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Una ciudad que hasta su nombre huele bien

Marina Rubio

Tiene una de las catedrales más impresionantes de Europa. Y, como si eso resultara poco, dentro de ese majestuoso templo descansan los restos de tres personajes que, cada 6 de enero, mantienen en vilo a millones de niños en el mundo, los Reyes Magos. Pero lo arquitectónico no es su única cualidad, en el Viejo Continente también es famosa por lo que sus inviernos nunca son grises: durante 109 días sus calles y sus ciudadanos se visten de fiesta para vivir el carnaval que está a la altura del que celebran en Venecia. Se trata de Colonia, la ciudad alemana que, como su nombre lo indica, también puede sacar a relucir que es donde nació esa fragancia.

Es la cuarta ciudad más poblada del país germano. Y, al estar ubicada en la región de Renania del Norte-Westfalia, al oeste de Alemania, está próxima a las fronteras de Bélgica y de Holanda. Es por eso que una buena alternativa para visitarla si están en algunos de esos países es hacerlo en tren. Un boleto desde Ámsterdam, el más económico, puede valer 40 o 60 dólares y el viaje demora entre dos horas y media y cuatro horas. Al estar a menos de 200 kilómetros de la turística Frankfurt, Colonia también resulta un destino más que cómodo para hacer una escapada de un día. Hallarán precios de pasajes de tren para todos los bolsillos, desde 21 a 84 dólares.

 

 

Una vez que arriben a la estación central, Köln Hauptbahnof, no precisarán de mapas ni guías para toparse con el principal atractivo de la ciudad. Al frente de la terminal, hacia el sur, a orillas del río Rin, está la catedral más grande de Alemania, la Kölner Dom. Les llevó más de 600 años construirla y, por fortuna, ninguna de las 70 bombas que lanzaron durante la Segunda Guerra Mundial alcanzó a esa maravilla de la arquitectura gótica.

Pero la belleza de sus muros no es lo único que quita el aliento. Adentro, detrás del altar mayor, en un cofre de 2,20 metros de alto, de oro y plata macizos y joyas de incalculable valor, están los restos de los tres sabios de Oriente. La entrada a la catedral es gratuita.

Apenas a dos calles del templo, hacia el este, podrán ver el puente emblema de la ciudad, el Hohenzollern. Incluso antes de ir allí, a medio camino entre el Hohenzollern y la catedral, está uno de los museos más importantes de arte moderno, el Ludwig. Alberga obras de Pablo Picasso, Salvador Dalí y Andy Warhol, entre otros.

A la misma altura, pero tres calles al sur, está la plaza Alter Market, es decir del Viejo Mercado, donde está el Ayuntamiento. Y, a solo dos cuadras, hacia el oeste, encontrarán el Museo de la Colonia, conocida como Casa Farina, donde, en 1709, el italiano Giovanni Maria Farina fundó la fábrica de perfumes más antigua del mundo y donde vendía su gran invención, a la que llamó “eau de Cologne”.

 

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Una ciudad que hasta su nombre huele bien

Tiene una de las catedrales más impresionantes de Europa. Y, como si eso resultara poco, dentro de ese majestuoso templo descansan los restos de tres personajes que, cada 6 de enero, mantienen en vilo a millones de niños en el mundo, los Reyes Magos. Pero lo arquitectónico no es su única cualidad, en el Viejo Continente también es famosa por lo que sus inviernos nunca son grises: durante 109 días sus calles y sus ciudadanos se visten de fiesta para vivir el carnaval que está a la altura del que celebran en Venecia. Se trata de Colonia, la ciudad alemana que, como su nombre lo indica, también puede sacar a relucir que es donde nació esa fragancia.

Es la cuarta ciudad más poblada del país germano. Y, al estar ubicada en la región de Renania del Norte-Westfalia, al oeste de Alemania, está próxima a las fronteras de Bélgica y de Holanda. Es por eso que una buena alternativa para visitarla si están en algunos de esos países es hacerlo en tren. Un boleto desde Ámsterdam, el más económico, puede valer 40 o 60 dólares y el viaje demora entre dos horas y media y cuatro horas. Al estar a menos de 200 kilómetros de la turística Frankfurt, Colonia también resulta un destino más que cómodo para hacer una escapada de un día. Hallarán precios de pasajes de tren para todos los bolsillos, desde 21 a 84 dólares.

 

 

Una vez que arriben a la estación central, Köln Hauptbahnof, no precisarán de mapas ni guías para toparse con el principal atractivo de la ciudad. Al frente de la terminal, hacia el sur, a orillas del río Rin, está la catedral más grande de Alemania, la Kölner Dom. Les llevó más de 600 años construirla y, por fortuna, ninguna de las 70 bombas que lanzaron durante la Segunda Guerra Mundial alcanzó a esa maravilla de la arquitectura gótica.

Pero la belleza de sus muros no es lo único que quita el aliento. Adentro, detrás del altar mayor, en un cofre de 2,20 metros de alto, de oro y plata macizos y joyas de incalculable valor, están los restos de los tres sabios de Oriente. La entrada a la catedral es gratuita.

Apenas a dos calles del templo, hacia el este, podrán ver el puente emblema de la ciudad, el Hohenzollern. Incluso antes de ir allí, a medio camino entre el Hohenzollern y la catedral, está uno de los museos más importantes de arte moderno, el Ludwig. Alberga obras de Pablo Picasso, Salvador Dalí y Andy Warhol, entre otros.

A la misma altura, pero tres calles al sur, está la plaza Alter Market, es decir del Viejo Mercado, donde está el Ayuntamiento. Y, a solo dos cuadras, hacia el oeste, encontrarán el Museo de la Colonia, conocida como Casa Farina, donde, en 1709, el italiano Giovanni Maria Farina fundó la fábrica de perfumes más antigua del mundo y donde vendía su gran invención, a la que llamó “eau de Cologne”.

 

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