Escuchá acá la 96.3
X

Declaró la joven que hace 13 años denunció a su padre por abusos

Contó detalles de las agresiones reiteradas, desde el día que ella cumplió 8 años. Su madre también declaró.

Tamara M. se sentó ante los jueces de la Cámara del Crimen 1 y habló con la voz apretada, como si le costara articular. Había esperado esa oportunidad durante trece años. Ella y su madre habían temido que no llegara nunca, porque su padre, Javier M., al que acusa de haberla violado más de una vez cuando era niña, hizo lo imposible por evitar el juicio oral. Ella lo denunció cuando tenía 14 años. Recién ayer, con 27, pudo narrar su versión ante un tribunal. Afirmó que necesitaba contar todo para no necesitar recordarlo más adelante: “Prefiero no acordarme”, dijo.

Ayer, la joven dijo ante la Cámara que su padre empezó a abusar de ella el día que cumplió 8 años. “Vamos a tener un secreto”, le indicó él, según la chica. Primero fueron besos en la boca. Ella, con el tiempo, se daría cuenta de que los padres de sus amigas no las besaban de esa forma. No solo en la boca, sino de la manera que su padre hacía con ella, describió.

Relató que después pasó a otras prácticas. Aprovechaba cuando su madre entraba a bañarse, se acostaba a dormir la siesta o se iba a trabajar. Cuando ella lo rechazaba, le decía “entonces no te voy a querer más” y se iba a la cama de su hermana, declaró Tamara.

Ella sufría con las reacciones de su padre, porque lo adoraba, pese a que él otras veces le hacía sentir que no la quería, rechazaba sus muestras de cariño cuando llegaba del jardín, por ejemplo.

Tamara evocó ayer el momento en que, según interpretó mucho después, su padre la violó por primera vez. Fue cuando ella tenía 9 o 10 años y la había llevado a pescar a La Florida, en carpa. Dijo que llegada la noche su padre repitió los abusos que acostumbraba, pero esa vez se colocó encima de ella y le hizo doler mucho la zona genital. Muchos años después, cuando ya estaba en pareja, ella entendió que aquella noche su padre la había accedido carnalmente.

Esa noche, ella lloró por lo que su papá le había hecho y su llanto fue escuchado por un amigo de él, Walter Agüero, que había ido a pescar con ellos. “Él preguntó por qué lloraba y mi papá le dijo que era porque extrañaba a mi mamá y me quería volver a casa”, recordó Tamara. Al día siguiente, adolorida, cuando fue a orinar, descubrió que su bombacha estaba manchada con sangre y la tiró.

Ayer también declaró Agüero, el amigo de Javier M. que aquella vez, hace casi veinte años, fue testigo del llanto de la niña. Dijo que él se había ido a juntar leña mientras el ahora acusado armaba su carpa junto a su hija.

Recordó que cuando volvió, encontró a Tamara llorando, le preguntó qué le pasaba y la niña corrió y se abrazó a sus piernas. El padre le contestó eso de que extrañaba a la madre.

 

Testigo y acusado, cara a cara

El relato de aquel episodio fue motivo de una controversia ayer, durante la audiencia. Según Agüero, los únicos que habían estado aquella noche fueron él, Javier M. y Tamara. Pero el acusado pidió un careo con el testigo —y el tribunal autorizó a que lo hicieran— porque él sostiene que en aquella ocasión los hijos de Agüero también habían ido a pescar. “No, Javier, acordate, al otro día en el auto veníamos vos, yo y Tamara atrás”, le replicó su amigo.

Javier M. también está procesado por presuntos abusos a su hija menor, Anabel.

La madre de Tamara y Anabel, quien denunció a Javier M., también declaró ayer. Su relato fue coincidente con el de su hija mayor. Dijo que se enteró de todo una vez que volvió a su casa y encontró a su hijo menor, de casi 4 años, llorando. Cuando le preguntó por qué, el nene le dijo que el padre le había hecho doler en la entrepierna. Ella confrontó a su esposo, él se enojó, gritó y se fue, dijo.

Al escuchar la discusión, Tamara preguntó qué había pasado. Cuando su madre le comentó, la adolescente estalló: dijo que podía permitir que a ella su padre le hiciera cualquier cosa, pero no a su hermanito. Y le contó lo que sufría.

Según Tamara, muchos años después se enteraron de que su hermana menor había sufrido cosas parecidas. Pero ella sufre un gran bloqueo emocional y todavía no quiere hablar de eso.

Ambas hermanas, dijeron ayer Tamara y su mamá, han tenido reiterados intentos de suicidio a raíz de todo lo que han sufrido. Hace siete años, ante una propuesta de su pareja, que ha sido un gran apoyo para ella, la mayor decidió tener un hijo como un modo de aferrarse a algo o alguien que le diera ganas de seguir viviendo.

Compartir en facebook
Compartir en twitter
Compartir en whatsapp
TAGS
COMENTARIOS

Declaró la joven que hace 13 años denunció a su padre por abusos

Contó detalles de las agresiones reiteradas, desde el día que ella cumplió 8 años. Su madre también declaró.

Aizpeolea, Sabaini Zapata y Flores. Los jueces recibieron ayer el testimonio de la chica que hoy tiene 27 años.

Tamara M. se sentó ante los jueces de la Cámara del Crimen 1 y habló con la voz apretada, como si le costara articular. Había esperado esa oportunidad durante trece años. Ella y su madre habían temido que no llegara nunca, porque su padre, Javier M., al que acusa de haberla violado más de una vez cuando era niña, hizo lo imposible por evitar el juicio oral. Ella lo denunció cuando tenía 14 años. Recién ayer, con 27, pudo narrar su versión ante un tribunal. Afirmó que necesitaba contar todo para no necesitar recordarlo más adelante: “Prefiero no acordarme”, dijo.

Ayer, la joven dijo ante la Cámara que su padre empezó a abusar de ella el día que cumplió 8 años. “Vamos a tener un secreto”, le indicó él, según la chica. Primero fueron besos en la boca. Ella, con el tiempo, se daría cuenta de que los padres de sus amigas no las besaban de esa forma. No solo en la boca, sino de la manera que su padre hacía con ella, describió.

Relató que después pasó a otras prácticas. Aprovechaba cuando su madre entraba a bañarse, se acostaba a dormir la siesta o se iba a trabajar. Cuando ella lo rechazaba, le decía “entonces no te voy a querer más” y se iba a la cama de su hermana, declaró Tamara.

Ella sufría con las reacciones de su padre, porque lo adoraba, pese a que él otras veces le hacía sentir que no la quería, rechazaba sus muestras de cariño cuando llegaba del jardín, por ejemplo.

Tamara evocó ayer el momento en que, según interpretó mucho después, su padre la violó por primera vez. Fue cuando ella tenía 9 o 10 años y la había llevado a pescar a La Florida, en carpa. Dijo que llegada la noche su padre repitió los abusos que acostumbraba, pero esa vez se colocó encima de ella y le hizo doler mucho la zona genital. Muchos años después, cuando ya estaba en pareja, ella entendió que aquella noche su padre la había accedido carnalmente.

Esa noche, ella lloró por lo que su papá le había hecho y su llanto fue escuchado por un amigo de él, Walter Agüero, que había ido a pescar con ellos. “Él preguntó por qué lloraba y mi papá le dijo que era porque extrañaba a mi mamá y me quería volver a casa”, recordó Tamara. Al día siguiente, adolorida, cuando fue a orinar, descubrió que su bombacha estaba manchada con sangre y la tiró.

Ayer también declaró Agüero, el amigo de Javier M. que aquella vez, hace casi veinte años, fue testigo del llanto de la niña. Dijo que él se había ido a juntar leña mientras el ahora acusado armaba su carpa junto a su hija.

Recordó que cuando volvió, encontró a Tamara llorando, le preguntó qué le pasaba y la niña corrió y se abrazó a sus piernas. El padre le contestó eso de que extrañaba a la madre.

 

Testigo y acusado, cara a cara

El relato de aquel episodio fue motivo de una controversia ayer, durante la audiencia. Según Agüero, los únicos que habían estado aquella noche fueron él, Javier M. y Tamara. Pero el acusado pidió un careo con el testigo —y el tribunal autorizó a que lo hicieran— porque él sostiene que en aquella ocasión los hijos de Agüero también habían ido a pescar. “No, Javier, acordate, al otro día en el auto veníamos vos, yo y Tamara atrás”, le replicó su amigo.

Javier M. también está procesado por presuntos abusos a su hija menor, Anabel.

La madre de Tamara y Anabel, quien denunció a Javier M., también declaró ayer. Su relato fue coincidente con el de su hija mayor. Dijo que se enteró de todo una vez que volvió a su casa y encontró a su hijo menor, de casi 4 años, llorando. Cuando le preguntó por qué, el nene le dijo que el padre le había hecho doler en la entrepierna. Ella confrontó a su esposo, él se enojó, gritó y se fue, dijo.

Al escuchar la discusión, Tamara preguntó qué había pasado. Cuando su madre le comentó, la adolescente estalló: dijo que podía permitir que a ella su padre le hiciera cualquier cosa, pero no a su hermanito. Y le contó lo que sufría.

Según Tamara, muchos años después se enteraron de que su hermana menor había sufrido cosas parecidas. Pero ella sufre un gran bloqueo emocional y todavía no quiere hablar de eso.

Ambas hermanas, dijeron ayer Tamara y su mamá, han tenido reiterados intentos de suicidio a raíz de todo lo que han sufrido. Hace siete años, ante una propuesta de su pareja, que ha sido un gran apoyo para ella, la mayor decidió tener un hijo como un modo de aferrarse a algo o alguien que le diera ganas de seguir viviendo.

Logín