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La Mesa de las Carnes tiene una agenda muy completa

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La Mesa de las Carnes tiene una agenda muy completa

Nicolás Razzetti

Entre los temas para el encuentro del 21 con el presidente Macri figura la reducción de retenciones a los cueros, el control del comercio minorista, la implementación del protocolo sanitario con China y la reducción del peso de faena para las hembras. En este  punto hay más acuerdos que disidencias.

La Mesa de las carnes, que agrupa a entidades de toda la cadena ganadera pero también algunas del sector avícola y porcino, volverá a reunirse con el presidente Mauricio Macri y gran parte de su gabinete.
Son varias las cuestiones pendientes, muchas de ellas formaron parte de los debates del año pasado, pero también se agregan algunas cuestiones que diferentes sectores productivos e industriales vienen fogoneando, como es el caso del peso mínimo de faena.
Vamos por partes. La reunión es una continuación de la que se hizo en noviembre, cuando Macri renovó la promesa de reducción hasta la quita final de las retenciones a las exportaciones de cuero semicurtido. El mecanismo de retención es perverso, se aplica utilizando como precio de referencia al valor en Chicago y no el local, que es muy inferior. En definitiva, el porcentaje de descuento es de casi 50%, lo que impide que los frigoríficos puedan operar en los mercados internacionales y eso deprime su ingreso por un importante subproducto con el que se conforma el recupero que sirve pagar costos fijos, entre ellos los laborales. “A esta altura debería estar la resolución de la baja de retenciones a las exportaciones de cueros", se quejó uno de los impulsores de la Mesa de las Carnes.
Pero además de esa cuestión hay otras, como la puesta en funcionamiento del protocolo sanitario firmado con China. Según dejaron trascender autoridades del Senasa, se estaría cerca de un acuerdo con los privados para su implementación, que permitiría la exportación de cortes congelados con hueso y enfriados sin hueso.
Otro tema no menor y sobre el que se vino discutiendo mucho en las últimas reuniones es el del control fiscal al comercio minorista. La Afip lanzó el remito electrónico, pero no puede hacer que sea obligatorio ni de uso masivo en tanto no se reduzca la presión impositiva sobre comerciantes que en muchos casos retiran poco dinero. Para ellos, pagar más impuestos significa irse de la actividad o evadir para sobrevivir. El tema es espinoso, obliga a que los organismos recaudadores provinciales y la Afip se pongan de acuerdo y achiquen la presión sectorial en impuestos como ingresos brutos.
Otros creen que debería haber un monotributo especial para el sector. La resolución de este problema llevará tiempo, pero se lo toma como caso testigo para luego encarar el proceso en otras cadenas alimenticias como la de las frutas y verduras, donde también reina la informalidad fiscal y los abusos comerciales.
Otra cuestión que se coló en las últimas semanas y que generó discusiones en diferentes oportunidades en los últimos 15 años es el peso mínimo de faena. Por los trascendidos, la Secretaría de Agroindustria habría hecho propio el reclamo que durante años sostuvieron las entidades productoras, que rechazaron históricamente las restricciones que implica el peso mínimo.
En los últimos años también hubo entidades de la industria que públicamente se mostraron contrarias a la medida por considerar que no favorece el crecimiento productivo, sino que por el contrario entorpece el comercio, la producción primaria y a los mismos frigoríficos.
Fifra, entidad que representa sobre todo a las plantas de Córdoba y Santa Fe, viene señalando que es necesario al menos hacerle cambios a la medida y que se debería reducir la exigencia para las hembras. También agrupaciones gremiales como Carbap apoyan los cambios y dicen que sería conveniente que no haya restricción alguna. Pero hay otros operadores del negocio que consideran que debería sostenerse, como es el caso de los feedloteros, que dicen haber hecho adaptaciones a la exigencia y que no es bueno que las reglas de juego cambien continuamente.
La polémica se reavivó cuando la Dirección de Control Comercial Agropecuario, cuando todavía tenía rango de secretaría, decidió aumentar las multas a $10.000  a los que faenaran con menos de 300 kilos. La medida fue acompañada por el proceso de control de la faena, lo que redujo las posibilidades de que los operadores falsearan los datos.
Quienes rechazan la restricción al peso de faena dicen que la medida que tomó en su momento el ex secretario Miguel Campos y que tuvo infinidad de cambios no impulso el crecimiento de la producción ganadera ni de carne. En efecto, si se observan los datos oficiales el kilaje de carne producido por animal faenado fue entre los 211 y los 225 kilos. Hubo un año, 2011, en el que el promedio llegó a los 230 kilos, pero en rigor de la verdad no hubo cambios significativos y en nuestro país la cantidad de carne que se obtiene por animal es muy inferior a la de otros.
Por caso en Estados Unidos la faena en 2018 fue estimada por el Departamento de Agricultura de ese país (USDA) en 33,7 millones de animales, con la que se lograron poco más de 12 millones de toneladas, lo que indica un peso medio por res en gancho de 364 kilos. En ese caso la producción industrial es 62% mayor a la de nuestro país, que si lograra esos niveles achicaría notablemente los costos y mejoraría entre otras cosas su renta y la capacidad de pago de la hacienda. 
En Brasil la faena, según el USDA ,en 2018 fue estimada en 39,5 millones de animales y la producción de carne en casi 10 millones. El peso promedio en gancho entonces habría sido de 250 kilos, 10/11% mayor al de la Argentina. El mismo promedio logró Uruguay. En el caso de Australia, con una faena de 8,25 millones de animales y una producción de 2,3 millones de toneladas de carne, el peso medio fue de 280 kilos, 25% más que en nuestro país.
Claramente es necesario y conveniente que aumente el peso medio de faena en la Argentina, se está dejando pasar una oportunidad, ya que se cuenta con pasturas, con granos y con animales con muy buena genética. Lo que faltan son señales macroeconómicas y de mercado. En lo que tiene que ver con la macroeconomía, es necesario el control de la inflación y la normalización del sistema financiero, para poder incentivar las inversiones de mediano y largo plazo y no llegar a una situación en la que el dinero que debería estar en actividades productivas termine en el circuito financiero.
En cuanto a los mercados, más allá de la baja que se observa en los precios que pagan los países europeos, la competitividad mejoró pero no se dio el traslado a precios que el productor necesitaría. Las empresas dicen que están en pleno proceso de inversión en instalaciones, que fueron en muchos casos abandonadas durante los años de las restricciones económicas, y que por eso hubo un traslado a precios parcial. En definitiva, el que paga es siempre el productor, porque cuando se restringieron las exportaciones el precio se recortó y ahora que hay un dólar competitivo el dinero se destina a otra cosa.
Los directivos de la Mesa de las Carnes insistirán en la reunión con Macri para que tome medidas que incentiven la producción de novillos, que en 2018 siguió cayendo. Dicen algunos analistas que el año pasado la baja se debió a que hubo un mayor proceso de recría; otro creen que el ganadero sigue sin ver incentivos para aumentar el peso de los animales y que la macroeconomía no hace prever ningún futuro cercano promisorio. 
Como sea, se pretende llevar al encuentro del 21 de enero una propuesta de incentivo que si bien no trascendió. podría ser vía devolución de impuestos o una compensación que mejore el ingreso de los ganaderos que producen más kilos, hasta que la exportación los premie vía precio. 

¿Seguirá alta la faena en 2019?
En diciembre, la faena vacuna fue de 1,15 millón de animales. El volumen procesado por los frigoríficos fue alto pese a la continuidad de días lluviosos y de feriados. Al cierre del año, el total acumulado llegó a las 13,5 millones de cabezas. Si bien no estaban publicados los datos finales al cierre de esta nota, se puede deducir una producción de carne de poco más de tres millones de toneladas.
Algunos analistas consideran que las lluvias, que llevan a la recomposición de las pasturas permitirán la retención y la reducción de la oferta de gordo. En cambio otros dicen que seguirá teniendo peso la cuestión financiera, lo que impulsará a los de menos espalda financiera a vender más de la cuenta. 

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La Mesa de las Carnes tiene una agenda muy completa

Entre los temas para el encuentro del 21 con el presidente Macri figura la reducción de retenciones a los cueros, el control del comercio minorista, la implementación del protocolo sanitario con China y la reducción del peso de faena para las hembras. En este  punto hay más acuerdos que disidencias.

La Mesa de las carnes, que agrupa a entidades de toda la cadena ganadera pero también algunas del sector avícola y porcino, volverá a reunirse con el presidente Mauricio Macri y gran parte de su gabinete.
Son varias las cuestiones pendientes, muchas de ellas formaron parte de los debates del año pasado, pero también se agregan algunas cuestiones que diferentes sectores productivos e industriales vienen fogoneando, como es el caso del peso mínimo de faena.
Vamos por partes. La reunión es una continuación de la que se hizo en noviembre, cuando Macri renovó la promesa de reducción hasta la quita final de las retenciones a las exportaciones de cuero semicurtido. El mecanismo de retención es perverso, se aplica utilizando como precio de referencia al valor en Chicago y no el local, que es muy inferior. En definitiva, el porcentaje de descuento es de casi 50%, lo que impide que los frigoríficos puedan operar en los mercados internacionales y eso deprime su ingreso por un importante subproducto con el que se conforma el recupero que sirve pagar costos fijos, entre ellos los laborales. “A esta altura debería estar la resolución de la baja de retenciones a las exportaciones de cueros", se quejó uno de los impulsores de la Mesa de las Carnes.
Pero además de esa cuestión hay otras, como la puesta en funcionamiento del protocolo sanitario firmado con China. Según dejaron trascender autoridades del Senasa, se estaría cerca de un acuerdo con los privados para su implementación, que permitiría la exportación de cortes congelados con hueso y enfriados sin hueso.
Otro tema no menor y sobre el que se vino discutiendo mucho en las últimas reuniones es el del control fiscal al comercio minorista. La Afip lanzó el remito electrónico, pero no puede hacer que sea obligatorio ni de uso masivo en tanto no se reduzca la presión impositiva sobre comerciantes que en muchos casos retiran poco dinero. Para ellos, pagar más impuestos significa irse de la actividad o evadir para sobrevivir. El tema es espinoso, obliga a que los organismos recaudadores provinciales y la Afip se pongan de acuerdo y achiquen la presión sectorial en impuestos como ingresos brutos.
Otros creen que debería haber un monotributo especial para el sector. La resolución de este problema llevará tiempo, pero se lo toma como caso testigo para luego encarar el proceso en otras cadenas alimenticias como la de las frutas y verduras, donde también reina la informalidad fiscal y los abusos comerciales.
Otra cuestión que se coló en las últimas semanas y que generó discusiones en diferentes oportunidades en los últimos 15 años es el peso mínimo de faena. Por los trascendidos, la Secretaría de Agroindustria habría hecho propio el reclamo que durante años sostuvieron las entidades productoras, que rechazaron históricamente las restricciones que implica el peso mínimo.
En los últimos años también hubo entidades de la industria que públicamente se mostraron contrarias a la medida por considerar que no favorece el crecimiento productivo, sino que por el contrario entorpece el comercio, la producción primaria y a los mismos frigoríficos.
Fifra, entidad que representa sobre todo a las plantas de Córdoba y Santa Fe, viene señalando que es necesario al menos hacerle cambios a la medida y que se debería reducir la exigencia para las hembras. También agrupaciones gremiales como Carbap apoyan los cambios y dicen que sería conveniente que no haya restricción alguna. Pero hay otros operadores del negocio que consideran que debería sostenerse, como es el caso de los feedloteros, que dicen haber hecho adaptaciones a la exigencia y que no es bueno que las reglas de juego cambien continuamente.
La polémica se reavivó cuando la Dirección de Control Comercial Agropecuario, cuando todavía tenía rango de secretaría, decidió aumentar las multas a $10.000  a los que faenaran con menos de 300 kilos. La medida fue acompañada por el proceso de control de la faena, lo que redujo las posibilidades de que los operadores falsearan los datos.
Quienes rechazan la restricción al peso de faena dicen que la medida que tomó en su momento el ex secretario Miguel Campos y que tuvo infinidad de cambios no impulso el crecimiento de la producción ganadera ni de carne. En efecto, si se observan los datos oficiales el kilaje de carne producido por animal faenado fue entre los 211 y los 225 kilos. Hubo un año, 2011, en el que el promedio llegó a los 230 kilos, pero en rigor de la verdad no hubo cambios significativos y en nuestro país la cantidad de carne que se obtiene por animal es muy inferior a la de otros.
Por caso en Estados Unidos la faena en 2018 fue estimada por el Departamento de Agricultura de ese país (USDA) en 33,7 millones de animales, con la que se lograron poco más de 12 millones de toneladas, lo que indica un peso medio por res en gancho de 364 kilos. En ese caso la producción industrial es 62% mayor a la de nuestro país, que si lograra esos niveles achicaría notablemente los costos y mejoraría entre otras cosas su renta y la capacidad de pago de la hacienda. 
En Brasil la faena, según el USDA ,en 2018 fue estimada en 39,5 millones de animales y la producción de carne en casi 10 millones. El peso promedio en gancho entonces habría sido de 250 kilos, 10/11% mayor al de la Argentina. El mismo promedio logró Uruguay. En el caso de Australia, con una faena de 8,25 millones de animales y una producción de 2,3 millones de toneladas de carne, el peso medio fue de 280 kilos, 25% más que en nuestro país.
Claramente es necesario y conveniente que aumente el peso medio de faena en la Argentina, se está dejando pasar una oportunidad, ya que se cuenta con pasturas, con granos y con animales con muy buena genética. Lo que faltan son señales macroeconómicas y de mercado. En lo que tiene que ver con la macroeconomía, es necesario el control de la inflación y la normalización del sistema financiero, para poder incentivar las inversiones de mediano y largo plazo y no llegar a una situación en la que el dinero que debería estar en actividades productivas termine en el circuito financiero.
En cuanto a los mercados, más allá de la baja que se observa en los precios que pagan los países europeos, la competitividad mejoró pero no se dio el traslado a precios que el productor necesitaría. Las empresas dicen que están en pleno proceso de inversión en instalaciones, que fueron en muchos casos abandonadas durante los años de las restricciones económicas, y que por eso hubo un traslado a precios parcial. En definitiva, el que paga es siempre el productor, porque cuando se restringieron las exportaciones el precio se recortó y ahora que hay un dólar competitivo el dinero se destina a otra cosa.
Los directivos de la Mesa de las Carnes insistirán en la reunión con Macri para que tome medidas que incentiven la producción de novillos, que en 2018 siguió cayendo. Dicen algunos analistas que el año pasado la baja se debió a que hubo un mayor proceso de recría; otro creen que el ganadero sigue sin ver incentivos para aumentar el peso de los animales y que la macroeconomía no hace prever ningún futuro cercano promisorio. 
Como sea, se pretende llevar al encuentro del 21 de enero una propuesta de incentivo que si bien no trascendió. podría ser vía devolución de impuestos o una compensación que mejore el ingreso de los ganaderos que producen más kilos, hasta que la exportación los premie vía precio. 

¿Seguirá alta la faena en 2019?
En diciembre, la faena vacuna fue de 1,15 millón de animales. El volumen procesado por los frigoríficos fue alto pese a la continuidad de días lluviosos y de feriados. Al cierre del año, el total acumulado llegó a las 13,5 millones de cabezas. Si bien no estaban publicados los datos finales al cierre de esta nota, se puede deducir una producción de carne de poco más de tres millones de toneladas.
Algunos analistas consideran que las lluvias, que llevan a la recomposición de las pasturas permitirán la retención y la reducción de la oferta de gordo. En cambio otros dicen que seguirá teniendo peso la cuestión financiera, lo que impulsará a los de menos espalda financiera a vender más de la cuenta. 

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