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La oscura infancia en Afganistán

Cada día, en algún rincón del planeta, miles de personas enfrentan la oscuridad de la violencia, las guerras, el hambre y el abandono. Cuando esas miles de personas son niños, el dolor es global y la tristeza reemplaza al futuro.
Los últimos cuatro años estuvieron entre los más mortales para los niños en Afganistán desde la invasión que encabezó Estados Unidos en 2001, con casi 13.000 muertos y heridos dentro de ese grupo de población en ese período, según la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
El nuevo y cuarto informe del secretario general de la ONU, António Guterres, sobre los niños y el conflicto armado en Afganistán, encontró que 12.599 niños y jóvenes habían sido confirmados como muertos o heridos durante combates entre 2015-2018, un 82 por ciento más que entre 2011-2014.
En el documento, Guterres condenó “el alarmante nivel” de muertes y otras violaciones graves, cometidas por todas las partes, contra los niños y jóvenes, sobre los que “continúa recayendo el peso del conflicto armado”.
El informe sirve como un potente recordatorio de que, si bien las conversaciones para alcanzar la paz entre Estados Unidos y el grupo fundamentalista Talibán lograron un progreso importante, la vida de la población en esa nación sigue dramáticamente afectada por la violencia armada y las dificultades que ella conlleva.
El portavoz de la ONU, Stephane Dujarric, se mostró “profundamente perturbado por la escalada, la gravedad y la recurrencia de violaciones graves sufridas por niños y niñas” en Afganistán en los últimos años. “El reclutamiento de niños, principalmente por grupos armados, incluidos los talibanes y el Daesh, continuó siendo documentado, al igual que más de 800 ataques contra escuelas y hospitales”, agregó Dujarric, usando la denominación árabe para el radical grupo Estado Islámico (EI).
El estudio de 17 páginas, que llevaba el nombre de Guterres pero que fue compilada por su representante especial para los niños en conflictos armados, la argentina Virginia Gamba, remarca que los menores de edad representaron durante el periodo analizado casi un tercio de todas las víctimas civiles en Afganistán.
En su mayoría fueron asesinados o mutilados en ataques terrestres, explosivos improvisados, ataques aéreos, explosiones de bombas suicidas y armas sin explotar que detonaron inesperadamente después de su despliegue.
“Los niños en Afganistán no han conocido nada más que realidades desgarradoras como resultado de la violencia y la guerra”, dijo Gamba en un comunicado que acompaña al informe.
“El número de víctimas infantiles es terrible, e insto a todas las partes a que pongan fin de inmediato al sufrimiento de los niños”, añadió.
La ONU culpó a los talibanes, la rama afgana del EI y otros grupos armados por la mayoría (43 por ciento) de los 3.450 niños que murieron y 9.149 más que fueron mutilados durante los 18 años de persistente guerra.
Aun así, otro 30 por ciento de las víctimas infantiles se atribuyeron a las fuerzas de seguridad afganas, las fuerzas pro gobierno, las de Estados Unidos y otros socios internacionales, con la particularidad de que se produjo un gran aumento los últimos cuatro años, respecto al periodo anterior.
Gamba señaló que se produjo un creciente número de muertos civiles desde que la Fuerza Aérea Afgana comenzó a tener capacidad de lanzar ataques aéreos en 2015. Desde principios de ese año, unos 1.049 niños murieron o resultaron heridos por bombardeos aéreos.
En un caso extremo, ocurrido en abril de 2018, los helicópteros de la Fuerza Aérea Afgana dispararon cohetes y usaron ametralladoras pesadas durante una ceremonia de graduación al aire libre en el distrito Dasht-e Archi de la provincia de Kunduz, matando al menos a 30 niños e hiriendo a otros 51, según el informe.
La oscura infancia en Afganistán, no debiera ser solo la mala noticia semanal de la ONU, ni siquiera un recordatorio del horror. La oscura infancia de los niños en Afganistán, es algo que avergüenza al mundo.

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La oscura infancia en Afganistán

Cada día, en algún rincón del planeta, miles de personas enfrentan la oscuridad de la violencia, las guerras, el hambre y el abandono. Cuando esas miles de personas son niños, el dolor es global y la tristeza reemplaza al futuro.
Los últimos cuatro años estuvieron entre los más mortales para los niños en Afganistán desde la invasión que encabezó Estados Unidos en 2001, con casi 13.000 muertos y heridos dentro de ese grupo de población en ese período, según la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
El nuevo y cuarto informe del secretario general de la ONU, António Guterres, sobre los niños y el conflicto armado en Afganistán, encontró que 12.599 niños y jóvenes habían sido confirmados como muertos o heridos durante combates entre 2015-2018, un 82 por ciento más que entre 2011-2014.
En el documento, Guterres condenó “el alarmante nivel” de muertes y otras violaciones graves, cometidas por todas las partes, contra los niños y jóvenes, sobre los que “continúa recayendo el peso del conflicto armado”.
El informe sirve como un potente recordatorio de que, si bien las conversaciones para alcanzar la paz entre Estados Unidos y el grupo fundamentalista Talibán lograron un progreso importante, la vida de la población en esa nación sigue dramáticamente afectada por la violencia armada y las dificultades que ella conlleva.
El portavoz de la ONU, Stephane Dujarric, se mostró “profundamente perturbado por la escalada, la gravedad y la recurrencia de violaciones graves sufridas por niños y niñas” en Afganistán en los últimos años. “El reclutamiento de niños, principalmente por grupos armados, incluidos los talibanes y el Daesh, continuó siendo documentado, al igual que más de 800 ataques contra escuelas y hospitales”, agregó Dujarric, usando la denominación árabe para el radical grupo Estado Islámico (EI).
El estudio de 17 páginas, que llevaba el nombre de Guterres pero que fue compilada por su representante especial para los niños en conflictos armados, la argentina Virginia Gamba, remarca que los menores de edad representaron durante el periodo analizado casi un tercio de todas las víctimas civiles en Afganistán.
En su mayoría fueron asesinados o mutilados en ataques terrestres, explosivos improvisados, ataques aéreos, explosiones de bombas suicidas y armas sin explotar que detonaron inesperadamente después de su despliegue.
“Los niños en Afganistán no han conocido nada más que realidades desgarradoras como resultado de la violencia y la guerra”, dijo Gamba en un comunicado que acompaña al informe.
“El número de víctimas infantiles es terrible, e insto a todas las partes a que pongan fin de inmediato al sufrimiento de los niños”, añadió.
La ONU culpó a los talibanes, la rama afgana del EI y otros grupos armados por la mayoría (43 por ciento) de los 3.450 niños que murieron y 9.149 más que fueron mutilados durante los 18 años de persistente guerra.
Aun así, otro 30 por ciento de las víctimas infantiles se atribuyeron a las fuerzas de seguridad afganas, las fuerzas pro gobierno, las de Estados Unidos y otros socios internacionales, con la particularidad de que se produjo un gran aumento los últimos cuatro años, respecto al periodo anterior.
Gamba señaló que se produjo un creciente número de muertos civiles desde que la Fuerza Aérea Afgana comenzó a tener capacidad de lanzar ataques aéreos en 2015. Desde principios de ese año, unos 1.049 niños murieron o resultaron heridos por bombardeos aéreos.
En un caso extremo, ocurrido en abril de 2018, los helicópteros de la Fuerza Aérea Afgana dispararon cohetes y usaron ametralladoras pesadas durante una ceremonia de graduación al aire libre en el distrito Dasht-e Archi de la provincia de Kunduz, matando al menos a 30 niños e hiriendo a otros 51, según el informe.
La oscura infancia en Afganistán, no debiera ser solo la mala noticia semanal de la ONU, ni siquiera un recordatorio del horror. La oscura infancia de los niños en Afganistán, es algo que avergüenza al mundo.

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