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Alimentos, medio ambiente y gestión

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Alimentos, medio ambiente y gestión

Las acciones de cada nación respecto a la preservación del medio ambiente pueden ser controladas públicamente con relativa precisión; de allí que durante el 2018 aparecieran los primeros casos de agricultores que iniciaron casos penales contra sus gobiernos (en Alemania, Francia, Estados Unidos, Canadá y Australia, hasta ahora), por no hacer lo suficiente respecto del cambio climático.

De igual manera existen enfoques respecto de la agricultura que pueden mostrarse como ejemplo. Cabe aclarar que se habla, discute y comenta sobre las prácticas agrícolas, porque la humanidad necesita seguir produciendo alimentos, independientemente de las variaciones climáticas, y más allá de los riesgos que esas variaciones agreguen.

Un ejemplo actual lo constituye la agricultura italiana por sus cultivos orgánicos, prácticas sostenibles y porque está al frente de la conservación de la diversidad biológica, aunque sigue preocupando la escasez de agua, el número de trabajadores sin documentos, el papel de las mujeres y el envejecimiento de la fuerza laboral en el campo.

La agricultura italiana es la más verde de Europa, e Italia también está al frente por sus productos orgánicos, con 72.000 operadores orgánicos. De hecho, 10,5 por ciento de las tierras cultivables están dedicadas a la agricultura orgánica, según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

El país está al frente de la conservación de la biodiversidad, al decidir no cultivar organismos genéticamente modificados, y al tener 40.000 haciendas comprometidas a mantener y preservar semillas y plantas en riesgo de extinción.

Además, tiene primacía en términos de seguridad alimentaria, con el mayor número de productos agroalimentarios que cumplen las normativas de residuos químicos irregulares, del orden de 99,4 por ciento. Varios estudios confirman los resultados positivos, como el Índice de Sostenibilidad Alimentaria (FSI), desarrollado por la Fundación-Centro Barilla para Nutrición y Alimentación (BCNF), un grupo de estudio multidisciplinario que trabaja por la sostenibilidad alimentaria.

El FSI es un indicador que analiza 34 países, que representan 87 por ciento de la economía mundial (es decir el Producto Bruto Interno) y las dos terceras partes de la población mundial. Además, se concentra en tres pilares principales, vinculados a los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS): agricultura sostenible; pérdida y desperdicio de alimentos; y desafíos nutricionales.

En lo que respecta a la agricultura sostenible, Italia es el que está mejor entre los 34 países listados. También está bien ubicado en función de otros indicadores como el impacto ambiental del agua en la agricultura, la sostenibilidad del retiro del agua, la escasez y la gestión del recurso, según el informe de la BCNF, que resume los datos.

Italia es pionero en nuevas técnicas para reducir la pérdida de agua en contextos domésticos y agrarios. Pero la escasez de agua en el centro y el sur de Italia, por ejemplo en el verano boreal de 2017, reveló situaciones críticas en lo que respecta a la mala o inadecuada infraestructura hídrica.

Este país europeo registró resultados positivos en muchos otros indicadores de cultivos orgánicos y por su fuerte legislación para proteger los derechos de los pequeños agricultores.

Pero existen muchos puntos importantes, por mejorar: la participación de las mujeres es de uno por ciento y la de los jóvenes de 3,1 por ciento, una proporción muy baja en comparación con economías similares como la de España, donde casi una tercera parte de los trabajadores del sector son mujeres y jóvenes, según el informe.

También es muy preocupante el empleo ilegal. Según los sindicatos, un gran número de agricultores, unos 400.000, emplean trabajadores de forma ilegal, sin documentos en regla y a través de un mercado negro.

Más temprano que tarde, cada país rendirá cuentas públicas sobre la gestión de sus recursos en la producción de alimentos. Es correcto que así ocurra.

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Alimentos, medio ambiente y gestión

Las acciones de cada nación respecto a la preservación del medio ambiente pueden ser controladas públicamente con relativa precisión; de allí que durante el 2018 aparecieran los primeros casos de agricultores que iniciaron casos penales contra sus gobiernos (en Alemania, Francia, Estados Unidos, Canadá y Australia, hasta ahora), por no hacer lo suficiente respecto del cambio climático.

De igual manera existen enfoques respecto de la agricultura que pueden mostrarse como ejemplo. Cabe aclarar que se habla, discute y comenta sobre las prácticas agrícolas, porque la humanidad necesita seguir produciendo alimentos, independientemente de las variaciones climáticas, y más allá de los riesgos que esas variaciones agreguen.

Un ejemplo actual lo constituye la agricultura italiana por sus cultivos orgánicos, prácticas sostenibles y porque está al frente de la conservación de la diversidad biológica, aunque sigue preocupando la escasez de agua, el número de trabajadores sin documentos, el papel de las mujeres y el envejecimiento de la fuerza laboral en el campo.

La agricultura italiana es la más verde de Europa, e Italia también está al frente por sus productos orgánicos, con 72.000 operadores orgánicos. De hecho, 10,5 por ciento de las tierras cultivables están dedicadas a la agricultura orgánica, según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

El país está al frente de la conservación de la biodiversidad, al decidir no cultivar organismos genéticamente modificados, y al tener 40.000 haciendas comprometidas a mantener y preservar semillas y plantas en riesgo de extinción.

Además, tiene primacía en términos de seguridad alimentaria, con el mayor número de productos agroalimentarios que cumplen las normativas de residuos químicos irregulares, del orden de 99,4 por ciento. Varios estudios confirman los resultados positivos, como el Índice de Sostenibilidad Alimentaria (FSI), desarrollado por la Fundación-Centro Barilla para Nutrición y Alimentación (BCNF), un grupo de estudio multidisciplinario que trabaja por la sostenibilidad alimentaria.

El FSI es un indicador que analiza 34 países, que representan 87 por ciento de la economía mundial (es decir el Producto Bruto Interno) y las dos terceras partes de la población mundial. Además, se concentra en tres pilares principales, vinculados a los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS): agricultura sostenible; pérdida y desperdicio de alimentos; y desafíos nutricionales.

En lo que respecta a la agricultura sostenible, Italia es el que está mejor entre los 34 países listados. También está bien ubicado en función de otros indicadores como el impacto ambiental del agua en la agricultura, la sostenibilidad del retiro del agua, la escasez y la gestión del recurso, según el informe de la BCNF, que resume los datos.

Italia es pionero en nuevas técnicas para reducir la pérdida de agua en contextos domésticos y agrarios. Pero la escasez de agua en el centro y el sur de Italia, por ejemplo en el verano boreal de 2017, reveló situaciones críticas en lo que respecta a la mala o inadecuada infraestructura hídrica.

Este país europeo registró resultados positivos en muchos otros indicadores de cultivos orgánicos y por su fuerte legislación para proteger los derechos de los pequeños agricultores.

Pero existen muchos puntos importantes, por mejorar: la participación de las mujeres es de uno por ciento y la de los jóvenes de 3,1 por ciento, una proporción muy baja en comparación con economías similares como la de España, donde casi una tercera parte de los trabajadores del sector son mujeres y jóvenes, según el informe.

También es muy preocupante el empleo ilegal. Según los sindicatos, un gran número de agricultores, unos 400.000, emplean trabajadores de forma ilegal, sin documentos en regla y a través de un mercado negro.

Más temprano que tarde, cada país rendirá cuentas públicas sobre la gestión de sus recursos en la producción de alimentos. Es correcto que así ocurra.

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