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Detrás de las paredes

Historias y curiosidades de personas que desesperadas por su libertad cruzaron el muro, arriesgaron sus vidas y le dieron un poco de color a una realidad demasiado oscura.

El 10 de noviembre de 1989 el último símbolo físico de la Guerra Fría amaneció destruido. El muro de Berlín, que había sobrevivido 28 años en pie, no solamente significó una división ideológica: también separó familias, amigos y amores que se volvieron imposibles.

El 13 de agosto de 1961 comenzó la pesadilla para muchos. Pero Alemania ya estaba dividida entre una parte occidental y una oriental, una capitalista y otra comunista: el muro fue solo la confirmación de esa ruptura.

A 30 años de su caída el territorio del país es uno solo, pero en algunos aspectos aún subsisten dos Alemanias.

De la noche a la mañana, todo cambió para los alemanes acostumbrados a huir (sin un muro) del este hacia el oeste del país. Debido al creciente número de personas que emprendía el éxodo hacia occidente, los soviéticos decidieron instaurar una barrera física para que no continuara sucediendo.

Algunas de esas maneras fueron realmente ingeniosas. Desde la fabricación de vehículos caseros hasta túneles nada improvisados, estas fueron algunas maneras de burlar a las autoridades:

 

1

Acróbatas y acrobacias

Un verdadero acróbata sentó precedentes para que otros inexpertos se animaran a cruzar el muro. En 1963 el profesional en la materia, Horst Klein, pasó de un lado a otro de Alemania a través de cables de alta tensión.

En 1983 Michael Becker y Holger Behtke siguieron los pasos de Klein, pero reversionaron la huida. El método era igual de rudimentario, pero mucho más extremo para los novatos: utilizaron una tanza de pescar que fue desde un edificio de Berlín oriental hasta otro de la parte occidental de Alemania. Contaron con la ayuda de un cómplice y lograron su cometido.

 

2

Los impostores

Aprovechando el parecido de las tarjetas de membresía del Club Playboy de Múnich con los pasaportes de los diplomáticos (y lo poco observadores que podían resultar los guardias), algunos osados falsificadores lograron escapar hacia el oeste.

Hubo quienes, haciéndose pasar por electricistas, ayudaron a migrar a otras personas en un carrete de madera, de los que se usan para transportar cables. E incluso algunos cuentan versiones de quienes se fingieron muertos para pasar dentro de un ataúd.

Otros impostores tuvieron su ejemplo en algunos casos concretos: al ver que algunos soldados –aprovechando los beneficios de pertenecer al ejército– también decidían escapar hacia el lado occidental, no faltaron quienes fabricaron sus propios uniformes y timaron a los verdaderos miembros de la fuerza.

Conrad Schuman, el primer policía fronterizo en escapar, se convirtió en un símbolo político y en una muestra cabal de que las intenciones de libertad no escapaban a nadie.

 

3

Automovilistas audaces

Vehículos adaptados lograron pasar la frontera y burlar a los guardias. Fue el caso de Heiz Meixner que planificó un viaje de película: su extraño convertible sin parabrisas aceleró frente al control fronterizo, el conductor se agachó y pudo pasar por debajo de la barrera que dividía el este del oeste.

A toda velocidad también iba el tren que manejaba Harry Deterlin: atravesó el muro y logró escapar con su familia y otros pasajeros. Algunos de ellos decidieron regresar a Alemania del Este, mientras otros aprovecharon el viaje. Su hazaña también es reconocida hoy y se la recuerda como “el último tren hacia la libertad”.

Más extrema fue la huida de Wolfgang Engels, que intentó romper el muro con un auto blindado, que había robado a los propios guardias. No lo logró del todo y tuvo que salir corriendo: su nombre figuraba, como no podía ser de otra manera, en la lista negra de la República Democrática Alemana.

 

4

Prófugos por tierra y por agua

El “túnel de los mayores” fue el más conocido de todos los pozos por los que miles de personas escaparon de Alemania Oriental. Y era el túnel de los mayores porque eran en su mayoría personas de la tercera edad las que cavaron un hueco de dos metros de altura, con la suficiente comodidad para huir tranquilos y a pie.

El túnel 57, otro de los más famosos, fue construido por dos ingenieros. El nombre refiere a un acontecimiento poco feliz: fue el número de sobrevivientes que lograron llegar al otro lado, después de que cientos fueran atrapados por las autoridades.

Si hubo quienes escaparon por tierra, otros lo hicieron por agua: fue el caso de Ingo Behtke, también soldado, que escapó a través del río Elba en un colchón inflable.

 

5

Valientes en el aire

Strelczyk y Wetzel, dos amigos, construyeron un globo aerostático con tela y sábanas viejas. Treinta minutos después de abordar al vehículo improvisado, lograron atravesar el muro de Berlín.

Por aire también decidieron los hermanos Bethke rescatar a otro miembro de la familia y lo consiguieron tras tomar lecciones de vuelo, comprar un avión y camuflarlo como si perteneciera al ejército soviético.

 

6

El caso argentino

Según algunos testimonios que constan en el Museo Checkpoint Charlie (que debe su nombre al paso fronterizo), un argentino también logró escapar de Alemania Oriental con su novia.

Aunque nadie pudo confirmar esa versión y ni el nombre se conoce, se dice que pudo huir en un pequeño vehículo capaz de escabullirse entre las barreras.

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Detrás de las paredes

Historias y curiosidades de personas que desesperadas por su libertad cruzaron el muro, arriesgaron sus vidas y le dieron un poco de color a una realidad demasiado oscura.

Fotos: Revista Cooltura.

El 10 de noviembre de 1989 el último símbolo físico de la Guerra Fría amaneció destruido. El muro de Berlín, que había sobrevivido 28 años en pie, no solamente significó una división ideológica: también separó familias, amigos y amores que se volvieron imposibles.

El 13 de agosto de 1961 comenzó la pesadilla para muchos. Pero Alemania ya estaba dividida entre una parte occidental y una oriental, una capitalista y otra comunista: el muro fue solo la confirmación de esa ruptura.

A 30 años de su caída el territorio del país es uno solo, pero en algunos aspectos aún subsisten dos Alemanias.

De la noche a la mañana, todo cambió para los alemanes acostumbrados a huir (sin un muro) del este hacia el oeste del país. Debido al creciente número de personas que emprendía el éxodo hacia occidente, los soviéticos decidieron instaurar una barrera física para que no continuara sucediendo.

Algunas de esas maneras fueron realmente ingeniosas. Desde la fabricación de vehículos caseros hasta túneles nada improvisados, estas fueron algunas maneras de burlar a las autoridades:

 

1

Acróbatas y acrobacias

Un verdadero acróbata sentó precedentes para que otros inexpertos se animaran a cruzar el muro. En 1963 el profesional en la materia, Horst Klein, pasó de un lado a otro de Alemania a través de cables de alta tensión.

En 1983 Michael Becker y Holger Behtke siguieron los pasos de Klein, pero reversionaron la huida. El método era igual de rudimentario, pero mucho más extremo para los novatos: utilizaron una tanza de pescar que fue desde un edificio de Berlín oriental hasta otro de la parte occidental de Alemania. Contaron con la ayuda de un cómplice y lograron su cometido.

 

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Los impostores

Aprovechando el parecido de las tarjetas de membresía del Club Playboy de Múnich con los pasaportes de los diplomáticos (y lo poco observadores que podían resultar los guardias), algunos osados falsificadores lograron escapar hacia el oeste.

Hubo quienes, haciéndose pasar por electricistas, ayudaron a migrar a otras personas en un carrete de madera, de los que se usan para transportar cables. E incluso algunos cuentan versiones de quienes se fingieron muertos para pasar dentro de un ataúd.

Otros impostores tuvieron su ejemplo en algunos casos concretos: al ver que algunos soldados –aprovechando los beneficios de pertenecer al ejército– también decidían escapar hacia el lado occidental, no faltaron quienes fabricaron sus propios uniformes y timaron a los verdaderos miembros de la fuerza.

Conrad Schuman, el primer policía fronterizo en escapar, se convirtió en un símbolo político y en una muestra cabal de que las intenciones de libertad no escapaban a nadie.

 

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Automovilistas audaces

Vehículos adaptados lograron pasar la frontera y burlar a los guardias. Fue el caso de Heiz Meixner que planificó un viaje de película: su extraño convertible sin parabrisas aceleró frente al control fronterizo, el conductor se agachó y pudo pasar por debajo de la barrera que dividía el este del oeste.

A toda velocidad también iba el tren que manejaba Harry Deterlin: atravesó el muro y logró escapar con su familia y otros pasajeros. Algunos de ellos decidieron regresar a Alemania del Este, mientras otros aprovecharon el viaje. Su hazaña también es reconocida hoy y se la recuerda como “el último tren hacia la libertad”.

Más extrema fue la huida de Wolfgang Engels, que intentó romper el muro con un auto blindado, que había robado a los propios guardias. No lo logró del todo y tuvo que salir corriendo: su nombre figuraba, como no podía ser de otra manera, en la lista negra de la República Democrática Alemana.

 

4

Prófugos por tierra y por agua

El “túnel de los mayores” fue el más conocido de todos los pozos por los que miles de personas escaparon de Alemania Oriental. Y era el túnel de los mayores porque eran en su mayoría personas de la tercera edad las que cavaron un hueco de dos metros de altura, con la suficiente comodidad para huir tranquilos y a pie.

El túnel 57, otro de los más famosos, fue construido por dos ingenieros. El nombre refiere a un acontecimiento poco feliz: fue el número de sobrevivientes que lograron llegar al otro lado, después de que cientos fueran atrapados por las autoridades.

Si hubo quienes escaparon por tierra, otros lo hicieron por agua: fue el caso de Ingo Behtke, también soldado, que escapó a través del río Elba en un colchón inflable.

 

5

Valientes en el aire

Strelczyk y Wetzel, dos amigos, construyeron un globo aerostático con tela y sábanas viejas. Treinta minutos después de abordar al vehículo improvisado, lograron atravesar el muro de Berlín.

Por aire también decidieron los hermanos Bethke rescatar a otro miembro de la familia y lo consiguieron tras tomar lecciones de vuelo, comprar un avión y camuflarlo como si perteneciera al ejército soviético.

 

6

El caso argentino

Según algunos testimonios que constan en el Museo Checkpoint Charlie (que debe su nombre al paso fronterizo), un argentino también logró escapar de Alemania Oriental con su novia.

Aunque nadie pudo confirmar esa versión y ni el nombre se conoce, se dice que pudo huir en un pequeño vehículo capaz de escabullirse entre las barreras.

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