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Otra revolución en camino

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Otra revolución en camino

Otra revolución está en marcha, desde hace un tiempo. Y como todas las revoluciones, tiene argumentos muy sólidos a favor, y muchos detractores convencidos. La Inteligencia Artificial (IA), aunque lleve décadas de crecimiento, solo ahora se ha convertido en un hecho concreto y revolucionario. Y como tal, en objeto de discusión.

Las innovaciones tecnológicas que lleva adelante la Organización de las Naciones Unidas (ONU) incluyen (IA), aprendizaje automático, traducciones automáticas y robótica, entre otras. Pero éstas pueden llegar a reducir puestos de trabajo y es necesario preparar a los jóvenes para el futuro mercado laboral.

La ONU también experimentó con vehículos aéreos no tripulados (drones) ni armados en operaciones de paz porque “ayuda a mejorar el conocimiento de la situación y a fortalecer la capacidad de proteger civiles”.

En una reunión del Consejo Económico y Social y su Comité Económico y Social en 2018, un robot llamado Sophia “participó” en una sesión interactiva con la secretaria general adjunta Amina J. Mohammed. Entre las innovaciones tecnológicas introducidas en el foro mundial y, en especial, en los servicios de conferencias electrónicas, se destaca el uso de eLUNa, una herramienta de traducción asistida por computadora diseñada específicamente para traducir documentos de la ONU.

El secretario general, António Guterres, señaló que el avance tecnológico se produce gracias a la combinación de la potencia informática, la robótica, los macrodatos y la IA, que generan revoluciones en la salud, el transporte y la manufactura en todo el mundo.

“Estoy convencido de que estas nuevas capacidades pueden ayudar a sacar de la pobreza a millones de personas, lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible y facilitar el salto de los países en desarrollo hacia un futuro mejor”, expresó Guterres.

Frente a directivos de unas 31 agencias de la ONU, en noviembre de 2018, Guterres identificó algunos de los desafíos de los avances tecnológicos, que separó en cuatro áreas distintas: IA, ciberespacio, biotecnología y el impacto de las aplicaciones tecnológicas en la paz y la seguridad “con el fin de identificar puntos de entrada específicos para la participación de la ONU y determinar áreas prioritarias en las que el sistema de la ONU puede agregar valor”.

En el camino de los “Principios de Desarrollo Digital”, la organización promueve aplicaciones, desarrollo de aprendizaje automático, e IA; centrada en la equidad, ya sea a través de conjuntos de datos para capacitación, o mediante discusiones sobre equidad algorítmica y pobreza de información.

Unicef desarrolla Magic Box (Caja mágica), una plataforma colaborativa que fue posible gracias a la participación de privados como Telefónica, Google, IBM, Amadeus y Red Hat, que compartieron sus datos y su experiencia por el bien común.

Al aprovechar los datos en tiempo real generados por el sector privado, Unicef puede lograr una comprensión fundamental de las necesidades de las poblaciones más vulnerables y tomar decisiones más informadas sobre cómo invertir sus recursos para responder a desastres, epidemias y otros problemas.

Además, a través de su Fondo de Innovación, el primer vehículo financiero de la ONU, colabora con innovadores de países donde está presente Unicef para construir y probar soluciones al ritmo necesario para acompañar la rápida evolución de los problemas que afectan a niñas y niños beneficiarios de la agencia.

El fondo, lanzado en 2016 con 17,9 millones de dólares, ofrece una financiación flexible para los innovadores que comienzan y permite que Unicef evalúa, financie y genere soluciones tecnológicas de código abierto con rapidez, las que podrían tener un impacto positivo en la vida de niños vulnerables.

Pero los desafíos son muchos. Primero está la falta de capacitación de calidad, y los datos sobre las poblaciones vulnerables suelen ser escasos y poco confiables. La revolución de la IA, aplicada a las problemáticas sociales, requiere de un tiempo lógico para alcanzar la excelencia científica. En el camino hay que corregir errores. Y mejorar siempre.

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Otra revolución en camino

Otra revolución está en marcha, desde hace un tiempo. Y como todas las revoluciones, tiene argumentos muy sólidos a favor, y muchos detractores convencidos. La Inteligencia Artificial (IA), aunque lleve décadas de crecimiento, solo ahora se ha convertido en un hecho concreto y revolucionario. Y como tal, en objeto de discusión.

Las innovaciones tecnológicas que lleva adelante la Organización de las Naciones Unidas (ONU) incluyen (IA), aprendizaje automático, traducciones automáticas y robótica, entre otras. Pero éstas pueden llegar a reducir puestos de trabajo y es necesario preparar a los jóvenes para el futuro mercado laboral.

La ONU también experimentó con vehículos aéreos no tripulados (drones) ni armados en operaciones de paz porque “ayuda a mejorar el conocimiento de la situación y a fortalecer la capacidad de proteger civiles”.

En una reunión del Consejo Económico y Social y su Comité Económico y Social en 2018, un robot llamado Sophia “participó” en una sesión interactiva con la secretaria general adjunta Amina J. Mohammed. Entre las innovaciones tecnológicas introducidas en el foro mundial y, en especial, en los servicios de conferencias electrónicas, se destaca el uso de eLUNa, una herramienta de traducción asistida por computadora diseñada específicamente para traducir documentos de la ONU.

El secretario general, António Guterres, señaló que el avance tecnológico se produce gracias a la combinación de la potencia informática, la robótica, los macrodatos y la IA, que generan revoluciones en la salud, el transporte y la manufactura en todo el mundo.

“Estoy convencido de que estas nuevas capacidades pueden ayudar a sacar de la pobreza a millones de personas, lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible y facilitar el salto de los países en desarrollo hacia un futuro mejor”, expresó Guterres.

Frente a directivos de unas 31 agencias de la ONU, en noviembre de 2018, Guterres identificó algunos de los desafíos de los avances tecnológicos, que separó en cuatro áreas distintas: IA, ciberespacio, biotecnología y el impacto de las aplicaciones tecnológicas en la paz y la seguridad “con el fin de identificar puntos de entrada específicos para la participación de la ONU y determinar áreas prioritarias en las que el sistema de la ONU puede agregar valor”.

En el camino de los “Principios de Desarrollo Digital”, la organización promueve aplicaciones, desarrollo de aprendizaje automático, e IA; centrada en la equidad, ya sea a través de conjuntos de datos para capacitación, o mediante discusiones sobre equidad algorítmica y pobreza de información.

Unicef desarrolla Magic Box (Caja mágica), una plataforma colaborativa que fue posible gracias a la participación de privados como Telefónica, Google, IBM, Amadeus y Red Hat, que compartieron sus datos y su experiencia por el bien común.

Al aprovechar los datos en tiempo real generados por el sector privado, Unicef puede lograr una comprensión fundamental de las necesidades de las poblaciones más vulnerables y tomar decisiones más informadas sobre cómo invertir sus recursos para responder a desastres, epidemias y otros problemas.

Además, a través de su Fondo de Innovación, el primer vehículo financiero de la ONU, colabora con innovadores de países donde está presente Unicef para construir y probar soluciones al ritmo necesario para acompañar la rápida evolución de los problemas que afectan a niñas y niños beneficiarios de la agencia.

El fondo, lanzado en 2016 con 17,9 millones de dólares, ofrece una financiación flexible para los innovadores que comienzan y permite que Unicef evalúa, financie y genere soluciones tecnológicas de código abierto con rapidez, las que podrían tener un impacto positivo en la vida de niños vulnerables.

Pero los desafíos son muchos. Primero está la falta de capacitación de calidad, y los datos sobre las poblaciones vulnerables suelen ser escasos y poco confiables. La revolución de la IA, aplicada a las problemáticas sociales, requiere de un tiempo lógico para alcanzar la excelencia científica. En el camino hay que corregir errores. Y mejorar siempre.

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