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Secuestrada por su pareja: sigue el juicio

Una psicóloga dio ayer un detalle de las lesiones físicas y psicológicas que presentaba la víctima.

La joven que en junio de 2017 logró escapar junto a su hija de 8 años del departamento donde su pareja las había tenido cautivas casi nueve meses, tiempo en el que la mujer fue sometida a todo tipo de vejámenes por el secuestrador, “tenía una pierna quebrada y estaba totalmente golpeada, quemada, desnutrida”, recordó ayer una psicóloga de la Secretaría de la Mujer #NiUnaMenos que la asistió luego de que logró escapar del encierro.

La psicóloga Cynthya Terán declaró ayer ante la Cámara del Crimen 2 de San Luis, en una nueva audiencia del juicio oral contra Rodolfo Daniel Gómez, acusado por múltiples delitos sufridos por su entonces pareja, Érika, y la hija de la joven, de 8 años.

Recordó que las primeras entrevistas a Érika tuvieron lugar en la casa de la madre, donde la víctima se había refugiado tras el escape, porque la paciente no estaba en condiciones de concurrir a la Secretaría de la Mujer a recibir la contención, debido a que tenía una pierna enyesada y a otras condiciones físicas y anímicas. “Al principio tenía mucha vulnerabilidad emocional, pesadillas nocturnas, falta de apetito, debido al estrés postraumático por lo que había estado viviendo”, dijo. También tenía temor de que si salía a la calle estuviera en riesgo su vida o la de su hija.

Terán entendió que la joven podía necesitar tratamiento psiquiátrico y medicación para que su cuadro no se agravara. Entonces intervino el psiquiatra Agustín Clavería, quien la medicó.

Durante todo 2018 la víctima tuvo altibajos emocionales y aparecían miedos recurrentes. Más tarde, el psiquiatra le dio el alta, pero la chica debió continuar con tratamiento psicológico, el cual mantiene hasta hoy. Es más, Terán dijo que según su evaluación profesional, la joven va a necesitar terapia psicológica de por vida.

También declaró ayer Viviana Puglisi, quien en 2017 era la maestra del tercer grado de la Escuela Nº 3 “Manuel Belgrano”, al que asistía la hija de Érika. Contó que la niña “dejó de ir un tiempo” y terminó con 41 faltas ese año. A raíz de eso trataron de comunicarse con la madre, pero no pudieron, dijo. No obstante, el tiempo que la nena asistió a clases, ella no notó “nada particular que llamara la atención” y consideró que era “una alumna normal, como todas las demás”.

La abuela materna de la niña había cuestionado, cuando declaró ante el tribunal en una audiencia anterior, que ni la docente ni los directivos del colegio habían reaccionado como correspondía ante el llamativo ausentismo de su nieta. La menor había dejado de ir a la escuela por imposición de Gómez.

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Secuestrada por su pareja: sigue el juicio

Una psicóloga dio ayer un detalle de las lesiones físicas y psicológicas que presentaba la víctima.

El acusado. Gómez, conducido a una celda al salir de una audiencia. Foto: Martín Gómez.

La joven que en junio de 2017 logró escapar junto a su hija de 8 años del departamento donde su pareja las había tenido cautivas casi nueve meses, tiempo en el que la mujer fue sometida a todo tipo de vejámenes por el secuestrador, “tenía una pierna quebrada y estaba totalmente golpeada, quemada, desnutrida”, recordó ayer una psicóloga de la Secretaría de la Mujer #NiUnaMenos que la asistió luego de que logró escapar del encierro.

La psicóloga Cynthya Terán declaró ayer ante la Cámara del Crimen 2 de San Luis, en una nueva audiencia del juicio oral contra Rodolfo Daniel Gómez, acusado por múltiples delitos sufridos por su entonces pareja, Érika, y la hija de la joven, de 8 años.

Recordó que las primeras entrevistas a Érika tuvieron lugar en la casa de la madre, donde la víctima se había refugiado tras el escape, porque la paciente no estaba en condiciones de concurrir a la Secretaría de la Mujer a recibir la contención, debido a que tenía una pierna enyesada y a otras condiciones físicas y anímicas. “Al principio tenía mucha vulnerabilidad emocional, pesadillas nocturnas, falta de apetito, debido al estrés postraumático por lo que había estado viviendo”, dijo. También tenía temor de que si salía a la calle estuviera en riesgo su vida o la de su hija.

Terán entendió que la joven podía necesitar tratamiento psiquiátrico y medicación para que su cuadro no se agravara. Entonces intervino el psiquiatra Agustín Clavería, quien la medicó.

Durante todo 2018 la víctima tuvo altibajos emocionales y aparecían miedos recurrentes. Más tarde, el psiquiatra le dio el alta, pero la chica debió continuar con tratamiento psicológico, el cual mantiene hasta hoy. Es más, Terán dijo que según su evaluación profesional, la joven va a necesitar terapia psicológica de por vida.

También declaró ayer Viviana Puglisi, quien en 2017 era la maestra del tercer grado de la Escuela Nº 3 “Manuel Belgrano”, al que asistía la hija de Érika. Contó que la niña “dejó de ir un tiempo” y terminó con 41 faltas ese año. A raíz de eso trataron de comunicarse con la madre, pero no pudieron, dijo. No obstante, el tiempo que la nena asistió a clases, ella no notó “nada particular que llamara la atención” y consideró que era “una alumna normal, como todas las demás”.

La abuela materna de la niña había cuestionado, cuando declaró ante el tribunal en una audiencia anterior, que ni la docente ni los directivos del colegio habían reaccionado como correspondía ante el llamativo ausentismo de su nieta. La menor había dejado de ir a la escuela por imposición de Gómez.

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