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Alcanzar la excelencia

Bernardo Stamateas

No solo en películas y canciones sino, sobre todo, en la vida diaria escuchamos a personas decir: “Sin vos, no puedo vivir”. Y por muy romántica que parezca la frase, no es la forma ideal de pensar porque cuando somos dependientes de alguien más a nivel emocional, perdemos nuestra identidad. Casi siempre se trata de personas que los demás consideran dulces, cariñosas, dóciles, amables y muy educadas.

Pero en el fondo se sienten débiles, indefensas e impotentes. De ahí la necesidad de buscar afuera lo que piensan que no poseen.

La dependencia nos aleja de la excelencia porque la persona experimenta inseguridad y baja autoestima, lo cual hace que idealice a los demás. Todo aquel que depende de otro no es capaz de reconocer sus puntos fuertes.

Depender de nuestros padres o de otros adultos es normal cuando somos chicos, pero se vuelve algo muy negativo cuando ya somos adultos.

El mayor peligro de depender de la gente es que, en medio de todos aquellos de los que dependamos, puede aparecer alguien que no tenga buenas intenciones y venga para manipular, engañar y maltratar. Y lo increíble de la dependencia es que una persona puede soportar el dolor del maltrato con tal de no ser abandonada y quedarse sola.

Solo cuando nos atrevemos a ver nuestras fortalezas y las valoramos, porque tenemos la certeza de quiénes somos, podemos soltar todo nuestro potencial interior para perseguir y alcanzar la excelencia en todo lo que hacemos. Mejoran nuestras relaciones interpersonales y ya no permitimos que cualquiera tenga ingreso en nuestro círculo íntimo.

Nuestro accionar allí donde nos movemos depende exclusivamente de la imagen que tenemos de nosotros mismos (formada en la niñez). Quien se considera un perdedor, será atraído por perdedores. Quien se considera un triunfador en todo lo que se proponga, será atraído por gente exitosa. Solo quien está seguro de sí mismo, y se ama y respeta equilibradamente, puede formar parte del equipo de los ganadores.

Cuando el presidente Kennedy visitó la oficina central de la NASA en Cabo Cañaveral le preguntó a cada uno allí: “¿Usted qué hace?”. Esta fue la respuesta de un hombre que se encontraba limpiando el piso: “Lo mismo que todos, señor presidente, trato de poner a un hombre en la luna”. ¡Ese es el verdadero espíritu del liderazgo!

No minimices ninguna de tus acciones. Todo cuenta. Todo es importante y necesario. Por eso, debemos creer en nosotros y las capacidades con las que nuestro Creador nos ha diseñado para hacer todo excelentemente bien desde el principio. En la mayoría de las grandes empresas  quienes hacen bien las cosas son altamente valorados y cuidados porque les ahorran gastos a sus empleadores.

No dependas de nadie ni compitas tampoco con nadie. Solo esforzate para superarte a vos mismo día tras día. Y mientras tanto, no te olvides de disfrutar y de divertirte en el camino hacia la meta. Porque la atmósfera que crees determinará los resultados que obtengas.

 

 

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Alcanzar la excelencia

No solo en películas y canciones sino, sobre todo, en la vida diaria escuchamos a personas decir: “Sin vos, no puedo vivir”. Y por muy romántica que parezca la frase, no es la forma ideal de pensar porque cuando somos dependientes de alguien más a nivel emocional, perdemos nuestra identidad. Casi siempre se trata de personas que los demás consideran dulces, cariñosas, dóciles, amables y muy educadas.

Pero en el fondo se sienten débiles, indefensas e impotentes. De ahí la necesidad de buscar afuera lo que piensan que no poseen.

La dependencia nos aleja de la excelencia porque la persona experimenta inseguridad y baja autoestima, lo cual hace que idealice a los demás. Todo aquel que depende de otro no es capaz de reconocer sus puntos fuertes.

Depender de nuestros padres o de otros adultos es normal cuando somos chicos, pero se vuelve algo muy negativo cuando ya somos adultos.

El mayor peligro de depender de la gente es que, en medio de todos aquellos de los que dependamos, puede aparecer alguien que no tenga buenas intenciones y venga para manipular, engañar y maltratar. Y lo increíble de la dependencia es que una persona puede soportar el dolor del maltrato con tal de no ser abandonada y quedarse sola.

Solo cuando nos atrevemos a ver nuestras fortalezas y las valoramos, porque tenemos la certeza de quiénes somos, podemos soltar todo nuestro potencial interior para perseguir y alcanzar la excelencia en todo lo que hacemos. Mejoran nuestras relaciones interpersonales y ya no permitimos que cualquiera tenga ingreso en nuestro círculo íntimo.

Nuestro accionar allí donde nos movemos depende exclusivamente de la imagen que tenemos de nosotros mismos (formada en la niñez). Quien se considera un perdedor, será atraído por perdedores. Quien se considera un triunfador en todo lo que se proponga, será atraído por gente exitosa. Solo quien está seguro de sí mismo, y se ama y respeta equilibradamente, puede formar parte del equipo de los ganadores.

Cuando el presidente Kennedy visitó la oficina central de la NASA en Cabo Cañaveral le preguntó a cada uno allí: “¿Usted qué hace?”. Esta fue la respuesta de un hombre que se encontraba limpiando el piso: “Lo mismo que todos, señor presidente, trato de poner a un hombre en la luna”. ¡Ese es el verdadero espíritu del liderazgo!

No minimices ninguna de tus acciones. Todo cuenta. Todo es importante y necesario. Por eso, debemos creer en nosotros y las capacidades con las que nuestro Creador nos ha diseñado para hacer todo excelentemente bien desde el principio. En la mayoría de las grandes empresas  quienes hacen bien las cosas son altamente valorados y cuidados porque les ahorran gastos a sus empleadores.

No dependas de nadie ni compitas tampoco con nadie. Solo esforzate para superarte a vos mismo día tras día. Y mientras tanto, no te olvides de disfrutar y de divertirte en el camino hacia la meta. Porque la atmósfera que crees determinará los resultados que obtengas.

 

 

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