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El arte del cine como denuncia

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El arte del cine como denuncia

En muchas formas del arte, las denuncias sobre las diversas injusticias de la sociedad, constituyen la esencia de la creatividad. Incluso hay quienes sostienen que el arte debe ser “incómodo” para el sistema. Un llamado de atención hacia todo aquello que está mal.

Ocurre en el cine, y en festivales como el de Berlín, Alemania; que desde 1951 prestigia con su Oso de Oro, lo mejor de la disciplina fílmica. La “Berlinale” como tradicionalmente es conocida, “se alzó en armas” en esta edición, contra los estragos de la industria en el medioambiente y las poblaciones locales, al presentar entre otras, una cinta sobre el modelo de soja transgénica en Argentina y otra sobre un macroproyecto urbanístico en México.

Con “Viaje a los pueblos fumigados”, el cineasta y senador argentino Fernando Pino Solanas rubrica su octavo documental en torno a la crisis que estalló en su país en 2001, ofreciendo un espeluznante testimonio sobre la cadena de impactos nocivos que provocó la plantación masiva de soja transgénica, desde la deforestación hasta malformaciones en bebés y el aumento de casos de cáncer a raíz supuestamente del uso de pesticidas.

“Una cosa es conocer y leer, y la otra es ir a los lugares y escuchar el relato dramático de las víctimas”, dijo Solanas, que llamó a las puertas de agricultores, vecinos, médicos, empresarios y expertos de medio país, filmando las inmensas plantaciones que invadieron el campo argentino.

El cineasta cuenta cómo Argentina “cambió de modelo para pasar de la calidad a la cantidad”, adoptando una soja transgénica “sin ser consciente” de sus consecuencias.

Además de las poblaciones autóctonas, forzadas a abandonar sus casas y vivir en la miseria, Solanas da voz por ejemplo a las maestras de pequeñas escuelas rurales que relatan horrorizadas cómo los herbicidas que sueltan los aviones de fumigación caen literalmente sobre los niños que juegan en el patio.

Casi en el extremo del mismo continente, el agua es la primera preocupación de los habitantes de Todos Santos, una pequeña comunidad situada en Baja California Sur, en México; donde en 2015 un grupo inmobiliario empezó a construir un macroproyecto de 4.000 casas y un hotel de 5 estrellas.

Pero ése fue sólo el principio: los pescadores se ven rápidamente privados de sus playas y un abogado y medioambientalista, John Moreno, los empuja a iniciar una lucha de David contra Goliat, según muestra el documental estadounidense “Patrimonio”, de Lisa F. Jackson y Sarah Teale.

Bloqueos de carreteras, manifestaciones... todo parece en vano a lo largo de tres años, en los que los pescadores se dan cuenta de que hasta las instituciones les dan la espalda. Cuando Moreno es arrestado, la movilización estalla, las denuncias contra el proyecto se multiplican y finalmente la justicia -en enero de este año- restituye el derecho de los pescadores sobre sus playas.

Presente en la proyección en la “Berlinale”, Moreno, que estuvo más de tres meses en la cárcel, explicó que por ahora el proyecto está paralizado y que hay cuatro demandas judiciales en curso.

“Hay una pequeña posibilidad de que incluso lo que ya se ha construido, sea demolido” por orden de la justicia, dijo Moreno, recordando que hay un hotel de lujo que sigue funcionando.

La Berlinale también presentó “Imperial Valley”, un corto sobre una inmensa explotación agrícola en Estados Unidos cercana a la frontera con México, donde el agua usada y los fertilizantes son vertidos sin filtrar en el lago Saltón. “The Green Lie” denuncia por su parte las empresas que tratan de mejorar su imagen mintiendo acerca de sus políticas medioambientales, mostrando a la vez las catástrofes ecológicas producidas por el petróleo o el aceite de palma.

Es el arte del cine como denuncia. Un llamado de atención.

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El arte del cine como denuncia

En muchas formas del arte, las denuncias sobre las diversas injusticias de la sociedad, constituyen la esencia de la creatividad. Incluso hay quienes sostienen que el arte debe ser “incómodo” para el sistema. Un llamado de atención hacia todo aquello que está mal.

Ocurre en el cine, y en festivales como el de Berlín, Alemania; que desde 1951 prestigia con su Oso de Oro, lo mejor de la disciplina fílmica. La “Berlinale” como tradicionalmente es conocida, “se alzó en armas” en esta edición, contra los estragos de la industria en el medioambiente y las poblaciones locales, al presentar entre otras, una cinta sobre el modelo de soja transgénica en Argentina y otra sobre un macroproyecto urbanístico en México.

Con “Viaje a los pueblos fumigados”, el cineasta y senador argentino Fernando Pino Solanas rubrica su octavo documental en torno a la crisis que estalló en su país en 2001, ofreciendo un espeluznante testimonio sobre la cadena de impactos nocivos que provocó la plantación masiva de soja transgénica, desde la deforestación hasta malformaciones en bebés y el aumento de casos de cáncer a raíz supuestamente del uso de pesticidas.

“Una cosa es conocer y leer, y la otra es ir a los lugares y escuchar el relato dramático de las víctimas”, dijo Solanas, que llamó a las puertas de agricultores, vecinos, médicos, empresarios y expertos de medio país, filmando las inmensas plantaciones que invadieron el campo argentino.

El cineasta cuenta cómo Argentina “cambió de modelo para pasar de la calidad a la cantidad”, adoptando una soja transgénica “sin ser consciente” de sus consecuencias.

Además de las poblaciones autóctonas, forzadas a abandonar sus casas y vivir en la miseria, Solanas da voz por ejemplo a las maestras de pequeñas escuelas rurales que relatan horrorizadas cómo los herbicidas que sueltan los aviones de fumigación caen literalmente sobre los niños que juegan en el patio.

Casi en el extremo del mismo continente, el agua es la primera preocupación de los habitantes de Todos Santos, una pequeña comunidad situada en Baja California Sur, en México; donde en 2015 un grupo inmobiliario empezó a construir un macroproyecto de 4.000 casas y un hotel de 5 estrellas.

Pero ése fue sólo el principio: los pescadores se ven rápidamente privados de sus playas y un abogado y medioambientalista, John Moreno, los empuja a iniciar una lucha de David contra Goliat, según muestra el documental estadounidense “Patrimonio”, de Lisa F. Jackson y Sarah Teale.

Bloqueos de carreteras, manifestaciones... todo parece en vano a lo largo de tres años, en los que los pescadores se dan cuenta de que hasta las instituciones les dan la espalda. Cuando Moreno es arrestado, la movilización estalla, las denuncias contra el proyecto se multiplican y finalmente la justicia -en enero de este año- restituye el derecho de los pescadores sobre sus playas.

Presente en la proyección en la “Berlinale”, Moreno, que estuvo más de tres meses en la cárcel, explicó que por ahora el proyecto está paralizado y que hay cuatro demandas judiciales en curso.

“Hay una pequeña posibilidad de que incluso lo que ya se ha construido, sea demolido” por orden de la justicia, dijo Moreno, recordando que hay un hotel de lujo que sigue funcionando.

La Berlinale también presentó “Imperial Valley”, un corto sobre una inmensa explotación agrícola en Estados Unidos cercana a la frontera con México, donde el agua usada y los fertilizantes son vertidos sin filtrar en el lago Saltón. “The Green Lie” denuncia por su parte las empresas que tratan de mejorar su imagen mintiendo acerca de sus políticas medioambientales, mostrando a la vez las catástrofes ecológicas producidas por el petróleo o el aceite de palma.

Es el arte del cine como denuncia. Un llamado de atención.

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