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Para un Día de la Mujer trascendental

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Para un Día de la Mujer trascendental

El fenómeno tiene antecedentes universales y una notoria trascendencia internacional. Solo a fines de entender su importancia, y sin negar lo expuesto, vale la pena analizar su devenir en la República Argentina.

No existe desde el resurgir de la democracia un suceso nacional de mayor relevancia que la aparición del reclamo femenino en contra del patriarcado. Es más que un reclamo, y no solo contra el patriarcado. Pero tanta amplitud obliga a alguna demarcación cercana. 

La forma contundente en que un colectivo, mayoritariamente femenino y juvenil, decidió salir a las calles y a través de los medios de comunicación a manifestarse en favor de sus derechos, propone de un modo inmediato y concreto cambios fundamentales. Fue tan arrollador el impacto que algunos de esos cambios ya se dieron. Ya no estarán más en el lenguaje popular ni “la gorda”, ni “la negra”, ni “la trola”, ni “la pendejita”. Nunca más. Los más locuaces: políticos, legisladores, gobernantes, dirigentes, actores, locutores y mediáticos, todos sin importar el género, comenzaron por registrar el fenómeno, luego por protegerse y algunos de ellos están incorporando la envergadura del movimiento en sus decisiones, en sus acciones y en sus expresiones. Y esto recién empieza…

Es muy difícil que alguien vuelva a “cortar bombachitas en la tele” ni del modo vulgar, procaz y denigrante en que se hacía, ni de ningún otro modo. La revista como género teatral se ha modificado para siempre. Y si fue como fue, y si los tiempos lo justificaban, eso ya es historia. Las relaciones laborales definitivamente son otras. Y se podría abundar en ejemplos. Lo más revolucionario de este movimiento es que apunta directamente a las relaciones humanas. Los cambios propuestos, conseguidos y a conseguir, se verifican y verificarán en cada casa, en la cocina, en la cama, en la televisión, en los ámbitos de trabajo, en las remuneraciones y, fundamentalmente, en la consideración de unos seres humanos respecto de otros. Por supuesto, y simultáneamente, la ley deberá registrar e incorporar estos cambios. Porque, más temprano que tarde, serán ley cada una de las conquistas que modifiquen inexorablemente un orden social tan obsoleto como absurdo. 

Siempre hay aspectos para aclarar. Y las aclaraciones vienen del lado de un continente que no alcanza a contener. La justicia está excedida por la sencilla razón de que suele darse por satisfecha cuando se cumplen las leyes. Sin embargo, en estos temas ni las leyes ni los procedimientos existentes hacen justicia. No alcanzan. No son apropiados. No reflejan la realidad. No conocen lo que ha pasado a ser falta o delito. Cercenan libertades que existen en la realidad. Lo que se admitía ya no se admite y la ley debe reconocerlo. Y a quienes debieran ser autores de esas leyes, la cuestión también los sobrepasó. Y a quienes las comentan, y a quienes informan, interpretan, ejercen la medicina, y a quienes son pastores de alguna fe. Por eso hubo que salir a la calle. Porque los habituales continentes no contienen. Y no tienen las respuestas ni adecuadas, ni oportunas. Por eso conmueve particularmente un grupo de mujeres, básicamente actrices, que se sacan un cómodo maquillaje que las cobija y casi las privilegia, y salen a expresarse. Salen a compartir un tema difícil, con una prédica que incomoda, que duele, que las expone. Con una decisión y son una fuerza que consideraron imprescindible. Y que lo es. 

Y aclarar el lenguaje. Si dos personas deciden compartir e imponer una forma particular de expresarse, un código que nadie decodifica, seguramente a corto plazo naufragarán en el intento. Si, por el contrario, esa forma, ese código, lo comparten diez, cien, miles de personas, entonces estará naciendo un nuevo lenguaje que muchos comparten, comprenden y celebran. Y otros no. Será que los identifica, que los representa, que los contiene. Será que, con todo respeto, no alcanza la Real Academia Española. Y que cada cual hable como quiera. Muchos de los cambios en el mundo pasaron por estos avatares. 

Será que para que de verdad haya un “feliz día de la mujer”, tenían que pasar todas estas cosas, y van a pasar otras tantas en el mismo sentido.

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Para un Día de la Mujer trascendental

El fenómeno tiene antecedentes universales y una notoria trascendencia internacional. Solo a fines de entender su importancia, y sin negar lo expuesto, vale la pena analizar su devenir en la República Argentina.

No existe desde el resurgir de la democracia un suceso nacional de mayor relevancia que la aparición del reclamo femenino en contra del patriarcado. Es más que un reclamo, y no solo contra el patriarcado. Pero tanta amplitud obliga a alguna demarcación cercana. 

La forma contundente en que un colectivo, mayoritariamente femenino y juvenil, decidió salir a las calles y a través de los medios de comunicación a manifestarse en favor de sus derechos, propone de un modo inmediato y concreto cambios fundamentales. Fue tan arrollador el impacto que algunos de esos cambios ya se dieron. Ya no estarán más en el lenguaje popular ni “la gorda”, ni “la negra”, ni “la trola”, ni “la pendejita”. Nunca más. Los más locuaces: políticos, legisladores, gobernantes, dirigentes, actores, locutores y mediáticos, todos sin importar el género, comenzaron por registrar el fenómeno, luego por protegerse y algunos de ellos están incorporando la envergadura del movimiento en sus decisiones, en sus acciones y en sus expresiones. Y esto recién empieza…

Es muy difícil que alguien vuelva a “cortar bombachitas en la tele” ni del modo vulgar, procaz y denigrante en que se hacía, ni de ningún otro modo. La revista como género teatral se ha modificado para siempre. Y si fue como fue, y si los tiempos lo justificaban, eso ya es historia. Las relaciones laborales definitivamente son otras. Y se podría abundar en ejemplos. Lo más revolucionario de este movimiento es que apunta directamente a las relaciones humanas. Los cambios propuestos, conseguidos y a conseguir, se verifican y verificarán en cada casa, en la cocina, en la cama, en la televisión, en los ámbitos de trabajo, en las remuneraciones y, fundamentalmente, en la consideración de unos seres humanos respecto de otros. Por supuesto, y simultáneamente, la ley deberá registrar e incorporar estos cambios. Porque, más temprano que tarde, serán ley cada una de las conquistas que modifiquen inexorablemente un orden social tan obsoleto como absurdo. 

Siempre hay aspectos para aclarar. Y las aclaraciones vienen del lado de un continente que no alcanza a contener. La justicia está excedida por la sencilla razón de que suele darse por satisfecha cuando se cumplen las leyes. Sin embargo, en estos temas ni las leyes ni los procedimientos existentes hacen justicia. No alcanzan. No son apropiados. No reflejan la realidad. No conocen lo que ha pasado a ser falta o delito. Cercenan libertades que existen en la realidad. Lo que se admitía ya no se admite y la ley debe reconocerlo. Y a quienes debieran ser autores de esas leyes, la cuestión también los sobrepasó. Y a quienes las comentan, y a quienes informan, interpretan, ejercen la medicina, y a quienes son pastores de alguna fe. Por eso hubo que salir a la calle. Porque los habituales continentes no contienen. Y no tienen las respuestas ni adecuadas, ni oportunas. Por eso conmueve particularmente un grupo de mujeres, básicamente actrices, que se sacan un cómodo maquillaje que las cobija y casi las privilegia, y salen a expresarse. Salen a compartir un tema difícil, con una prédica que incomoda, que duele, que las expone. Con una decisión y son una fuerza que consideraron imprescindible. Y que lo es. 

Y aclarar el lenguaje. Si dos personas deciden compartir e imponer una forma particular de expresarse, un código que nadie decodifica, seguramente a corto plazo naufragarán en el intento. Si, por el contrario, esa forma, ese código, lo comparten diez, cien, miles de personas, entonces estará naciendo un nuevo lenguaje que muchos comparten, comprenden y celebran. Y otros no. Será que los identifica, que los representa, que los contiene. Será que, con todo respeto, no alcanza la Real Academia Española. Y que cada cual hable como quiera. Muchos de los cambios en el mundo pasaron por estos avatares. 

Será que para que de verdad haya un “feliz día de la mujer”, tenían que pasar todas estas cosas, y van a pasar otras tantas en el mismo sentido.

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