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Dos generaciones, dos tropillas, una sola pasión

Juan Luna

Los caballos de "Paco" López  y Nelo González brillaron en Jesús María y los criadores renovaron su compromiso con las tradiciones gauchas.

Entre Juan Francisco López y Nelo González las coordenadas son exactas: la suficiente cercanía que inspira el afecto y la distancia prudente que impone el respeto. En un encuentro propuesto por la revista El Campo, los dos tropilleros de Villa Mercedes que este año triunfaron en el Festival de Doma y Folklore de Jesús María, se repartieron elogios. “Trato de aprender todo él”, afirmó el más joven. “Para mí es como un hijo más”, respondió el mayor. Junto a ellos, al podio del encuentro gauchesco más importante del continente, subieron sus esfuerzos e historias personales, un mismo modo de sentir las tradiciones gauchescas y el apoyo de una provincia entera.

Porque ambos representan también a dos generaciones distintas en la crianza de caballos para las jineteadas. López está a punto de cumplir 38 años con su tropilla “El Cencerro”, es una presencia infaltable en la plaza cordobesa y no es la primera vez que se alza con el primer puesto. González, en cambio, lleva apenas cuatro años con su caballada “El Destino”, sus reservados pisaron el “José Hernández” por primera vez y superó ampliamente sus expectativas al subirse al tercer escalón del podio.

Esas más de tres décadas que separan a los dos hombres, tanto en sus edades como en la experiencia con la que cuentan en el oficio, se achican cuando de hablar de caballos se trata. Los dos visten camisa, bombacha y alpargatas y llevan una boina como símbolo inequívoco de su origen rural. Los une la profesión, varios conocidos, algunos años de trabajo en común (Nelo fue jinete de "El Cencerro") y un mismo horizonte a seguir: mantener vivas las costumbres camperas, a pesar de las críticas que una y otra vez embisten contra los deportes ecuestres.

La virtud de permanecer

"Todo lo que soy, lo que la gente me conoce y lo que yo conozco del país, se lo debo a los caballos", se definió López. 64 años. Cuatro hijos. Siete nietos.

Que haya nacido en Buenos Aires es prácticamente una simple anécdota, porque pasó la mayor parte de su vida en la Provincia de San Luis, la tierra donde aprendió su oficio y donde eligió anidar para siempre. Desde los 6 años hasta los 43, residió en la Estancia La Moneda, una reconocida firma en el suroeste puntano, en la que creció y trabajó hasta desarrollar su propio emprendimiento.

Como su padre no le permitió ser jinete cuando era un jovencito, "Paco"  encontró la forma de mantenerse ligado a ese mundillo sin tener que exponerse al peligro de un golpe o una caída. Con el apoyo de sus patrones, comenzó a adquirir caballos y a entrenarlos hasta formar su propia tropilla. Finalmente, el 21 de setiembre de 1980 inauguró su plantel en una jineteada que organizaron en Alto Pelado.

Con el paso del tiempo se ganó un nombre y un prestigio en el ambiente que le valieron invitaciones a festivales de todo el país, incluido el gigante Jesús María. Sus buenos desempeños lo convirtieron en uno de los planteles estables del festival, y desde 1990 hasta 2011 asistió de manera ininterrumpida. "Y siempre tuve la suerte de quedar entre los primeros cinco lugares", aseguró. En el 2012 hizo una pequeña pausa por la muerte de su madre y regresó en el 2015 para seguir hasta la actualidad.

"Es un orgullo muy grande para mí, porque ponerse una meta y alcanzarla es difícil pero no imposible. Pero es mucho más difícil mantenerse", dijo.

Para la edición 2019, López llevó 25 caballos. Los trasladaron en el camión que posee la familia. En ese combinado hay todo tipo de ejemplares, desde los más jóvenes hasta los más experimentados para las noches en que la lluvia embarra la pista. Sin embargo, "Paco" sostuvo que no tiene "Maradonas" en su tropa. "Siempre hay algunos que sobresalen más porque están de moda. Pero todos son bastantes parejos, me esmero para que sea así", explicó.

Al estar siempre entre las mejores seis tropillas, tenía aseguradas cuatro participaciones a lo largo de la competencia. Cada vez que un caballo sale a la pista, su tropa tiene la chance de sumar. La puntuación depende, en gran parte, de la performance del jinete de turno porque si logra lucirse, la misma cantidad de puntos que reciba se le trasladan al reservado. Sin embargo, si el montador no tiene un buen rendimiento y cae antes de que suene la campana pero el animal mostró buenos movimientos, igual recibe un reconocimiento en puntos.

Así, cuando finaliza el festival, la caballada que mejor resultado acumuló con sus diferentes ejemplares se corona campeona. Este año, ese lugar de privilegio se lo llevó López, aunque sostiene que él es solo la cara visible y el nombre de un trabajo que en realidad es en equipo. "Es un sacrificio de todos. Mis hijos, mi nieto mayor, y uno aporta la experiencia. Pero si no fuera por ellos, no lo hubiera logrado. En un momento bajé los brazos, pero los veía a ellos, el entusiasmo que le ponían, y una noche me reté porque todos se estaban sacrificando y yo me hacía el cansado. Fue como una inyección de ánimo y me cargué las pilas. Mientras pueda moverme voy a seguir y lo último que voy a abandonar son los caballos", sentenció.

Un debut exitoso

Cuando fue convocado para llevar su tropa por primera vez al festival más importante de la actividad, Nelo González se trazó una meta: quedar entre los primeros doce puestos y de esa manera ganarse una nueva invitación el año próximo.

Es que a Jesús María asisten 18 tropillas cada año. Las que terminan entre los primeros seis puestos se aseguran regresar a la siguiente edición y participar en cuatro jornadas. Los que terminan desde el puesto 7 al 12, en cambio, tienen garantizado volver pero en tres noches. Desde el puesto 13 al 15, una nueva invitación estará supeditada al criterio de la comisión organizadora, mientras que los que caen en últimos tres lugares quedan eliminados directamente. "Yo me conformaba con volver el año que viene. No me lo esperaba y es un orgullo muy grande", expresó el hombre de 34 años al haber quedado tercero.

González nació en Villa Mercedes y desde pequeño estuvo vinculado al ambiente gauchesco. Su familia tiene un frigorífico que al igual que su tropilla lleva por nombre "El Destino", y el muchacho siempre estuvo vinculado a la gente de la jineteada. Su padre homónimo había hecho algunos intentos de tener una caballada, y desde hace cuatro años el hijo reflotó el proyecto, tras haber soltado el lazo y haber dejado de montar. "Tuve dos fracturas y varios golpes y decidí cuidarme un poco y no subir tanto", contó. En una quinta cercana a la ciudad, Nelo comenzó a realizar cría de equinos con diferentes finalidades y a especializarse en aquellos que pueden ser usados para las jineteadas. "Vamos seleccionando el gen del caballo. Entonces si tenemos una yegua madre y padre que corcovean, los dejamos para hacer crías", explicó.

De ese joven plantel, llevó 27 reservados a Jesús María. Llegó un día antes junto a su familia, que lo acompaña y comparte su pasión. Alquilaron una casa con un predio para tener los animales, y allí permanecieron durante unos doce días.

Nelo admitió que estuvo muy nervioso a lo largo de todo el festival, y fue "Paco" López quien lo tranquilizó. "Me ha aconsejado día y noche allá, porque estaba con mucho miedo. Me recomendaba qué caballos podía echar, si podía repetir o no", valoró.

Por su parte, el experimentado criador que ve a Nelo con muy buena proyección. "Jesús María es un festival diferente, para el tropillero, para el jinete, para el caballo, para todos. Cuando llegás allá te tiemblan las piernas, porque ves 35.000 o 40.000 personas, y te ves chiquito. Pero a él lo veo con mucho futuro, porque es muy dedicado y responsable, que es lo que hace falta", elogió.

Ambos defienden a las jineteadas como tradición y como estilo de vida y se defienden de las críticas. "Los caballos que no se pueden amansar porque tienen un gen malo, terminarían en el frigorífico. Nosotros le alargamos la vida y le damos un buen pasar", dijo González. López aseguró "acá a los reservados se los trata como el nene regalón, se los cuida, se les da la mejor comida. Tienen su veterinario y todo nuestro cariño".

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Dos generaciones, dos tropillas, una sola pasión

Los caballos de "Paco" López  y Nelo González brillaron en Jesús María y los criadores renovaron su compromiso con las tradiciones gauchas.

Entre Juan Francisco López y Nelo González las coordenadas son exactas: la suficiente cercanía que inspira el afecto y la distancia prudente que impone el respeto. En un encuentro propuesto por la revista El Campo, los dos tropilleros de Villa Mercedes que este año triunfaron en el Festival de Doma y Folklore de Jesús María, se repartieron elogios. “Trato de aprender todo él”, afirmó el más joven. “Para mí es como un hijo más”, respondió el mayor. Junto a ellos, al podio del encuentro gauchesco más importante del continente, subieron sus esfuerzos e historias personales, un mismo modo de sentir las tradiciones gauchescas y el apoyo de una provincia entera.

Porque ambos representan también a dos generaciones distintas en la crianza de caballos para las jineteadas. López está a punto de cumplir 38 años con su tropilla “El Cencerro”, es una presencia infaltable en la plaza cordobesa y no es la primera vez que se alza con el primer puesto. González, en cambio, lleva apenas cuatro años con su caballada “El Destino”, sus reservados pisaron el “José Hernández” por primera vez y superó ampliamente sus expectativas al subirse al tercer escalón del podio.

Esas más de tres décadas que separan a los dos hombres, tanto en sus edades como en la experiencia con la que cuentan en el oficio, se achican cuando de hablar de caballos se trata. Los dos visten camisa, bombacha y alpargatas y llevan una boina como símbolo inequívoco de su origen rural. Los une la profesión, varios conocidos, algunos años de trabajo en común (Nelo fue jinete de "El Cencerro") y un mismo horizonte a seguir: mantener vivas las costumbres camperas, a pesar de las críticas que una y otra vez embisten contra los deportes ecuestres.

La virtud de permanecer

"Todo lo que soy, lo que la gente me conoce y lo que yo conozco del país, se lo debo a los caballos", se definió López. 64 años. Cuatro hijos. Siete nietos.

Que haya nacido en Buenos Aires es prácticamente una simple anécdota, porque pasó la mayor parte de su vida en la Provincia de San Luis, la tierra donde aprendió su oficio y donde eligió anidar para siempre. Desde los 6 años hasta los 43, residió en la Estancia La Moneda, una reconocida firma en el suroeste puntano, en la que creció y trabajó hasta desarrollar su propio emprendimiento.

Como su padre no le permitió ser jinete cuando era un jovencito, "Paco"  encontró la forma de mantenerse ligado a ese mundillo sin tener que exponerse al peligro de un golpe o una caída. Con el apoyo de sus patrones, comenzó a adquirir caballos y a entrenarlos hasta formar su propia tropilla. Finalmente, el 21 de setiembre de 1980 inauguró su plantel en una jineteada que organizaron en Alto Pelado.

Con el paso del tiempo se ganó un nombre y un prestigio en el ambiente que le valieron invitaciones a festivales de todo el país, incluido el gigante Jesús María. Sus buenos desempeños lo convirtieron en uno de los planteles estables del festival, y desde 1990 hasta 2011 asistió de manera ininterrumpida. "Y siempre tuve la suerte de quedar entre los primeros cinco lugares", aseguró. En el 2012 hizo una pequeña pausa por la muerte de su madre y regresó en el 2015 para seguir hasta la actualidad.

"Es un orgullo muy grande para mí, porque ponerse una meta y alcanzarla es difícil pero no imposible. Pero es mucho más difícil mantenerse", dijo.

Para la edición 2019, López llevó 25 caballos. Los trasladaron en el camión que posee la familia. En ese combinado hay todo tipo de ejemplares, desde los más jóvenes hasta los más experimentados para las noches en que la lluvia embarra la pista. Sin embargo, "Paco" sostuvo que no tiene "Maradonas" en su tropa. "Siempre hay algunos que sobresalen más porque están de moda. Pero todos son bastantes parejos, me esmero para que sea así", explicó.

Al estar siempre entre las mejores seis tropillas, tenía aseguradas cuatro participaciones a lo largo de la competencia. Cada vez que un caballo sale a la pista, su tropa tiene la chance de sumar. La puntuación depende, en gran parte, de la performance del jinete de turno porque si logra lucirse, la misma cantidad de puntos que reciba se le trasladan al reservado. Sin embargo, si el montador no tiene un buen rendimiento y cae antes de que suene la campana pero el animal mostró buenos movimientos, igual recibe un reconocimiento en puntos.

Así, cuando finaliza el festival, la caballada que mejor resultado acumuló con sus diferentes ejemplares se corona campeona. Este año, ese lugar de privilegio se lo llevó López, aunque sostiene que él es solo la cara visible y el nombre de un trabajo que en realidad es en equipo. "Es un sacrificio de todos. Mis hijos, mi nieto mayor, y uno aporta la experiencia. Pero si no fuera por ellos, no lo hubiera logrado. En un momento bajé los brazos, pero los veía a ellos, el entusiasmo que le ponían, y una noche me reté porque todos se estaban sacrificando y yo me hacía el cansado. Fue como una inyección de ánimo y me cargué las pilas. Mientras pueda moverme voy a seguir y lo último que voy a abandonar son los caballos", sentenció.

Un debut exitoso

Cuando fue convocado para llevar su tropa por primera vez al festival más importante de la actividad, Nelo González se trazó una meta: quedar entre los primeros doce puestos y de esa manera ganarse una nueva invitación el año próximo.

Es que a Jesús María asisten 18 tropillas cada año. Las que terminan entre los primeros seis puestos se aseguran regresar a la siguiente edición y participar en cuatro jornadas. Los que terminan desde el puesto 7 al 12, en cambio, tienen garantizado volver pero en tres noches. Desde el puesto 13 al 15, una nueva invitación estará supeditada al criterio de la comisión organizadora, mientras que los que caen en últimos tres lugares quedan eliminados directamente. "Yo me conformaba con volver el año que viene. No me lo esperaba y es un orgullo muy grande", expresó el hombre de 34 años al haber quedado tercero.

González nació en Villa Mercedes y desde pequeño estuvo vinculado al ambiente gauchesco. Su familia tiene un frigorífico que al igual que su tropilla lleva por nombre "El Destino", y el muchacho siempre estuvo vinculado a la gente de la jineteada. Su padre homónimo había hecho algunos intentos de tener una caballada, y desde hace cuatro años el hijo reflotó el proyecto, tras haber soltado el lazo y haber dejado de montar. "Tuve dos fracturas y varios golpes y decidí cuidarme un poco y no subir tanto", contó. En una quinta cercana a la ciudad, Nelo comenzó a realizar cría de equinos con diferentes finalidades y a especializarse en aquellos que pueden ser usados para las jineteadas. "Vamos seleccionando el gen del caballo. Entonces si tenemos una yegua madre y padre que corcovean, los dejamos para hacer crías", explicó.

De ese joven plantel, llevó 27 reservados a Jesús María. Llegó un día antes junto a su familia, que lo acompaña y comparte su pasión. Alquilaron una casa con un predio para tener los animales, y allí permanecieron durante unos doce días.

Nelo admitió que estuvo muy nervioso a lo largo de todo el festival, y fue "Paco" López quien lo tranquilizó. "Me ha aconsejado día y noche allá, porque estaba con mucho miedo. Me recomendaba qué caballos podía echar, si podía repetir o no", valoró.

Por su parte, el experimentado criador que ve a Nelo con muy buena proyección. "Jesús María es un festival diferente, para el tropillero, para el jinete, para el caballo, para todos. Cuando llegás allá te tiemblan las piernas, porque ves 35.000 o 40.000 personas, y te ves chiquito. Pero a él lo veo con mucho futuro, porque es muy dedicado y responsable, que es lo que hace falta", elogió.

Ambos defienden a las jineteadas como tradición y como estilo de vida y se defienden de las críticas. "Los caballos que no se pueden amansar porque tienen un gen malo, terminarían en el frigorífico. Nosotros le alargamos la vida y le damos un buen pasar", dijo González. López aseguró "acá a los reservados se los trata como el nene regalón, se los cuida, se les da la mejor comida. Tienen su veterinario y todo nuestro cariño".

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