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Ramón y Cándido Sanz: dos generaciones unidas por la música

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Ramón y Cándido Sanz: dos generaciones unidas por la música

Padre e hijo comparten grupo, pero también una manera de transmitir la música que trasciende el ADN.

Ramón y Cándido Sanz tomaban tranquilos un té, mientras de fondo sonaba algo de jazz. La charla se notaba distendida a tal punto que en un momento Ramón se rio, miró a su hijo y recordó: “Mi vinculación con la música comenzó 20 años antes que él”.

Ramón, padre de Cándido, tiene 53 años y es el primer músico de la familia Sanz. Al  igual que su hijo nació en San Luis. “Empecé por las inquietudes típicas de adolescente con la guitarra”, recuerda el también docente universitario de filosofía.

Al finalizar la secundaria, Ramón comenzó la carrera de ingeniería, que tiempo después dejó para comenzar el rumbo que lleva su vida hasta hoy. “Me cambié a música. Durante dos años estudié música y filosofía en simultáneo”, detalló y recordó que durante su paso por la educación formal en música fue alumno de grandes maestros como el mendocino “Tito” Francia.

Finalmente, dejó los estudios académicos de música y se dedicó de lleno al pensamiento filosófico. Hace 26 años ejerce como docente en la Universidad Nacional de San Luis en las carreras de Comunicación y Educación Especial.

“La música siempre estuvo, por eso digo que dejé los estudios formales pero a la música no la dejé nunca. Mientras ejerzo mi profesión, la música aparece más que como un hobbie y Candi vivió todo eso”, agregó.

Cándido escuchó con atención el relato de su padre y a su tiempo recordó que durante su infancia vivió los ensayos de la banda de Ramón en su casa, donde vive actualmente y donde hoy es él quien ensaya junto a sus formaciones. El músico de 33 años recordó que mientras su padre ensayaba con “La Ventana” o “Cantantal”, dos de los grupos en los que participó, él cebaba mate y en los shows sabía de memoria la lista de canciones.

“Crecí en ese ambiente musical y siempre tuve ganas de tocar. Me sentaba en la batería y no me salía nada, me sentaba en el teclado y no me salía nada”, sonrió el heredero.

La formación académica de "Candi" transcurrió en la Escuela Bellas Artes, donde tuvo de maestra a la recordada Aleka Luco. Egresó con el título de técnico en piano, un instrumento que ahora toca ocasionalmente, más dedicado al bajo.

“En paralelo a los estudios empecé a tocar con mi papá en los ensayos. Vivía esos momentos como un juego. Un día en una canción que estaba armada para guitarra y voz empecé a tocar una o dos notas en el teclado para adornarla y cuando me empecé a mover mejor con el instrumento toqué más”, detalló.

Cuando Cándido tenía 15 años participó de un recital junto a su padre en la explanada de la Universidad. Posiblemente ésa haya sido la primera vez que el joven subió a un escenario como músico.  Al poco tiempo  integró su primera formación formal llamada “Desterrados”.

Sanz hijo se formó como productor musical en la Universidad Nacional de San Luis, donde trabaja actualmente como coordinador de la carrera de Música Popular Latinoamericana. “Siempre seguí tomando clases de música de manera informal porque creo que es importante tener el contacto de tocar y poner las ideas en juego. Entonces tus maestros son tus propios compañeros de banda”, sintetizó.

Padre e hijo comparten la música en sus gustos y juntos integran “Un mañana”, un cuarteto de notorias influencias spinetteanas que se completa con Daniel Pitone y Nahuel Rivero. Mientras Cándido, por su parte, integra “Bichofué” con Federico Olguín y “Quique” Zavala y “Ensamble Serrano” también con Olguín, Juan Ponce, Matías Serrano y Mercedes Jofré.

Con cara de satisfacción, Ramón miró a su hijo y se encargó de cerrar la entrevista: “Sólo algunas veces tomo dimensión de este vínculo tan hermoso, de poder compartir ese grado de profundidad que tiene el vinculo musical. A veces no pasa por una cuestión generacional".

A veces sí: ahora es Cándido quien le transmite a su hijo de 3 años la música de la misma forma que él la recibió. “Es como un juego permanente para poder expresar, decir y sentir”.

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Ramón y Cándido Sanz: dos generaciones unidas por la música

Padre e hijo comparten grupo, pero también una manera de transmitir la música que trasciende el ADN.

En la sala del tiempo. Ramón y Cándido en un lugar muy especial para el vínculo. Foto: Martín Gómez.

Ramón y Cándido Sanz tomaban tranquilos un té, mientras de fondo sonaba algo de jazz. La charla se notaba distendida a tal punto que en un momento Ramón se rio, miró a su hijo y recordó: “Mi vinculación con la música comenzó 20 años antes que él”.

Ramón, padre de Cándido, tiene 53 años y es el primer músico de la familia Sanz. Al  igual que su hijo nació en San Luis. “Empecé por las inquietudes típicas de adolescente con la guitarra”, recuerda el también docente universitario de filosofía.

Al finalizar la secundaria, Ramón comenzó la carrera de ingeniería, que tiempo después dejó para comenzar el rumbo que lleva su vida hasta hoy. “Me cambié a música. Durante dos años estudié música y filosofía en simultáneo”, detalló y recordó que durante su paso por la educación formal en música fue alumno de grandes maestros como el mendocino “Tito” Francia.

Finalmente, dejó los estudios académicos de música y se dedicó de lleno al pensamiento filosófico. Hace 26 años ejerce como docente en la Universidad Nacional de San Luis en las carreras de Comunicación y Educación Especial.

“La música siempre estuvo, por eso digo que dejé los estudios formales pero a la música no la dejé nunca. Mientras ejerzo mi profesión, la música aparece más que como un hobbie y Candi vivió todo eso”, agregó.

Cándido escuchó con atención el relato de su padre y a su tiempo recordó que durante su infancia vivió los ensayos de la banda de Ramón en su casa, donde vive actualmente y donde hoy es él quien ensaya junto a sus formaciones. El músico de 33 años recordó que mientras su padre ensayaba con “La Ventana” o “Cantantal”, dos de los grupos en los que participó, él cebaba mate y en los shows sabía de memoria la lista de canciones.

“Crecí en ese ambiente musical y siempre tuve ganas de tocar. Me sentaba en la batería y no me salía nada, me sentaba en el teclado y no me salía nada”, sonrió el heredero.

La formación académica de "Candi" transcurrió en la Escuela Bellas Artes, donde tuvo de maestra a la recordada Aleka Luco. Egresó con el título de técnico en piano, un instrumento que ahora toca ocasionalmente, más dedicado al bajo.

“En paralelo a los estudios empecé a tocar con mi papá en los ensayos. Vivía esos momentos como un juego. Un día en una canción que estaba armada para guitarra y voz empecé a tocar una o dos notas en el teclado para adornarla y cuando me empecé a mover mejor con el instrumento toqué más”, detalló.

Cuando Cándido tenía 15 años participó de un recital junto a su padre en la explanada de la Universidad. Posiblemente ésa haya sido la primera vez que el joven subió a un escenario como músico.  Al poco tiempo  integró su primera formación formal llamada “Desterrados”.

Sanz hijo se formó como productor musical en la Universidad Nacional de San Luis, donde trabaja actualmente como coordinador de la carrera de Música Popular Latinoamericana. “Siempre seguí tomando clases de música de manera informal porque creo que es importante tener el contacto de tocar y poner las ideas en juego. Entonces tus maestros son tus propios compañeros de banda”, sintetizó.

Padre e hijo comparten la música en sus gustos y juntos integran “Un mañana”, un cuarteto de notorias influencias spinetteanas que se completa con Daniel Pitone y Nahuel Rivero. Mientras Cándido, por su parte, integra “Bichofué” con Federico Olguín y “Quique” Zavala y “Ensamble Serrano” también con Olguín, Juan Ponce, Matías Serrano y Mercedes Jofré.

Con cara de satisfacción, Ramón miró a su hijo y se encargó de cerrar la entrevista: “Sólo algunas veces tomo dimensión de este vínculo tan hermoso, de poder compartir ese grado de profundidad que tiene el vinculo musical. A veces no pasa por una cuestión generacional".

A veces sí: ahora es Cándido quien le transmite a su hijo de 3 años la música de la misma forma que él la recibió. “Es como un juego permanente para poder expresar, decir y sentir”.

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