Escuchá acá la 90.9

Escuchá acá la 90.9
X

La música como arma

Florencia Espinosa

La cantante de cumbia feminista reclama desde el escenario el fin de la violencia de género, visibiliza las disidencias y revaloriza el goce y la libertad femenina.

El escenario es suyo. Tita Print sube con su teclado keytar que le atraviesa el cuerpo y se para firme al medio. Desde allí entona las canciones de cumbia feminista con las que reclama por el fin de la violencia de género, los femicidios y la visibilidad a las disidencias. Su música se convierte así en un arma poderosa. “Hoy en la tele dijeron / Que a una mujer la mataron / Y que por cómo vivía / Se ve que se lo merecía/ Tuvo pim pum pam”, dice la letra del tema “La espada de Juana”, que forma parte de su último disco Gladiadora, con el que con la espada de Juana Azurduy como ejemplo, lucha contra los estereotipos que transmiten los medios.

La artista de 40 años, que nació y creció en Mataderos, recorre festivales, fiestas y hace shows por todo el país con su música, con la que logró cambiar la identidad de la cumbia, reconocida por sus letras machistas y por ser un espacio de dominación masculina.

 

—¿Cómo surgió este proyecto musical?

—Algo que me pasó es encontrarme con las canciones, en general de todos los estilos, con un alto contenido misógino, incluso hay letras que promueve la cultura de la violación. Toco cumbia pero también lo mezclo con otros estilos como el reggaetón, que es una cumbia que también tiene un poco de electrónica. La letra sí podría llamarla feminista. ¡Uno escucha música todo el tiempo, pone música todo el día, tenemos un consumo enorme y las letras pasan desapercibidas; letras que todo el tiempo están atentando contra la integridad de las mujeres y no nos damos cuenta. Las dejamos pasar y no las registramos, y hacían de caldo de cultivo de toda la violencia que venía después, que termina en la máxima expresión como puede ser un femicidio. Así que empecé a componer con esta perspectiva. Hace más o menos ocho años arranqué con este proyecto. Trato de poner a la mujer en otro lugar, de poder luchar por el goce.

 

—¿Cómo lo tomaba el público al principio? Porque eran otras épocas…

—La verdad que siempre tuve un buen recibimiento. A veces siento que genera como una confusión en algunos varones, que no saben si les gusta o no. Vengo sintiendo que tiene mucha aceptación. Canto un tema que se llama ‘Santa trava’ y para algunas personas es una palabra extraña. Algunos públicos están más familiarizados, pero hay otros públicos que tienen otras miradas sobre el movimiento feminista, pero de todas formas me han recibido bien siempre. Toco en festivales o fiestas y hago fechas propias también.

 

—¿En qué te inspirás para las letras?

—Este disco que se llama "Gladiadora" es el que me llevó más tiempo armar las letras, sentarme y pensar, porque me agarra con el movimiento feminista atravesándome y proponiéndome que me pregunte un montón de cosas. Entonces el disco sí tiene temas que hablan del empoderamiento de las mujeres, como la ‘Espada de Juana’, que habla del rol que ocupan los medios, cuando hay un abuso, un femicidio, frente a esto que antes se decía “crimen pasional”. O ‘Santa trava’, que propone una santa distinta, una santa travesti que viene a desafiar lo que plantea la Iglesia como único camino, ser blanca, pura y virgen, y viene a ser protectora de los libres.

 

—¿Te pasó que te dijeran alguna vez que gracias a una canción tuya lograron salir de una situación de violencia o levantarse después de un momento difícil?

—He recibido mensajes de mujeres en general, que me dicen que están atravesando situaciones difíciles y salen para adelante. Para mí eso fue como lograr mi cometido para poder aportar mi granito de arena en esta revolución feminista. Cuando veo que a alguien le sirvió, que lo puede usar para vivir mejor, que es de lo que estamos hablando cuando hablamos de feminismo. Hay mucha reticencia sobe el feminismo, lo que estamos disputando es la posibilidad de ser felices, tener las mismas oportunidades, de participar como participan los varones.

 

—¿Sos crítica en eso a la hora de participar en un festival? ¿Te fijás que se respete el cupo femenino o quiénes son las otras bandas?

—Suelo saber adónde voy a tocar. Muchas veces soy el cupo femenino, excepto en los festivales como el ‘Girl power’, que es todo de mujeres y disidencias. A veces me toca compartir con bandas que por ahí tienen algunos temas que estaría bueno que revisaran las letras. Hay un poco una construcción que se viene haciendo, o quiero pensar que ahora los músicos piensan un poco más qué cosas decir en las letras. Hay cosas que nos parecían normales pero nos vamos despertando de a poco y nos vamos dando cuenta de que no queremos más eso.

 

—¿Por qué el nombre del disco, “Gladiadora”?

—El disco se iba a llamar en principio “Lideresa”, me había gustado porque era el femenino de líder, y me hizo pensar que en realidad las que liderarán no son las mujeres. Pero después leyendo una nota de Luciana Peker, reflexioné que el feminismo no plantea lideresas, plantea una construcción horizontal. Me gustó ponerle Gladiadora para que cada una encontrara su gladiadora interior.

 

—¿Sentís que tenés una responsabilidad social al ocupar este lugar en los escenarios?

—Todos tenemos una responsabilidad, no solo los medios, sino también las personas con un montón de seguidores en Instagram. Hay una responsabilidad que hay que tener con las cosas que uno dice. Hay gente que sigue cuentas de sus ídolos y lo que sus ídolos les digan les va a pesar un montón.

 

—En lo personal, ¿cómo te encontró el feminismo?

—La verdad es que encontré después de muchos años canciones que yo había hecho y no me había dado cuenta de que ya eran feministas. Hay una ola que son las hijas en esta revolución que vienen con otra cabeza, y también hay que aprender, no podría decir en qué momento, porque tampoco es que uno corre una palanca y se hace feminista. Hay un montón de situaciones que sacan el velo de los ojos. Antes cualquier mujer denunciaba un acoso y en vez de tener apoyo de la sociedad le terminaban dando la espalda y le decían que era una histérica. Las mujeres hoy tienen otra contención para contar lo que les está pasando. Eso es una gran batalla ganada del feminismo.

 

—¿Qué opinás sobre la estigmatización que sufre el género de la cumbia, que se lo toma como un género inferior al resto?

—La cumbia está presente en diferentes provincias con sus diferencias, tenemos un montón de distintos estilos, incluso tenemos la cumbia norteña que es la que baja de Bolivia. Sin embargo no hay ningún lugar donde uno pueda ir a estudiar cumbia de manera académica. Hay solamente una escuela de cumbia en Rosario, pero no hay en Capital ningún espacio en donde la cumbia forme parte de nuestro folclore. Y hay una creencia inclusive de músicos formados más para el jazz u otros géneros, que les parece que porque tocan bien otros ritmos también podrán tocar cumbia porque supuestamente es más fácil; cuando se ponen a tocar no les sale nada porque no tienen sabor, no era soplar y hacer botellas al final.

Compartir en facebook
Compartir en twitter
Compartir en whatsapp
TAGS
COMENTARIOS

La música como arma

La cantante de cumbia feminista reclama desde el escenario el fin de la violencia de género, visibiliza las disidencias y revaloriza el goce y la libertad femenina.

Fotos: Prensa Tita Print

El escenario es suyo. Tita Print sube con su teclado keytar que le atraviesa el cuerpo y se para firme al medio. Desde allí entona las canciones de cumbia feminista con las que reclama por el fin de la violencia de género, los femicidios y la visibilidad a las disidencias. Su música se convierte así en un arma poderosa. “Hoy en la tele dijeron / Que a una mujer la mataron / Y que por cómo vivía / Se ve que se lo merecía/ Tuvo pim pum pam”, dice la letra del tema “La espada de Juana”, que forma parte de su último disco Gladiadora, con el que con la espada de Juana Azurduy como ejemplo, lucha contra los estereotipos que transmiten los medios.

La artista de 40 años, que nació y creció en Mataderos, recorre festivales, fiestas y hace shows por todo el país con su música, con la que logró cambiar la identidad de la cumbia, reconocida por sus letras machistas y por ser un espacio de dominación masculina.

 

—¿Cómo surgió este proyecto musical?

—Algo que me pasó es encontrarme con las canciones, en general de todos los estilos, con un alto contenido misógino, incluso hay letras que promueve la cultura de la violación. Toco cumbia pero también lo mezclo con otros estilos como el reggaetón, que es una cumbia que también tiene un poco de electrónica. La letra sí podría llamarla feminista. ¡Uno escucha música todo el tiempo, pone música todo el día, tenemos un consumo enorme y las letras pasan desapercibidas; letras que todo el tiempo están atentando contra la integridad de las mujeres y no nos damos cuenta. Las dejamos pasar y no las registramos, y hacían de caldo de cultivo de toda la violencia que venía después, que termina en la máxima expresión como puede ser un femicidio. Así que empecé a componer con esta perspectiva. Hace más o menos ocho años arranqué con este proyecto. Trato de poner a la mujer en otro lugar, de poder luchar por el goce.

 

—¿Cómo lo tomaba el público al principio? Porque eran otras épocas…

—La verdad que siempre tuve un buen recibimiento. A veces siento que genera como una confusión en algunos varones, que no saben si les gusta o no. Vengo sintiendo que tiene mucha aceptación. Canto un tema que se llama ‘Santa trava’ y para algunas personas es una palabra extraña. Algunos públicos están más familiarizados, pero hay otros públicos que tienen otras miradas sobre el movimiento feminista, pero de todas formas me han recibido bien siempre. Toco en festivales o fiestas y hago fechas propias también.

 

—¿En qué te inspirás para las letras?

—Este disco que se llama "Gladiadora" es el que me llevó más tiempo armar las letras, sentarme y pensar, porque me agarra con el movimiento feminista atravesándome y proponiéndome que me pregunte un montón de cosas. Entonces el disco sí tiene temas que hablan del empoderamiento de las mujeres, como la ‘Espada de Juana’, que habla del rol que ocupan los medios, cuando hay un abuso, un femicidio, frente a esto que antes se decía “crimen pasional”. O ‘Santa trava’, que propone una santa distinta, una santa travesti que viene a desafiar lo que plantea la Iglesia como único camino, ser blanca, pura y virgen, y viene a ser protectora de los libres.

 

—¿Te pasó que te dijeran alguna vez que gracias a una canción tuya lograron salir de una situación de violencia o levantarse después de un momento difícil?

—He recibido mensajes de mujeres en general, que me dicen que están atravesando situaciones difíciles y salen para adelante. Para mí eso fue como lograr mi cometido para poder aportar mi granito de arena en esta revolución feminista. Cuando veo que a alguien le sirvió, que lo puede usar para vivir mejor, que es de lo que estamos hablando cuando hablamos de feminismo. Hay mucha reticencia sobe el feminismo, lo que estamos disputando es la posibilidad de ser felices, tener las mismas oportunidades, de participar como participan los varones.

 

—¿Sos crítica en eso a la hora de participar en un festival? ¿Te fijás que se respete el cupo femenino o quiénes son las otras bandas?

—Suelo saber adónde voy a tocar. Muchas veces soy el cupo femenino, excepto en los festivales como el ‘Girl power’, que es todo de mujeres y disidencias. A veces me toca compartir con bandas que por ahí tienen algunos temas que estaría bueno que revisaran las letras. Hay un poco una construcción que se viene haciendo, o quiero pensar que ahora los músicos piensan un poco más qué cosas decir en las letras. Hay cosas que nos parecían normales pero nos vamos despertando de a poco y nos vamos dando cuenta de que no queremos más eso.

 

—¿Por qué el nombre del disco, “Gladiadora”?

—El disco se iba a llamar en principio “Lideresa”, me había gustado porque era el femenino de líder, y me hizo pensar que en realidad las que liderarán no son las mujeres. Pero después leyendo una nota de Luciana Peker, reflexioné que el feminismo no plantea lideresas, plantea una construcción horizontal. Me gustó ponerle Gladiadora para que cada una encontrara su gladiadora interior.

 

—¿Sentís que tenés una responsabilidad social al ocupar este lugar en los escenarios?

—Todos tenemos una responsabilidad, no solo los medios, sino también las personas con un montón de seguidores en Instagram. Hay una responsabilidad que hay que tener con las cosas que uno dice. Hay gente que sigue cuentas de sus ídolos y lo que sus ídolos les digan les va a pesar un montón.

 

—En lo personal, ¿cómo te encontró el feminismo?

—La verdad es que encontré después de muchos años canciones que yo había hecho y no me había dado cuenta de que ya eran feministas. Hay una ola que son las hijas en esta revolución que vienen con otra cabeza, y también hay que aprender, no podría decir en qué momento, porque tampoco es que uno corre una palanca y se hace feminista. Hay un montón de situaciones que sacan el velo de los ojos. Antes cualquier mujer denunciaba un acoso y en vez de tener apoyo de la sociedad le terminaban dando la espalda y le decían que era una histérica. Las mujeres hoy tienen otra contención para contar lo que les está pasando. Eso es una gran batalla ganada del feminismo.

 

—¿Qué opinás sobre la estigmatización que sufre el género de la cumbia, que se lo toma como un género inferior al resto?

—La cumbia está presente en diferentes provincias con sus diferencias, tenemos un montón de distintos estilos, incluso tenemos la cumbia norteña que es la que baja de Bolivia. Sin embargo no hay ningún lugar donde uno pueda ir a estudiar cumbia de manera académica. Hay solamente una escuela de cumbia en Rosario, pero no hay en Capital ningún espacio en donde la cumbia forme parte de nuestro folclore. Y hay una creencia inclusive de músicos formados más para el jazz u otros géneros, que les parece que porque tocan bien otros ritmos también podrán tocar cumbia porque supuestamente es más fácil; cuando se ponen a tocar no les sale nada porque no tienen sabor, no era soplar y hacer botellas al final.

Logín