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Equidad de género como objetivo

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Equidad de género como objetivo

Un informe de la Organización de las Naciones Unidas, a través de la oficina Mujeres, analizó, a través del lente de género, el avance hacia el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), adoptados en setiembre de 2015.

El estudio concluyó que la permanente y generalizada discriminación de género, socava el desarrollo sostenible e impide que las comunidades y los países desplieguen todo su potencial, poniendo en riesgo la concreción de los ODS.

El ODS número cinco, subraya especialmente la necesidad de lograr la equidad de género, pero el informe señala una tendencia preocupante en la implementación de los objetivos e invita a la comunidad internacional a acelerar sus esfuerzos hacia el cumplimiento de las metas de desarrollo sostenible.

“A menos que se acelere (el avance hacia) la equidad de género, la comunidad mundial no logrará los ODS”, alertó la autora del documento Ginette Azona, especialista de Investigación y Datos de ONU Mujeres.

Entre los asuntos en que se concentra la publicación, destacan la violencia y el acoso sexual. ONU Mujeres concluyó que aproximadamente una de cada cinco mujeres y niñas entre 15 y 49 años sufrieron violencia física y/o sexual de parte de una pareja en los últimos 12 meses, previos a realizada la consulta, en todo el mundo. Sin embargo, 49 países todavía no tienen leyes que protejan a la población femenina de ese tipo de violencia.

El asunto saltó a la luz pública en los últimos meses porque millones de mujeres se unieron a la campaña #MeToo (Yo también) en las redes sociales que busca denunciar la magnitud del acoso y otras formas de violencia que sufren a diario en todo el mundo.

Originalmente, el movimiento #MeToo surgió hace 10 años de la mano de la activista Tarana Burke; este último impulso inspiró a muchas mujeres a contar sus historias, incluso a actrices y otras personas conocidas públicamente.

El movimiento de mujeres trabaja desde hace años para generar conciencia sobre las diferentes formas de violencia y abuso que sufren mujeres y niñas. “Este último impulso es una inyección de energía bienvenida para un área importante, pero a menudo desatendida”, explicó Azona.

La renovada atención ayudará a promover numerosos ODS como el acceso seguro a espacios públicos, añadió. ONU Mujeres se concentró particularmente en los datos sobre pobreza, que revelan una brecha permanente entre hombres y mujeres.

Los datos económicos también son concluyentes: en al menos 89 países, existen 4,4 millones de mujeres más que hombres, que viven con menos de 1,90 dólares al día. Eso se debe a la desproporcionada carga de cuidados y trabajo doméstico no remunerado que recae en la población femenina, en especial durante sus años fértiles. La pobreza no está aislada en la vida de las mujeres y las niñas, pues diferentes dimensiones de bienestar, privación y hasta de identidad racial suelen entrecruzarse.

Por ejemplo, una niña nacida en un hogar pobre tiene más probabilidades de tener un matrimonio precoz y, por ende, de abandonar la escuela, tener hijos desde muy joven, sufrir complicaciones durante el parto y soportar violencia, que una niña de un hogar de mayores ingresos.

Es el cruzamiento de las cuestiones de género con otras formas de discriminación lo que deja a mujeres y niñas de sectores pobres y marginados más rezagadas. En Estados Unidos, por ejemplo, el origen étnico y los ingresos están profundamente interrelacionados.

Las mujeres que se encuentran en el quintil de ingresos más bajo tienen menos probabilidades de encontrar un empleo y, por ello, carecen de acceso a seguros de salud.

Entre las recomendaciones para la acción, el informe señala que los gobiernos implementen políticas integradas: ofrecer atención gratuita y universal para niñas y niños les permitiría acceder a un empleo y a mejores ingresos, además de mejorar la salud y el bienestar familiar. La atención médica infantil universal también puede contribuir a generar nuevos puestos de trabajo.

Hacer frente a la violencia y a la desigualdad, después de todo, es clave para lograr una estabilidad social y política mayor.

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Equidad de género como objetivo

Un informe de la Organización de las Naciones Unidas, a través de la oficina Mujeres, analizó, a través del lente de género, el avance hacia el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), adoptados en setiembre de 2015.

El estudio concluyó que la permanente y generalizada discriminación de género, socava el desarrollo sostenible e impide que las comunidades y los países desplieguen todo su potencial, poniendo en riesgo la concreción de los ODS.

El ODS número cinco, subraya especialmente la necesidad de lograr la equidad de género, pero el informe señala una tendencia preocupante en la implementación de los objetivos e invita a la comunidad internacional a acelerar sus esfuerzos hacia el cumplimiento de las metas de desarrollo sostenible.

“A menos que se acelere (el avance hacia) la equidad de género, la comunidad mundial no logrará los ODS”, alertó la autora del documento Ginette Azona, especialista de Investigación y Datos de ONU Mujeres.

Entre los asuntos en que se concentra la publicación, destacan la violencia y el acoso sexual. ONU Mujeres concluyó que aproximadamente una de cada cinco mujeres y niñas entre 15 y 49 años sufrieron violencia física y/o sexual de parte de una pareja en los últimos 12 meses, previos a realizada la consulta, en todo el mundo. Sin embargo, 49 países todavía no tienen leyes que protejan a la población femenina de ese tipo de violencia.

El asunto saltó a la luz pública en los últimos meses porque millones de mujeres se unieron a la campaña #MeToo (Yo también) en las redes sociales que busca denunciar la magnitud del acoso y otras formas de violencia que sufren a diario en todo el mundo.

Originalmente, el movimiento #MeToo surgió hace 10 años de la mano de la activista Tarana Burke; este último impulso inspiró a muchas mujeres a contar sus historias, incluso a actrices y otras personas conocidas públicamente.

El movimiento de mujeres trabaja desde hace años para generar conciencia sobre las diferentes formas de violencia y abuso que sufren mujeres y niñas. “Este último impulso es una inyección de energía bienvenida para un área importante, pero a menudo desatendida”, explicó Azona.

La renovada atención ayudará a promover numerosos ODS como el acceso seguro a espacios públicos, añadió. ONU Mujeres se concentró particularmente en los datos sobre pobreza, que revelan una brecha permanente entre hombres y mujeres.

Los datos económicos también son concluyentes: en al menos 89 países, existen 4,4 millones de mujeres más que hombres, que viven con menos de 1,90 dólares al día. Eso se debe a la desproporcionada carga de cuidados y trabajo doméstico no remunerado que recae en la población femenina, en especial durante sus años fértiles. La pobreza no está aislada en la vida de las mujeres y las niñas, pues diferentes dimensiones de bienestar, privación y hasta de identidad racial suelen entrecruzarse.

Por ejemplo, una niña nacida en un hogar pobre tiene más probabilidades de tener un matrimonio precoz y, por ende, de abandonar la escuela, tener hijos desde muy joven, sufrir complicaciones durante el parto y soportar violencia, que una niña de un hogar de mayores ingresos.

Es el cruzamiento de las cuestiones de género con otras formas de discriminación lo que deja a mujeres y niñas de sectores pobres y marginados más rezagadas. En Estados Unidos, por ejemplo, el origen étnico y los ingresos están profundamente interrelacionados.

Las mujeres que se encuentran en el quintil de ingresos más bajo tienen menos probabilidades de encontrar un empleo y, por ello, carecen de acceso a seguros de salud.

Entre las recomendaciones para la acción, el informe señala que los gobiernos implementen políticas integradas: ofrecer atención gratuita y universal para niñas y niños les permitiría acceder a un empleo y a mejores ingresos, además de mejorar la salud y el bienestar familiar. La atención médica infantil universal también puede contribuir a generar nuevos puestos de trabajo.

Hacer frente a la violencia y a la desigualdad, después de todo, es clave para lograr una estabilidad social y política mayor.

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