14°SAN LUIS - Miércoles 28 de Septiembre de 2022

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El deporte en el recuerdo: los hermanos Alcaraz

Símbolo de Defensores del Oeste, llenaron de gloria las vitrinas del club. Los cinco hermanos que jugaron para "El Expreso" fueron conocidos como el equipo de "Los Enanitos". Anécdotas de estos hombres cargados de humildad y sencillez de una época dorada del fútbol puntano.

Por Johnny Díaz
| 29 de diciembre de 2019
1962. "Jarilla", "Rufo", "Quebracho", "Chita" y "Teco". Los Alcaraz marcaron una época de oro en que lograron varios títulos para el equipo de La Rinconada.

Jarilla", "Rufo", "Quebracho", "Chita" y "Teco" son cinco hermanos que jugaron en Defensores del Oeste de San Luis y marcaron una época. Los unió la pasión por la pelota, el barrio de La Rinconada, la amistad y el club de sus amores.

 

Crecencio Antonio Alcaraz (84), Rufino Agustín Alcaraz (74), Domingo Alcaraz (93) Ramón Domingo Alcaraz (91) y Nicolás Alcaraz (80) son el símbolo mayor del "Expreso del Oeste", uno de los clubes más populares de San Luis

 

"Somos nacidos en la Falucho, apenas doblás por Tomás Jofré, corazón de La Rinconada", aclaran casi al unísono.

 

 

 

Marcaron una época en el fútbol local y con ellos sucede un caso muy difícil de igualar en el mundo. Son cinco hermanos que juntos jugaron al fútbol en el mismo equipo —pese a la diferencia de edad— juntos fueron campeones y juntos van por la vida, andando de aquí para allá, a veces con alegrías otras no, pero siempre juntos, como cuando defendían con honor la camiseta del "Expreso".

 

Los hermanos Alcaraz llegaron al club jugando en el baby fútbol en Los Ranqueles o en Guay-Curú. Rufino recuerda al equipo "Estrellitas Puntanas": Rielino Flores, Carlos Barrera, Quevid Quevedo, Amado Viera, Luis Argüello, Oscar Guerrero y "El Liebre" Barroso eran algunos de aquellos niños. "Al equipo lo armaban José Argüello, el peluquero del barrio; Miguel Fornabai, el presidente; acompañado de Lucio Celada (padre de 'El Oso') y Romero. Ese fue nuestro inicio en el fútbol y el paso previo a Defensores", dice.

 

"En el club ya estaban 'El Negro' Pelé, Lucio Celada, 'Rulo' Quiroga 'El Gitano' Godoy, Domingo Lucero, Sánchez y Camargo. También se sumaban jugadores de Beazley o de Las Salinas; Celso Lucero, que después jugo en Bahía Blanca y 'El Choco' Villegas, un excelente marcador central, entre otros, cuando se produce una gran revolución. Había que darle rodaje al semillero", recuerdan hoy.

 

"Quebracho" Alcaraz tiene 93 años y una memoria que asombra. Recuerda con orgullo que los dirigentes lo invitaron junto a Armando Escalante a que se hiciera cargo del plantel. "Yo entendía algo de preparación física y Armando detectaba jugadores en las inferiores. Hicimos un partido amistoso con Juventud de La Paz de Mendoza, donde jugaba uno de mis hermanos. Para depurar el plantel armamos una nueva base: Medina, Villegas, 'Chita' Alcaraz y 'Picho' Quevedo, a quienes rodeamos de jóvenes. Castillo, (había que llevarle el equipo a la cancha porque no quería ir al club), 'Turquito' Herrera que tenía 17 años, Sánchez de Las Salinas, Rufino de 16 (fue de ocho), Celada que con 15 años debutaba y 'Teco' que venía de San Luis donde había jugado a préstamo por el Servicio Militar. Era el nuevo Defensores".

 

 

 

"Ese año jugamos tres finales con Estudiantes. Nos llevaban un punto, ellos jugaban con San Luis y nosotros con Victoria. Empataron y nosotros goleamos a Victoria, nos expulsaron a dos jugadores: Villegas y Quevedo. Habíamos quedado igualados en puntos con Estudiantes", recuerdan. "En la primera final fuimos visitantes y perdimos 4 a 2,con el arbitraje de Pedro Muñoz. Al segundo lo ganamos 1 a 0. Y al tercero 2 a 0 y fuimos los campeones".

 

"Teco" rememora aquella tarde: "A 'Picho' le decía Perón. Agarré la pelota en la punta del área para hacer un tiro libre y le grité: 'Probalo Perón' y de chilenita la metió en el segundo palo, fue increíble. Para colmo se lo fue a gritar al 'Loco' Camargo, que se lo quería comer crudo", dice.

 

"A Quevedo le gustaba mucho el alcohol y no le gustaba entrenar, era un personaje. Hissa, que sabía de su debilidad, llenó de vino una botella de gaseosa y la llevó a la cancha. En la jugada que preparó 'Teco', 'Picho' se acercó al presidente y le hizo señas de un trago. Después pasó lo que pasó, hizo un gol memorable", cuenta Rufino.

 

El "Jarilla" sabía que Estudiantes tenía todo para festejar, globos de colores, tortas y una avioneta cargada de folletos para arrojar en los festejos. Después del partido, el doctor Hissa pasó por la casa de la familia Anzulovich y les robó las tortas que fueron al club.

 

"El encargado de los tiros libres era Celada y siempre hacían un poco de teatro antes de una ejecución: 'Andá para allá... Dejá...yo le pego...', nos hacíamos señas o simulábamos un enojo. Así distraíamos al rival y podíamos armar nuestras jugadas y llegar al gol, a veces salía, otras no", comenta divertido "Teco".

 

"Un año 'Chita' se fue a jugar a Juventud junto a Juancito Parente, cuando el técnico era Matraca Orozco, que me pidió una mano. Miré el primer tiempo desde la tribuna. Juventud —que estaba último en la tabla junto a Victoria y Universitario— perdía tres a cero. Me di cuenta que había un claro para encarar por el medio, le dije "mandá a 'Chita' por el medio" y a Parente que distraiga al marcador. Esa tarde el 'Chita' hizo los tres goles", agrega "Quebracho". 

 

 

 

Y agregó: "Con ese resultado, Juventud, Victoria y Universitario, estaban iguales, había que desempatar. Seguí colaborando y la Liga dio dos semanas para poner a punto a los planteles. Por sorteo nos tocó jugar en cancha de Huracán, que había sido arada y estaba pesada, le ganamos a Victoria y a Universitario. Llevé a Juventud a 'Piruco' Quevedo y a 'Lalo' Maldonado. Su padre no quería saber nada con la dirigencia de Juventud, don Maldonado se sentía identificado con Estudiantes, le pagaban por partido más los premios. Y mirá lo que representó 'Lalo' para Juventud". 

 

"Jarilla" jugaba de tres o seis, su diminuto físico le permitía muchas cosas, entre ellas contar con agilidad y rapidez. "Hasta de nueve jugué", dice. Su fama de recio y duro en la marca era un clásico. "Una vez el 'Pulga' Garro me estaba dando un baile bárbaro, 'Quebracho' me hace señas para que le vaya más duro. Cumplí. En la jugada siguiente lo revoleé contra el alambrado y gritaba... dolorido, estaba todo sucio, en tierra y muy golpeado", recordó.

 

"En otro partido enfrenté al 'Mudo' Valdez, era muy bueno, de lo mejor. Se acerca y me dice: 'nono... pegués... vosss... jugásss bieennn.... tra... tra... tranquilo...". Le contesté: 'Ni pisés por acá porque te voy a pegar hasta en la nuca', y nos reímos los dos. Ese sí era bueno, un capo. Yo trabajaba en las planchadas descargando carbón y leña, un día en el equipo faltaba uno. El 'Panza de Agua' (Celada) era el técnico y me dice, cambiate que vos jugás. 'No', le dije, 'mirá cómo estoy, sucio, manchado con carbón' parecía que me habían pintado. 'Vos jugás y listo'. Y jugué. Eso era lo importante. Por mi altura tenía problemas con jugadores de mayor talla, pero lo solucionaba con maña, los pisaba, le pegaba en los tobillos o cortitos en el estómago. Jugué hasta los 35 años, me retiré en la cancha de Estudiantes. Me reemplazaron. Caminaba por la orilla y la hinchada me gritaba: 'Jubilate 'Jarilla', andate, dejá jugar a los niños'. Me dio mucha vergüenza. Llegué al club y le dije a mi hermano, '¡no juego más!, me retiro. Y así fue", explica "Jarilla".

 

Rufino contó otras intimidades: "Nuestro vestuario era de mucha alegría y sufríamos cuando uno se lesionaba, pero teníamos un caso único y preocupante. 'King-Kong' Gómez vivía acalambrado. Era cinco, buen jugador, pero tenía ese problema. A veces llegaba Robertito Hissa impecable, muy bien vestido, de zapatos acharolados y se sumaba al grupo. 'Teco' me hacía señas para que le tirara la pelota con el ánimo de ensuciarlo un poco y reírnos. Robertito, le decía; 'Teco'... mirá cómo dejaste los zapatos... todos rayados y mirá cómo me dejaste la ropa. Cuando se iba era otra persona y nosotros nos reíamos".

 

"Había que masajearse con aceite verde y alcanfor, tarea a cargo de Romero y Celada, era muy doloroso porque nuestros masajistas eran trabajadores de las planchadas de carbón y tenían las manos como lijas de 0,80, nos dejaban las piernas todas marcadas. Pero no podíamos negarnos, eran como nuestros padres".

 

"Había un hincha muy fanático. 'El Bombacha' siempre llegaba y antes de que nos fuéramos para la cancha, nos contaba un cuento. Y al momento de partir nos decía: '¡No vaya a ser cosas que no vayan!', era un caso único".

 

 

 

Rosendo Hernández y "El Oso", que vivía en el club, eran los últimos en llegar. En el vestuario había una silla con ropa para cada jugador y siempre había alguien que les cambiaba la vestimenta. Celada agarraba a patadas la silla revoleando todo", cuenta "Teco".

 

El doctor Hissa fue mi padrino de casamiento y nunca más me llevó a ningún lado. Me castigó, era una persona de nariz pronunciada y yo le decía: 'Doctor, cuando doble no saque la mano, saque la cara'. ¡Se ponía como Loco!, recuerda "Teco" 

 

Las anécdotas van y vienen y cada vez son más. No paramos de reírnos y recordar aquellas épocas. "Quebracho" dice que jugaban en la cancha Colón, frente a San Lorenzo, "en un ataque contrario, encaró para el aérea Reyes 'Autito' Bustos, le salí al encuentro y lo revoleé por el aire."

 

"A los minutos se produce una jugada similar, Bustos me encaró y chocamos muy fuerte. Quedamos en el piso. Cuando finalizó el partido estaba perdido, no sabía dónde estaba. Me llevaron al hospital donde me enyesaron de la cabeza a la cintura. Tuve desviación de columna".

 

El final se acerca, los brindis son muchos y por todos. Por el fútbol y por las vivencias de estos cinco hermanos, que supieron brillar, engrandecer el deporte y el club de sus amores: Defensores del Oeste.

 

 

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