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Marina Castillo, una puntana inquieta que recorre el mundo

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Marina Castillo, una puntana inquieta que recorre el mundo

Ayelen Anzulovich

En el 2003 terminó de estudiar en el "Santo Tomás de Aquino". Vivió en Mendoza y Canadá.

Marina Castillo es una puntana  inquieta de 33 años que se abre camino en el mundo. En el  2003 se fue a estudiar abogacía a Mendoza. En el recorrido se dio cuenta que no era lo que quería seguir.  No perdió el tiempo y se dedicó a las relaciones internacionales. Terminó su carrera y decidió irse a vivir a Canadá. Ése fue el puntapié para que hoy esté en China representando a Catena Zapata, una de las bodegas mendocinas más reconocidas en el mundo.

Marina es hija de Liliana y Daniel. Es la menor de dos hermanas. Al terminar sus estudios en el colegio "Santo Tomás de Aquino" tenía que decidir qué era lo que iba a estudiar. Fue así que en el 2003 tomo la decisión seguir la carrera de abogacía en Mendoza. “Hice el ingreso y entré a la universidad”, dijo y agregó que ahí se dio cuenta de que no era lo que ella quería para su futuro. “Tomé la decisión y empecé Relaciones Internacionales”, contó.

Mientras se desarrollaba profesionalmente también trabajaba. “Mi primer puesto laboral fue en la bodega Cuevas del Puma. Mendoza fue el lugar que me hizo enamorar del vino”, reconoció, mientras dejó escapar una pícara carcajada y explicó que su primer encuentro con esta bebida había sido muy graciosa.

“Yo participé de un concurso que el hotel Hyatt había organizado. Tenía que contar una anécdota con respecto a este tema”, comentó la joven, quien agregó que todo había ocurrido en una cena a la cual la habían invitado. “A mí no me gustaba el vino y lo único que había para tomar era nada más y nada menos que eso. Entonces decidí pedir agua, cuando lo hice todos los integrantes de la mesa giraron y se quedaron mirándome. Me dio vergüenza y probé, me di cuenta de que no estaba tan mal”, recordó y agregó que con esa historia fue que se ganó dos entradas para una degustación de vinos de alta gama.

Con el paso del tiempo, Marina se fue interiorizando y conociendo un poco más sobre las distintas variedades que existen. “Aunque no había estudiado nada relacionado, me empezó a interesar. La primera vez que abrí una botella fue la Escorihuela Gascón. Tenía bastante gusto a roble. Quedé encantada y más sabiendo que había podido identificar el sabor. Así empezó mi romance”, precisó.

Con espíritu aventurero la joven puntana sabía que algo más la estaba esperando y que su lugar ya no estaba en Mendoza. “Siempre quise  tener la experiencia de vivir en otro país, no en un hotel como turista, sino verdaderamente quedándome en el lugar, conociendo otras culturas. Entonces decidí viajar a Canadá, más específicamente a Vancouver”, detalló y precisó que en un principio tenía la idea de vivir un año. “En realidad terminaron pasando cinco”, comentó con tono alegre. 

Una vez instalada  Marina sabía que le esperaban grandes desafíos a los cuales se tenía que enfrentar. “Cuando llegué los primeros dos años trabajé en una empresa de catering y eventos”, contó y agregó que su inquietud por el vino seguían intactas. “Me puse a investigar y conocer un poco más. No tenía mucha experiencia con respecto a este tema”, aseguró.

Con ganas de seguir creciendo y aprendiendo la joven no se quedó quieta y siguió especializándose. “Empecé a estudiar un diplomado de negocios. Mientras lo hacía necesitaba un trabajo de medio tiempo. Me llamaron de una de las vinotecas privadas más grande de Vancouver”, precisó, mientras comentó que sin querer queriendo el vino seguía formando parte de su vida.

“Terminé conociendo distintas variedades y me di cuenta de que debía prepararme en serio en este tema. Hice un curso, comencé a realizar catas a ciegas. También a adivinar de dónde eran los vinos y sobre todo aprendí a determinar si la calidad de los mismos corresponden al precio al cual lo están vendiendo”, detalló y precisó que lo suyo está focalizado al marketing. “Yo no quería ser sommelier y tampoco tenía ganas de trabajar en un restaurante. Más bien me interesaba la parte más comercial”, dijo.

Al momento de recordar cómo la había recibido en Vancouver,  Marina preciso: “Acá reciben bien a los inmigrantes. No se hacen mucho problema. Lo que sí son muy distantes. Pero yo tengo una personalidad adaptable y busco sobrevivir”, recordó con la voz entrecortada. “He tenido una experiencia fantástica. Yo creo que uno tiene que estar exactamente donde tiene que estar y mi lugar era acá”, aseguró.

Lo que no sabía la puntana es que el destino le tenía preparado otra sorpresa. “Canadá fue mi transición a China. Cuando terminé mí diplomado en negocios me inscribí para hacer un master en comunicación global, que tenía doble titulación: una parte se hacia en Vancouver y la otra en China”, contó mientras pensaba en todo el recorrido que había hecho a lo largo de esos cinco años.

“Desde setiembre de 2017 que vivo en Beijing. Si miro para atrás y recuerdo cómo era a los dieciocho años, nunca podría imaginar todo lo que me iba a suceder. Hoy me levanto todos los días y agradezco por todo lo que he conseguido a base de esfuerzo y dedicación. Cuando uno está seguro de lo que quiere tarde o temprano se termina cumpliendo”, agregó.

“En China me dedico al master y actualmente estoy  trabajando para la bodega de Catena Zapata de Mendoza. Soy embajadora de la marca en la región de Asia Pacifico”, precisó y contó que con el idioma todavía se está tratando de acomodar. “Por suerte el curso que hago es en inglés. Estoy aprendiendo chino. Por el momento solo sé pedir comida, tomar un taxi y regatear en el mercado”, dijo en tono jocoso Marina, quien agregó que no queda otra que aprender a vivir.

A la joven todavía le espera un largo camino por recorrer y nuevas experiencias por conocer. “Por el momento pienso quedarme hasta junio y después veré si vuelvo a Canadá o sigo para otro lado”, expresó.

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Marina Castillo, una puntana inquieta que recorre el mundo

En el 2003 terminó de estudiar en el "Santo Tomás de Aquino". Vivió en Mendoza y Canadá.

Probando en tierra extranjera. Los primeros pasos de Marina en la cata de vino en Canadá. Foto: gentileza Marina.

Marina Castillo es una puntana  inquieta de 33 años que se abre camino en el mundo. En el  2003 se fue a estudiar abogacía a Mendoza. En el recorrido se dio cuenta que no era lo que quería seguir.  No perdió el tiempo y se dedicó a las relaciones internacionales. Terminó su carrera y decidió irse a vivir a Canadá. Ése fue el puntapié para que hoy esté en China representando a Catena Zapata, una de las bodegas mendocinas más reconocidas en el mundo.

Marina es hija de Liliana y Daniel. Es la menor de dos hermanas. Al terminar sus estudios en el colegio "Santo Tomás de Aquino" tenía que decidir qué era lo que iba a estudiar. Fue así que en el 2003 tomo la decisión seguir la carrera de abogacía en Mendoza. “Hice el ingreso y entré a la universidad”, dijo y agregó que ahí se dio cuenta de que no era lo que ella quería para su futuro. “Tomé la decisión y empecé Relaciones Internacionales”, contó.

Mientras se desarrollaba profesionalmente también trabajaba. “Mi primer puesto laboral fue en la bodega Cuevas del Puma. Mendoza fue el lugar que me hizo enamorar del vino”, reconoció, mientras dejó escapar una pícara carcajada y explicó que su primer encuentro con esta bebida había sido muy graciosa.

“Yo participé de un concurso que el hotel Hyatt había organizado. Tenía que contar una anécdota con respecto a este tema”, comentó la joven, quien agregó que todo había ocurrido en una cena a la cual la habían invitado. “A mí no me gustaba el vino y lo único que había para tomar era nada más y nada menos que eso. Entonces decidí pedir agua, cuando lo hice todos los integrantes de la mesa giraron y se quedaron mirándome. Me dio vergüenza y probé, me di cuenta de que no estaba tan mal”, recordó y agregó que con esa historia fue que se ganó dos entradas para una degustación de vinos de alta gama.

Con el paso del tiempo, Marina se fue interiorizando y conociendo un poco más sobre las distintas variedades que existen. “Aunque no había estudiado nada relacionado, me empezó a interesar. La primera vez que abrí una botella fue la Escorihuela Gascón. Tenía bastante gusto a roble. Quedé encantada y más sabiendo que había podido identificar el sabor. Así empezó mi romance”, precisó.

Con espíritu aventurero la joven puntana sabía que algo más la estaba esperando y que su lugar ya no estaba en Mendoza. “Siempre quise  tener la experiencia de vivir en otro país, no en un hotel como turista, sino verdaderamente quedándome en el lugar, conociendo otras culturas. Entonces decidí viajar a Canadá, más específicamente a Vancouver”, detalló y precisó que en un principio tenía la idea de vivir un año. “En realidad terminaron pasando cinco”, comentó con tono alegre. 

Una vez instalada  Marina sabía que le esperaban grandes desafíos a los cuales se tenía que enfrentar. “Cuando llegué los primeros dos años trabajé en una empresa de catering y eventos”, contó y agregó que su inquietud por el vino seguían intactas. “Me puse a investigar y conocer un poco más. No tenía mucha experiencia con respecto a este tema”, aseguró.

Con ganas de seguir creciendo y aprendiendo la joven no se quedó quieta y siguió especializándose. “Empecé a estudiar un diplomado de negocios. Mientras lo hacía necesitaba un trabajo de medio tiempo. Me llamaron de una de las vinotecas privadas más grande de Vancouver”, precisó, mientras comentó que sin querer queriendo el vino seguía formando parte de su vida.

“Terminé conociendo distintas variedades y me di cuenta de que debía prepararme en serio en este tema. Hice un curso, comencé a realizar catas a ciegas. También a adivinar de dónde eran los vinos y sobre todo aprendí a determinar si la calidad de los mismos corresponden al precio al cual lo están vendiendo”, detalló y precisó que lo suyo está focalizado al marketing. “Yo no quería ser sommelier y tampoco tenía ganas de trabajar en un restaurante. Más bien me interesaba la parte más comercial”, dijo.

Al momento de recordar cómo la había recibido en Vancouver,  Marina preciso: “Acá reciben bien a los inmigrantes. No se hacen mucho problema. Lo que sí son muy distantes. Pero yo tengo una personalidad adaptable y busco sobrevivir”, recordó con la voz entrecortada. “He tenido una experiencia fantástica. Yo creo que uno tiene que estar exactamente donde tiene que estar y mi lugar era acá”, aseguró.

Lo que no sabía la puntana es que el destino le tenía preparado otra sorpresa. “Canadá fue mi transición a China. Cuando terminé mí diplomado en negocios me inscribí para hacer un master en comunicación global, que tenía doble titulación: una parte se hacia en Vancouver y la otra en China”, contó mientras pensaba en todo el recorrido que había hecho a lo largo de esos cinco años.

“Desde setiembre de 2017 que vivo en Beijing. Si miro para atrás y recuerdo cómo era a los dieciocho años, nunca podría imaginar todo lo que me iba a suceder. Hoy me levanto todos los días y agradezco por todo lo que he conseguido a base de esfuerzo y dedicación. Cuando uno está seguro de lo que quiere tarde o temprano se termina cumpliendo”, agregó.

“En China me dedico al master y actualmente estoy  trabajando para la bodega de Catena Zapata de Mendoza. Soy embajadora de la marca en la región de Asia Pacifico”, precisó y contó que con el idioma todavía se está tratando de acomodar. “Por suerte el curso que hago es en inglés. Estoy aprendiendo chino. Por el momento solo sé pedir comida, tomar un taxi y regatear en el mercado”, dijo en tono jocoso Marina, quien agregó que no queda otra que aprender a vivir.

A la joven todavía le espera un largo camino por recorrer y nuevas experiencias por conocer. “Por el momento pienso quedarme hasta junio y después veré si vuelvo a Canadá o sigo para otro lado”, expresó.

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