eldiariodelarepublica.com
Pequeñas tecnologías para grandes problemas

Escuchá acá la 90.9

Escuchá acá la 90.9
X

Pequeñas tecnologías para grandes problemas

Juan Luna

Ariel Talete y Bruno Varotta, son estudiantes villamercedinos y aplican el ingenio para solucionar fallas habituales en los campos. Su primer invento es una balanza digital que se conecta al celular con una app.

Para Ariel Talete y Bruno Varotta, el asado con los muchachos del equipo de rugby terminó siendo mucho más que un momento de camaradería. Entre costillas, algo de vacío y las conversaciones que surgen en la mesa, establecieron los cimientos de la empresa con la que intentan abrirse su propio camino en el sector agropecuario.

Porque ahí, de una charla de viernes por la noche, nació Blackbor, un joven emprendimiento villamercedino que tiene una misión clara: ofrecer soluciones tecnológicas a problemas habituales en el campo, sobre todo con la mira puesta en los pequeños productores, a quienes todo les cuesta el doble y para quienes la eficiencia no es un lujo, sino una necesidad.

Su primera creación, y su producto insignia hasta el momento, es una báscula digital de precisión, que además de reducir muchísimo los tiempos de pesaje por cabeza, tiene el "plus" de conectarse al celular a través de una aplicación que ellos mismos confeccionaron.

 


Cosecha propia. Armaron la báscula desde cero, tanto la estructura como la tecnología.

 

 

Toda la carne al asador

Aunque los dos villamercedinos cursan carreras distintas en la Universidad Nacional de San Luis, el deporte los unió. Ariel, de 23 años, estudia Agronomía, mientras que Bruno se divide entre la ingeniería Industrial y la Mecatrónica. Formaban parte en un equipo de rugby en la liga universitaria y entre los jugadores armaron un grupo paralelo con los que tenían más afinidad con el agro.

“Entre asado y asado salió el tema de la necesidad que había en el campo de mi familia de tener una báscula. Como yo sabía que él conoce mucho de electrónica, le pregunté qué tan difícil sería hacer una. Ahí empezó todo, fuimos investigando hasta que el proyecto tomó forma”, recordó Talete, sobre las conversaciones que germinaron en 2018.

Es que su familia tiene un establecimiento en Juan Llerena, en el que se dedican completamente a la producción ganadera. Con un pequeño rodeo, hacen cría y algo de recría, siempre en base a los vaivenes económicos, del mercado y del clima.

Cada vez que tenían que vender algún ternero destetado a un cliente directo, se encontraban con el mismo dilema. “No sabíamos cuánto pesaba exactamente. El que nos compraba venía al campo y nos decía que pesaba menos de lo que nosotros decíamos, y tampoco teníamos certeza de si tenía razón o no. Entonces siempre empezaba un tire y afloje incómodo”, contó.

De hecho, como no contaban con una balanza, el único indicador que tenían para calcular el tamaño de sus animales era tomar como referencia alguno que llevaran a la feria, donde la hacienda sí se pesa. “Íbamos al remate y sabíamos que si llegaba al alambrado, por ejemplo, tenía cierta cantidad de kilos. Es el famoso ojímetro”, confesó entre risas.

Su caso es muy similar al que viven la mayoría de los pequeños criadores cuando tienen que sacar su producción de forma directa. Por lo general no disponen de una báscula propia y si no quieren arriesgar a perder unos pesos por no saber el tamaño exacto, una opción es llevar los vacunos a una balanza pública cercana al establecimiento. "Pero también puede prestarse a la confusión, porque tenés que estar pendiente y además, pagar el servicio”, explicó.

En cambio, los que tienen la posibilidad de contar con una balanza en sus campos, por lo general disponen de una analógica. Para los dos jóvenes, este tipo de tecnología tradicional tiene muchas desventajas respecto a los sistemas digitales. “Tenés que andar moviendo el contrapeso, y se vuelve un procedimiento un poco tedioso cuando es necesario pesar mucha cantidad de cabezas en el mismo día. También se vuelve poco preciso porque el péndulo golpea y tenés un error de tres kilos como mínimo, y son máquinas demasiado toscas”, planteó Bruno.

Así, cuando empezaron a fabricar su propio modelo se dieron cuenta de que era un producto que podía ser muy útil para otros, que el diseño que estaban realizando era superior a todos los que habían conocido hasta el momento y que era una chance de ayudar a los ganaderos con su rentabilidad, “sobre todo porque hacer un kilo de carne cuesta mucho como para perderlo por no poder calcular bien los pesos”, dijo.

En definitiva, “nuestros profesores siempre nos habían dicho que la ingeniería era eso: encontrar una necesidad básica y después ir complicándola, por decirlo de alguna manera. Es decir, pulir cada vez más los detalles”, expresó Varotta, como buen alumno.

 


A prueba. Llevaron la balanza al campo de los Talete y las repercusiones entre los productores de la zona fueron más que positivas.

 

 

Pero construir un producto desde cero no es para nada barato, los chicos  tuvieron que invertir mucho. “Yo puse todos mis ahorros en esto. Siempre tenía un colchoncito para vivir con tranquilidad, pero lo invertí todo en este proyecto porque creo que realmente lo vale”, admitió sin tapujos.

Las constantes escaladas del dólar fueron un dolor de cabeza en más de una oportunidad para los muchachos,  que en plena construcción veían como subían los precios de los insumos que necesitaban para seguir adelante.

Con paciencia y una decisión férrea, pudieron completar el primero de una serie de productos con los que pretenden atender necesidades puntuales de los establecimientos agropecuarios, esos pequeños problemas que pueden traer grandes inconvenientes y que solo conocen los que tienen embarrados los pies en el negocio. Crearon una marca, la comenzaron a difundir en las redes sociales y de inmediato las repercusiones fueron más que positivas.

 

Cuestión de peso

A nivel fisonómico, la balanza bautizada como GV1K tiene una forma muy similar a la mayoría de las que se utilizan a menudo en los campos. Pero hay varios detalles que la hacen distinta.

En primer lugar porque está confeccionada con madera Curupay de primera calidad traída desde el norte del país, está sostenida sobre una estructura lo suficientemente fuerte como para soportar los golpes propios del uso y pesar hasta 1.200 kilos al mismo tiempo. "Está todo calculado, está hecho con un estudio de esfuerzo, no hay nada improvisado", aseguró.

Una primera diferencia con otras básculas es que es completamente ciega. Es decir que no hay aberturas entre las tablas que componen la jaula. Para los jóvenes eso representa una gran ventaja, dado que el animal no puede ver hacia afuera y por lo tanto su comportamiento es mucho más calmo mientras permanece encerrado, que de todos modos no son más que seis segundos.

"Le damos una gran importancia a que achica mucho el tiempo de los pesajes. Tarda seis segundos por cabeza, lo que se demora en cerrar una puerta y abrir la otra, ya se pesó el animal", explicó.

Los que registran el peso son los sensores que están alojados entre la base y la plataforma, que se encargan de transmitir la información a un módulo electrónico que posee el equipo. Allí, en una pantalla digital de 3,5 pulgadas el productor puede ver el dato exacto, con los gramos justos.

 


El campo en la sangre. Ariel viene de una familia con tradición ganadera. A Bruno, en cambio, el gusto se lo contagiaron los amigos.

 

"Normalmente las básculas digitales ofrecen un rango determinado en el que no hay error: si pesás menos o más, ya hay un margen de falla. En cambio, la nuestra pesa de punta a punta completamente bien porque es distinto el mecanismo", resaltó.

Pero las características especiales de la balanza no terminan ahí. El afán por aplicar la tecnología los llevó a buscar la forma de vincular su creación con algo que tiene todo el mundo en el bolsillo: el celular. "Yo sabía que teníamos que hacer uso de las apps, pero no teníamos ni idea cómo hacer una", admitió el muchacho, que no se quedó con la idea, sino que se puso a investigar.

Por eso, como parte del combo que sacaron al mercado, cuentan con una aplicación que se conecta al módulo electrónico a través de bluetooth y permite alojar toda la información de la hacienda en el teléfono. No solo permite ver el peso actual del vacuno que está en la jaula, sino también generar sesiones que se pueden guardar con los kilos de cada cabeza y la hora en que fue registrada cada una. Con eso, luego se puede sumar el total de carne producida y calcular promedios, entre otras cosas que son de gran utilidad.

El funcionamiento de la parte digital es muy intuitivo y no hay que ser un erudito de la tecnología para poder usarla. Basta con prender y apagar un botón para que la balanza se ponga en marcha.

"La aplicación tampoco es algo súper rebuscado. No vamos por el mundo tratando de no levantar la perdiz. Yo incito a que otros se animen a hacerlo, y si quisieran competir, que lo hagan porque es lo que hace falta para que crezcamos todos. Porque creemos que lo nuestro no pasa por el lado intelectual, sino por pequeños detalles que hacen grandes diferencias", expresó el emprendedor.

Todo el módulo electrónico funciona con una batería que tiene una autonomía de 22 horas de pesaje continuo, y se recarga en cualquier enchufe común de 220 voltios con un cargador de celular, aunque también se puede adaptar para conectar al encendedor del auto.

Pero los socios saben que la actual no será la única versión que harán de la tecnología que alimenta a la balanza. "Nuestra intención es poder crecer a la par de nuestros clientes. Entonces, a medida que vayamos mejorando las aplicaciones y el módulo electrónico, se las vamos a ir actualizando para que todos tengan lo último", aseguró Ariel.

 

Sensores para todos

La buena repercusión que tuvo la báscula, hizo que los socios se dieran cuenta de que había una oportunidad concreta para ellos en el mundo agropecuario, un nicho donde la tecnología puede solucionar pequeños problemas en la producción, que a la larga traen grandes dolores de cabeza.

Así, un producto que sirve como alternativa a su balanza es un adaptador que permite convertir cualquier báscula analógica en una digital.

Pero además le encontraron una gran cantidad de usos a diferentes tipos de sensores para desarrollar elementos de precisión y control destinados a la ganadería y a la agricultura, e incluso para la veterinaria.

Por ejemplo, entre sus creaciones se destaca un detector de celo que ya está listo y está siendo probado por un profesional antes de salir al mercado. Es una sonda intravaginal que toma la continuidad de la mucosa vaginal de las vacas, para saber si están o no en su período de mayor fertilidad. "La idea es utilizarlo para detectar cuál vaca está en celo, meterla al corral y hacer la inseminación artificial. Eso aumentaría mucho las probabilidades de que se preñe", explicó Talete.

También fabricaron un detector de humedad relativa en silobolsas, un sensor que permite reconocer si hay alguna filtración en los granos de humedad. "Es importante, porque lamentablemente siempre algún bicho rompe la bolsa y eso te puede hacer perder mucha plata", sostuvo.

Una tecnología similar utilizan para detectar la humedad en rollos de pasto,  puesto que "se puede generar un hongo que es fulminante para los caballos. Entonces saber la temperatura y humedad del núcleo del rollo, determina su calidad" , dijo.

También cuentan con un sistema de spray automatizado para combatir la mosca de los cuernos en los rodeos ganaderos. "Sucede mucho en establecimientos grandes, donde hay miles de cabezas. Las moscas no dejan descansar a la hacienda, no duermen, pierden peso porque no comen bien. Entonces, generalmente se aplica un repelente que se echa desde un rociador en una arcada. Pero eso es continuo y se derrocha mucho producto. Nosotros vamos a tener sensores que detectan cuando pasa el animal y va a ubicar la posición justa para aplicar. Entonces va a rociar solamente cada vez que van a tomar agua, unas dos veces al día. Eso ahorra mucha mano de obra, reduce el peligro de accidentes del personal con la hacienda y evita el desperdicio del líquido", detalló.

Si bien hay algunos antecedentes de este tipo de productos en el mercado, por lo general son de marcas importadas. A los villamercedinos les pareció que los precios que piden esas empresas son excesivamente caros. "Además lo hicieron en otro país, no tienen idea de cómo funcionan acá, las necesidades de nuestros animales y de nuestros campos", expresó Varotta.

Por eso, con menos de un año en el negocio, no tienen miedo a apuntar alto. Lógicamente que primero aspiran a llegar a los productores de toda la provincia, pero no descartan poder abrirse un camino por los sinuosos senderos de los campos del resto del país.

E insistieron en que el primer horizonte es el pequeño productor. "Más allá de que uno ve que el precio de la carne aumenta, yo creo que el criador es el que menos recibe de esos incrementos, porque hay muchos intermediarios hasta llegar el consumidor. Lo que queremos es ver cómo podemos hacer más rendidor el trabajo de los ganaderos, que suelen ser el último eslabón de la cadena", planteó.

 



Móvil. La aplicación permite visualizar la sesión de pesaje en el celular, guardar los datos y calcular promedios de kilos.

 

Pizarra negra

Más allá de la madurez con la que encaran su emprendimiento, Ariel y Bruno no dejan de ser dos jóvenes estudiantes que hacen sus primeras experiencias en el mundo siempre cambiante y exigente de los negocios.

Talete dijo que comenzar el proceso fue un "desafío grande", porque "cuando se presentaban complicaciones o errores, uno perdía el ánimo, pero la verdad es que siempre en conjunto avanzamos y fuimos rompiendo todas las barreras que se nos pusieron".

A diferencia de lo que muchos piensan, para Varotta la crisis actual es el momento ideal para lanzar sus productos. "Esta crisis está afectando a todos, entonces es el momento de que el pequeño productor se acerque el gran productor a través de la eficiencia. Si sabe sortear el momento, cuando muchos se están echando para atrás es el que va a salir a flote el día de mañana", planteó.

Blackbor es una derivación de "Pizarra negra" en inglés (black board). Los chicos ya están escribiendo en ella su propia historia.

Compartir en facebook
Compartir en twitter
Compartir en whatsapp
TAGS
COMENTARIOS

Pequeñas tecnologías para grandes problemas

Ariel Talete y Bruno Varotta, son estudiantes villamercedinos y aplican el ingenio para solucionar fallas habituales en los campos. Su primer invento es una balanza digital que se conecta al celular con una app.

Ariel y Bruno estudian dos carreras diferentes en la UNSL. Se conocieron porque jugaban en el mismo equipo de rugby. De un asado surgió la idea para su empresa.

Para Ariel Talete y Bruno Varotta, el asado con los muchachos del equipo de rugby terminó siendo mucho más que un momento de camaradería. Entre costillas, algo de vacío y las conversaciones que surgen en la mesa, establecieron los cimientos de la empresa con la que intentan abrirse su propio camino en el sector agropecuario.

Porque ahí, de una charla de viernes por la noche, nació Blackbor, un joven emprendimiento villamercedino que tiene una misión clara: ofrecer soluciones tecnológicas a problemas habituales en el campo, sobre todo con la mira puesta en los pequeños productores, a quienes todo les cuesta el doble y para quienes la eficiencia no es un lujo, sino una necesidad.

Su primera creación, y su producto insignia hasta el momento, es una báscula digital de precisión, que además de reducir muchísimo los tiempos de pesaje por cabeza, tiene el "plus" de conectarse al celular a través de una aplicación que ellos mismos confeccionaron.

 


Cosecha propia. Armaron la báscula desde cero, tanto la estructura como la tecnología.

 

 

Toda la carne al asador

Aunque los dos villamercedinos cursan carreras distintas en la Universidad Nacional de San Luis, el deporte los unió. Ariel, de 23 años, estudia Agronomía, mientras que Bruno se divide entre la ingeniería Industrial y la Mecatrónica. Formaban parte en un equipo de rugby en la liga universitaria y entre los jugadores armaron un grupo paralelo con los que tenían más afinidad con el agro.

“Entre asado y asado salió el tema de la necesidad que había en el campo de mi familia de tener una báscula. Como yo sabía que él conoce mucho de electrónica, le pregunté qué tan difícil sería hacer una. Ahí empezó todo, fuimos investigando hasta que el proyecto tomó forma”, recordó Talete, sobre las conversaciones que germinaron en 2018.

Es que su familia tiene un establecimiento en Juan Llerena, en el que se dedican completamente a la producción ganadera. Con un pequeño rodeo, hacen cría y algo de recría, siempre en base a los vaivenes económicos, del mercado y del clima.

Cada vez que tenían que vender algún ternero destetado a un cliente directo, se encontraban con el mismo dilema. “No sabíamos cuánto pesaba exactamente. El que nos compraba venía al campo y nos decía que pesaba menos de lo que nosotros decíamos, y tampoco teníamos certeza de si tenía razón o no. Entonces siempre empezaba un tire y afloje incómodo”, contó.

De hecho, como no contaban con una balanza, el único indicador que tenían para calcular el tamaño de sus animales era tomar como referencia alguno que llevaran a la feria, donde la hacienda sí se pesa. “Íbamos al remate y sabíamos que si llegaba al alambrado, por ejemplo, tenía cierta cantidad de kilos. Es el famoso ojímetro”, confesó entre risas.

Su caso es muy similar al que viven la mayoría de los pequeños criadores cuando tienen que sacar su producción de forma directa. Por lo general no disponen de una báscula propia y si no quieren arriesgar a perder unos pesos por no saber el tamaño exacto, una opción es llevar los vacunos a una balanza pública cercana al establecimiento. "Pero también puede prestarse a la confusión, porque tenés que estar pendiente y además, pagar el servicio”, explicó.

En cambio, los que tienen la posibilidad de contar con una balanza en sus campos, por lo general disponen de una analógica. Para los dos jóvenes, este tipo de tecnología tradicional tiene muchas desventajas respecto a los sistemas digitales. “Tenés que andar moviendo el contrapeso, y se vuelve un procedimiento un poco tedioso cuando es necesario pesar mucha cantidad de cabezas en el mismo día. También se vuelve poco preciso porque el péndulo golpea y tenés un error de tres kilos como mínimo, y son máquinas demasiado toscas”, planteó Bruno.

Así, cuando empezaron a fabricar su propio modelo se dieron cuenta de que era un producto que podía ser muy útil para otros, que el diseño que estaban realizando era superior a todos los que habían conocido hasta el momento y que era una chance de ayudar a los ganaderos con su rentabilidad, “sobre todo porque hacer un kilo de carne cuesta mucho como para perderlo por no poder calcular bien los pesos”, dijo.

En definitiva, “nuestros profesores siempre nos habían dicho que la ingeniería era eso: encontrar una necesidad básica y después ir complicándola, por decirlo de alguna manera. Es decir, pulir cada vez más los detalles”, expresó Varotta, como buen alumno.

 


A prueba. Llevaron la balanza al campo de los Talete y las repercusiones entre los productores de la zona fueron más que positivas.

 

 

Pero construir un producto desde cero no es para nada barato, los chicos  tuvieron que invertir mucho. “Yo puse todos mis ahorros en esto. Siempre tenía un colchoncito para vivir con tranquilidad, pero lo invertí todo en este proyecto porque creo que realmente lo vale”, admitió sin tapujos.

Las constantes escaladas del dólar fueron un dolor de cabeza en más de una oportunidad para los muchachos,  que en plena construcción veían como subían los precios de los insumos que necesitaban para seguir adelante.

Con paciencia y una decisión férrea, pudieron completar el primero de una serie de productos con los que pretenden atender necesidades puntuales de los establecimientos agropecuarios, esos pequeños problemas que pueden traer grandes inconvenientes y que solo conocen los que tienen embarrados los pies en el negocio. Crearon una marca, la comenzaron a difundir en las redes sociales y de inmediato las repercusiones fueron más que positivas.

 

Cuestión de peso

A nivel fisonómico, la balanza bautizada como GV1K tiene una forma muy similar a la mayoría de las que se utilizan a menudo en los campos. Pero hay varios detalles que la hacen distinta.

En primer lugar porque está confeccionada con madera Curupay de primera calidad traída desde el norte del país, está sostenida sobre una estructura lo suficientemente fuerte como para soportar los golpes propios del uso y pesar hasta 1.200 kilos al mismo tiempo. "Está todo calculado, está hecho con un estudio de esfuerzo, no hay nada improvisado", aseguró.

Una primera diferencia con otras básculas es que es completamente ciega. Es decir que no hay aberturas entre las tablas que componen la jaula. Para los jóvenes eso representa una gran ventaja, dado que el animal no puede ver hacia afuera y por lo tanto su comportamiento es mucho más calmo mientras permanece encerrado, que de todos modos no son más que seis segundos.

"Le damos una gran importancia a que achica mucho el tiempo de los pesajes. Tarda seis segundos por cabeza, lo que se demora en cerrar una puerta y abrir la otra, ya se pesó el animal", explicó.

Los que registran el peso son los sensores que están alojados entre la base y la plataforma, que se encargan de transmitir la información a un módulo electrónico que posee el equipo. Allí, en una pantalla digital de 3,5 pulgadas el productor puede ver el dato exacto, con los gramos justos.

 


El campo en la sangre. Ariel viene de una familia con tradición ganadera. A Bruno, en cambio, el gusto se lo contagiaron los amigos.

 

"Normalmente las básculas digitales ofrecen un rango determinado en el que no hay error: si pesás menos o más, ya hay un margen de falla. En cambio, la nuestra pesa de punta a punta completamente bien porque es distinto el mecanismo", resaltó.

Pero las características especiales de la balanza no terminan ahí. El afán por aplicar la tecnología los llevó a buscar la forma de vincular su creación con algo que tiene todo el mundo en el bolsillo: el celular. "Yo sabía que teníamos que hacer uso de las apps, pero no teníamos ni idea cómo hacer una", admitió el muchacho, que no se quedó con la idea, sino que se puso a investigar.

Por eso, como parte del combo que sacaron al mercado, cuentan con una aplicación que se conecta al módulo electrónico a través de bluetooth y permite alojar toda la información de la hacienda en el teléfono. No solo permite ver el peso actual del vacuno que está en la jaula, sino también generar sesiones que se pueden guardar con los kilos de cada cabeza y la hora en que fue registrada cada una. Con eso, luego se puede sumar el total de carne producida y calcular promedios, entre otras cosas que son de gran utilidad.

El funcionamiento de la parte digital es muy intuitivo y no hay que ser un erudito de la tecnología para poder usarla. Basta con prender y apagar un botón para que la balanza se ponga en marcha.

"La aplicación tampoco es algo súper rebuscado. No vamos por el mundo tratando de no levantar la perdiz. Yo incito a que otros se animen a hacerlo, y si quisieran competir, que lo hagan porque es lo que hace falta para que crezcamos todos. Porque creemos que lo nuestro no pasa por el lado intelectual, sino por pequeños detalles que hacen grandes diferencias", expresó el emprendedor.

Todo el módulo electrónico funciona con una batería que tiene una autonomía de 22 horas de pesaje continuo, y se recarga en cualquier enchufe común de 220 voltios con un cargador de celular, aunque también se puede adaptar para conectar al encendedor del auto.

Pero los socios saben que la actual no será la única versión que harán de la tecnología que alimenta a la balanza. "Nuestra intención es poder crecer a la par de nuestros clientes. Entonces, a medida que vayamos mejorando las aplicaciones y el módulo electrónico, se las vamos a ir actualizando para que todos tengan lo último", aseguró Ariel.

 

Sensores para todos

La buena repercusión que tuvo la báscula, hizo que los socios se dieran cuenta de que había una oportunidad concreta para ellos en el mundo agropecuario, un nicho donde la tecnología puede solucionar pequeños problemas en la producción, que a la larga traen grandes dolores de cabeza.

Así, un producto que sirve como alternativa a su balanza es un adaptador que permite convertir cualquier báscula analógica en una digital.

Pero además le encontraron una gran cantidad de usos a diferentes tipos de sensores para desarrollar elementos de precisión y control destinados a la ganadería y a la agricultura, e incluso para la veterinaria.

Por ejemplo, entre sus creaciones se destaca un detector de celo que ya está listo y está siendo probado por un profesional antes de salir al mercado. Es una sonda intravaginal que toma la continuidad de la mucosa vaginal de las vacas, para saber si están o no en su período de mayor fertilidad. "La idea es utilizarlo para detectar cuál vaca está en celo, meterla al corral y hacer la inseminación artificial. Eso aumentaría mucho las probabilidades de que se preñe", explicó Talete.

También fabricaron un detector de humedad relativa en silobolsas, un sensor que permite reconocer si hay alguna filtración en los granos de humedad. "Es importante, porque lamentablemente siempre algún bicho rompe la bolsa y eso te puede hacer perder mucha plata", sostuvo.

Una tecnología similar utilizan para detectar la humedad en rollos de pasto,  puesto que "se puede generar un hongo que es fulminante para los caballos. Entonces saber la temperatura y humedad del núcleo del rollo, determina su calidad" , dijo.

También cuentan con un sistema de spray automatizado para combatir la mosca de los cuernos en los rodeos ganaderos. "Sucede mucho en establecimientos grandes, donde hay miles de cabezas. Las moscas no dejan descansar a la hacienda, no duermen, pierden peso porque no comen bien. Entonces, generalmente se aplica un repelente que se echa desde un rociador en una arcada. Pero eso es continuo y se derrocha mucho producto. Nosotros vamos a tener sensores que detectan cuando pasa el animal y va a ubicar la posición justa para aplicar. Entonces va a rociar solamente cada vez que van a tomar agua, unas dos veces al día. Eso ahorra mucha mano de obra, reduce el peligro de accidentes del personal con la hacienda y evita el desperdicio del líquido", detalló.

Si bien hay algunos antecedentes de este tipo de productos en el mercado, por lo general son de marcas importadas. A los villamercedinos les pareció que los precios que piden esas empresas son excesivamente caros. "Además lo hicieron en otro país, no tienen idea de cómo funcionan acá, las necesidades de nuestros animales y de nuestros campos", expresó Varotta.

Por eso, con menos de un año en el negocio, no tienen miedo a apuntar alto. Lógicamente que primero aspiran a llegar a los productores de toda la provincia, pero no descartan poder abrirse un camino por los sinuosos senderos de los campos del resto del país.

E insistieron en que el primer horizonte es el pequeño productor. "Más allá de que uno ve que el precio de la carne aumenta, yo creo que el criador es el que menos recibe de esos incrementos, porque hay muchos intermediarios hasta llegar el consumidor. Lo que queremos es ver cómo podemos hacer más rendidor el trabajo de los ganaderos, que suelen ser el último eslabón de la cadena", planteó.

 



Móvil. La aplicación permite visualizar la sesión de pesaje en el celular, guardar los datos y calcular promedios de kilos.

 

Pizarra negra

Más allá de la madurez con la que encaran su emprendimiento, Ariel y Bruno no dejan de ser dos jóvenes estudiantes que hacen sus primeras experiencias en el mundo siempre cambiante y exigente de los negocios.

Talete dijo que comenzar el proceso fue un "desafío grande", porque "cuando se presentaban complicaciones o errores, uno perdía el ánimo, pero la verdad es que siempre en conjunto avanzamos y fuimos rompiendo todas las barreras que se nos pusieron".

A diferencia de lo que muchos piensan, para Varotta la crisis actual es el momento ideal para lanzar sus productos. "Esta crisis está afectando a todos, entonces es el momento de que el pequeño productor se acerque el gran productor a través de la eficiencia. Si sabe sortear el momento, cuando muchos se están echando para atrás es el que va a salir a flote el día de mañana", planteó.

Blackbor es una derivación de "Pizarra negra" en inglés (black board). Los chicos ya están escribiendo en ella su propia historia.

Logín