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El incremento del gordo ya supera a la inflación

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El incremento del gordo ya supera a la inflación

Nicolás Razzetti

La demanda no encuentra la hacienda necesaria para abastecerse y, por lo tanto, los precios se afirman. En el último mes la suba fue de entre 30 y 40% y en el acumulado anual la mejora es más alta que el porcentaje de la inflación, aunque no a ciertos costos clave como el de la alimentación.

A mediados de diciembre la reducción de la oferta ganadera fue mayor a la esperada, y con una demanda interna a la que le cuesta resignar su volumen de consumo, los precios comenzaron a afirmarse poco antes de las fiestas y siguieron así durante todo enero.

Algunos analistas, como es el caso de Ignacio Iriarte, habían hablado sobre la posibilidad de que se adelantara la suba esperada para marzo y así fue. El incremento arrancó antes de la llegada del nuevo año con mejoras considerables que lamentablemente fueron aprovechadas por pocos, ya que la gran parte del ganado que este año pasó por los corrales se negoció con anticipación. En efecto, la firmeza de los precios tiene que ver con el faltante.

Semana tras semana se superaron los valores récord y en el caso del consumo definido liviano, los precios pasaron los 60 pesos por los lotes especiales. Eso se dio particularmente en los novillitos y vaquillonas de 300 a 350 kilos, lo que hasta hace poco se vendía bajo la denominación de ternera, categoría ahora en desuso tras los cambios en las clasificación vacuna que arrancaron con el nuevo año. Si se comparan los promedios del miércoles 30 con los que se lograron en el Mercado de Liniers en la primera semana de diciembre, la suba para los novillos fue de 30% y para vaquillonas y novillitos fue de entre 33 y 40%. La vaca, gracias a la demanda de China, también aumentó aunque menos. De todos modos, el continuo y creciente interés asiático por la carne sudamericana sostendría los precios este 2019 y eso hace prever que la faena de hembras siga en niveles altos. Todos estos cambios de precios se dieron en tan solo 45 días.

La situación del mercado ganadero fue graficada de este modo por un importante consignatario de la Cuenca del Salado: “Lo que está pasando es una reducción de la oferta importante y eso lleva a que las fábricas no lleguen a completar las faenas con facilidad. Hubo un pequeño aumento de la oferta en el arranque del año, hacienda que había quedado retenida en diciembre por cuestiones impositivas, pero no fue un volumen importante como en otros años y superado ese pequeño pico de ofrecimientos la firmeza se volvió a manifestar y con más fuerza”.

Los precios de la carne vacuna venían atrasados respecto de la inflación. El informe del Instituto de la Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA) indicaba que hasta mediados de diciembre el aumento interanual había sido de 39% contra una inflación que fue de 48,5% a lo largo de 2018. Si uno tiene en cuenta la alta producción de 2019 (más de tres millones de toneladas) y que el consumo local dispuso de altos niveles de oferta, sumando a la producción aviar y porcina, es comprensible ese retraso, que hasta podría haber sido mayor si se tiene en cuenta el castigo que sufrió el salario. La brecha entre precios de la carne e inflación no fue mayor porque la demanda local no lo quiso. Y esa misma demanda fue posible gracias a la baja elasticidad que demuestra cada vez que se ajusta la oferta. Otro factor a tener en cuenta es que, devaluación mediante, hubo menos gente en el extranjero, más turismo local y eso también habría influido en el negocio.

Pero la carrera contra la inflación se dio vuelta con la última mejora de precios. Los valores promedio de enero indicaron una suba interanual en Liniers de 66% para los novillos y de entre 65 y 73% para la hacienda de consumo liviano. De todos modos, el salto en el engorde fue tal en 2018 y luego de las dos devaluaciones (la de abril y la de agosto), que el alimento en solo un año se encareció más del 100%. Por eso la queja y el miedo de los engordadores ante tamañas pérdidas, en una economía que además no tiene financiación para nuevas inversiones que permitan intentar la reversión del resultado anterior.

Un feedlotero importante y directivo de la Cámara que agrupa a los engordadores a corral nos decía semanas atrás y antes de la suba, que el ganado para faena debería valer al menos $65. Con ese precio comenzaba a haber algo de rentabilidad según sus cuentas. Ese valor está siendo alcanzado como consecuencia de una oferta baja, porque los corrales se fueron vaciando y pocos capturaron los buenos números actuales.

Los encierres fueron escasos. Los últimos datos difundidos por la Cámara de Feedlot indicaron que en los establecimientos activos, hubo poca ocupación y más salida de animales que ingresos. Eso asegura una baja oferta para los próximos meses y, en consecuencia, un mercado del gordo que estará entre sostenido y firme.

Se espera que estos precios se mantengan y se genere una nueva realidad del mercado que incentive los encierres en los corrales. Pero por otro lado hay que tener en cuenta que los feedloteros vienen muy diezmados de capital de trabajo por las enormes pérdidas del año pasado, lo que les restaría capacidad de compra.

Considerando esa cuestión, los valores que se manejan por el maíz (que para beneficio de los que lo transforman en grano tienen un descuento del 10/12% sobre el valor de paridad internacional) todavía no es seguro que haya un salto importante de la invernada. Según nuestros cálculos, en el último mes sus precios mejoraron no más del 15%, lo que indica un traslado parcial del precio del gordo a esas categorías. Aunque hay que considerar que esa transferencia siempre se da de forma pausada y que una mejora de ese porcentaje no es menor, teniendo en cuenta además que es igual a la suba que los terneros lograron en todo el 2018.

La ventaja que tendrán los criadores este año está relacionada con la disponibilidad de pasturas. Si el clima no complica más las cosas (y superada la ola de calor del verano), se espera que la producción ganadera de la zona central, donde se define el negocio de la cría, disponga de una base forrajera que le permita retener hacienda o al menos no verse obligado a mal vender, a menos que haya exigencias financieras que así lo determinen. De acuerdo con lo que comentan los climatólogos, seguirían niveles de lluvias superiores a los normales en gran parte del país, al menos hasta marzo aunque con tendencia a la reducción con el paso de las semanas.

La recría podría ser una buena opción para los que puedan guardar algo de la producción de terneros. Los precios de la exportación se afirmaron y eso es siempre un incentivo para poner en marcha ese eslabón que todavía le falta a la ganadería local, aunque en el último año hubo quienes pudieron hacerlo y esa hacienda aparecerá en el mercado este año. Esa leve tendencia a la recría se reflejó en el peso medio de faena, que tuvo un crecimiento muy moderado del 1,5%, en 2018.

Para quien pudo fue un buen negocio. El consignatario al que consultamos nos hizo esta cuenta: “El año pasado un ternero de 180 kilos de negoció en la zafra en torno a los $40, lo que significó un valor al bulto de $7.200. Ese animal hoy recriado y con 320 kilos vale cerca de $57 lo que suma $18.000 y lo que implica un incremento de 150%”. Visto de ese modo se podría concluir que la recría le habría ganado a la tasa financiera por mucho, aunque a esos valores antes hay que quitarles el peso del riesgo climático y de los costos de producción para hacer el cálculo de modo más correcto.

La recría es un eslabón necesario para que la ganadería argentina gane en productividad, pero también para que en la faena los frigoríficos bajen costos por unidad producida y además para contar con cortes que tengan el calibre que pide la exportación y más volumen tanto para los mercados internacionales y el local. En definitiva, todos ganarían con esa ecuación, pero para eso falta la zanahoria: el precio y las condiciones macroeconómicas que alienten las inversiones, nada más y nada menos.

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El incremento del gordo ya supera a la inflación

La demanda no encuentra la hacienda necesaria para abastecerse y, por lo tanto, los precios se afirman. En el último mes la suba fue de entre 30 y 40% y en el acumulado anual la mejora es más alta que el porcentaje de la inflación, aunque no a ciertos costos clave como el de la alimentación.

A mediados de diciembre la reducción de la oferta ganadera fue mayor a la esperada, y con una demanda interna a la que le cuesta resignar su volumen de consumo, los precios comenzaron a afirmarse poco antes de las fiestas y siguieron así durante todo enero.

Algunos analistas, como es el caso de Ignacio Iriarte, habían hablado sobre la posibilidad de que se adelantara la suba esperada para marzo y así fue. El incremento arrancó antes de la llegada del nuevo año con mejoras considerables que lamentablemente fueron aprovechadas por pocos, ya que la gran parte del ganado que este año pasó por los corrales se negoció con anticipación. En efecto, la firmeza de los precios tiene que ver con el faltante.

Semana tras semana se superaron los valores récord y en el caso del consumo definido liviano, los precios pasaron los 60 pesos por los lotes especiales. Eso se dio particularmente en los novillitos y vaquillonas de 300 a 350 kilos, lo que hasta hace poco se vendía bajo la denominación de ternera, categoría ahora en desuso tras los cambios en las clasificación vacuna que arrancaron con el nuevo año. Si se comparan los promedios del miércoles 30 con los que se lograron en el Mercado de Liniers en la primera semana de diciembre, la suba para los novillos fue de 30% y para vaquillonas y novillitos fue de entre 33 y 40%. La vaca, gracias a la demanda de China, también aumentó aunque menos. De todos modos, el continuo y creciente interés asiático por la carne sudamericana sostendría los precios este 2019 y eso hace prever que la faena de hembras siga en niveles altos. Todos estos cambios de precios se dieron en tan solo 45 días.

La situación del mercado ganadero fue graficada de este modo por un importante consignatario de la Cuenca del Salado: “Lo que está pasando es una reducción de la oferta importante y eso lleva a que las fábricas no lleguen a completar las faenas con facilidad. Hubo un pequeño aumento de la oferta en el arranque del año, hacienda que había quedado retenida en diciembre por cuestiones impositivas, pero no fue un volumen importante como en otros años y superado ese pequeño pico de ofrecimientos la firmeza se volvió a manifestar y con más fuerza”.

Los precios de la carne vacuna venían atrasados respecto de la inflación. El informe del Instituto de la Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA) indicaba que hasta mediados de diciembre el aumento interanual había sido de 39% contra una inflación que fue de 48,5% a lo largo de 2018. Si uno tiene en cuenta la alta producción de 2019 (más de tres millones de toneladas) y que el consumo local dispuso de altos niveles de oferta, sumando a la producción aviar y porcina, es comprensible ese retraso, que hasta podría haber sido mayor si se tiene en cuenta el castigo que sufrió el salario. La brecha entre precios de la carne e inflación no fue mayor porque la demanda local no lo quiso. Y esa misma demanda fue posible gracias a la baja elasticidad que demuestra cada vez que se ajusta la oferta. Otro factor a tener en cuenta es que, devaluación mediante, hubo menos gente en el extranjero, más turismo local y eso también habría influido en el negocio.

Pero la carrera contra la inflación se dio vuelta con la última mejora de precios. Los valores promedio de enero indicaron una suba interanual en Liniers de 66% para los novillos y de entre 65 y 73% para la hacienda de consumo liviano. De todos modos, el salto en el engorde fue tal en 2018 y luego de las dos devaluaciones (la de abril y la de agosto), que el alimento en solo un año se encareció más del 100%. Por eso la queja y el miedo de los engordadores ante tamañas pérdidas, en una economía que además no tiene financiación para nuevas inversiones que permitan intentar la reversión del resultado anterior.

Un feedlotero importante y directivo de la Cámara que agrupa a los engordadores a corral nos decía semanas atrás y antes de la suba, que el ganado para faena debería valer al menos $65. Con ese precio comenzaba a haber algo de rentabilidad según sus cuentas. Ese valor está siendo alcanzado como consecuencia de una oferta baja, porque los corrales se fueron vaciando y pocos capturaron los buenos números actuales.

Los encierres fueron escasos. Los últimos datos difundidos por la Cámara de Feedlot indicaron que en los establecimientos activos, hubo poca ocupación y más salida de animales que ingresos. Eso asegura una baja oferta para los próximos meses y, en consecuencia, un mercado del gordo que estará entre sostenido y firme.

Se espera que estos precios se mantengan y se genere una nueva realidad del mercado que incentive los encierres en los corrales. Pero por otro lado hay que tener en cuenta que los feedloteros vienen muy diezmados de capital de trabajo por las enormes pérdidas del año pasado, lo que les restaría capacidad de compra.

Considerando esa cuestión, los valores que se manejan por el maíz (que para beneficio de los que lo transforman en grano tienen un descuento del 10/12% sobre el valor de paridad internacional) todavía no es seguro que haya un salto importante de la invernada. Según nuestros cálculos, en el último mes sus precios mejoraron no más del 15%, lo que indica un traslado parcial del precio del gordo a esas categorías. Aunque hay que considerar que esa transferencia siempre se da de forma pausada y que una mejora de ese porcentaje no es menor, teniendo en cuenta además que es igual a la suba que los terneros lograron en todo el 2018.

La ventaja que tendrán los criadores este año está relacionada con la disponibilidad de pasturas. Si el clima no complica más las cosas (y superada la ola de calor del verano), se espera que la producción ganadera de la zona central, donde se define el negocio de la cría, disponga de una base forrajera que le permita retener hacienda o al menos no verse obligado a mal vender, a menos que haya exigencias financieras que así lo determinen. De acuerdo con lo que comentan los climatólogos, seguirían niveles de lluvias superiores a los normales en gran parte del país, al menos hasta marzo aunque con tendencia a la reducción con el paso de las semanas.

La recría podría ser una buena opción para los que puedan guardar algo de la producción de terneros. Los precios de la exportación se afirmaron y eso es siempre un incentivo para poner en marcha ese eslabón que todavía le falta a la ganadería local, aunque en el último año hubo quienes pudieron hacerlo y esa hacienda aparecerá en el mercado este año. Esa leve tendencia a la recría se reflejó en el peso medio de faena, que tuvo un crecimiento muy moderado del 1,5%, en 2018.

Para quien pudo fue un buen negocio. El consignatario al que consultamos nos hizo esta cuenta: “El año pasado un ternero de 180 kilos de negoció en la zafra en torno a los $40, lo que significó un valor al bulto de $7.200. Ese animal hoy recriado y con 320 kilos vale cerca de $57 lo que suma $18.000 y lo que implica un incremento de 150%”. Visto de ese modo se podría concluir que la recría le habría ganado a la tasa financiera por mucho, aunque a esos valores antes hay que quitarles el peso del riesgo climático y de los costos de producción para hacer el cálculo de modo más correcto.

La recría es un eslabón necesario para que la ganadería argentina gane en productividad, pero también para que en la faena los frigoríficos bajen costos por unidad producida y además para contar con cortes que tengan el calibre que pide la exportación y más volumen tanto para los mercados internacionales y el local. En definitiva, todos ganarían con esa ecuación, pero para eso falta la zanahoria: el precio y las condiciones macroeconómicas que alienten las inversiones, nada más y nada menos.

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