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Nuevas democracias para América

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Nuevas democracias para América

Durante el 2019, América Latina y el Caribe serán el escenario de 12 procesos electorales y los analistas consideran que ésta es una nueva oportunidad para pensar en los sistemas democráticos y el impacto que tienen estos en la presencia de las mujeres en la política, como una oportunidad para renovar la inclusión de las mujeres en la política hacia un verdadero sistema democrático paritario.

Las estadísticas y la historia dicen que las parlamentarias elegidas a nivel local en América Latina crecieron del 13,23 por ciento al 30,7 por ciento entre el año 2000 y el 2018; sin embargo, en la región persisten importantes deficiencias en el empoderamiento político de las mujeres.

La baja participación de las mujeres en espacios de decisión y los obstáculos que deben sobrellevar para formar parte de los sistemas democráticos muestran una situación crítica, pero también una oportunidad para generar un cambio positivo en la región.

La paridad política es necesaria para que las mujeres contribuyan a la toma de decisiones que afectan sus vidas y se beneficien del proceso de la democracia. En tal sentido, la democracia paritaria propone un nuevo modelo de un estado inclusivo, tal como lo sugiere la Agenda 2030, y un nuevo pacto social donde la igualdad sustantiva entre hombres y mujeres sea una realidad.

Para que ello sea posible, hay una serie de conceptos que deben cumplirse, uno de ellos es la calidad y legitimidad democrática: cuando la diversificación en la toma de decisiones no existe es probable que los intereses que se traducen en políticas representen solo a un grupo determinado en desmedro de otros. La democracia paritaria es una oportunidad para que las necesidades del 50 por ciento de la población sean atendidas a través de decisiones y políticas inclusivas desde todos los poderes del Estado y en todos los niveles de gobierno.

La experiencia mostró que la participación de mujeres en espacios donde se decide la agenda política contribuye a que se incorporen temas que repercuten en beneficio de toda la sociedad, como la custodia parental, la legislación contra la violencia de género, la salud sexual y reproductiva, el empleo y autonomía económica de las mujeres, la seguridad en espacios públicos, educación y gestión del agua, entre otras.

Otro concepto es la igualdad real en el acceso al poder: además de que haya más mujeres en los diversos espacios y órganos de decisión política, es igualmente necesario promover las mismas condiciones y oportunidades para hombres y mujeres, en todos los niveles jerárquicos de las estructuras políticas.

La paridad, como medida legal en lo político electoral demostró ser la política más efectiva para lograr esa diversidad en el acceso al espacio público: en las democracias latinoamericanas que la aplicaron en nominaciones electorales, se logró el mayor número de mujeres electas como parlamentarias en la historia de dichos países alcanzando rangos cercanos al 40-50 por ciento en Bolivia, México, Costa Rica y Ecuador. A su vez, Bolivia, Costa Rica y México son los países de la región con la proporción más equitativa de mujeres y hombres en sus parlamentos.

Otro concepto es la igualdad real a través de nuevas leyes y políticas: La paridad permite que más mujeres lleguen a espacios de poder y cuando eso sucede, tal como señalan diversos estudios como el del Banco Mundial (2014), se produce un impacto positivo en el tipo de políticas, temas y soluciones consideradas (incluyendo presupuestarias). Tomando como ejemplo el parlamento, las mujeres electas han impulsado nuevas leyes desde su llegada, relacionadas por ejemplo, a propiciar la corresponsabilidad entre hombres y mujeres en el hogar, a la igualdad salarial y la mitigación de la violencia de género. 

La desigualdad tiene costos para el desarrollo de los países. Recientes estudios del plano económico señalan que las brechas que afectan a las mujeres en el mundo empresarial y salarial suponen una pérdida del 14 por ciento del Producto Bruto Interno (PBI) en América Latina y el Caribe. 

Es el camino a una nueva democracia. Equitativa. Real y posible. El 2019 supone una gran oportunidad.

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Nuevas democracias para América

Durante el 2019, América Latina y el Caribe serán el escenario de 12 procesos electorales y los analistas consideran que ésta es una nueva oportunidad para pensar en los sistemas democráticos y el impacto que tienen estos en la presencia de las mujeres en la política, como una oportunidad para renovar la inclusión de las mujeres en la política hacia un verdadero sistema democrático paritario.

Las estadísticas y la historia dicen que las parlamentarias elegidas a nivel local en América Latina crecieron del 13,23 por ciento al 30,7 por ciento entre el año 2000 y el 2018; sin embargo, en la región persisten importantes deficiencias en el empoderamiento político de las mujeres.

La baja participación de las mujeres en espacios de decisión y los obstáculos que deben sobrellevar para formar parte de los sistemas democráticos muestran una situación crítica, pero también una oportunidad para generar un cambio positivo en la región.

La paridad política es necesaria para que las mujeres contribuyan a la toma de decisiones que afectan sus vidas y se beneficien del proceso de la democracia. En tal sentido, la democracia paritaria propone un nuevo modelo de un estado inclusivo, tal como lo sugiere la Agenda 2030, y un nuevo pacto social donde la igualdad sustantiva entre hombres y mujeres sea una realidad.

Para que ello sea posible, hay una serie de conceptos que deben cumplirse, uno de ellos es la calidad y legitimidad democrática: cuando la diversificación en la toma de decisiones no existe es probable que los intereses que se traducen en políticas representen solo a un grupo determinado en desmedro de otros. La democracia paritaria es una oportunidad para que las necesidades del 50 por ciento de la población sean atendidas a través de decisiones y políticas inclusivas desde todos los poderes del Estado y en todos los niveles de gobierno.

La experiencia mostró que la participación de mujeres en espacios donde se decide la agenda política contribuye a que se incorporen temas que repercuten en beneficio de toda la sociedad, como la custodia parental, la legislación contra la violencia de género, la salud sexual y reproductiva, el empleo y autonomía económica de las mujeres, la seguridad en espacios públicos, educación y gestión del agua, entre otras.

Otro concepto es la igualdad real en el acceso al poder: además de que haya más mujeres en los diversos espacios y órganos de decisión política, es igualmente necesario promover las mismas condiciones y oportunidades para hombres y mujeres, en todos los niveles jerárquicos de las estructuras políticas.

La paridad, como medida legal en lo político electoral demostró ser la política más efectiva para lograr esa diversidad en el acceso al espacio público: en las democracias latinoamericanas que la aplicaron en nominaciones electorales, se logró el mayor número de mujeres electas como parlamentarias en la historia de dichos países alcanzando rangos cercanos al 40-50 por ciento en Bolivia, México, Costa Rica y Ecuador. A su vez, Bolivia, Costa Rica y México son los países de la región con la proporción más equitativa de mujeres y hombres en sus parlamentos.

Otro concepto es la igualdad real a través de nuevas leyes y políticas: La paridad permite que más mujeres lleguen a espacios de poder y cuando eso sucede, tal como señalan diversos estudios como el del Banco Mundial (2014), se produce un impacto positivo en el tipo de políticas, temas y soluciones consideradas (incluyendo presupuestarias). Tomando como ejemplo el parlamento, las mujeres electas han impulsado nuevas leyes desde su llegada, relacionadas por ejemplo, a propiciar la corresponsabilidad entre hombres y mujeres en el hogar, a la igualdad salarial y la mitigación de la violencia de género. 

La desigualdad tiene costos para el desarrollo de los países. Recientes estudios del plano económico señalan que las brechas que afectan a las mujeres en el mundo empresarial y salarial suponen una pérdida del 14 por ciento del Producto Bruto Interno (PBI) en América Latina y el Caribe. 

Es el camino a una nueva democracia. Equitativa. Real y posible. El 2019 supone una gran oportunidad.

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