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Mujeres que salvan vidas

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Mujeres que salvan vidas

Existen actividades humanas que trascienden el tiempo, porque son esenciales para la vida de otras personas, aunque bajo algunas miradas puedan considerarse anacrónicas. En su aldea local, en el exilio o huyendo del conflicto, Grace Losio es una comadrona que forma a tantas otras como le sea posible, para evitar que las futuras madres de Sudán del Sur mueran al dar a luz, a pesar de la pobreza y la guerra.

En un pequeño salón de clases en Juba, la capital de Sudán del Sur, varios alumnos y alumnas escuchan con atención la lección del día de Losio, de 50 años. Muchos de ellos esperan no volver a ver escenas que presenciaron en sus aldeas, de mujeres desangrándose hasta morir o bebés falleciendo por complicaciones evitables, al no haber ningún trabajador sanitario en kilómetros a la redonda.

A pesar de su entusiasmo, Losio sabe que el Instituto de Ciencias de la Salud de Kajo-Keji que dirige es apenas una sombra de lo que debería ser. Para empezar, se encuentra a varias horas de donde estaba prevista su instalación, en la localidad de Kajo-Keji, cerca de la frontera con Uganda.

Cuando la guerra entre el presidente Salva Kiir y el jefe rebelde Riek Machar llegó a Kajo-Keji, en 2017, decenas de miles de personas huyeron a Uganda. Losio y sus estudiantes intentaron permanecer, hasta que los constantes disparos y el aislamiento se volvieron insoportables.

Unos 20 docentes y 100 estudiantes huyeron entonces a Moyo, en el norte de Uganda, y un mes después regresaron a Sudán del Sur, a Juba, a 300 kilómetros de Kajo-Keji, gracias a la ayuda de la ONG International Medical Corps (IMC).

“Nuestra situación era muy complicada. Cuando llegamos a Moyo, los estudiantes dormían sin haber comido”, cuenta Losio. En 2018, 36 de esos estudiantes se graduaron como parteras y llegaron nuevos alumnos de todo el país. Pero Losio espera poder regresar a su hogar y trabajar para las mujeres de su comunidad.

Sudán del Sur, con unos 12 millones de habitantes, tiene una de las peores tasas de mortalidad materna, con 780 mujeres muertas por cada 100.000 nacidos, según datos de la ONU.

Los más de cinco años de conflicto (con más de 380.000 muertos y más de 4 millones de desplazados o refugiados) han hecho que muchas mujeres den a luz solas. “En mi pueblo la mayoría de mujeres paren en casa porque no tenemos personal sanitario formado, como comadronas. La mayoría pierden a sus bebés e incluso su vida”, cuenta Augustino John Kuluel, de 28 años, uno de los alumnos de Losio y procedente del estado de Gok, en el centro del país.

La nación más joven del mundo, que se independizó de Sudán en 2011 y dos años después se sumió en una guerra civil, apenas cuenta con 200 kilómetros de rutas pavimentadas, y gran parte de la población vive en aldeas tradicionales o como pastores nómadas.

Siendo bebé, Losio llegó a un campo de refugiados de Uganda con su madre, después que su padre muriera y su casa ardiera en plena guerra entre Jartum y los rebeldes del sur que reclamaban mayor autonomía.

“Cuando era pequeña admiraba el uniforme de las enfermeras que venían a cuidar a los pacientes del campo de refugiados”, recuerda.

“Tenía que cuidar a mis mujeres”, dice Losio al explicar por qué decidió seguir los pasos de las enfermeras.

Tras cursar estudios de enfermería en Uganda, Losio regresó a Sudán del Sur en 2006 y empezó a formar a parteras con la ONG IMC. “El objetivo era reducir la carga de las mujeres embarazadas. Ya formamos a un cierto número de comadronas que pueden ayudar a las madres”, cuenta.

Pero ahora, debido a la inseguridad, “la cuestión es dónde encontrar a la madre y si se puede acceder al lugar. Se supone que damos asistencia a la comunidad de Kajo-Keji y sus alrededores, pero ¿dónde estamos? En Juba, allá no hay nadie para ellas”.

Losio visitó su aldea el año pasado; la encontró abandonada, y su instituto de salud, saqueado. “Lloré, porque esa no era la aldea de la que yo me fui, pero tenemos esperanza en poder regresar”, dijo. Su labor humana trasciende el tiempo, y salva vidas. Una mujer de hoy en una parte del mundo en la que todo falta.

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Mujeres que salvan vidas

Existen actividades humanas que trascienden el tiempo, porque son esenciales para la vida de otras personas, aunque bajo algunas miradas puedan considerarse anacrónicas. En su aldea local, en el exilio o huyendo del conflicto, Grace Losio es una comadrona que forma a tantas otras como le sea posible, para evitar que las futuras madres de Sudán del Sur mueran al dar a luz, a pesar de la pobreza y la guerra.

En un pequeño salón de clases en Juba, la capital de Sudán del Sur, varios alumnos y alumnas escuchan con atención la lección del día de Losio, de 50 años. Muchos de ellos esperan no volver a ver escenas que presenciaron en sus aldeas, de mujeres desangrándose hasta morir o bebés falleciendo por complicaciones evitables, al no haber ningún trabajador sanitario en kilómetros a la redonda.

A pesar de su entusiasmo, Losio sabe que el Instituto de Ciencias de la Salud de Kajo-Keji que dirige es apenas una sombra de lo que debería ser. Para empezar, se encuentra a varias horas de donde estaba prevista su instalación, en la localidad de Kajo-Keji, cerca de la frontera con Uganda.

Cuando la guerra entre el presidente Salva Kiir y el jefe rebelde Riek Machar llegó a Kajo-Keji, en 2017, decenas de miles de personas huyeron a Uganda. Losio y sus estudiantes intentaron permanecer, hasta que los constantes disparos y el aislamiento se volvieron insoportables.

Unos 20 docentes y 100 estudiantes huyeron entonces a Moyo, en el norte de Uganda, y un mes después regresaron a Sudán del Sur, a Juba, a 300 kilómetros de Kajo-Keji, gracias a la ayuda de la ONG International Medical Corps (IMC).

“Nuestra situación era muy complicada. Cuando llegamos a Moyo, los estudiantes dormían sin haber comido”, cuenta Losio. En 2018, 36 de esos estudiantes se graduaron como parteras y llegaron nuevos alumnos de todo el país. Pero Losio espera poder regresar a su hogar y trabajar para las mujeres de su comunidad.

Sudán del Sur, con unos 12 millones de habitantes, tiene una de las peores tasas de mortalidad materna, con 780 mujeres muertas por cada 100.000 nacidos, según datos de la ONU.

Los más de cinco años de conflicto (con más de 380.000 muertos y más de 4 millones de desplazados o refugiados) han hecho que muchas mujeres den a luz solas. “En mi pueblo la mayoría de mujeres paren en casa porque no tenemos personal sanitario formado, como comadronas. La mayoría pierden a sus bebés e incluso su vida”, cuenta Augustino John Kuluel, de 28 años, uno de los alumnos de Losio y procedente del estado de Gok, en el centro del país.

La nación más joven del mundo, que se independizó de Sudán en 2011 y dos años después se sumió en una guerra civil, apenas cuenta con 200 kilómetros de rutas pavimentadas, y gran parte de la población vive en aldeas tradicionales o como pastores nómadas.

Siendo bebé, Losio llegó a un campo de refugiados de Uganda con su madre, después que su padre muriera y su casa ardiera en plena guerra entre Jartum y los rebeldes del sur que reclamaban mayor autonomía.

“Cuando era pequeña admiraba el uniforme de las enfermeras que venían a cuidar a los pacientes del campo de refugiados”, recuerda.

“Tenía que cuidar a mis mujeres”, dice Losio al explicar por qué decidió seguir los pasos de las enfermeras.

Tras cursar estudios de enfermería en Uganda, Losio regresó a Sudán del Sur en 2006 y empezó a formar a parteras con la ONG IMC. “El objetivo era reducir la carga de las mujeres embarazadas. Ya formamos a un cierto número de comadronas que pueden ayudar a las madres”, cuenta.

Pero ahora, debido a la inseguridad, “la cuestión es dónde encontrar a la madre y si se puede acceder al lugar. Se supone que damos asistencia a la comunidad de Kajo-Keji y sus alrededores, pero ¿dónde estamos? En Juba, allá no hay nadie para ellas”.

Losio visitó su aldea el año pasado; la encontró abandonada, y su instituto de salud, saqueado. “Lloré, porque esa no era la aldea de la que yo me fui, pero tenemos esperanza en poder regresar”, dijo. Su labor humana trasciende el tiempo, y salva vidas. Una mujer de hoy en una parte del mundo en la que todo falta.

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