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Me siento angustiado y nadie me entiende

Bernardo Stamateas

Cuando experimentamos sufrimiento emocional y, como consecuencia de eso, angustia, no solamente nos hacemos daño a nosotros mismos sino que además puede convertirse con el tiempo en un enojo reprimido que dañe a aquellos que nos rodean. Cuando alguien nos lastima, por lo general, esa persona ha sido lastimada por alguien más. De ninguna manera se trata de una justificación pero necesitamos saber que el dolor, y la angustia que este provoca, nos conducen a herir a otros de forma consciente o inconsciente. Todo lo negativo que vivimos condiciona nuestras relaciones interpersonales. El dolor, las crisis, los fracasos, los sufrimientos en muchas situaciones son impredecibles, inevitables y dependerá de cómo los vivamos, si nos convertimos en mejores personas y aun productivas, o en personas que no puedan rescatar nada bueno de lo que viven y de sus relaciones. La decisión siempre es personal.

Cuanto más deseo sanarme por dentro, más recursos la vida me proveerá para lograrlo. Aunque parezca increíble, hay gente que sabe que necesita sanarse internamente pero decide seguir como está y ser una eter na víctima de sus circunstancias adversas lastimando a los demás por eso.

A todos nos sucede que, a veces, no sabemos cómo relacionarnos con alguien que está angustiado. Pero lo peor que podemos hacer es decirle: “¡Arriba el ánimo! No es nada, ya va a pasar”. La persona que de verdad desea salir de ese estado, pero no sabe cómo, está inhibida por un conjunto de emociones negativas que la superan y la han derribado. En algunos casos, la angustia conduce a quien la experimenta a aislarse de la gente y la persona deja de salir, de arreglarse, de tener vida social, de disfrutar de cosas lindas como una comida, una charla o una película. El aisla miento no hace más que aumentar lo que siente y crear más pensamientos de fracaso. La angustia se retroalimenta. Así que no sólo se queda en casa, sino que se convierte en alguien introspectivo y rígido.

La tristeza que surge del dolor y la angustia nos aleja del mundo y nos hace sentir profundamente solos y resignados a “nuestra suerte”. Comenzamos a creer que no hay futuro para nosotros y, de entristecernos por momentos, pasamos a vivir en un estado de tristeza permanente. Pase lo que pase, la tristeza nunca es el lugar adecuado para establecernos. Si es necesario, pedí ayuda pero no te resignes a habitar en la tristeza. Siempre hay una salida.

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Me siento angustiado y nadie me entiende

Cuando experimentamos sufrimiento emocional y, como consecuencia de eso, angustia, no solamente nos hacemos daño a nosotros mismos sino que además puede convertirse con el tiempo en un enojo reprimido que dañe a aquellos que nos rodean. Cuando alguien nos lastima, por lo general, esa persona ha sido lastimada por alguien más. De ninguna manera se trata de una justificación pero necesitamos saber que el dolor, y la angustia que este provoca, nos conducen a herir a otros de forma consciente o inconsciente. Todo lo negativo que vivimos condiciona nuestras relaciones interpersonales. El dolor, las crisis, los fracasos, los sufrimientos en muchas situaciones son impredecibles, inevitables y dependerá de cómo los vivamos, si nos convertimos en mejores personas y aun productivas, o en personas que no puedan rescatar nada bueno de lo que viven y de sus relaciones. La decisión siempre es personal.

Cuanto más deseo sanarme por dentro, más recursos la vida me proveerá para lograrlo. Aunque parezca increíble, hay gente que sabe que necesita sanarse internamente pero decide seguir como está y ser una eter na víctima de sus circunstancias adversas lastimando a los demás por eso.

A todos nos sucede que, a veces, no sabemos cómo relacionarnos con alguien que está angustiado. Pero lo peor que podemos hacer es decirle: “¡Arriba el ánimo! No es nada, ya va a pasar”. La persona que de verdad desea salir de ese estado, pero no sabe cómo, está inhibida por un conjunto de emociones negativas que la superan y la han derribado. En algunos casos, la angustia conduce a quien la experimenta a aislarse de la gente y la persona deja de salir, de arreglarse, de tener vida social, de disfrutar de cosas lindas como una comida, una charla o una película. El aisla miento no hace más que aumentar lo que siente y crear más pensamientos de fracaso. La angustia se retroalimenta. Así que no sólo se queda en casa, sino que se convierte en alguien introspectivo y rígido.

La tristeza que surge del dolor y la angustia nos aleja del mundo y nos hace sentir profundamente solos y resignados a “nuestra suerte”. Comenzamos a creer que no hay futuro para nosotros y, de entristecernos por momentos, pasamos a vivir en un estado de tristeza permanente. Pase lo que pase, la tristeza nunca es el lugar adecuado para establecernos. Si es necesario, pedí ayuda pero no te resignes a habitar en la tristeza. Siempre hay una salida.

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