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Es de La Toma y está en la Antártida como rescatista

Marcos Gatica, de 26 años, forma parte de la Fuerza Aérea y asiste al personal de Base Marambio.

Por redacción
| 06 de marzo de 2019
Selfie austral. Marcos entró a la Fuerza Aérea a los 19 años y a sus 23 comenzó en las fuerzas especiales. Foto: Gentileza.

Para Marcos Gatica, la primera vez que puso un pie sobre la Base Marambio, el frío fue más bien psicológico. “Me bajé del avión y empecé a temblar, pero después uno se acostumbra”, admitió el joven de La Toma, que con tan solo 26 años, llegó el 29 de enero a la Antártida como pararescatista del Grupo de Operaciones Especiales de la Fuerza Aérea, junto a otros tres compañeros de Córdoba y Santa Fe. Gatica estará un par de días más, y forma parte de la Campaña Antártica de Verano, en el que se realiza el traslado de personal científico y militar a distintas bases del continente. El tomense está ahí “por el constante movimiento de helicópteros, por si surge alguna emergencia o inconveniente”.

 

En realidad Marcos tenía vacaciones hasta el 10 de febrero y de hecho estaba en La Toma descansando junto a su familia integrada por sus padres Daniel y Marisa y sus hermanas Clara y Virginia.  “El 24 de enero me avisaron que tenía que ir a Buenos Aires, que habían adelantado el vuelo”, recordó. Allí le realizaron estudios psicológicos, físicos y ecografías. El 28 salió de El Palomar hasta Río Gallegos en un Hércules. El 29 partió de la capital santacruceña a las 5 de la mañana y a las 10 de la mañana conoció el continente de hielo.

 

Por suerte durante los poco más de 30 días que lleva allí, él y sus compañeros no debieron atender ninguna emergencia. El 2 de febrero debieron escoltar desde la base y por 2 kilómetros a 14 miembros de la Armada que aguardaban el pasaje del rompehielos Irizar en la costa, que llevaba provisiones y combustible. El viento no les permitía valerse de los helicópteros disponibles para los traslados cortos.

 

“Aquí hay personal permanente de bomberos, pero no están en constante movimiento. Nosotros estamos preparados para temas específicos”, explicó sobre la fuerza especial de la que forma parte. “Gracias a mi trabajo, mi tarea principal es adaptarme a todo terreno, ya sea al calor o el frío. Entonces voy 15 días a Salta, un mes a Mendoza y de ahí pasó a Ushuaia”, explicó. De chico, a Marcos ya le gustaban las películas de guerra y los aviones. En 2012 con 19 años ingresó a la fuerza en Córdoba, a los 2 años egresó como cabo y lo destinaron a Buenos Aires. Luego, en 2016 inició el curso para entrar a las fuerzas especiales. Su perfeccionamiento es constante: realizó cursos de paracaidismo, buzo, tácticas policiales especiales e instrucción de tiro.

 

Un mes en la Antártida

 

“El viento es el tema de conversación diario”, detalló Gatica. Y es que lo que más modifica la rutina diaria es el clima. “Lo mínimo que he estado son 9 grados bajo cero y una sensación térmica de 25 o 30. Cuando hace mucho frío o viento el encargado de la base, nos ordena a que no salgamos, así que nos mantenemos adentro, entre charlas, mates, películas y guitarreadas. Se trata de no perder el espíritu”, describió.

 

Junto a otros 40 colegas, el cabo primero habita la casilla de emergencia de la base, que queda a unos 100 metros de la dotación. Si el clima es muy adverso, el grupo científico y militar traslada la comida en vehículo por ese trecho. De lo contrario, todos los días hacen el recorrido a pie. En total son cerca de 150 personas, de las cuales siete son solo del género femenino y que dependiendo del traslado desde otras bases, pueden aumentar hasta 10 habitantes. 

 

La base actualmente está a cargo de la Fuerza Aérea, pero próximamente dependerá del comando conjunto, y tendrán responsabilidades compartidas con el Ejército y la Armada. El personal científico pertenece a la Dirección Nacional Antártica, que trabajan con el terreno, la fauna y la flora. “Aprendes mucho de ellos”, admitió.

 

El punto de encuentro de los habitantes es el comedor, sobre todo los sábados. Allí los cocineros realizan una noche de “pizza libre” y otorgan una lata de cerveza a cada comensal. “Lo que más me ha llamado la atención es el compañerismo, el espíritu para trabajar. Es muy distinta la cabeza de alguien que está hace un mes de los que están hace un año. Se trata de no hablar de que ya volvemos, de tener camaradería. Hay mucha unión”, aseguró. 

 

“Estoy acá gracias a mi familia, al apoyo que me dieron desde que empecé a estudiar. Yo soy un loco que no puede parar. Ya llegué acá pero quiero hacer más cosas, quiero conocer más”, dijo envalentonado el militar, que al menos ya puede tachar a la Antártida de sus objetivos, con menos de 30 años. Y él no es el único representante de la provincia. Tal como público hace una semana El Diario, Juan Garro, guardaparques que cumplía tareas en el Parque Nacional Nahuel Huapi, pasará este 2019 en Base Órcadas, para llevar adelante tareas de investigación y preservación ambiental.

 

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