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Potrero tiene su propio vivero

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Potrero tiene su propio vivero

Magdalena Strongoli

El Municipio también maneja una pequeña huerta comunitaria que usa para demostrar que es posible hacer verduras para consumo propio. Este invierno plantaron alrededor de 2.500 flores entre caléndulas y pensamientos.

Trabajo, amor y dedicación". Así definieron sus responsables al vivero que la Municipalidad de Potrero de los Funes tiene en la planta potabilizadora de agua que está sobre la ruta Nº 18, camino a El Volcán. Desde hace más de un año que funciona en un pedacito de tierra libre en donde comenzaron a hacer plantas para la forestación de la localidad. También tienen una huerta comunitaria para demostrar que es posible producir verduras a bajo costo en los hogares. Para esa labor entregan a los vecinos las semillas que necesiten.

Mariano Gargantini es quien tiene a cargo la producción de plantas y recibió a la revista El Campo en el espacio que han dispuesto para llevar adelante un proyecto que tiene como premisa ahorrar y reciclar. No está solo, lo acompañan Alejandra y Soledad, quienes de lunes a viernes se ocupan de las tareas de riego y cuidado de las especies forestales y de las verduras.

En octubre del año pasado, Desarrollo Social de la Municipalidad decidió utilizar un invernáculo que estaba armado dentro de la planta potabilizadora y aprovechar el terreno que hasta el momento solo había servido como obrador para la construcción del barrio ubicado calle por medio. Desde su apertura, cuatro personas se han dedicado durante los 365 días que trae el año a la producción de flores y árboles para embellecer Potrero y de esa manera abaratar costos. "Todo lo que se puede ver de flores en la localidad es producción nuestra. En el invierno vimos crecer aquí cerca de 2.500 plantas entre ceibos, pensamientos y caléndulas. Calculamos que cada planta de esas cuesta alrededor de 25 pesos. Ésa es la prueba fiel de lo que le ahorramos al Municipio", contó Gargantini.

El técnico se incorporó un poco más tarde al proyecto. Fue en enero, cuando lo llamaron ya que en Potrero es muy conocido por sus conocimientos en producción de esas especies. En ese momento estaba la huerta armada aunque, como él mismo confesó, un poco desordenada. "La producción de plantas se hace de dos maneras, una es a través de la recolección de gajos de distintos lugares, algunos inclusive aportados por los vecinos, en algunos casos por solidaridad y en otros para hacer canje por plantas. La otra manera es comprar semillas, lo que hicimos por única vez con los pensamientos. Gastamos cerca de 1.500 pesos", informó el hombre, que además es talabartero y soguero, y añadió que son vecinos de distintas localidades los que se acercan para aportar plantas para la reproducción.

Hacer un plantín de flores con semillas, contó Gargantini, lleva entre 90 y 120 días. Por otra parte, para que los árboles alcancen un tamaño ideal se debe esperar alrededor de cinco años. "Llegar al objetivo final de nuestro proyecto nos llevará tiempo, pero mientras tanto educamos a los vecinos. Mostramos la forma de producir y además dos veces al año hacemos entrega de semillas, porque sin materia prima nada es posible ", explicó el huertero, quien agregó que en los alrededores de San Luis es el único lugar en donde se les puede mostrar a los beneficiarios una huerta como modelo. "El año pasado tuvimos cerca de 20 personas. En 2018 llegaron a ser 50".

También tienen un estrecho vínculo con el personal del vivero que Juana Koslay mantiene desde hace más de diez años y, aunque ahora se encuentra en un período de reparación, producen algunas plantas. "Gladiolos, grateus, rosales, lirios, ruda, menta, lavanda y distintas variedades en especies de árboles son algunas de las plantas que tenemos y con las que vamos haciendo la reproducción. En cuanto a la parte hortícola, en tierra tenemos habas, brócoli, cebolla de verdeo y lechuga que repartimos entre los empleados de la Municipalidad que comanda Daniel Orlando. Tenemos preparado dentro del invernadero, para la temporada que está por llegar, tomate, albahaca y perejil", detalló Gargantini sobre lo que realizan en esta época en el vivero municipal.

Todos los trabajos se hacen a pulmón. A fin de mes planean tener un nuevo invernadero, que construirán con postes de carteleras de Vialidad Provincial que ya no se usan. "De la partida de dinero  que nos corresponde, se pagan los sueldos. El resto debe salir de nuestro trabajo. Es decir, usar dinero de las plantas que logremos vender y reciclar materiales o recibir donaciones como fue el caso del nylon para el invernadero nuevo",  dijo el hombre, que también es vecino de Potrero de los Funes. Gargantini contó que cuando han tenido stock de mercadería han participado de la feria de artesanos que todos los fines de semana llevan adelante al costado del circuito que rodea el lago de Potrero.

En cuanto a la sanidad, el técnico explicó que tratan de no usar químicos pero que en algunas oportunidades les resulta imposible. "Evitamos los insecticidas por dos motivos. El primero es porque tratamos de hacer plantas sin aditivos y de manera segura. El otro inconveniente es que los precios en la actualidad son prácticamente prohibitivos. En su lugar usamos purín de ajo o de cebolla o agua jabonosa. En algunos casos usamos fertilizantes químicos. Pero sólo cuando realmente son necesarios. Para la tierra, que requiere un tratamiento especial por el uso que se le dio antes, usamos guano y compost que hacemos dentro del predio", contó sobre los preventivos indispensables para la producción de plantas.  

Regar no es un problema dentro de una planta potabilizadora que recibe agua cruda. "Usamos el agua que viene de la cola. Es decir, el fluido que no tiene  uso domestico y que viene con buena presión, lo que facilita nuestra labor con muy buena calidad. Las tareas de riego en invierno se hacen por inundación al mediodía, y a la tarde noche se mojan las plantas por arriba para que estén protegidas de las heladas durante las peores horas. Cuando el sol empieza a pegar fuerte, las plantas deben llevar agua a la tarde. De otra manera el suelo se calienta, quema las raíces y se achicharran las plantas", dijo al develar uno de los secretos que usan para mantener las plantas que están a la intemperie al pie de las sierras centrales.

Alejandra acompañaba a Mariano en la visita que la revista El Campo hizo a la zona serrana. Ambos tienen conocimientos. Ella tiene 10 hijos y cinco nietos, por lo que tener una huerta en su casa le resulta muy útil. Él estudió ingeniería en producción agropecuaria y ayudó a su suegra a hacer plantines como una manera de tener una alternativa laboral. "Los fines de semana hay que continuar con las tareas de riego. En invierno prender los calefactores es una actividad que no podemos dejar de hacer. Generalmente estoy yo en el predio, acompañado por mi familia. Ahora nos empezaremos a turnar con Alejandra", explicó el técnico.

Para el futuro hay proyecciones que no sólo tienen que ver con finalmente hacer un negocio rentable que le permita al vivero autoabastecerse, sino que también colabore con los habitantes de la localidad.  "La huerta la vamos a achicar para poder tener más espacio para hacer plantas, que es nuestro fuerte y de donde pretendemos obtener una renta que nos permita comprar insumos. No obstante queremos hacer plantines de verduras para que la gente tenga una salida laboral en épocas difíciles y que además puedan autoabastecerse de alimentos", anticipó Gargantini.

La clave está en el esfuerzo y las ganas. Al ver a los trabajadores de la tierra se puede inferir que si en un año van a paso firme y con buen ritmo, en lo que quede de tiempo podrán llevar lo que se propongan hasta la meta.

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Potrero tiene su propio vivero

El Municipio también maneja una pequeña huerta comunitaria que usa para demostrar que es posible hacer verduras para consumo propio. Este invierno plantaron alrededor de 2.500 flores entre caléndulas y pensamientos.

Trabajo, amor y dedicación". Así definieron sus responsables al vivero que la Municipalidad de Potrero de los Funes tiene en la planta potabilizadora de agua que está sobre la ruta Nº 18, camino a El Volcán. Desde hace más de un año que funciona en un pedacito de tierra libre en donde comenzaron a hacer plantas para la forestación de la localidad. También tienen una huerta comunitaria para demostrar que es posible producir verduras a bajo costo en los hogares. Para esa labor entregan a los vecinos las semillas que necesiten.

Mariano Gargantini es quien tiene a cargo la producción de plantas y recibió a la revista El Campo en el espacio que han dispuesto para llevar adelante un proyecto que tiene como premisa ahorrar y reciclar. No está solo, lo acompañan Alejandra y Soledad, quienes de lunes a viernes se ocupan de las tareas de riego y cuidado de las especies forestales y de las verduras.

En octubre del año pasado, Desarrollo Social de la Municipalidad decidió utilizar un invernáculo que estaba armado dentro de la planta potabilizadora y aprovechar el terreno que hasta el momento solo había servido como obrador para la construcción del barrio ubicado calle por medio. Desde su apertura, cuatro personas se han dedicado durante los 365 días que trae el año a la producción de flores y árboles para embellecer Potrero y de esa manera abaratar costos. "Todo lo que se puede ver de flores en la localidad es producción nuestra. En el invierno vimos crecer aquí cerca de 2.500 plantas entre ceibos, pensamientos y caléndulas. Calculamos que cada planta de esas cuesta alrededor de 25 pesos. Ésa es la prueba fiel de lo que le ahorramos al Municipio", contó Gargantini.

El técnico se incorporó un poco más tarde al proyecto. Fue en enero, cuando lo llamaron ya que en Potrero es muy conocido por sus conocimientos en producción de esas especies. En ese momento estaba la huerta armada aunque, como él mismo confesó, un poco desordenada. "La producción de plantas se hace de dos maneras, una es a través de la recolección de gajos de distintos lugares, algunos inclusive aportados por los vecinos, en algunos casos por solidaridad y en otros para hacer canje por plantas. La otra manera es comprar semillas, lo que hicimos por única vez con los pensamientos. Gastamos cerca de 1.500 pesos", informó el hombre, que además es talabartero y soguero, y añadió que son vecinos de distintas localidades los que se acercan para aportar plantas para la reproducción.

Hacer un plantín de flores con semillas, contó Gargantini, lleva entre 90 y 120 días. Por otra parte, para que los árboles alcancen un tamaño ideal se debe esperar alrededor de cinco años. "Llegar al objetivo final de nuestro proyecto nos llevará tiempo, pero mientras tanto educamos a los vecinos. Mostramos la forma de producir y además dos veces al año hacemos entrega de semillas, porque sin materia prima nada es posible ", explicó el huertero, quien agregó que en los alrededores de San Luis es el único lugar en donde se les puede mostrar a los beneficiarios una huerta como modelo. "El año pasado tuvimos cerca de 20 personas. En 2018 llegaron a ser 50".

También tienen un estrecho vínculo con el personal del vivero que Juana Koslay mantiene desde hace más de diez años y, aunque ahora se encuentra en un período de reparación, producen algunas plantas. "Gladiolos, grateus, rosales, lirios, ruda, menta, lavanda y distintas variedades en especies de árboles son algunas de las plantas que tenemos y con las que vamos haciendo la reproducción. En cuanto a la parte hortícola, en tierra tenemos habas, brócoli, cebolla de verdeo y lechuga que repartimos entre los empleados de la Municipalidad que comanda Daniel Orlando. Tenemos preparado dentro del invernadero, para la temporada que está por llegar, tomate, albahaca y perejil", detalló Gargantini sobre lo que realizan en esta época en el vivero municipal.

Todos los trabajos se hacen a pulmón. A fin de mes planean tener un nuevo invernadero, que construirán con postes de carteleras de Vialidad Provincial que ya no se usan. "De la partida de dinero  que nos corresponde, se pagan los sueldos. El resto debe salir de nuestro trabajo. Es decir, usar dinero de las plantas que logremos vender y reciclar materiales o recibir donaciones como fue el caso del nylon para el invernadero nuevo",  dijo el hombre, que también es vecino de Potrero de los Funes. Gargantini contó que cuando han tenido stock de mercadería han participado de la feria de artesanos que todos los fines de semana llevan adelante al costado del circuito que rodea el lago de Potrero.

En cuanto a la sanidad, el técnico explicó que tratan de no usar químicos pero que en algunas oportunidades les resulta imposible. "Evitamos los insecticidas por dos motivos. El primero es porque tratamos de hacer plantas sin aditivos y de manera segura. El otro inconveniente es que los precios en la actualidad son prácticamente prohibitivos. En su lugar usamos purín de ajo o de cebolla o agua jabonosa. En algunos casos usamos fertilizantes químicos. Pero sólo cuando realmente son necesarios. Para la tierra, que requiere un tratamiento especial por el uso que se le dio antes, usamos guano y compost que hacemos dentro del predio", contó sobre los preventivos indispensables para la producción de plantas.  

Regar no es un problema dentro de una planta potabilizadora que recibe agua cruda. "Usamos el agua que viene de la cola. Es decir, el fluido que no tiene  uso domestico y que viene con buena presión, lo que facilita nuestra labor con muy buena calidad. Las tareas de riego en invierno se hacen por inundación al mediodía, y a la tarde noche se mojan las plantas por arriba para que estén protegidas de las heladas durante las peores horas. Cuando el sol empieza a pegar fuerte, las plantas deben llevar agua a la tarde. De otra manera el suelo se calienta, quema las raíces y se achicharran las plantas", dijo al develar uno de los secretos que usan para mantener las plantas que están a la intemperie al pie de las sierras centrales.

Alejandra acompañaba a Mariano en la visita que la revista El Campo hizo a la zona serrana. Ambos tienen conocimientos. Ella tiene 10 hijos y cinco nietos, por lo que tener una huerta en su casa le resulta muy útil. Él estudió ingeniería en producción agropecuaria y ayudó a su suegra a hacer plantines como una manera de tener una alternativa laboral. "Los fines de semana hay que continuar con las tareas de riego. En invierno prender los calefactores es una actividad que no podemos dejar de hacer. Generalmente estoy yo en el predio, acompañado por mi familia. Ahora nos empezaremos a turnar con Alejandra", explicó el técnico.

Para el futuro hay proyecciones que no sólo tienen que ver con finalmente hacer un negocio rentable que le permita al vivero autoabastecerse, sino que también colabore con los habitantes de la localidad.  "La huerta la vamos a achicar para poder tener más espacio para hacer plantas, que es nuestro fuerte y de donde pretendemos obtener una renta que nos permita comprar insumos. No obstante queremos hacer plantines de verduras para que la gente tenga una salida laboral en épocas difíciles y que además puedan autoabastecerse de alimentos", anticipó Gargantini.

La clave está en el esfuerzo y las ganas. Al ver a los trabajadores de la tierra se puede inferir que si en un año van a paso firme y con buen ritmo, en lo que quede de tiempo podrán llevar lo que se propongan hasta la meta.

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