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Equipos, ante todo

Las tres selecciones que subieron al podio en la Copa del Mundo funcionaron como verdaderos conjuntos que además contaron con un gran nivel de sus individualidades. Algunos detalles del campeón Francia, el subcampeón Croacia y el equipo que enamoró a todos, Bélgica. Un Mundial que tuvo todos los condimentos y mostró muchas figuras.

Por Maximiliano Molina
| 17 de julio de 2018
Los galos fueron contundentes y se quedaron con la gloria en Rusia. Modric, capitán y dueño de los balcánicos. Hazard fue uno de los mejores jugadores que entregó el Mundial.

Si hay algo que dejó en claro la Copa del Mundo Rusia 2018 es que el fútbol es un deporte en equipo; y que contar con grandes estrellas sin un conjunto que los acompañen a veces no sirve demasiado. Las tres selecciones que subieron al podio en este Mundial fueron “equipos”, con todas las letras. Algunos con mayores atributos técnicos y mejores intérpretes que otros, pero todos sabían a qué jugaban. Conocían sus defectos y virtudes, con qué armas podían lastimar y de qué debían cuidarse. Después, en el campo los jugadores se mueven, la pelota rueda y a veces entra en el arco rival y otras no. Pero el trabajo planificado y a largo plazo, reduce el margen de error.

 

Francia fue un justo campeón. No solo contaba con grandísimas individualidades sino que su entrenador Didier Deschamps desde hace varios años viene moldeando un equipo sólido, práctico, veloz y efectivo. Esa misma Francia que recibió un cachetazo hace dos años en su propia Eurocopa perdiendo la final con Portugal vino a Rusia con sed de revancha. No solo fue acomodándose a las circunstancias a lo largo del torneo sino que además se potenció como conjunto gracias al gran nivel de casi todos sus jugadores, por no decir de todos ellos. Los once habituales titulares tuvieron partidos en un nivel alto y parejo, incluyendo Olivier Giroud, el “9” que no hizo ni un gol pero que en los tres juegos que tuve la oportunidad de verlo -ante Argentina en Kazán, Uruguay en Nizhni Novgorod y Croacia en Moscú- hizo un desgaste tremendo y era vital en las dos áreas.

 

Quizá no era atractivo ver a Francia para aquellos que pregonan el “jobo bonito” pero hacía lo básico en este deporte: defendía y atacaba bien. No se sonrojaba si había que replegarse en caso de que su rival manejara mejor la pelota, como ocurrió ante Bélgica; pero cuando le daban una chance en el área rival, no perdonaba. Vaya si no lo sufrió Argentina, también Uruguay, la propia Bélgica y Croacia en la final, en donde se dio algo particular. En el primer tiempo, sin atacar ganaba 2-1. Y en el segundo en dos contragolpes, lo liquidó. Insisto, ¿jugaba lindo? No. ¿Jugaba bien? Claro, por eso es el campeón del mundo. 

 

Croacia fue quizás el de menos atributos futbolísticos de los tres mejores equipos. A diferencia de Francia y Bélgica –que contaron con jugadores de enorme rendimiento pero ninguno imprescindible en su andamiaje colectivo-, los croatas sí tuvieron uno insustituible: Luka Modric. Fue el dueño del equipo, una pieza vital. Defendía, atacaba; y por ejemplo en el suplementario ante Inglaterra aparecía como lateral, metido entre los centrales, de volante de marca y luego creativo. Un abanderado con todas las letras. Y eso seguro inclinó la balanza para quedarse con el Balón de Oro. El volante del Real Madrid era clave por donde se lo mire en el conjunto balcánico, pero no estuvo solo, contó con diez leones a su lado con mucha hambre de gloria. Y si Croacia llegó hasta la final e hizo historia fue gracias a que jugó como un equipo, con garra y corazón en momentos en donde el esfuerzo físico se hacía notar.

 

En el caso de Bélgica dio gusto verlo jugar, enamoró a todos y no le pesó el traje de candidato que llevó a Rusia. Esta generación de jugadores tiene varios años jugando juntos y se notó. Siempre se hicieron cargo de los partidos y fueron protagonistas ante potencias como Brasil, Inglaterra –al que venció dos veces- o Francia. Con una columna vertebral de elite, este equipo jugó al compás de Eden Hazard -balón de plata en la Copa-, y ofreció una propuesta ofensiva que tenía precisión, velocidad y contundencia. Bélgica se adueñaba de la pelota pero no la dormía de lado a lado – como le pasó a España por ejemplo- sino que era vertical en el primer hueco que encontraba.

 

 Su entrenador Roberto Martínez también logró solidez defensiva y recuperación rápida. Y se quedó afuera de la carrera por el título casi sin merecerlo ante Francia, que lo aguantó y lo golpeó en una de las pocas que tuvo. La Copa del Mundo suele ser ingrata con los que proponen un fútbol lindo, sino pregúntenle a la Holanda de Cruyff o al Brasil de Zico. Esta vez le tocó a la Bélgica de Hazard.

 

Inglaterra, que fue el otro semifinalista también redondeó un gran Mundial, con un equipo muy joven y con un gran futuro por delante. Gareth Southgate propuso un juego veloz de mitad de cancha para adelante al contar con jugadores rápidos y contó con el goleador del torneo, Harry Kane. Quizá careció en la faz defensiva, en donde tuvo errores y desatenciones que le costaron demasiado caro. Por ejemplo el 2-1 de Mario Mandzukic en la semifinal ante Croacia.

 

Rusia 2018 llegó a su final y Francia ya bordó la segunda estrella sobre “el gallo” en su camiseta. Jugó en equipo. Suena una obviedad pero no es tan fácil lograrlo.

 

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