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"Cuando te recuperás volvés a tener un camino de vida"

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"Cuando te recuperás volvés a tener un camino de vida"

Matías García Elorrio
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Hace 14 años que no consume y ahora es coordinador en el Grupo Institucional de Alcoholismo (GIA) 

Cuando tenía 45 años Oscar Villegas tuvo que ser internado porque el alcoholismo había deteriorado completamente su salud. Catorce años después es uno de los coordinadores del Grupo Institucional de Alcoholismo (GIA) del Hospital Escuela de Salud Mental. Haber sufrido esa dura enfermedad lo llevó a conocer a un grupo de profesionales y pacientes que lo ayudaron a decir con orgullo que hoy es un alcohólico recuperado. Pero además ahora se dedica a acompañar a otros para que adquieran, como dice él, “conciencia de la enfermedad”.

 

-¿Cuánto tiempo asistió como paciente al GIA?

-La primera semana de marzo del 2004 estuve internado en este Hospital Escuela por alcoholismo y luego de esa internación empecé con la terapia en el grupo el resto de ese año. Durante 2005 continué y en el 2006 vine pero no tan seguido porque ya tenía la plena convicción de que estaba haciendo un camino constructivo en mi vida. Por eso al año siguiente logré que me dieran una pasantía laboral. 

 

-¿Por qué se decidió a hacer los cursos de coordinador?

-Primero tengo que contar que llegué al GIA en 2007 a través de una pasantía laboral rentada que el Gobierno me otorgó y que yo pedí hacerla acá porque ya era parte del grupo como paciente. Y para el año 2008 tuve la suerte de que me nombraran como personal del escalafón. Eso me permitió darme cuenta que yo podía ser útil desde ese lugar y así fue que primero hice los cursos de capacitación hasta que en el 2010 cursé una diplomatura en la Universidad de La Punta que me habilita como coordinador de grupo de ayuda para alcohólicos.

 

 -¿Realmente se puede recuperar un enfermo de alcoholismo?

-Es cierto que no se puede decir que una persona alcohólica se cura, porque no sabemos si el día de mañana puede volver a consumir y tener una recaída. Lo que sí es posible es recuperar la calidad de vida. Es diferente un alcohólico cuando está en camino hacia la recuperación del que está recuperado, porque ves las cosas de diferente manera. Cuando estás recuperado volvés a tener objetivos y un camino de vida constructivo, como decimos en el grupo. A partir del momento que decide comenzar su recuperación depende de él si quiere seguir el tratamiento o no. Yo personalmente puedo decir que estoy recuperado porque hace 14 años que no bebo alcohol. Pero no todas las personas son iguales, a algunos les cuesta más y a otros un poco menos, pero como siempre decimos en el GIA 'las recaídas son parte del tratamiento'.

 

-¿Cuándo y de qué manera usted se dio cuenta de que debía hacer un cambio de vida?

-Esa es una decisión personal, pero lo que puedo decirte es que cuando entrás al GIA sabés que podés elegir entre un camino de vida o un camino de muerte. Un elemento que influye mucho en la recuperación son los vínculos; la familia, los amigos y hasta los vecinos del barrio. Y también te ayuda recuperar los valores, porque cuando uno llega hasta un punto se pregunta '¿Y ahora qué voy a hacer?'. De lo que te das cuenta es que las herramientas ya las tenías de antes y lo que tenés que hacer ahora es aprovecharlas. En mi caso, además, sentí un aprecio por la conducción del grupo y eso me dio un resultado positivo. Por eso seguí asistiendo y continué aprendiendo para que este camino de una vida nueva no se me haga tan complicado. Al GIA lo valoramos porque es un grupo que le enseña a la persona a no consumir más. Yo decidí un camino de vida y por eso hoy estoy acá. 

 

-¿Qué perdió antes y que recuperó ahora?

-Yo fui un alcohólico crónico y la verdad es que los motivos por los que uno llega a esta situación son variados. Por ejemplo, mi padre murió a los 41 años a causa de una cirrosis alcohólica. Si bien esa enfermedad que él tuvo no era necesariamente heredada por mí, los hábitos y costumbres hicieron que yo repitiera lo mismo. Para el año 2003 yo ya había perdido a mi familia porque además era violento. Recuerdo que cuando recuperé mi sano juicio mi esposa me contó las cosas que había hecho y que por supuesto no las recordaba. Tuve discusiones con mis familiares muy negativas que después de saberlo me hicieron repensar mi vida. A tal punto que mi mujer me contó, cuando me dieron el alta de la internación, que me había puesto una denuncia para pedir la restricción del hogar. De a poco uno pierde todo, te desvalorizás como persona a tal punto que hacés cosas que en tu sano juicio no harías para seguir consumiendo alcohol. Después con la asistencia al GIA empecé a recuperar mis lazos familiares. Aunque no llegué a separarme de mi esposa ahora puedo decir que la recuperé. En el grupo nos preguntamos ¿cómo fue que llegamos a esto? Ahí nos damos cuenta que esto es una enfermedad. Incluso los familiares empiezan a entenderlo porque la mayoría de la gente cree que esto es simplemente un vicio, pero en realidad es una adicción. Y a medida que fue pasando el tiempo fui aprendiendo cómo iba a continuar mi vida por este nuevo camino. Que por supuesto tiene obstáculos y muchas trabas que el mismo grupo te ayuda a sortear.

 

-¿Cómo es una reunión del GIA?

-Lo primero que hay que saber es que es un grupo abierto a diferencia de otras instituciones donde las reuniones tienen un determinado cupo. Acá no hay un límite porque además de los pacientes asisten sus familiares y amigos, que es un pedido que nosotros hacemos. Aparte es un grupo de formación y por eso asisten los estudiantes que están prontos a recibirse o los profesionales que necesitan conocer estos grupos terapéuticos. El trabajo consiste en contar historias de vida y los coordinadores los apuntalan. Por ejemplo, si hay un paciente que ingresa luego de estar internado, ese día se trata su problema: se le pregunta por su historia y su situación actual, para que esa persona vaya recuperando su identidad porque todo eso hace a su esencia. Y en otras ocasiones trabajamos en las aptitudes que cada uno tiene para que ellos vean que son útiles: hacer algo para alguien que lo necesita. Y así se consigue que se identifique con el grupo. De esa manera va dando pasos para dejar de usar la muleta vieja y poder volver a caminar solo.      

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"Cuando te recuperás volvés a tener un camino de vida"

Hace 14 años que no consume y ahora es coordinador en el Grupo Institucional de Alcoholismo (GIA) 

Personaje. Oscar Villegas trabaja de lunes a viernes en el grupo institucional de  alcoholismo. Foto: Denis Norambuena. 

Cuando tenía 45 años Oscar Villegas tuvo que ser internado porque el alcoholismo había deteriorado completamente su salud. Catorce años después es uno de los coordinadores del Grupo Institucional de Alcoholismo (GIA) del Hospital Escuela de Salud Mental. Haber sufrido esa dura enfermedad lo llevó a conocer a un grupo de profesionales y pacientes que lo ayudaron a decir con orgullo que hoy es un alcohólico recuperado. Pero además ahora se dedica a acompañar a otros para que adquieran, como dice él, “conciencia de la enfermedad”.

 

-¿Cuánto tiempo asistió como paciente al GIA?

-La primera semana de marzo del 2004 estuve internado en este Hospital Escuela por alcoholismo y luego de esa internación empecé con la terapia en el grupo el resto de ese año. Durante 2005 continué y en el 2006 vine pero no tan seguido porque ya tenía la plena convicción de que estaba haciendo un camino constructivo en mi vida. Por eso al año siguiente logré que me dieran una pasantía laboral. 

 

-¿Por qué se decidió a hacer los cursos de coordinador?

-Primero tengo que contar que llegué al GIA en 2007 a través de una pasantía laboral rentada que el Gobierno me otorgó y que yo pedí hacerla acá porque ya era parte del grupo como paciente. Y para el año 2008 tuve la suerte de que me nombraran como personal del escalafón. Eso me permitió darme cuenta que yo podía ser útil desde ese lugar y así fue que primero hice los cursos de capacitación hasta que en el 2010 cursé una diplomatura en la Universidad de La Punta que me habilita como coordinador de grupo de ayuda para alcohólicos.

 

 -¿Realmente se puede recuperar un enfermo de alcoholismo?

-Es cierto que no se puede decir que una persona alcohólica se cura, porque no sabemos si el día de mañana puede volver a consumir y tener una recaída. Lo que sí es posible es recuperar la calidad de vida. Es diferente un alcohólico cuando está en camino hacia la recuperación del que está recuperado, porque ves las cosas de diferente manera. Cuando estás recuperado volvés a tener objetivos y un camino de vida constructivo, como decimos en el grupo. A partir del momento que decide comenzar su recuperación depende de él si quiere seguir el tratamiento o no. Yo personalmente puedo decir que estoy recuperado porque hace 14 años que no bebo alcohol. Pero no todas las personas son iguales, a algunos les cuesta más y a otros un poco menos, pero como siempre decimos en el GIA 'las recaídas son parte del tratamiento'.

 

-¿Cuándo y de qué manera usted se dio cuenta de que debía hacer un cambio de vida?

-Esa es una decisión personal, pero lo que puedo decirte es que cuando entrás al GIA sabés que podés elegir entre un camino de vida o un camino de muerte. Un elemento que influye mucho en la recuperación son los vínculos; la familia, los amigos y hasta los vecinos del barrio. Y también te ayuda recuperar los valores, porque cuando uno llega hasta un punto se pregunta '¿Y ahora qué voy a hacer?'. De lo que te das cuenta es que las herramientas ya las tenías de antes y lo que tenés que hacer ahora es aprovecharlas. En mi caso, además, sentí un aprecio por la conducción del grupo y eso me dio un resultado positivo. Por eso seguí asistiendo y continué aprendiendo para que este camino de una vida nueva no se me haga tan complicado. Al GIA lo valoramos porque es un grupo que le enseña a la persona a no consumir más. Yo decidí un camino de vida y por eso hoy estoy acá. 

 

-¿Qué perdió antes y que recuperó ahora?

-Yo fui un alcohólico crónico y la verdad es que los motivos por los que uno llega a esta situación son variados. Por ejemplo, mi padre murió a los 41 años a causa de una cirrosis alcohólica. Si bien esa enfermedad que él tuvo no era necesariamente heredada por mí, los hábitos y costumbres hicieron que yo repitiera lo mismo. Para el año 2003 yo ya había perdido a mi familia porque además era violento. Recuerdo que cuando recuperé mi sano juicio mi esposa me contó las cosas que había hecho y que por supuesto no las recordaba. Tuve discusiones con mis familiares muy negativas que después de saberlo me hicieron repensar mi vida. A tal punto que mi mujer me contó, cuando me dieron el alta de la internación, que me había puesto una denuncia para pedir la restricción del hogar. De a poco uno pierde todo, te desvalorizás como persona a tal punto que hacés cosas que en tu sano juicio no harías para seguir consumiendo alcohol. Después con la asistencia al GIA empecé a recuperar mis lazos familiares. Aunque no llegué a separarme de mi esposa ahora puedo decir que la recuperé. En el grupo nos preguntamos ¿cómo fue que llegamos a esto? Ahí nos damos cuenta que esto es una enfermedad. Incluso los familiares empiezan a entenderlo porque la mayoría de la gente cree que esto es simplemente un vicio, pero en realidad es una adicción. Y a medida que fue pasando el tiempo fui aprendiendo cómo iba a continuar mi vida por este nuevo camino. Que por supuesto tiene obstáculos y muchas trabas que el mismo grupo te ayuda a sortear.

 

-¿Cómo es una reunión del GIA?

-Lo primero que hay que saber es que es un grupo abierto a diferencia de otras instituciones donde las reuniones tienen un determinado cupo. Acá no hay un límite porque además de los pacientes asisten sus familiares y amigos, que es un pedido que nosotros hacemos. Aparte es un grupo de formación y por eso asisten los estudiantes que están prontos a recibirse o los profesionales que necesitan conocer estos grupos terapéuticos. El trabajo consiste en contar historias de vida y los coordinadores los apuntalan. Por ejemplo, si hay un paciente que ingresa luego de estar internado, ese día se trata su problema: se le pregunta por su historia y su situación actual, para que esa persona vaya recuperando su identidad porque todo eso hace a su esencia. Y en otras ocasiones trabajamos en las aptitudes que cada uno tiene para que ellos vean que son útiles: hacer algo para alguien que lo necesita. Y así se consigue que se identifique con el grupo. De esa manera va dando pasos para dejar de usar la muleta vieja y poder volver a caminar solo.      

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