre tantas sombras. La penumbra no pudo evitar el impulso de la naturaleza: que allí, una joven de 18 años diera a luz, el sábado. Tres policías de la Comisaría 4ª colaboraron para traer a la beba al mundo.


El sábado a la tarde, ya más tranquila, la auxiliar Eugenia Rosales fue con El Diario hasta el predio donde le tocó asistir, de modo imprevisto, a la parturienta. En su caso, era la primera vez que le tocaba afrontar una situación de esa naturaleza.


Alguien llamó al Centro de Operaciones Policiales, la central telefónica de la fuerza. Avisaban que una mujer estaba en trabajo de parto en una fábrica deshabitada, situada en las calles 111 y 3, en la zona oeste de la ciudad Capital. Por jurisdicción, correspondía, por eso, que fueran a constatar el hecho los efectivos de la Comisaría 4ª.


Una patrulla con tres efectivos salió hacia allá. Junto a Rosales iban el alférez Alexis Gatica y la oficial Jésica Bustos.


Llegaban cuando vieron que se estacionaba cerca una ambulancia del Sempro. Eran la 01:40, aproximadamente. Los uniformados se repartieron tareas: Bustos se quedó no sólo a custodiar el móvil, sino también el vehículo sanitario. Era prudente hacerlo, dado que en la zona es un tanto desolada, y esto se acentúa en horario nocturno. Entraron Gatica y Rosales.


La fábrica tiene un alambrado, que estaba abierto. En la precaria construcción, una familia de Godoy Cruz, Mendoza, ha improvisado vivienda. Son diez personas. 


En uno de esos sectores, una joven pareja ha acomodado sus pertenencias, y vive con su hijita. “Bajamos de la patrulla y vimos que era una oscuridad total. Anoche no había electricidad en la casa. A la parte donde estaba la embarazada sólo podíamos entrar nosotros, a pie”, narró. La policía se refería a que los pasillos que tuvieron que recorrer hasta llegar al ambiente acondicionado como dormitorio son tan estrechos que una camilla no entraba, por ejemplo. 


El grupo de socorristas, encabezado por la médica, avanzó casi a tientas, hasta llegar al colchón de dos plazas en el que estaba recostada una chica. Tiene 18 años, se llama Marisol Quetradu. No es primeriza: tiene junto a su pareja, Gabriel Esquivel, una nena de 2 años, Morena.


Una linterna y la pantalla del celular, que Gatica sostenía, era todo lo que tenían para alumbrarse. “Nos dimos cuenta que estaba en un trabajo de parto avanzadísimo. La joven, si bien seguramente estaba con dolores, dentro de todo, se veía tranquila. Tenía puesta una calza. Venía algo que sobresalía, entre las piernas, pero creí que quizás había roto bolsa y que por ello se había colocado un apósito. Cuando le bajamos la calza, vimos que en realidad, eso que sobresalía era la cabecita del bebé, que se asomaba”, narró Rosales.


No había tiempo que perder. La médica le pidió a la auxiliar que tomara la cabeza de la criatura, porque debían sacar el resto del cuerpo. “Le dije que no tenía guantes, nada. Ella me dijo que no importaba, que la sostuviera mientras ella hacía su trabajo”, dijo.


Después, entraron enfermeros y concluyeron con los procedimientos para separar a madre e hijo, tales como el corte del cordón umbilical. El resto de la tarea y los controles posteriores seguramente se hicieron en la Maternidad Provincial “Doctora Teresita Baigorria”, a donde los llevaron.


Rosales tomó a la beba. Era tan pequeña que le cabía holgadamente en las dos manos. La recién nacida lloró, considerado por los médicos un buen indicio. La propia policía, cuando lo escuchó, se alegró.


La policía supone que la parturienta esperaba un varón, pues en un determinado momento preguntó cómo estaba su nene. Eso despertó dudas respecto a si se había hecho controles durante la gestación. Según su hermana, sí se hizo ver por médicos. 


La auxiliar estimó que permanecieron en la fábrica una media hora, en total.


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Policías ayudaron a dar a luz en una fábrica abandonada

In situ. La auxiliar Eugenia Rosales regresó al lugar del alumbramiento junto a El Diario, el sábado.

Dentro de una fábrica abandonada de la zona oeste de San Luis, la oscuridad era tan cerrada que, con el tenue brillo que emanaba de la pantalla de su celular, un policía intentaba al menos poner un poco de claridad entre tantas sombras. La penumbra no pudo evitar el impulso de la naturaleza: que allí, una joven de 18 años diera a luz, el sábado. Tres policías de la Comisaría 4ª colaboraron para traer a la beba al mundo.


El sábado a la tarde, ya más tranquila, la auxiliar Eugenia Rosales fue con El Diario hasta el predio donde le tocó asistir, de modo imprevisto, a la parturienta. En su caso, era la primera vez que le tocaba afrontar una situación de esa naturaleza.


Alguien llamó al Centro de Operaciones Policiales, la central telefónica de la fuerza. Avisaban que una mujer estaba en trabajo de parto en una fábrica deshabitada, situada en las calles 111 y 3, en la zona oeste de la ciudad Capital. Por jurisdicción, correspondía, por eso, que fueran a constatar el hecho los efectivos de la Comisaría 4ª.


Una patrulla con tres efectivos salió hacia allá. Junto a Rosales iban el alférez Alexis Gatica y la oficial Jésica Bustos.


Llegaban cuando vieron que se estacionaba cerca una ambulancia del Sempro. Eran la 01:40, aproximadamente. Los uniformados se repartieron tareas: Bustos se quedó no sólo a custodiar el móvil, sino también el vehículo sanitario. Era prudente hacerlo, dado que en la zona es un tanto desolada, y esto se acentúa en horario nocturno. Entraron Gatica y Rosales.


La fábrica tiene un alambrado, que estaba abierto. En la precaria construcción, una familia de Godoy Cruz, Mendoza, ha improvisado vivienda. Son diez personas. 


En uno de esos sectores, una joven pareja ha acomodado sus pertenencias, y vive con su hijita. “Bajamos de la patrulla y vimos que era una oscuridad total. Anoche no había electricidad en la casa. A la parte donde estaba la embarazada sólo podíamos entrar nosotros, a pie”, narró. La policía se refería a que los pasillos que tuvieron que recorrer hasta llegar al ambiente acondicionado como dormitorio son tan estrechos que una camilla no entraba, por ejemplo. 


El grupo de socorristas, encabezado por la médica, avanzó casi a tientas, hasta llegar al colchón de dos plazas en el que estaba recostada una chica. Tiene 18 años, se llama Marisol Quetradu. No es primeriza: tiene junto a su pareja, Gabriel Esquivel, una nena de 2 años, Morena.


Una linterna y la pantalla del celular, que Gatica sostenía, era todo lo que tenían para alumbrarse. “Nos dimos cuenta que estaba en un trabajo de parto avanzadísimo. La joven, si bien seguramente estaba con dolores, dentro de todo, se veía tranquila. Tenía puesta una calza. Venía algo que sobresalía, entre las piernas, pero creí que quizás había roto bolsa y que por ello se había colocado un apósito. Cuando le bajamos la calza, vimos que en realidad, eso que sobresalía era la cabecita del bebé, que se asomaba”, narró Rosales.


No había tiempo que perder. La médica le pidió a la auxiliar que tomara la cabeza de la criatura, porque debían sacar el resto del cuerpo. “Le dije que no tenía guantes, nada. Ella me dijo que no importaba, que la sostuviera mientras ella hacía su trabajo”, dijo.


Después, entraron enfermeros y concluyeron con los procedimientos para separar a madre e hijo, tales como el corte del cordón umbilical. El resto de la tarea y los controles posteriores seguramente se hicieron en la Maternidad Provincial “Doctora Teresita Baigorria”, a donde los llevaron.


Rosales tomó a la beba. Era tan pequeña que le cabía holgadamente en las dos manos. La recién nacida lloró, considerado por los médicos un buen indicio. La propia policía, cuando lo escuchó, se alegró.


La policía supone que la parturienta esperaba un varón, pues en un determinado momento preguntó cómo estaba su nene. Eso despertó dudas respecto a si se había hecho controles durante la gestación. Según su hermana, sí se hizo ver por médicos. 


La auxiliar estimó que permanecieron en la fábrica una media hora, en total.


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