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La herida democracia latinoamericana

La democracia latinoamericana ofrece situaciones penosas, lamentables desde el punto de vista republicano y social, ofensivas para la inteligencia, delicadas como proceso cultural. Ocurre sin dudas y visiblemente en Venezuela, en Ecuador, en Chile, en Brasil. Ocurre disimulada a duras penas en Colombia, en Argentina, en Uruguay, en México. Y la lista no se circunscribe solo a estos países, apenas se mencionan algunos.

Los ejemplos abundan, pero pueden explicarse solo en profundidad, porque cada caso es una falla en el sistema. Sería demasiado simple atribuir esta crisis democrática a una corriente de pensamiento particular, a una visión ideológica, o la pobreza de la clase política. Las raíces quizás estén en la formación de las naciones. Y sorprende que se puedan expresar de maneras tan diversas.

Muchos argentinos comprendieron la magnitud de la crisis social en Chile, a partir de las idas y venidas con la final de la Copa Libertadores entre River y Flamengo. Es la primera vez que la Conmebol organiza una final al estilo UEFA, a partido único. Es un hecho fundacional para el fútbol sudamericano. De allí su trascendencia deportiva.

Pero en Chile murieron 18 personas, hay centenares de heridos, hay desaparecidos, hay un gobierno que tiembla, hay un país enojado, hay una desigualdad social que no resiste un aumento más de tarifas, y hay un ambiente que no invita a ninguna fiesta.

Mientras tanto, el presidente de Brasil Jair Bolsonaro quedó implicado en la investigación sobre el crimen de la concejala de Río de Janeiro Marielle Franco, asesinada a balazos en marzo de 2018, según la prensa brasileña.

Bolsonaro, en tanto, negó cualquier tipo de vinculación con el asesinato a través de un video en el que se lo ve muy exaltado y en el que también insulta a la cadena de televisión Globo, que difundió la noticia.

Según Globo, uno de los presuntos asesinos, el ex policía militar Élcio Queiroz entró en el barrio cerrado de Río de Janeiro donde tiene una residencia el presidente alegando que iba a visitar al entonces diputado.

El portero de la urbanización llamó a la casa número 58, y según la versión que dio a la policía, alguien que se identificó como “don Jair” autorizó la entrada de Élcio al lugar.

El portero anotó en el registro del libro de visitantes su nombre y la patente del coche, pero después, a través de las cámaras de seguridad vio que el visitante no se digirió a la casa del presidente, sino a la número 66, donde vivía Ronnie Lessa, el acusado de disparar contra Marielle.

Ese mismo día, los dos sospechosos fueron juntos al centro de Río de Janeiro y mataron a la joven política defensora de las minorías y los derechos humanos de varios disparos en la cabeza. De acuerdo con la investigación, Queiroz conducía el vehículo y Lessa disparó. En el ataque también murió Anderson Gomes, el conductor del vehículo en el que viajaba la concejala.

A pesar de la versión del portero y de que la entrada de Queiroz quedó en el libro de visitas, lo cierto es que Bolsonaro ese día no estaba en su casa de Río de Janeiro, sino que estaba en Brasilia, según consta en el registro de asistencia de la Cámara de Diputados.

La policía trabaja ahora para saber con quién habló realmente el portero ese día y quién estaba en la casa del presidente. La noticia sacudió a todo Brasil. La familia de Marielle Franco y políticos de la oposición se apresuraron en calificar como gravísimas estas nuevas revelaciones.

La simple mención a Bolsonaro podría llevar el caso a manos del Tribunal Supremo Federal, y en última instancia, si se comprueba el vínculo del presidente con el crimen, habría base para un impeachment. Tras la difusión de la noticia, Bolsonaro, quien se encuentra en Arabia Saudita, publicó un video de 23 minutos repleto de descalificaciones e insultos en el que cargó contra Globo y contra el gobernador de Río de Janeiro, Wilson Witzel, a quien acusó de filtrar la causa que permanece bajo secreto de sumario.

“Paren de traicionar a Brasil, quieren acabar con Brasil”, clamó el presidente ultraderechista en el video.

La democracia latinoamericana está herida.

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La herida democracia latinoamericana

La democracia latinoamericana ofrece situaciones penosas, lamentables desde el punto de vista republicano y social, ofensivas para la inteligencia, delicadas como proceso cultural. Ocurre sin dudas y visiblemente en Venezuela, en Ecuador, en Chile, en Brasil. Ocurre disimulada a duras penas en Colombia, en Argentina, en Uruguay, en México. Y la lista no se circunscribe solo a estos países, apenas se mencionan algunos.

Los ejemplos abundan, pero pueden explicarse solo en profundidad, porque cada caso es una falla en el sistema. Sería demasiado simple atribuir esta crisis democrática a una corriente de pensamiento particular, a una visión ideológica, o la pobreza de la clase política. Las raíces quizás estén en la formación de las naciones. Y sorprende que se puedan expresar de maneras tan diversas.

Muchos argentinos comprendieron la magnitud de la crisis social en Chile, a partir de las idas y venidas con la final de la Copa Libertadores entre River y Flamengo. Es la primera vez que la Conmebol organiza una final al estilo UEFA, a partido único. Es un hecho fundacional para el fútbol sudamericano. De allí su trascendencia deportiva.

Pero en Chile murieron 18 personas, hay centenares de heridos, hay desaparecidos, hay un gobierno que tiembla, hay un país enojado, hay una desigualdad social que no resiste un aumento más de tarifas, y hay un ambiente que no invita a ninguna fiesta.

Mientras tanto, el presidente de Brasil Jair Bolsonaro quedó implicado en la investigación sobre el crimen de la concejala de Río de Janeiro Marielle Franco, asesinada a balazos en marzo de 2018, según la prensa brasileña.

Bolsonaro, en tanto, negó cualquier tipo de vinculación con el asesinato a través de un video en el que se lo ve muy exaltado y en el que también insulta a la cadena de televisión Globo, que difundió la noticia.

Según Globo, uno de los presuntos asesinos, el ex policía militar Élcio Queiroz entró en el barrio cerrado de Río de Janeiro donde tiene una residencia el presidente alegando que iba a visitar al entonces diputado.

El portero de la urbanización llamó a la casa número 58, y según la versión que dio a la policía, alguien que se identificó como “don Jair” autorizó la entrada de Élcio al lugar.

El portero anotó en el registro del libro de visitantes su nombre y la patente del coche, pero después, a través de las cámaras de seguridad vio que el visitante no se digirió a la casa del presidente, sino a la número 66, donde vivía Ronnie Lessa, el acusado de disparar contra Marielle.

Ese mismo día, los dos sospechosos fueron juntos al centro de Río de Janeiro y mataron a la joven política defensora de las minorías y los derechos humanos de varios disparos en la cabeza. De acuerdo con la investigación, Queiroz conducía el vehículo y Lessa disparó. En el ataque también murió Anderson Gomes, el conductor del vehículo en el que viajaba la concejala.

A pesar de la versión del portero y de que la entrada de Queiroz quedó en el libro de visitas, lo cierto es que Bolsonaro ese día no estaba en su casa de Río de Janeiro, sino que estaba en Brasilia, según consta en el registro de asistencia de la Cámara de Diputados.

La policía trabaja ahora para saber con quién habló realmente el portero ese día y quién estaba en la casa del presidente. La noticia sacudió a todo Brasil. La familia de Marielle Franco y políticos de la oposición se apresuraron en calificar como gravísimas estas nuevas revelaciones.

La simple mención a Bolsonaro podría llevar el caso a manos del Tribunal Supremo Federal, y en última instancia, si se comprueba el vínculo del presidente con el crimen, habría base para un impeachment. Tras la difusión de la noticia, Bolsonaro, quien se encuentra en Arabia Saudita, publicó un video de 23 minutos repleto de descalificaciones e insultos en el que cargó contra Globo y contra el gobernador de Río de Janeiro, Wilson Witzel, a quien acusó de filtrar la causa que permanece bajo secreto de sumario.

“Paren de traicionar a Brasil, quieren acabar con Brasil”, clamó el presidente ultraderechista en el video.

La democracia latinoamericana está herida.

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