SAN LUIS - Lunes 26 de Septiembre de 2022

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Un joven señaló a un sereno como autor de un asesinato

Por redacción
| 07 de marzo de 2017
28 de febrero. Los policías de la División Homicidios trabajan en la planta, de calles 11 y 1 bis.

Un joven, que el abogado Eduardo Agundez nunca había asesorado, se presentó anteayer en su estudio. Dijo llamarse Di Genaro y ser el cuñado de José Luis Rodríguez, el presunto ladrón que fue asesinado en la fábrica de pastas “La Sanluiseña”, el lunes 28. Le aseguró que el hombre de 26 años no murió en manos de un cómplice, como presume la Policía, sino que fue el sereno de la planta quien lo mató a tiros; y puede dar fe de eso porque él, junto a un tercero, habían ido con Rodríguez al Parque Industrial Norte de San Luis a robar esa noche.

 


“Doctor, defiéndame. Yo no lo maté. Lo mató él (el sereno)”, le habría dicho el joven de 21 años al letrado. Di Genaro quería ante todo acallar la hipótesis que lo señala como el autor de los dos balazos que ultimaron a Rodríguez.

 


Su confesión aportó un dato que, hasta el momento, no parecía estar contemplado en la investigación policial, el hecho de que no eran dos, sino tres los ladrones que habían ido hasta la planta de las calles 11 y 1 bis. Ese otro cómplice estaría en Mendoza, le dijo Agundez a El Diario, sin abundar en precisiones que prefirió reservar parar los investigadores, pues quiere que sea localizado “para que se presente y colabore con la causa también”.

 


Di Genaro reconoció que fueron hasta la fábrica a robar, sin portar armas de fuego, pero que finalmente no lo consiguieron. El abogado dijo, de todas formas, que no ahondaría en los detalles que el joven le confesó. “Eso es algo privativo de él, que tendrá que declarar llegado el momento”, aclaró. Pero antes de irse, según el letrado, su defendido le prometió: “Doctor, yo le voy a traer todas las pruebas para demostrar que yo no fui, que no tuve nada que ver”.

 


Por eso ayer, a la mañana, Agundez fue hasta el Juzgado de Instrucción 3 y solicitó un avocamiento, para que la causa le sea retirada a la división Homicidios y pase a manos de la jueza Virginia Palacios.

 


Aunque no quiere aventurar ninguna hipótesis hasta no conocer el expediente, deslizó que el dermotest practicado en las manos del guardia de “La Sanluiseña”, para determinar si gatilló un arma de fuego la noche en cuestión, y resultó negativo, puede ser burlado con facilidad. Reconoció que las partículas de pólvora no desaparecen de un día para el otro si una persona se lava las manos con jabón, pero pueden esfumarse en un instante si, en cambio, es lavado con orina.

 


“Llama la atención que alguien que ha ido a robar con otro lo termine matando –manifestó el abogado-. Y más llamativo es si se tiene en cuenta que la persona que se presume que lo asesinó es su cuñado. Si así fuera, toda esta situación sería para él (para Di Genaro) y para su familia algo muy gravoso”.

 


Expresó, además, que alguien como su defendido quien busca asesoramiento legal, después se acerca al juzgado y solicita por escrito un avocamiento, con su firma, no tiene intenciones de escaparle a la Justicia, ni nada por el estilo. Al contrario, “quiere hacer las cosas bien”, dijo.

 


El Diario se comunicó con el jefe de Homicidios, Javier Sosa. El subcomisario dio a entender que estaba al tanto de la aparición de Di Genaro y de lo que había dicho, pero contestó a secas que sobre el tema no tenía información que brindar y tampoco sobre las averiguaciones que llevan adelante y confirman que, de alguna manera, el sereno no disparó. Dado que la prueba con rodizonato de sodio hecha en sus manos había revelado que la noche del asalto no accionó un arma de fuego.

 


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