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Comparaciones que enseñan

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Comparaciones que enseñan

Mientras Buenos Aires cierra escuelas, San Luis las abre en los parajes.

Dicen que las comparaciones son odiosas. En realidad habría que “aggiornar” el refrán y señalar que en muchos casos son instructivas y aleccionadoras. Las últimas décadas han confirmado que cada vez que hay más crisis profundas, San Luis, con su solvencia económica, es un buque sólido que no pierde el rumbo, mientras que la mayoría de las provincias y el Estado nacional zozobran para iniciar un nuevo, y eterno, ciclo de ilusión y desencanto.

Pero lo más peligroso, o la derrota mayor, es cuando se pierde la esperanza. La educación es precisamente un factor clave que permite el desarrollo de una sociedad, independientemente de la dureza de la coyuntura o de las carencias iniciales.
Naciones muy pobres, hace sesenta años, como Corea del Sur tuvieron un crecimiento formidable basado en la instrucción, el conocimiento y la tecnología. Sin embargo, estas no parecen ser banderas que quiera enarbolar Horacio Rodríguez Larreta, jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires y dirigente de la primera hora de Cambiemos.

En Buenos Aires resolvieron el cierre de catorce escuelas nocturnas bajo el argumento que pocos estudiantes acuden a sus aulas. La polémica medida despertó un enorme rechazo en Capital Federal. Docentes y alumnos realizan marchas y protestas, casi todos los días, para evitar la disolución de estos establecimientos, que para muchos representan una de las pocas salidas concretas para  aspirar a un trabajo mejor.  

En las antípodas del caso porteño, el Gobierno de la Provincia implementa un plan para abrir unas 150 escuelas secundarias en zonas rurales, aún en los sectores más apartados y de difícil acceso. En San Luis no importa cuántos alumnos haya en los claustros, importa que nadie se quede sin el derecho de aprender.

Las comparaciones enseñan, y dicen mucho. 

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Comparaciones que enseñan

Mientras Buenos Aires cierra escuelas, San Luis las abre en los parajes.

Contraste. La provincia ya sumó 30 colegios. En Buenos Aires le pusieron el candado a 14.
 

Dicen que las comparaciones son odiosas. En realidad habría que “aggiornar” el refrán y señalar que en muchos casos son instructivas y aleccionadoras. Las últimas décadas han confirmado que cada vez que hay más crisis profundas, San Luis, con su solvencia económica, es un buque sólido que no pierde el rumbo, mientras que la mayoría de las provincias y el Estado nacional zozobran para iniciar un nuevo, y eterno, ciclo de ilusión y desencanto.

Pero lo más peligroso, o la derrota mayor, es cuando se pierde la esperanza. La educación es precisamente un factor clave que permite el desarrollo de una sociedad, independientemente de la dureza de la coyuntura o de las carencias iniciales.
Naciones muy pobres, hace sesenta años, como Corea del Sur tuvieron un crecimiento formidable basado en la instrucción, el conocimiento y la tecnología. Sin embargo, estas no parecen ser banderas que quiera enarbolar Horacio Rodríguez Larreta, jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires y dirigente de la primera hora de Cambiemos.

En Buenos Aires resolvieron el cierre de catorce escuelas nocturnas bajo el argumento que pocos estudiantes acuden a sus aulas. La polémica medida despertó un enorme rechazo en Capital Federal. Docentes y alumnos realizan marchas y protestas, casi todos los días, para evitar la disolución de estos establecimientos, que para muchos representan una de las pocas salidas concretas para  aspirar a un trabajo mejor.  

En las antípodas del caso porteño, el Gobierno de la Provincia implementa un plan para abrir unas 150 escuelas secundarias en zonas rurales, aún en los sectores más apartados y de difícil acceso. En San Luis no importa cuántos alumnos haya en los claustros, importa que nadie se quede sin el derecho de aprender.

Las comparaciones enseñan, y dicen mucho. 

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